GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Feria del Pilar
ZARAGOZA
Tarde del martes, 10 de octubre de 2000
Crónica de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Mari Carmen Camacho, desiguales. Con calidad, aunque flojo el 1º. Inválido el 2º; con transmisión el 3º; mansos 4º y 5º; noble el 6º.

Diestros

Entrada: lleno.

Crónica de la prensa: ABC, El Mundo


ABC. ANGEL G. ABAD. Dos grandes toros y una oreja de otro

Digo yo que una corrida en la que dos toros embisten de lujo y otro saca nobleza es un éxito para la ganadería, tal y como anda el patio. Así que éxito para Mary Carmen Camacho, a pesar de los otros tres lunares. Se habla mucho siempre del toro, sobre todo para echarle culpas. Pero también habrá que decir en su defensa, cuando toca, que otrora, de una corrida como la de ayer, hubieran salido dos toreros a hombros. Sin embargo, una solitaria oreja fue el balance final. Y gracias.

Finito de Córdoba le montó un lío con el capote al primero. Las verónicas se sucedieron con cadencia hasta el mismo platillo, donde remató con una larga cordobesa. El bruto se desplazaba ya entonces con mucha largura, permitiendo el respiro y la adecuada colocación. Finito tardó en romper el hielo que envolvió las tres primeras series diestras. Correcto pero frío. Al natural, dibujó muletazos extraordinarios, entre ellos los broches de pecho. Todavía embestía con mayor calidad el astado por ese pitón. ¿Cómo no acabó el matador con las orejas en sus manos y, por el contrario, obtuvo dos avisos? Pues, particularmente, uno estima que hace falta un poquito más de alma, menos metraje en la faena, un kilo más de entrega y cuarto y mitad de decisión con la espada.

Recuperar posiciones con el huidizo cuarto se tornó en un imposible por su manso comportamiento.

Jesús Millán quiere despegar en esta profesión. Luce buen corte y pulcras maneras. Pero para funcionar en esto no se debe dejar escapar muchas más veces un lote como el de ayer, con la televisión por testigo y el público a favor.

Bravo y encastadado

Bravo y encastado fue el tercero de la tarde, como para haber abierto faena por bajo. Millán planteó las cosas al revés. Es decir, que terminó doblándose con el enemigo en lugar de principiar así su labor. A estas alturas, la sensación de que el toro le había desbordado se hizo patente, especialmente en un par de desarmes.

Tras el comienzo pendular por la espalda, se le vio acelerado. No resultaba fácil la tarea de templar y mandar. La cuestión del poder decreció aún más sobre la mano zurda, que manejó la franela con demasiada violencia. Los doblones de despedida emanaron belleza y un mando tardío. La espada también falló, y aún dio una vuelta al ruedo.

El sexto le permitió con su nobleza estar más templado, aunque no terminaba de humillar, y conquistar una oreja de consolación.

El pobre de Bautista apechó con el lote más deslucido, lo cual no le excusa de una actuación desangelada.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Millán: buen toreo y mala espada

El toreo que hizo Jesús Millán tiene mucho más valor que la oreja que le dieron, y no es una paradoja. La oreja fue dadivosa y de paisanaje. Pero Jesús Millán tuvo momentos en los que toreó primorosamente y con verdad. Falló con la espada. Y esa circunstancia es la que explica la aparente contradicción del inicio de esta crónica.

Jesús Millán es un buen torero que merece un lugar al sol de la tauromaquia. Otra cosa es que le den pocas oportunidades de demostrarlo. Cuando se las dan, empieza toreando acelerado y con prisas: como si tuviera miedo de que el tren se le escapara. Tuvo momentos excelentes Jesús Millán, aunque la casta del tercer toro, recrecido tras la flojera inicial, le quitó el sitio en ocasiones. Faena abierta con decisión en los medios, sin mover las zapatillas, con pases cambiados por detrás y pases altos por delante. Faena mal rematada con la espada, al igual que la del sexto, mas con muletazos excelentes. Nota alta, por colocación y trazo, para una tanda de redondos, un par de naturales, un circular templadísimo; y nota altísima para los ayudados por bajo, rodilla en tierra, con que preparó al toro para la muerte. Se serenó Millán en el sexto y toreó con idénticos buenos trazos y con mayor temple y continuidad. Destacó, sobre todo, una idea arquitectónica y cerrada de la faena: series medidas, adornos, remates por arriba o por abajo, es decir, pases de pecho y trincheras.

Trato de imaginarme la desolación de los toreros cuando no pueden dar un pase porque el toro se derrumba y apenas logra mantenerse en pie. Verbigracia ayer Juan Bautista Jalabert. Trato de descubrir sus abismos de tristeza, las simas profundas y oscuras de su desconcierto, las cimas altas y yermas de su soledad. Y no lo consigo, palabra. ¿Tan difícil es, me pregunto, ponerse en el lugar de un ser humano aunque vaya vestido de luces? ¿O es que los toreros no sufren cuando un toro como el de Mari Carmen Camacho se cae pegándose cada costalada que se escoña? ¿O es que los diestros no son inocentes del todo de lo que les ocurre a los toros? ¿O es que no ocurre nada y todo es invención de algunos críticos ácidos y perversos? Acaso es normal que así ocurra y suceda por los siglos de los siglos. Y, desde esta normalidad, la patética invalidez de los toros es el cumplimiento inexorable de una ley natural. Claro que las leyes naturales pueden ser también pervertidas y seguir pareciendo naturales. La perplejidad que le causó el inválido segundo, no se le había pasado a Juan Bautista en el quinto. Desbordado por la aspereza del bicho, el francés se retiraba cabizbajo a barreras para coger la espada. Con ella fulminó al incómodo animal de un golpe bajo y trasero.

El precioso toro primero no valía un duro y mantenerle en pie era ya una proeza. Pero las verónicas de Finito de Córdoba valieron un potosí: más de media docena de lances ganando terreno hacia los medios, lentas y embraguetadas, para rematar con una larga en el mismísimo platillo. Después, el toro subió de tono y el torero bajó. Los vicios de Finito, la costumbre quiere convertirlos en virtudes; y es fácil esa perversa reconversión: la plasticidad y el buen estilo de Juan Serrano ayudan a ello. Pero Finito está lejos de aquel toreo puro y de sentimiento que tantos entusiasmos suscitó. Ayer dejó escapar un primer toro que estaba pidiendo a gritos que le rebanaran las orejas: gestos, trazos y pinturerías de indudable clase; una tanda de naturales, circulares, algún redondo. Pero todo perdía consistencia y verdad cuando se advertían esos vicios que Finito quiere convertir en virtud: pico descarado, cite a la pala del pitón, fueracacho constante.

Esa misma actitud de echarse fuera la intensificó en la suerte de matar. Pinchó repetidamente y se llevó dos avisos, más por lo larga que había sido la faena que por los pinchazos reiterados. El mansísimo cuarto no le dio oportunidad de lucimiento. Así es la vida: la ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos.

 

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