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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del miércoles, 10 de octubre de 2001
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Hermanos García Jiménez y Peña
de Francia, de desigual presentación.
Diestros:
Entrada: casi lleno.
Crónica de la prensa:
ABC, El Mundo
ABC. ANGEL G. ABAD. Una
limpieza de corrales no impidió el triunfo de Finito y Jesús Millán
Toros de cuatro ganaderías que más parecían destinados
a tres toreros modestos que tuvieran que apechugar con una limpieza de corrales,
que a un cartel de campanillas en una plaza de primera con la máxima figura del
momento. Una auténtica escalera en cuanto a presentación. Demasiada diferencia
entre los 514 kilos del tercero a los 626 del quinto o a los 675 del sexto. La
mansedumbre empeoró aún más las cosas.
La plaza se llenó, y los sufridos espectadores aguantaron con paciencia
jacobina el destartalado muestrario y agradecieron a los toreros las ganas que
pusieron por agradar. En otro tiempo, la temida afición zaragozana hubiera
quemado la plaza como ya ocurrió en el siglo XIX.
Eran otros tiempos. Ayer, hasta disfrutaron con los buenos momentos que
ofreció Finito de Córdoba, con la entrega y las intermitencias del local Jesús
Millán y se decepcionaron con El Juli.
No se acopló con el capote Finito de Córdoba con ninguno de sus enemigos.
Con la muleta apuntó cosas de gran calidad con el primero, al que exprimió al
máximo las embestidas, sin que la faena lograra levantar el vuelo. Mejor con el
cuarto, que metía la cara con nobleza. Torerísimo el comienzo de faena para
bajar el tono por los enganchones, pero, de nuevo, poco a poco fue centrándose
y mandando y templando las embestidas en soberbios muletazos. El regusto de la
clase de Finito caló en los tendidos hasta cortar una oreja.
El semblante de El Juli al final de la tarde reflejaba la decepción. Se
entregó, buscó el triunfo con ahínco y sus dos toros se lo negaron. Los
zaragozanos le agradecieron el esfuerzo.
Jesús Millán tuvo todo a favor para salir triunfante. El paisanaje le empujó
al éxito y el torero no acabó de acoplarse, especialmente con el sexto, de
Victoriano del Río, un manso que rompió a embestir con calidad. Toreó muy
bien en la primera serie con la derecha, pero a partir de ahí llegaron
demasiados tropiezos y, pese a la garra que le echó, la faena fue a menos. La
efectiva estocada le salvó la tarde y le permitió cortar una oreja con el público
entregado. Le pidieron con fuerza la segunda oreja, que el presidente negó,
quizás atendiendo a lo hecho.
El Mundo. JAVIER
VILLAN. Orejas y limpieza de corrales
No se trataba de una corrida concurso, palabra; aunque lo pareciera. ¿Cuándo
se compran los toros de El Pilar para tener que llegar a este despropósito
ganadero? Porque tendría gracia que una limpieza de corrales como la de
ayer se planificase ya por los inicios de la temporada.
Pese a todo, ese estrafalario experimento de ayer, de rematar una
corrida con tres ganaderías, no salió tan mal como esperábamos. Todo el
tiempo culpando de las caídas de los toros al exceso de peso, y vienen
luego reses de casi 700 kilos y acaban tan frescas. Pero el muestrario, de
tan destartalado y multiforme, hacía daño a la vista.
En general cumplieron, salvo el segundo de El Juli que salió imposible
de toda imposibilidad; y además era feo con ganas. Para restablecer el
equilibrio ecológico a El Juli le había correspondido anteriormente el
toro de más trapío y más seria armonía de la tarde.
Lo cierto es que la gente salió un poco mosqueada y no sólo porque la
hubieran obligado a tragarse ese desfile de grandullones de distintos
hierros, sino porque un torero de la tierra, Jesús Millán, no abrió la
Puerta Grande y porque El Juli no tocó pelo y anduvo entre deslabazado y
desorientado toda la tarde. El beneficiario de estas emociones inconclusas
fue Finito de Córdoba; marró con el descabello en su primero, pero luego
mató muy bien y arriba. Finito no se rompió en ningún momento, aunque
dejó sentir su hermosa plasticidad en algunas circunstancias.
Es curiosa la cuestión ésta de la plasticidad; es curiosa la hermosa
trampa con que algunos toreros, entre ellos Finito de Córdoba, embelesa a
los tendidos. Entiéndase bien; cuando digo trampa no estoy quitándole al
toreo ni una pizca de sus riesgos, ni rebajando su grandeza ni poniéndole
paños oscuros a las luces del vestido de torear. Trampa es un concepto
perverso de técnica funcional que, pese a todo, no elimina la posibilidad
de los percances: igual que el afeitado no ha desterrado las cornadas y la
muerte.
Trampa es un recurso técnico mediante el cual mucha bisutería se
vende como piedras preciosas. Muy bellos algunos muletazos, bastante menos
las verónicas de Finito de Córdoba, en especial en el cuarto. Templados
los derechazos, aunque sufriera algún enganchón; templados y largos
algunos naturales, aunque sin rematar; y la salida a los medios con un
pase de trinchera, un natural y un pase de pecho todo ello ligado y por
seguido.
Pero esa forma sutil de descargar la suerte, alargar el muletazo
mediante un giro de muñeca tras enganchar al toro descaradamente con el
pico son conceptos que pueden resultar muy técnicos pero que ahuecan y
superficializan el arte de torear: por elegante y bonito que se ponga el
torero.
Jesús Millán, en cambio, adelantaba la panza de la muleta; pero luego
se arrepentía y pegaba ese ligero toque con el pico que cambia totalmente
la naturaleza del muletazo. En un momento en que se descubrió el de
Buenavista se lo echó a los lomos. Tuvo en el espectacular sexto las dos
orejas en la mano, mas las dejó marchar. Y dejó marchar al toro.
Espléndidas las dos primeras tandas de redondos, puros y hondos,
resolviendo con un molinete un arreón inesperado; algunos naturales de
gran belleza, de temple y hondura. A partir de ahí, la inspiración bajó
alarmantemente. Y aunque mató con eficacia el señor Pasamontes, resistió
heroicamente en el palco y no le dio la segunda oreja.
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