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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del lunes, 11 de octubre de 2004
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cinco
toros de Martelilla
y uno de Casa de los toreros, bien presentados, sosos y con poca fuerza.
Diestros:
Entrada: más de tres cuartos de entrada.
Crónica de la prensa:
PortalTaurino, ABC, El
País
PortalTaurino.
JAVIER
SESMA. Oreja para
Cesar Jiménez en tarde deslucida
Con más de 3/4 de entrada en los
tendidos, se han lidiado cinco toros del hierro de "Martelilla"
y otro, que sorteó en 6º lugar, de "Casa de los toreros", bien
presentados, sosos pero con una puntita de raza que les hacía embestir de
largo, y con poca fuerza.
Cesar Jiménez
Derrochó toreo bonito y accesorio pero se guardó para sí el toreo
fundamental. En el cuarto salió con más ganas que en el primero y,
toreando mucho para la galería, realizó una faena muy pinturera que llegó
a los tendidos. Silencio en el 1º y una oreja en el 4º.
Leandro Marcos,
ha sustituido a Javier Conde anunciado inicialmente en los carteles, y ha
toreado toda la tarde con muchas ganas pero sin ninguna profundidad. Mató
mal y alargó innecesariamente las dos faenas. Sufrió una escalofriante
cogida en el segundo de la que salió con abundantes magulladuras, lo que
sin duda influyó negativamente en sus dos faenas. Ovación tras aviso y
silencio tras aviso.
Matías Tejela,
no consiguió transmitir emoción a los tendidos en su primero, contagiado
sin duda por la sosería de su oponente. En el que cerraba plaza estuvo más
entonado, pero cuando presentíamos el triunfo toro y torero se fueron
apagando y todo quedó en nada. Silencio en ambos.
Después de picar magníficamente el sexto
de la tarde, se despidió del toreo activo el picador zaragozano Fernando
Moreno. El público le despidió, puesto en pie, con una gran ovación en
señal de cariño y respeto por su honesta y dilatada trayectoria
profesional.
ABC. ANGEL G. ABAD. La
Pilarica al quite
Entre los numerosos mantos que luce la Virgen del Pilar hay más de uno
realizado con capotes de paseo donados por toreros. Ayer la Pilarica se
acercó a la Misericordia luciendo uno de ellos. Seguro que Leandro Marcos
se lo agradecerá eternamente. El segundo lo cogió para matarlo. Estaba
toreando con la izquierda, se quedó descubierto y el toro lo prendió
ensañándose. Hasta tres veces lo rebañó y lo lanzó por los aires, pasándoselo
de pitón a pitón. Fueron unos segundos angustiosos. El torero como un
pelele cayó en la arena desmadejado. Se temió lo peor, pero el de
Valladolid se levantó y sin mirarse se fue otra vez a la cara del toro e
instrumentó una serie sobre el pitón derecho que emocionó por lo que
acababa de suceder. Milagrosamente todo quedó en algún destrozo en el
vestido, un corte en la ceja y numerosoas contusiones. Nada para lo que
pudo haber sido. Y todo en la víspera del día grande de Zaragoza. Un
quite providencial.
En el quinto, Leandro Marcos no remató la tarde. Inexplicablemente,
cuando se acopló mediada la faena toreando al natural, se cambió la
muleta de mano rompiendo el ritmo que tomaba el trasteo. Deben ser cosas
del toreo moderno que ayer imperó en una tarde descafeinada con toros que
ni sí ni no, sino todo lo contrario, y toreros en el mismo son.
Una oreja, facilona como casi todas las de esta Feria, cortó César Jiménez
al cuarto. Poca cosa en una faena un tanto relamida, con más cursilería
que torería. El madrileño -¡qué lejos queda aquella frescura y
naturalidad de hace dos temporadas!- parece que va para atrás en su
carrera, como si llevara puesta una camisa con dosis extra de almidón.
Ligó series con una y otra mano pero siempre bajo el denominador común
del envaramiento y la rigidez.
Matías Tejela tampoco tuvo su tarde. Desganado, no se metió nunca con
sus toros, a los que toreó -fue norma de la tarde- sin apreturas y
colocado al hilo del pitón, que para estos toreros jóvenes cruzarse debe
suponer una herejía que va contra sus principios.
El adiós de un torero
La nota emotiva para los aficionados aragoneses la puso el picador
Fernando Moreno, que ayer dijo adiós a los ruedos. Fue novillero en los años
sesenta y setenta, luego vistió de plata. Una lesión de rodilla le
impidió seguir bregando y por su afición siguió en los ruedos luciendo
el castoreño hasta despedirse al lado de un torero de ferias. Moreno picó
al sexto y quisó despedirse por todo lo alto. El toro lo puso en apuros
en la primera vara, pero aguantó con poder. Se lució en el segundo en un
excelente puyazo y la plaza rompió en una cerrada ovación que el torero
recogió satisfecho.El brindis de su matador resultó el colofón a su
felicidad.
El País TOMÁS
BLANCO. Todos inválidos
Tres eran tres, los tres jóvenes. Tres seleccionados para ser las
esperanzas de la fiesta. El no va más de la gloria que está por venir.
Un festejo, pues, para contemplar la tan necesaria competencia entre jóvenes
espadas rivalizando entre sí por ocupar el trono del toreo. Pero de la
teoría a la práctica media la frustración. Para dotar la cita de
autenticidad y de emoción se trajeron a seis acochinados borregos escasos
de pitones y descastados. El que no salía inválido padecía de asma o de
artritis.
Queda por reflejar antes de hacer inventario que dado que los escogidos
sólo actúan de artistas, la lidia se convirtió en una capea mal
organizada. Por un momento, entre unos y otros más monosabios, hubo 15
personas en el ruedo. Todos fuera de juego, es decir, todos mal colocados.
A César Jiménez le salió el primero con la lengua fuera. Se sugirió
lo del aire acondicionado en los chiqueros. No era el calor la causa del
sofoco. Sencillamente, el animalito no podía con su alma. Percatado el
maestro, le dio distancia. A 25 metros le presentó la pañosa. A la
tercera carrera el toro se quería morir. En el otro, un carretón dócil,
no intentó el toreo. Tiró de galería cursi, por lo que le aplaudieron y
le premiaron.
Serie emotiva
El marmolillo segundo sacó a Leandro Marco de la vulgaridad del pegapases
estético al engancharle y tenerle entre las astas siete interminables y
dramáticos segundos, saliendo ileso milagrosamente del trance. Repuesto,
dejó una serie por redondos muy emotiva. Su segundo se dejó hacer de
todo. El vallisoletano lo intentó con más voluntad que acierto. Quizás
mermado de facultades terminó desdibujado. No obstante, le ovacionaron la
voluntad.
Otro inválido resultó el tercero. Matías Tejela se puso pesado
pegando trapazos de todas marcas y modelos al moribundo animal, por lo que
pidieron música, le ovacionaron y le llamaron guapo. En el otro, no mejoró
actuación. Lo intentó por ambos pitones no acertando ni con el sitio ni
la distancia, por lo que los pases salían sueltos, deshilvanados, sin
gobierno. Recurrió a la siempre eficaz galería para robar aplausos.
El presidente del festejo, una vez más, hizo oídos sordos ante las
peticiones del aficionado y mantuvo en el ruedo toros que debieron ser
devueltos.
A la salida, en los mentideros a los que acuden los aficionados quedaba
una pregunta en el aire. Si el mal que aqueja a la fiesta es por falta de
toros o de toreros. Si los de ayer son el futuro de la misma, adiós
Madrid.
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