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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del sábado, 16 de octubre de 2004
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
de Victorino
Martín, desiguales de
presentación y mansos con peligro. El segundo fue bueno.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónica de la prensa:
PortalTaurino, ABC, El
País
PortalTaurino.
JAVIER
SESMA. Corrida
infumable de Victorino, con un buen toro
Con lleno en los tendidos se han lidiado
toros del hierro de Victorino Martín
que estuvieron desigualmente presentados y que resultaron mansos con
peligro, a excepción del segundo que fue un gran toro. Todos fueron
abroncados al arrastre menos el bueno que fue ovacionado.
José Pedro Prados "El Fundi",
que se presentaba como matador de toros en el coso de La Misericordia
después de 17 años de alternativa, se ganó el respeto del público
estando firme y con mucho interés toda la tarde, a pesar de los dos
"ejemplares" que le tocaron en suerte. El primero fue un
manso integral que, además, no veía por el pitón derecho y con el que sólo
pudo estar muy firme, aguantando sus defectos para que el respetable se
percatara de la condición del toro. Atendiendo el requerimiento del
respetable, lo mató de forma breve y eficaz. Silencio.
En el cuarto pareó con Encabo y bastante hizo con salir ileso de su pelea
con el peligroso manso con el que estuvo por encima. El público
agradeció el esfuerzo y le ovacionó con fuerza.
Luis Miguel Encabo
sorteó un gran toro que saltó en segundo lugar y que fue bravo en el
caballo y noble y fijo en la muleta. Le realizó una gran faena, después
de parear junto a "El Fundi", a base de poderle por abajo y
darle la distancia que reclamaba el de Victorino. Lo mató desastrosamente
y perdió los trofeos, siendo ovacionado tras un aviso. El
quinto era un toro complicado que manseó en el caballo, pero que luego
llegó a desconcertar en la muleta metiendo la cara cuando le dejaba la
muleta muy baja y queriendo arrancarle la cabeza cuando no le hacía las
cosas como él reclamaba. También mató mal siendo ovacionado por la
voluntad.
José Jesús Cid "El Cid"
ha matado este año alrededor de una quincena de corridas de Victorino y
dudo mucho que le haya tocado en suerte una alimaña como el tercero de la
tarde. Marrajo con peligro evidente, no se dejó ni acercar a pesar de la
buena disposición del de Salteras. El público le exigió que lo
pasaportara pronto y, después de hacerlo mal, silenció su labor.
En el toro de la jota tampoco pudo confiarse ni un momento, por que cuando
lo hacía, el manso trataba de cogerlo como fuera. Como vió que no podía
sacar partido tiró por la calle de en medio. Silencio al arrastre.
Al finalizar el cuarto toro, "El
Fundi" le corto la coleta a su subalterno Antonio
Agudo que se despedía del toreo
activo.
En el callejón se rumoreaba que la próxima
temporada el gran banderillero de Cariñena, Jesús
Arruga, formará parte de la
cuadrilla de "El Cid" sustituyendo a Lorenzo del Olmo.
ABC. ANGEL G. ABAD. Encabo,
o la amargura de ver cómo el triunfo se esfuma entre las manos
La satisfacción se convierte en amargura cuando un torero que se ha
jugado la vida sin cuento, que ha demostrado en el ruedo y ante dos toros
de verdad que puede torear como el mejor, que ha dado la dimensión de un
diestro hecho, cuajado y en sazón, por culpa de la espada ve esfumarse el
triunfo entre las manos, impalpable, impotente, sin poderlo hacer
realidad.
Luis Miguel Encabo debe lamentarse, y mucho, de haber estado ayer hecho un
pinchaúvas. Perdió una puerta grande abierta a ley con capote,
banderillas y muleta, y cerrada de un golpe con la espada. No se puede
perder un triunfo tan incontestable ante una imponente corrida de
Victorino Martín. Sobre todo, porque las oportunidades a veces no vuelven
y si lo hacen quizá el ánimo no esté tan predispuesto o las ideas no
tan claras.
Encabo toreó muy bien a la verónica al segundo, el mejor de la
victorinada, compartió un vibrante tercio de banderillas con El Fundi, y
se decidió a mandar en la embestida de «Vengador». La faena fue a más.
En la tercera serie con la derecha convenció definitivamente a todos.
Quedaban aún los naturales largos, tirando siempre del toro con mando y
torería. La espada, mal. Y primer borrón.
El quinto lucía dos velas que daban miedo y no se empleó en varas.
Encabo subió la temperatura con un tercer par por los adentros y el
victorino llegó al último tercio a la defensiva, escarbando, con la
cabeza entre las manos, pensándoselo mucho. Encabo se decide entonces a
dar el paso, a provocar al toro que cuando se arranca es un obús, y le
obliga a tomar el engaño. Angustiosos los muletazos. Respiración
contenida y hasta lo lleva largo por el pitón derecho. Tan metido estaba
Encabo con el toro que hubo de llamar la atención a su apoderado para que
se callara y dejara de dar consejos. «¡Corbelle, calla!», le gritaron
desde el tendido. Por la izquierda, imposible, y otra vez la cruz de la
espada y otro triunfo que se fue y que quién sabe si volverá.
La corrida de Victorino Martín seria hasta decir basta. Además no dio
facilidades. Sólo el citado segundo se arrancó con alegría y empujó
con fijeza en el caballo, el resto manseó y tuvo mucho, muchísimo, que
torear. Parecía que tenía algún problema de visión el primero, enterándose
y lanzando hachazos el tercero, con problemas sin resolver el cuarto y
reservón y probón el sexto.
Con este material, El Fundi se inhibió durante la lidia del primero,
dejando pasar un mal trago a sus subalternos, de los que sólo Venancio
Veneros estuvo a la altura de las circunstancias. Después lo mató como
pudo, y algo más pudo hacer con el cuarto, que respondió siempre que el
torero se colocó en el sitio.
Quien no tuvo opción fue El Cid. Bastante hizo con zafarse de los gañafones,
coladas y pitonazos que sus enemigos le lanzaron por doquier.
El País TOMÁS
BLANCO.
Los excedentes de cupo
Por no variar ni dejar en feo a los colegas, Victorino Martín largó
una corrida destartalada, descastada y sin clase. Los sin notas de la
camada, los excedentes de cupo. Los pupilos de Victorino fueron la última
miseria de una feria desastrosa que la afición habrá de pedir
responsabilidades a quien proceda para luego olvidar.
A Encabo le correspondió el único manejable del festejo. En su faena,
vibrante por ambos pitones, sobresalieron dos magníficas series de
naturales con sabor y hondura. En el otro se pegó más que toreó,
asumiendo muchos riesgos. El emocionante trasteo caló fuerte en los
tendidos. La espada le privó de un triunfo legítimo. A El Fundi le tocó
por primero un mulo reparado de la vista. En su segundo, su trasteo empeoró
la condición del animal. El primero de El Cid medía más que una vaca
toreada y tiraba por ambos pitones espectaculares derrotes y el diestro se
salvó de dos de milagro. El que cerró el festejo tenía las mismas
condiciones que el anterior. Los aficionados ni siquiera pudieron
disfrutar de una digna suerte de varas.
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