GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del jueves, 11 de octubre de 2001
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, en general serios de cara, menos el cuarto, cómodo. Limpios de pitones, salvo el sexto, que se escobilló enseguida. Justos de fuerza y desiguales de presencia: anovillado el quinto, el sexto el de más trapío.

Diestros

Entrada: lleno.

Crónica de la prensa: ABC, El Mundo, Novedades.


ABC. ANGEL G. ABAD. Tarde de emociones con Joselito, Ponce y Paulita a hombros

La tarde dio para hablar hasta de Agustina de Aragón, pero las referencias históricas no les gustan a los empresarios de la Misericordia, que se sintieron aludidos en la crónica de ayer porque recordaba que hace más de cien años la otrora temida afición de Zaragoza quemó la plaza por una mala tarde. No parece oportuno, pues, comparar el triunfal festejo con gestas guerreras contra los vecinos franceses, y menos en pleno conflicto internacional.

La séptima del Pilar fue tarde de emociones, de toreros entregados, de figuras en plena competencia, de lleno en los tendidos y también de sabor aragonés con el nacimiento de un torero de esta tierra, Paulita, que, a tenor de lo realizado ayer, puede dar mucho de qué hablar. Corrida de gran expectación que al final respondió al cien por cien con Joselito, Enrique Ponce y el novel Paulita atravesando a hombros el umbral de la puerta grande.

Emoción, pero menos, en el ganado de Torrestrella. No fue una corrrida pareja. Mansearon en el caballo. Fueron buenos para la muleta primero y segundo, rajado el cuarto, se dejó el quinto y con genio el grandón que hizo sexto. Lo mejor, la movilidad, que ya fue mucho. El remiendo de Martín Arranz resultó el mejor.

Y con ese material los coletudos salieron a revientacalderas. Ponce y Joselito no perdonaron la mínima oportunidad de lucimiento, ni entre ellos ni con el neófito, que sacó raza para sobreponerse y estar a la altura de los dos leones en que se convirtieron ayer las dos figuras de los años noventa, que, si hay que atenerse a lo visto ayer en Zaragoza, quieren serlo también de la primera década del siglo XXI.

Joselito hizo quites a los cuatro primeros toros. Con el capote recibió a los suyos con una larga cambiada y por verónicas rodilla en tierra. Airoso, variado y muy capaz, reconquistó uno de sus feudos. La Misericordia se le entregó sin remisión, pero es que el madrileño estuvo firme, templado y valiente. La faena al primero se vivió como bajo un aura joselitista que inundaba los tendidos. El torero, con los pies clavados, siempre dando el pecho, cruzado, se pasaba al torrestrella muy cerca. Faltó ligazón, como con el cuarto, el más parado, que pegaba tornillazos, que Joselito aguantó impávido. Dos espadazos y dos orejas.

Enrique Ponce no se puso ni una excusa. Todo verdad desde que se abrió de capote. La faena al tercero, basada en el pitón derecho, tuvo pasajes prodigiosos de mando, de largura, de temple. Los muletazos se hilvanaban unos con otros sin solución de continuidad. Y como colofón, unos ayudados, andándole al toro para cuadrarlo en el tercio, que pusieron la plaza boca abajo. Al quinto, el más chico de la tarde, lo dominó igualmente, y eso que al animal le costaba humillar. Los naturales citando con la muleta plegada, soberbios, acabaron por convencer a todos.

Paulita estuvo muy asentado con capote y muleta en el de la alternativa, dejando ya apuntes del buen toreo que atesora. Lejos de amilanarse ante el torrente Joselito-Ponce, se batió el cobre sin dar cabida a las lógicas carencias de quien comienza.

Con el sexto, demostró además que tiene el valor suficiente como para resolver ante un toraco con genio. Volvió a derrochar firmeza el aragonés y bajó la mano con gallardía y buenas maneras. Con la espada fue un cañón y rubricó de esa forma una tarde que debe abrirle un esperanzador futuro.


El Mundo. JAVIER VILLAN. Todos a hombros

Todos a hombros y todos tan contentos. Paulita contentísimo, superado con creces y toreramente el trámite de la alternativa. Ponce a sus anchas y haciendo hermosa verdad eso que tantas veces se ha dicho con menos fundamento: la difícil facilidad. Y Joselito arrancadísimo toda la tarde, desde la larga cambiada de rodillas a su primero hasta el estoconazo contrario que tumbó a su segundo. Y el público un poco regalón y también feliz.

El menos satisfecho parecía Ponce, y eso que era el que más orejas había cortado. Ponce tiene bulimia de triunfos y de orejas; ya tenía dos en el esportón e iba a por otras dos. Pero el feo espadazo aplacó los entusiasmos que había suscitado en el quinto y se quedó sólo en una. Estuvo Ponce quietísimo y sagrado en los redondos, y corretón en los naturales al tercero; primoroso en los engarces y atracándose de toro en la estocada.

El quinto lo brindó al Tato; y cuando Ponce brinda al Tato en Zaragoza es profecía de apoteosis, señal inequívoca de que el cielo amenaza con toda su artillería de prodigios. El torillo recental e inocente se comía la muleta y Ponce se recreaba. Sobre todo se recreó en la lentitud y, posteriormente, en el cite a muleta plegada, que prodiga últimamente bordando el natural y volviendo a plegar la muleta para citar de nuevo.

Joselito no perdonó quite: gaoneras rematadas con faroles; chicuelinas ceñidas, navarras... La primera faena fue faena llena de argumentos, desde las verónicas a pies juntos hasta las manoletinas finales. La segunda, con el áspero y rebrincado, faena del lidiador, faena caliente empezada rodilla en tierra y concluida con un arrimón frío y sin aspavientos.

Le tocaron el primer aviso al perfilarse a matar a su primero. Fue escuchar ese aviso y ponerse otra vez a torear como si aquello no fuera con él. Dios castiga, y no con palo, los desdenes a la Presidencia; y a la segunda manoletina, Joselito voló por los aires. Se levantó sin comprobar posibles desperfectos y siguió manoleteando antes de fulminar al toro con un estoconazo trasero.

Por lo que se refiere a Paulita, resolvió con torería y responsabilidad la tarde más comprometida de su carrera. No sé qué consejos le daría Joselito a Paulita en el discurso ceremonial de alternativa; pero, al menos, por la forma de tirarse a matar, algo bueno se le pegó. La verdad es que el nuevo matador no desentonó en absoluto del aire triunfal de la tarde.

Firme y serio con el capote; muy templado por la derecha y manejando la izquierda con mucha soltura. Sobre todo demostró su carácter en el sexto, cuando ya las dos figuras tenían asegurada la Puerta Grande; remató una buena tanda de verónicas con una larga afarolada que fue pura filigrana. Le correspondió el toro, posiblemente, con más casta y trapío de la tarde, y Paulita se fue arriba muletazo a muletazo sin perderle la cara. Tres redondos valentísimos, templados y sacados con sacacorchos, antes de cuadrar para matar, le aseguraron la oreja del sexto. Que el dios Tauro le recompense a Paulita por la seria tarde que superó ayer.


Novedades. JOSÉ MATA.

Y se hizo el arte. No... no es que de pronto una varita mágica lo haya decidido, lo que en la feliz realidad sucedió, fue que José Miguel Arroyo Joselito, salió inspirado con el divino influjo del arte, y el cónclave que hizo una entrada hasta la bandera, en conjunción, pudo degustar de la sublime inspiración.

Sin que se esperara -lo que no debe percibirse como exceso ni fuera de lugar- de pronto José se plantó de hinojos para saludar a su primer manso (que hizo segundo en la corrida) con una larga cambiada, para incorporado, ir dibujando del tercio hacia los medios hermosos lances a pies juntos, recortados con la bien lograda media verónica. José ha continuado con estampas de valiosa e intensa tauromaquia, como después de unas chicuelinas que en él, se apreciaron correctamente producidas, colocar a una mano al astado para que asistiera con el caballo, lo que evidentemente... sucedió sin bravura. El primer concierto que escribió, dio inicio sentado en el estribo, pasando suavemente al bovino, y después, incorporado proseguir con trincherilla y el de pecho, sucediéndose la construcción prodigiosa con ambas manos de sólidos trazos que produjeron, intensos -aunque lamentablemente efímeros- momentos escultóricos.

La propuesta en su clímax, derivó en redondos por la diestra y al intentar el remate salió desarmado. A pesar de escuchar desde las alturas el aviso en el exceso de tiempo, se prodigó en ajustadísimas manoletinas... en una de ellas, sufriendo hasta un feo arropón. No obstante, esto no arredró a José, quien estoico, rubricó su creación con una estocada ligeramente trasera. El respetable tras sucumbir el de Torrestrella, al unísono exigió un merecido trofeo.

José inspirado con el cuarto, le saludó con rítmicas verónicas rodilla en tierra, para incorporado, llevar al burel, que mostraba una embestida descompuesta, con poderosas chicuelinas al caballo. Con la tela roja, volvió a recrear el toreo artístico, donde la armonía, cadencia y buen gusto, fueron los elementos fundamentales.

Así, vimos sucederse pases llenos, además, de mando y dominio, para domeñar el inestable acudir del burel, que no se cansaba de rebrincar. De esta forma poder y sentimiento conformaron trazos de mágico temple y contundente belleza. Un certero estocadón firmó la propuesta artística, para merecer otro trofeo, que sumado al anterior lo hicieron trascender el umbral de la Puerta Grande.

La misma historia de siempre... las formas por encima del contenido. Sí... así es la historia de Enrique Ponce, quien no puede rebasar la preocupación de estar en constante producción (en serie) de estampillas bonitas, pero vacías para el espíritu. Su primero fue un torote con una nobleza sin límites, aunque con cierta debilidad, al que llevó por verónicas sin poder asentar los presurosos pies que deambulaban en pasitos para ir dando tiempo a cada lance. Enrique mostró, sin lugar a dudas, su conocimiento... y quizá, hasta reprobable pecado, para imponer el toreo de masas. Ya con la tela roja, ante el toro andarín... hubo un Ponce más andarín, toreando con la lejanía que se permite el diestro de Chiva, entre toro y él... ¡un abismo! Un espadazo contrario que provocó vómito sanguíneo fue el frívolo argumento que otorgó dos orejas.

Con el quinto... un animal sin la menor catadura... feo, flacucho, pues dio rienda suelta al toreo bonito que sabe practicar. Tras un horrendo bajonazo... recibió otra orejita. Quien ha adquirido con bombos y platillos su alternativa fue Luis Antonio Gaspar Paulita. Un padrino de lujo... Joselito, y un público lleno de un incontenible cariño, que le apoyó toda la tarde. Con el de la alternativa saludó con cadenciosas verónicas, mientras en el quite enseñó que sabe ejecutar las conocidísimas chicuelinas. Tercio en el que también intervino su padrino, para dibujar sublimes caleserinas. Paulita confeccionó una propuesta con un toreo relajado con ambas manos, y de una entrega y voluntad inobjetables. Tras una entera perpendicular y delantera, le fue otorgada la primera oreja como matador de toros; que se adicionó a la segunda, que cortó por un toreo lleno de enjundia.

De los toros diremos que se han lidiado cinco de Torrestrella... mansos, aunque nobles. Nunca se debió haber lidiado el quinto por su diminuta presencia, al margen de que pueda tener la edad. Y uno de Enrique Martín Arranz, grandote, feo, manso, débil, pero noble y dócil.

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