GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del sábado, 14 de octubre de 2000
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Murteira Grave, cinco toros, muy flojos, tirando a inválidos; mansos y ásperos, menos el quinto, noble y de buen son y el segundo, manejable; con cuajo y seriedad. Sobrero de Occitania, cuarto, manso, bronco y con poder.

Diestros

Entrada: algo más de tres cuartos de entrada.

Crónica de la prensa: ABC, El Mundo


ABC. ANGEL G. ABAD. Una corrida para el crematorio

La corrida de Murteira Grave tenía un crematorio de Orense como destino final. A todos los toros bravos portugueses que se lidien en España les espera idéntica suerte, por la historia del brote de encefalopatía espongiforme, o mal de las vacas locas, que se detectó en el bello país vecino.

Decir que la corrida de Murteira era de crematorio no sólo responde a razones sanitarias. Si no la queman por la dichosa enfermedad tampoco habría estado mal que la volvieran al estado de cenizas por si la cosa de las caídas resulta contagiosa. Locos no estaban los animalitos, pero inválidos, un rato.

Vaya tela con la feria torista. Hermógenes en «La Nicolasa» no da crédito a que cada día se nos tuerza el gesto. «Manías tuyas», dice. Pero qué va. Ojalá fuese así. Los murteiras, que debutaban en Zaragoza, dieron no pocas veces con sus tullidos huesos en el suelo. Los hierros lusos no lidian en nuestra tierra desde hace tiempo, y si después de la cuarentena salen así, si no vienen tampoco se pierde nada.

El maestro Esplá no quiso saber de sus enemigos en toda la tarde. Ni los palos cogió. El blando y suavón primero se dejaba. Pero quien no estaba por la labor era el alicantino, que no asentó las zapatillas una sola vez.

Un sobrero de Occitania que hizo cuarto, feo y agresivo de planta, desarrolló mansedumbre y peligro. Esplá se equivocó al pedir el cambio en varas de forma precipitada, y después le dejó la papeleta a Juan Montiel, que, hecho un tío, suplió al lesionado Paco Villalta. Esquivó con ligereza el matador los navajazos cruentos del pitón derecho, y resolvió sobre las piernas, a paso de banderillas y a golletazo limpio.

Jesús Millán arrancó con valentía una oreja del día anterior. Y es que, por la encefalopatía dichosa, tampoco los apéndices auditivos valían. Así que le dieron la oreja de un cebada de ayer o a saber de quién. Millán sacó arrestos con el sexto, y por poco pierde un ojo entre aquellos cabezazos infames y avisados. Por fortuna, sólo hubo que lamentar un corte en el párpado. También se pegó su arrimón con el parado y cornalón tercero, y se libró de milagro de una cornada a la hora de matar.

Dávila acarició el triunfo con el buen pitón izquierdo del quinto, que se demoró en morir y enfrió los ánimos del personal. Tres o cuatro series de naturales notables fueron a parar al bagaje del sevillano, que debió acortar la faena. De vacío se había ido con el inválido segundo, otra ruina para la incineración.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Oreja de fuego para Millán

No sé qué le tiene reservado a Jesús Millán la profesión de torero; por clase y por el coraje derrochado ayer, debiera ser lo mejor. Pero en toros no siempre dos y dos son cuatro; a veces son cinco y otras son tres. O menos. Como dicen mis gentes de la Tierra de Campos, el que tiene padrino se bautiza y el que no, se queda moro. Jesús Millán posee suficientes virtudes para no quedarse moro.

Lo bauticen o no, ayer los murteiras por poco lo descrisman y descomulgan. Toda la tarde de Jesús Millán, fue de infarto para los aficionados, aunque él no parecía darle excesiva importancia. En el sexto, se había metido otra vez en terrenos abismales y el murteira le tiró un pitonazo a la cara que lo dejó semiinconsciente y sembró la incertidumbre y la angustia en los tendidos. En los dos toros Jesús Millán se pegó el arrimón verídico y exagerado. En el tercero provocó la embestida con un golpe del muslo en el asta; se encunó, se echó literalmente encima de los pitones y acabó de rodillas atropellando los terrenos y valentísimo. En esas circunstancias, el percance tenía que ser, necesariamente, una peripecia aplazada.

Esta llegó al tirarse a matar a topacarnero: el toro lo prendió, le destrozó la taleguilla y fue anuncio del alarmante lance en el sexto. Mas no todo fue suicidio en Jesús Millán. Arrancó muletazos casi inverosímiles en los que lo más probable parecía el revolcón. No perdió los papeles en ningún momento y, pese a los dos percances, su valor no fue alocado: si acaso, las urgencias y la necesidad de ser torero. Cuatro verónicas muy ajustadas ganando terreno hacia los medios, con aroma y naturalidad en su primero. Era éste, toro para la media altura muy templada y muy difícil de dar con ella cuando se tiene tan poco rodaje como Jesús Millán. La vocación de triunfo, memorable y heroica.

La cuadrilla de Luis Francisco Esplá pegó el petardo en el primer toro y el alicantino salió abroncado de la poco misericordiosa con él, Plaza de la Misericordia. Esplá se negó a banderillear y se ganó una pitada que ya no cesó, y que en realidad pertenecía a la cuadrilla, pues anduvo ante la cara del toro con facilidad. A la cuadrilla, y sobre todo, al puntillero, que no acertaba. Esto de la puntilla, por parte de los terceros, se está convirtiendo muchas tardes en un espectáculo siniestro. Lo peor para Esplá vendría en el cuarto, el sobrero francés de Occitania. Volvió a rehusar Esplá los rehiletes y, diezmada su cuadrilla, entró en liza Juan Montiel que antes lo había hecho muy bien y ahora lo hizo muy mal. La bronca a Esplá, homérica. Para banderillas, las que clavó Jesús Arruga, el tercero de Millán, que se desmonteró dos veces y en el sexto estuvo magistral. También saludaron Javier Rodríguez y Emilio Fernández.

Tuvo más peligro Dávila Miura de ser lesionado por las constantes caídas del murteira segundo, que por sus pitones: una ruina de toro. Pero Dávila Miura se sacó la espina en el quinto. Sin forzar al débil murteira logró buenos muletazos por la izquierda, templándolos mucho. Dio Dávila Miura con el ritmo, el temple y la altura adecuados; y cuajó tres tandas de naturales rematadas con tres monumentales pases de pecho. De no ser preciso el descabello hubiese cortado la oreja.

 

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