GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del miércoles, 11 de octubre de 2000
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Victorino Martín, seis toros, primero y segundo vareados, cornicortos e inválidos totales; el resto, con más trapío y un poco más de fuerza. Flojo y encastado el tercero; flojo y manso el cuarto; flojo y manejable el quinto; manso complicado y probón el sexto.

Diestros

Entrada: tres cuartos de entrada.

Crónica de la prensa: ABC, El Mundo


ABC. ANGEL G. ABAD. Los Victorinos pegan un doble petardo

Los victorinos pegaron un doble petardo. Culpables, todos los victorinos: padre, hijo y los que crían padre e hijo. Elevar al cuadrado el fracaso se desprende, básicamente, de la condición de veedor de la empresa de Zaragoza de Victorino junior. O sea, que es el responsable del ganado que se lidia en la plaza de la Misericordia. Pues para debutar en semejante cargo y para tapar bocas, que por ahí anda suelto mucho deslenguado, su corrida debía haber sido escogida con esmero, imponente de presentación. Eso para empezar. Y sin embargo el primero fue un toro grandón y sin cara; el segundo, un churro; ambos, inválidos.

A Victorino senior, hombre acostumbrado y abonado al éxito, uno de los mejores ganaderos de todos los tiempos, imaginamos que le dolería ver a sus criaturas por los suelos, pegando costaladas infames o echándose en mitad de la faena. Ya el otro día sorprendió en Madrid la cuadriplejia de un toro de Luis Francisco Esplá. Ojo, ganadero, que en menos de una semana se le han caído más que en toda la temporada.

Sería estúpido pensar, por otra parte, que Victorino junior haya escogido una corrida encaminada al fracaso, un saldo, vamos, para entendernos con pocas palabras. Porque además de la flojera extrema de los tres toros de la mitad inicial de la tarde, el resto resultó descafeinado, soso y aburrido. Ni siquiera apareció la clásica alimaña que provoca emoción y tensión en los tendidos.

Uceda Leal dispuso del mejor victorino de los seis. El tercero, dentro de su blandenguería, desarrolló calidad, sobre todo por el pitón izquierdo. La faena discurrió con muchos dientes de sierra. Cuando tras unos minutos de desajuste el temple apareció, la largura y la clase de los naturales hicieron olvidar los enganchones anteriores. Vuelta a la diestra, bajó el tono para subir otra vez. Y así. De haber encontrado el punto de entendimiento con mayor regularidad y más concentrado en el tiempo, igual hablaríamos de algo más que de una ovación. Para más inri, hasta el segundo encuentro no hundió la espada, y sonó un aviso. Una pena, porque luego nada sacó Uceda en limpio del descastado sexto.

Inédito

José Luis Moreno quedó inédito en su primera labor, frustrada por la invalidez. Ante el quinto, un serio mozo más claro a derechas, la cosa se movió en un tris de despegar. Ni toro ni torero rompieron con rotundidad.

A Manuel Caballero se le moría a chorros el gigantesco toro inaugural de su lote. Qué imagen más triste contemplar a un victorino tumbado a todo lo largo de su anatomía. Abrevió con la abulia del cuarto y con la suya propia.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Victorino, ¿tú también?

Lo que nos faltaba: también Victorino. Eramos pocos y parió la abuela. Victorino Martín echó en Zaragoza una corrida en escalera; desde el inválido total primero hasta el complicado sexto que se mantuvo gallardamente en pie. El primero, el más chico; el último, el de más trapío y complicaciones. O sea que esto de las caídas nada tiene que ver, a lo que parece, con el peso ni con el trapío. Otra causa habrá, digo yo. Y haría bien Victorino en averiguar por qué un toro se le derrumbó en Las Ventas hace tres días y dos se le derrumbaron ayer en Zaragoza. Y el resto blandorro.

El primer victorino se echó exhausto y derrengado. Le faltaba el aire y, sin embargo, tenía la boca cerrada, cosa rara. Un victorino por los suelos de forma tan absoluta: patético. Se echó una vez, se levantó, volvió a tumbarse en un macabro ejercicio de equilibrio imposible; parecía estar desjarretado. La peste negra, la fiebre amarilla, la gripe asiática que asuela los chiqueros de las plazas de Iberia, no respeta nada. Tiene misteriosos agentes que la propagan e inficionan corraletas, mangas y corredores. En cuatro días, varios victorinos para el arrastre. ¿Qué está pasando aquí? Victorino, tu quo que? A ver si alguien lleva los entresijos de estos desdichados animales a un laboratorio; por el honor de Victorino Martín, por respeto a los aficionados, por el bien de la Fiesta.

El segundo estaba, más o menos, igual. Y el presidente, sordo al griterío justiciero que pedía devolución. El victorino se revolvía persiguiendo las telas y le crujían los cuartos traseros como si un mal cirujano le hubiese metido mano alevosa y cruel. Y si el victorino embestía de frente -crac, crac, crac- se le doblaban las manos como ramas secas. Ya podía José Luis Moreno ponerse torero. Con aquella ruina ambulante procedía hacer lo que hizo Manuel Caballero en el anterior: montar la espada y despenarlo. El victorino llevaba dentro todas las penas del mundo, toda la invalidez del mundo, toda la carcoma del mundo en su esqueleto. Victorino, ¿tú también?

Al tercero le salió la casta victorina y se creció. El señor presidente cumplía a rajatabla el Reglamento obligando a las dos varas, pero se lo pasaba por el mismísimo forro manteniendo en el ruedo aquellos deshechos de toro, aquellos sucedáneos de victorinos; o, lo que sería peor, victorinos auténticos puteados, baldados y cojitrancos. Este victorino, gracias a su casta, sólo se cayó media docena de veces. Lo cual permitió a Uceda Leal torearle a placer por la izquierda y también por la derecha. Un toreo estilista y sin forzar la máquina, no fuera que a la mitad del muletazo, al toro le diera una alferecía. De haber matado a la primera, oreja segura.

A partir de aquí la corrida tenía que ir necesariamente para arriba, pues peor imposible. El cuarto blandeaba, aunque no escandalosamente. Manseaba también y eso era lo de menos. Con tal de que no le diera el patatús, valía. ¿Tu quo que, Victorino? Quedamos, pues, en que la corrida tenía que ir forzosamente a mayores. Mas cuando las tardes se tuercen, no hay nada que hacer. El quinto, que tenía la pata derecha ligeramente chula, se reventó el pitón derecho contra un burladero y El Patillas lo deslomó en el caballo. Gracias a esos durísimos elementos de corrección, Moreno se encontró con un toro blandito que embestía al paso y, por falta de fuerzas, a veces tiraba un viaje malintencionado. No se arrugó ante aquellas amenazas Moreno e, incluso, consiguió algunos muletazos de mucho mérito. El mundo taurino anda del revés y cabeza abajo: José Luis Moreno, un estilista al igual que Uceda, se está convirtiendo en un fajador. De la conjunción de ambas condiciones, yo espero, todavía, que cuaje un buen torero.

Y al fin ocurrió el milagro esperado, un milagro muy relativo, claro: el toro de la jota, el victorino postrero, no se cayó. Tampoco embistió, pero algo es algo y menos da una piedra.

 

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