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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del lunes, 8 de octubre de 2001
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Los Maños, bien
presentados, blandos y manejables, destacando el quinto- y un sobrero (2º)
de Fuente Ymbro, excelente. para , que actuará como único espada en su
despedida como novillero.
Diestros:
Incidencias: Salió por la Puerta Grande acompañado del mayoral, pero
volvió a la enfermería para ser atendido de las lesiones, aún por determinar,
producidas durante la lidia del quinto.
Entrada: casi lleno.
Crónica de la prensa:
ABC, El Mundo
ABC. ANGEL G. ABAD. Paulita
se sobrepone al dolor hasta abrir la puerta grande
La tarde fue de intensos contrastes. De la decepción de
los tres primeros novillos en los que Paulita no acabó de entrar en la corrida,
se pasó a la emoción del buen toreo que protagonizó en las faenas del cuarto
y quinto, y de ahí al dramatismo de la cogida que sufrió al instrumentar un
ayudado a este novillo. En un instante, la gloria se tornó en dolor. Paulita,
que se había venido arriba y estaba toreando con sabor, con torería y firmeza,
quedó hecho un pelele. Dolorido, conmocionado, sin apenas poder andar,
arrastrando la pierna derecha, se empeñó en matar al excelente animal de la
ganadería de Vistahermosa, la reserva aragonesa del encaste Santa Coloma, que
triunfó por segundo año consecutivo en el Pilar.
Entre una cerrada ovación pasó a la enfermería. Todos hacían gestos al
presidente de que esperara, que el torero aragonés iba a salir a matar al
sexto. Renqueante por la fuerte paliza recibida, aunque afortunadamente sin
cornada, volvió a torear de primor. Jugando los brazos y quedándose muy
quieto. Cortó una oreja que le abrió la puerta grande y por ella se fue para
volver a las manos de los médicos que deberán decidir sobre la cita que el
aragonés tiene el jueves junto a Joselito y Ponce en la anunciada alternativa.
El gesto del bravo torero, la difícil apuesta, acabó en gesta. Cortó dos
orejas que podían haber sido cinco si acierta con la espada en los tres últimos
novillos. Por encima de todo, incluso del dolor por la paliza, en la arena dejó
muletazos para el recuerdo y la huella de un buen torero.
El Mundo. JAVIER
VILLAN. Paulita:
infortunio y triunfo
Peligra la alternativa que ha de tomar mañana
Luis Antonio Gaspar, Paulita. Cuando había enderezado la tarde y el santo
se le había puesto de cara, el novillo quinto le echó mano y le pegó un
palizón que lo dejó para el arrastre; en el suelo le tiraba derrotes con
saña que desdecía la pastueña nobleza que había exhibido anteriormente
el animal. Toda la novillada sacó buen son y bondades infinitas, incluso
el encastado sobrero de Fuente Ymbro.
Paulita había toreado muy bien al novillote, quinto, para el que se
pidió la vuelta al ruedo. Tras el magullamiento y la paliza, lo pinchó.
Falló en lo que había sido el fuerte de su tarde, salvo los cinco
descabellos al segundo: la espada. Paulita tardó en reponerse en el
callejón, pálido, mareado y cojo. Se negaba a ir a la enfermería; lo
convencieron, y tardó menos de tres minutos en volver a salir por su pie,
probablemente sin haber pisado la sala de curas.
Lo mejor de la tarde lo hizo Luis Antonio Gaspar en el quinto y en el
cuarto, remontando un peligroso momento que amenazaba desastre, tras la
opacidad plúmbea de sus tres primeras faenas: detalles de estilista,
sobre todo por naturales en el segundo pero sin cuajar un novillo. Y, en
algunos casos, como en el enrazado sobrero de Fuente Ymbro, perdiendo
claramente la partida.
Paulita salió de la enfermería arrastrando la pierna derecha, con
cara de sufrimiento y dolorido. Parecía imposible que pudiera mantenerse
en pie; pero, a rastras, demostró lo que es vergüenza torera, hizo un
quite afiligranado por faroles y gaoneras, brindó a El Juli y se entregó
a tope. Todo lo a tope que le permitían sus escasas fuerzas maltratadas.
Haciendo de tripas corazón dio dos pases cambiados por la espalda y templó
los muletazos con sentimiento por la derecha y por la izquierda; acaso
fuera el sentimiento del dolor. Como mató arriba, aunque a la segunda,
conquistó la oreja que hubiera cortado en el quinto de no pincharlo. Fue
aquí, en el novillo de los sucesivos pinchazos tras la cogida, donde
Paulita había cuajado más redonda faena a base de templar, correr la
mano y quedarse en el sitio; algo parecido a lo que había hecho en el
cuarto al que descabelló, con tan sólo un leve pinchazo.
Dio Paulita la última vuelta al ruedo entre una gran ovación, dejando
en el aire el sabor agridulce de un triunfo que pudo ser mayor y de un
infortunio. El público que se le había entregado toda la tarde y, en
especial después del percance, espera mañana a este torero, salido de
las escuelas aragonesas; escuelas que aquí proliferan como hongos y, al
parecer, con buenos resultados.
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