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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del domingo, 10 de octubre de 2004
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cuatro
toros de Domingo Hernández y dos de Garcigrande,
desiguales de presentación, con cara y de juego aceptable en general.
Diestros:
Entrada: lleno de "No hay billetes".
Crónica de la prensa:
PortalTaurino, ABC, El
País
PortalTaurino.
JAVIER
SESMA. "El
Juli" salió a hombros pero Salvador Vega hizo lo mejor de la tarde
Con cartel de "No hay billetes"
se han lidiado cuatro toros de "Domingo Hernández" y dos más
de su otro hierro, el de "Garcigrande", desiguales de presentación,
con cara y de juego desigual, aunque algunos fueron buenos en la muleta.
"Finito de Córdoba"
aprovechó las escasas cualidades de su primero, sin acabar de llegar a
los tendidos. En su segundo estuvo firme y muy entregado con un toro que
se quedó crudito en el caballo y llegó con una envestida brusca que supo
dominar, aunque toreando algo precipitado. Ovación en el primero y oreja
en el cuarto.
"El Juli",
que sabía que toreaba ante muchos seguidores zaragozanos, estuvo muy por
encima de su primero que tenía una embestida descafeinada y al que pudo a
base de bajarle mucho la mano. En su segundo estuvo en torero bragado por
que había que poderle a un toro que se puso muy complicado y que
desarrolló sentido. Lo hizo sin ningún tipo de dudas y se le concedió
una oreja en cada uno de sus dos enemigos, saliendo a hombros.
Salvador Vega
había entrado en la enfermería de La Misericordia esta primavera después
de una genial faena y tenía al público de su parte. Esta tarde le realizó
una sensacional faena a su primero que pinchó repetidamente con la
espada, perdiendo las dos orejas. Al que cerraba plaza le endosó una
meritoria faena, siendo el peor toro del encierro, a base darle la
lidia que exigía, siendo importante todo lo que le hizo. Fue
ovacionado en su primero tras escuchar dos recados presidenciales y cortó
una oreja en el sexto, en pago a su interés toda la tarde.
ABC. ANGEL G. ABAD. De
la garra de El Juli a la excelencia de Salvador Vega
Tarde de emociones y de buen toreo. El Juli a hombros tras demostrar
todo su poder con el quinto en una faena que resultó una lucha a cara de
perro y Salvador Vega dentro del corazón de los aficionados tras explicar
con rotunda claridad cuál es la excelencia del toreo. Una corrida intensa
por parte de los toreros -Finito salió espoleado en el cuarto-, porque
intensidad hubo también en los toros. Los de Domingo Hernández y
Garcigrande, que viene a ser lo mismo, tuvieron la virtud de repetir sus
embestidas, aunque no siempre fueron claras ni francas.
El Juli derrochó casta ante el genio del quinto. Estuvo hecho un tío,
aguerrido, sometiendo a un toro que no se dejaba someter. La técnica y el
valor hicieron posible los muletazos largos y profundos, y mucho más
valor hubo de poner para tirarse tras la espada con la fe y seguridad que
lo hizo para cobrar una estocada que permanecerá en el recuerdo de los
miles de aficionados que pusieron el ansiado cartel de «no hay billetes»
en las taquillas de la Misericordia. Una oreja de ley, de torero macho.
Pidieron la segunda, qué más da. Un trofeo que vale mucho más que todas
las orejas juntas del sábado y de ayer mismo. Un trofeo que valía ya la
puerta grande que atravesó el maestro gracias al que había cortado en el
segundo, con el que anduvo muy firme y muy decidido, como anunciando la
dimensión que ofreció después.
La gloria del toreo eterno
Y si El Juli derrochó casta para todo el escalafón, Salvador Vega rozó
con los dedos el cielo, la gloria del toreo eterno. Se abandonó como sólo
pueden hacerlo los más artistas ante el tercero, un precioso colorao con
los kilos justos pero con un imponente trapío. El malagueño brindó la
faena al doctor Carlos Val Carreres -recuerdo de la gran tarde teñida de
sangre del pasado abril-. Le dio siempre sitio al toro, echándole al
hocico los vuelos de la muleta que enganchaban la embestida y la llevaban
con mimo más que con temple hasta donde el brazo no daba más de sí. Una
y otra vez. Con la izquierda aguantó mucho, dándole siempre todas las
ventajas a su enemigo y el resultado fue excepcional, transmitiendo esa
emoción que eriza el vello y que eleva a la máxima expresión, a la de
arte, el toreo. Los ayudados por bajo llevaron como imantado al de
Garcigrande, que, sin embargo, nunca acabó de entregarse y a la mínima
le echó mano. Más emoción todavía con la taleguilla rasgada de arriba
a abajo, y mala suerte con la espada, tanta que a punto estuvo de escuchar
los tres avisos. La ovación fue de gala. El malagueño llegó tanto al
corazón de los maños que antes de saltar a la arena el sexto, otra
cerrada ovación le obligó a saludar desde el tercio con unas lágrimas
aflorando por sus ojos de torero. Al toro de la jota lo toreó muy bien
con el capote. El animal se arrancó de largo y con alegría al caballo,
se presentía algo importante, pero el toro no acabó de entregarse y las
ilusiones de Vega se estrellaron. Hábil con la espada, se llevó una
oreja que premiaba más lo realizado en el tercero.
El tercero en discordia, Finito de Córdoba, que anduvo destemplado en el
primero, se metió mucho con el cuarto, al que toreó con hondura en un
trasteo desigual que, pese al mal refrendo con la espada, le valió una
oreja.
El País TOMÁS
BLANCO.
Matadores de raspas
Los seis escogidos resultaron ser unos impresentables que por cuernos
lucían bananas. Por casta, boba nobleza con menos fuerza que una escopeta
de feria. Ayer no se lidiaron toros, se trapearon y estoquearon raspas.
La actuación de Finito de Córdoba pareció más propia de un telonero
que de un director de lidia. No se puede torear tan fuera de sitio,
despegado, prevenido y ventajista. Los teloneros no molestan, simplemente
rompen el hielo dejando el escenario expedito para la llegada del gran
esperado.
Éste era el Juli. El madrileño, vista la mercancía, tomó medidas.
Suprimió la suerte de varas, las verónicas, las banderillas, el cruzarse
y cargar la suerte. Todo quedó en un amago de faenas de corte galerista.
Eso sí, oleadas sin sentimiento y musicadas. Lo mejor, el gran volapié
que recetó al quinto de la tarde.
Salvador Vega, a la postre, fue el más aplaudido del cartel. En su
primero omitió las fundamentales verónicas, dejando en su lugar una
serie de cinco medias. Fundamentó la faena a base de pintureros
naturales, escasos de mando y despegados. Tan fuera de cacho estaba, que
se llevó un tremendo volteretón por estas circunstancias.
Afortunadamente sin consecuencias. Mermado, le costó un triunfo acabar
con su oponente. Por segundos se libró que fuera devuelto. En el que cerró
festejo, quizás mermado por el percance, su faena quedó desdibujada a
pesar de la voluntad.
En estos festejos en los que los responsables hacen la vista gorda en
un vale todo, los aficionados puros poco tienen que hacer. Ni siquiera en
estos espectáculos preparados con anterioridad para el triunfalimo. Al
que proteste le linchan.
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