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Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del domingo, 15 de octubre de 2000
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Palha,
en general serios y con trapío. Nobles y encastados primero, segundo y tercero;
manso y complicado el cuarto, manso, distraído y sin casta el quinto; manso
encastado y vibrante el sexto.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónica de la prensa:
ABC, El Mundo
ABC. ANGEL G. ABAD. Meritorio
triunfo de El Molinero ante una interesante corrida de Palha
Avisa ya el otoño con poner cara de invierno por aquí en Zaragoza. Todavía
no le habrán agradecido lo suficiente a Arturo Beltrán el acierto de cubrir
allá por el año 88 la plaza de la Misericordia. La Diputación maña debería
haber seguido con las mejoras del edificio de la calle Pignatelli. Pero, doce años
después, la lona se ha deteriorado con claridad, de hecho cuando llueve el agua
se abre paso a través de regulares goteras, y ni siquiera el manido extractor
de humos ha aparecido.
El cielo ennegrecido no animaba a acercarse a los toros, a pesar de que la
afición se sepa resguardada bajo el «paraguas» picado de Beltrán. Además,
había fútbol en La Romareda. Ambos factores alteraron el producto: apenas
media entrada.
La corrida de Palha vino a salvar el crédito ganadero del país de los fados,
por los suelos tras la lidia de los murteiras. El juego desarrollado mantuvo
viva la llama del interés. Es más: hubo toros importantes. Aunque su destino
final fue también el crematorio, la intencionalidad de la frase pierde su
acidez.
Para despedir la Feria del Pilar se «acartelaron» —horrible verbo del
neoperiodismo— tres hombres con necesidad de clarificar su futuro. El Molinero
se subió al semivacío carro de los triunfadores para acompañar a El Juli, el
único que hasta la fecha había abierto la puerta grande. A Ricardo Aguín no
le sobran los contratos. El festejo de ayer sumaba quinto en su particular
temporada, lo que incrementa su mérito.
«El Moli», como le llamaban cariñosamente los paisanos, estuvo hecho un león
con el toro que cerraba plaza, un «obús» de 476 kilos coronados por un par de
pitones de vértigo. Manseó en el caballo levemente, pero embistió con toda la
casta del mundo condensada en su anatomía.
No se lo pensó dos veces el matador de Casetas a la hora de ponerle la
izquierda. Aguantó firme las arrancadas, y movió la flámula con clásicas
maneras en la mayoría de los embroques; otras veces el toro desbordó el mando.
La tensión se cortaba con un cuchillo, sobre todo por el complicado y peligroso
lado derecho. Por bajo rubricó la meritísima obra, con unas dobladas de nota.
Como se presentía, la voltereta llegó en un descuido; a tal altura lo elevó
que la pirueta se tornó en un mortal completo y hacia atrás. Recuperado del
vuelo, atacó la suerte suprema con rectitud. Era la oreja que le izaba en
hombros, a pesar de la defectuosa colocación de la espada. Sumado el trofeo al
del toro anterior, que por cierto saltó al callejón con una potencia
asombrosa, daba la puerta grande.
Fernández Meca derrochó oficio y condiciones de eficaz lidiador en su lote:
lució a los toros en el caballo. Fue una pena que su buen primero perdiera el
fuelle a chorros en una sangría excesiva. Cumplió con mucha dignidad y se anotó
una vuelta al ruedo ganada a pulso.
No pasó el examen Higares, que se descentró con el mejor ejemplar del
conjunto de Palha, el segundo. Manso y deslucido, el quinto estropeó la media,
que de todas formas no alcanzaba para la cachondada de sacar al mayoral a
hombros.
El Mundo. JAVIER VILLÁN.
Palha y El Molinero triunfantes y felices
El Molinero abrió la Puerta Grande de la Misericordia, y eso es meritorio,
teniendo en cuenta que anda a dos velas de corridas y que quizá no lleguen a
media docena las veces que esta temporada se ha vestido de luces. Ricardo Agüin
es un buen torero, al que se le está pasando el arroz. Y sería malo que se le
pasase del todo; en especial malo para él, pues ya es sabido que, para los
taurinos, sólo son imprescindibles los que llenan las plazas. Prima
exclusivamente una idea economicista, frente a otras más perdurables. Habrá
quienes le pongan pegas a esta salida a hombros y seguro que razones no les han
de faltar. Mas convendría no pasarse con el encastado toro de Palha corrido en
sexto lugar. Este toro acabó equivocando a una parte de los aficionados que
confundieron fiereza con bravura. El palha manseó en varas, esperó en
banderillas y sólo en el último par de Casanova -que lo hizo todo el peón-
pareció más claro. En la muleta tuvo más violencia que fijeza y casi siempre
salía del muletazo pegando un derrote o echando la cara arriba.
La corrida de Palha, aunque blandeó no se cayó como su paisana y
compatriota, la de Murteira Grave. La corrida de Palha dio unas de cal y otras
de arena, como queda reflejado en la ficha; pero ha sido, con mucho, la mejor
del ciclo: por juego y por presentación. Esta Feria se había montado sobre
unas laudables columnas toristas que se han venido tambaleando a lo largo de la
semana: se derrumbaron los victorinos y los guardiolas, y se cayeron los
murteira. Y aunque Camacho y Núñez del Cuvillo dieron toros estimables, sobre
todo el del rabo a El Juli, no pueden ser consideradas por los toristas. En
parte Cebada Gago y, sobre todo Palha, han justificado los planteamientos de la
empresa.
La corrida última de abono se desarrolló en un clima de seriedad que
dignifica la Fiesta. Se entregó mucho en varas el primero de Palha y eso lo
acusó en la muleta para desgracia de Fernández Meca, cuyas esperanzas se
agotaron en la primera y única tanda de redondos. El cuarto fue uno de los
palhas más bonitos y más mansos de la tarde. Muy valiente y muy responsable
Fernández Meca: sentido de la lidia sin florituras inadecuadas para la condición
del toro. Firmeza. Y eficacia a la hora de matar, tanto en éste como en el
anterior. Luego, en varas y en banderillas del quinto, estuvo muy atento a los
quites y bien colocado.
Saltó el tercero al callejón causando gran desorden y desconcierto e
hiriendo a un peón de la cuadrilla de Fernández Meca. Espléndidas verónicas
de El Molinero. Se desconfió por la izquierda y sufrió un desarme al rematar
un circular con cadencia y entidad toreras; mas por la derecha bajó bien la
mano y remató bien los pases. Se enfureció el sexto en banderillas y siguió
furioso lo que le quedaba de vida. Pero allí estaba la mano izquierda de El
Molinero. El toro se le arrancaba violento y el aragonés no siempre acertó a
bajarle la mano y a rematar el pase. Hubo dos tandas de naturales y una de
redondos, excelentes, que confirman la ortodoxa idea que El Molinero tiene del
arte de torear: trazo de arriba abajo, remate bajo la pala del pitón y a la
cadera. Autenticidad. En sus dos toros la estocada cayó ladeada.
Música y pitos para Oscar Higares mientras toreaba de muleta a su primero y
silencio absoluto cuando toreaba al quinto. Música de banda y música de
viento, sutil metáfora que empleaban los antiguos y perspicaces revisteros para
describir los silbidos. El pasodoble de la banda era Perfumes y hechizos. Y la
verdad es que los muletazos de Oscar Higares tenían poco perfume; y hechizo,
menos.
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