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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del martes, 7 de octubre de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de "Herederos
de Salvador Guardiola" (1º bis que se lidió como sobrero, 2º,
3º y 4º) bien presentados y de juego desigual destacando el 3º que fue
bueno) y "Hermanos
Guardiola Domínguez", (5º y 6º) bien presentados, siendo
bueno el 5º.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónica de la prensa:
PortalTaurino, El
País, ABC
PortalTaurino.
JAVIER
SESMA. Tarde entretenida el martes
A Juan Diego le tocó el peor lote en el sorteo. Toreó con muchas ganas
en el 1º bis y abrevió en el 4º después de un susto en la muleta.
Se presentaba como matador de toros en Zaragoza.
El zaragozano Jesús Millán no se acopló con el soso 2º y cuajó una
gran faena de muleta en el buen 5º al que mató mal perdiendo así los
trofeos.
Serafín Marín gustó mucho en el 3º, en el que rivalizó en quites
con Juan Diego, pero al que mató mal y estuvo firme con el descastado 6º
que tenía peligro sordo.
Cuadrillas
Gran tarde de los subalternos. Fueron aplaudidos los picadores:
"El Legionario" (Juan Diego), Paco Plazas y Martín del Olmo
(Jesús Millán) y Manuel Montiel (Serafín Marín). Entre los
de a pie se desmonteraron: "Romerito", Fernando Téllez y Jesús
Arruga (Jesús Millán).
El País.
TOMAS BLANCO. La primera decepción
Primer festejo mayor del abono pilarico y primer desencanto de la afición.
Los esperados guardiolas fueron un fiasco. Inválidos unos y sin
fuerza otros, descastados todos, sin raza y mansos a varias escalas
marcaron el denominador común de la actual situación de la fiesta. Sólo
el que hizo quinto salvó los muebles.
"La primera en la frente", se lamentaba la afición. "¡Espera
que aparezcan las figuras!", comentaban otros. "¡Oigan ustedes,
que los toros de las figuras son artistas!", masculló un torerista.
"¡La que nos faltaba!", sentenció el coro. Claro que, visto lo
visto, los guardiolas con dos retoques más no aspiran a menos.
A Juan Diego el toro de su presentación se le murió a poco de salir.
El fantoni que hizo primero dio la impresión de llevar unas
cuantas copas de más. Tal era su zigzagueo y desorientación, que le dio
al animal por cornear la arena de tal suerte que se pegó una voltereta.
Espatarrado se quedó, por lo que el presidente le ordenó apuntillar.
Hubiera sido pertinente que se ordenara la reglamentaria prueba de
alcoholemia. El bis salió inválido, con lo que el diestro de Salamanca
no pudo lucirse. En su segundo, faena pinturera sin acoplamiento.
El primero de Jesús Millán también era inválido, pero de segundo
grado. Al primer pase de muleta se fue al suelo. El resto, muleta a media
altura, pases sin trascendencia. Igual en el otro.
Serafín Marín estuvo lucido con el percal en el saludo a su primero.
Hizo una faena con muleta a media altura en evitación de males mayores.
Dio distancia al toro, dejó apuntes hasta que al toro se le agotaron las
pilas. En el toro de la jota, el sexto, todo cuanto realizó resultó un
puro barullo. Desastroso con la espada tras varios pinchazos, acabó de
bajonazo indigno.
ABC. ANGEL G. ABAD. El
toreo no entiende de nacionalismos
¡Quién lo iba a decir! Ayer, sobre el albero de la Misericordia, un
joven torero dio una lección del mejor toreo. Con capote y muleta, Serafín
Marín protagonizó a cámara lenta, para disipar cualquier duda, unos
momentos que serán difíciles de olvidar por los aficionados aragoneses.
Y como para demostrar que el toreo es universal, que no entiende de
confusos nacionalismos ni de tópicos, resulta que el tal Marín, lejos de
haber nacido a la vera del Guadalquivir, vio la luz en la barcelonesa
Montcada. Para que digan quienes allí llevan años renegando de la
Fiesta.
Es decir, que para torear bien no hay que ser de ningún sitio en
especial, hay que sentir el toreo. Marín, que tiene la base de un valor
sereno, sin el mínimo aspaviento, sorprendió al recibir al tercero. Verónicas
a pies juntos fueron el preludio de un excepcional quite. Ya con el compás
abierto citó al buen toro de Guardiola y meció el capote con un mimo y
un temple que tuvo el eco de un rugido de los tendidos. Una verónica,
otra más, ¡mejor aún la tercera!... Y una media en la que, valga el tópico,
pareció parar el tiempo, o por lo menos frenó el cierzo que estos días
sopla con fuerza en la capital aragonesa. Cadencia, ritmo, buen gusto y
con los pitones del toro rozándole una y otra vez los bordados.
El de Guardiola tenía una embestida templada con la que el catalán se
acopló. Por el pitón derecho, los muletazos surgían engarzados, sin
solución de continuidad, con la mano baja y el toro como imantado
siguiendo largo el camino que le marcaba su matador hasta que vaciaba la
embestida con el obligado de pecho. Extraordinario el chaval, que, impávido,
permanecía quieto como un mástil pasándose al guardiola cada vez más
cerca. Bajó el tono al manejar la izquierda -el toro no la tomaba con la
misma franqueza- y la estocada tendida y los dos descabellos enfriaron las
cosas. La lección ya estaba dictada y la vuelta al ruedo tuvo sabor a
triunfo importante.
En el sexto, que desarrolló peligro, Marín estuvo valiente, sin
volver la cara hasta que con el estoque volvió a emborronarlo todo.
Los villamarta de las divisas de Guardiola Domínguez y Guardiola
Fantoni compusieron un conjunto cuajado. Serios, aunque con mucha
diferencia de kilos entre unos y otros, que cumplieron en el caballo en
mayor o menor medida y de los que al menos tres ofrecieron el triunfo a
sus matadores.
Dos de estos astados fueron a parar a las manos del aragonés Jesús
Millán, que no se acopló con la embestida a media altura del segundo.
Mejoró notablemente con el quinto, al que debió desorejar, pero una
inoportuna pelea en el tendido distrajo al público. El maño estuvo
dispuesto, templado en un conjunto medido en el tiempo y notable en las
formas. Convenció a los paisanos y entre los doblones con que comenzó la
faena y el toreo por bajo del final dejó estimables series de muletazos
con una y otra mano. Sin embargo, el pinchazo y el bajonazo que recetó a
su enemigo enfriaron los ánimos.
El salmantino Juan Diego se llevó el peor lote. Sin recorrido el
primero y sin codicia el cuarto. Los dos muy por encima de los seiscientos
kilos, que acusaron en demasía. El torero, que compitió en quites con
Marín dejando el recuerdo de una excelente media verónica, resolvió la
incómoda papeleta con oficio pero sin tener la mínima opción al
triunfo. |