GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE
TOROS DE
ESPAÑA

 

Corrida de abono
Feria de la Virgen Blanca
PLAZA DE TOROS DE VITORIA
Tarde del lunes, 5 de agosto del 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Los Bayones, muy bien presentados.

Diestros:

Entrada:  media entrada.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, El País


PortalTaurino. MIKY RIOJA. Triunfo de César Jiménez

Tarde muy desapacible, con lluvia desde la faena al primer toro que no cesó durante la corrida, y poco más de media plaza en los tendidos.

Se lidiaron cinco toros de Los Bayones, desiguales de presentación, algunos
con cara, que mansearon, segundo y cuarto, prácticamente inválidos, los otros tres manejables y uno de Herederos de Andrés Ramos, primero bis, justito de fuerzas y muy sosote.

Manuel Caballero, palmas y ovación que recibe desde el tercio Morante de la Puebla, bronca y pitos Cesar Jiménez, oreja y oreja con petición de la segunda. 
Al final enrique Ponce, no vino a Vitoria y fue sustituido por Cesar Jiménez que se erigió en el triunfador de la tarde. Paseillo, con los componentes descubiertos y minuto de silencio por los acontecimientos del día anterior.
La feria no podía comenzar peor, con un toro invalido de la ganadería anunciada, que fue devuelto a los corrales saliendo el sobrero de Andrés Ramón, al que Manuel Caballero, que resultó soso, transmitió poco al respetable, la labor que le enjaretaba el albaceteño, dos series en redondo con la mano derecha el lo mejor que le vimos al torero. Finalizó su labor de un pinchazo hondo y descabello. En el cuarto después de ciertas dudas, la faena fue creciendo en categoría, Caballero hizo un muleteo largo tan largo que sin haber entrado a matar, ya había cosechado un aviso, mirando al presidente como si pidiera explicaciones, un matador de toros de categoría
no puede hacer ese tipo de gestos. La faena ganó en intensidad al final de la misma donde vimos al mejor Caballero, con muletazos ligados en series
cortas que acabaron por convencer al personal. De no haber fallado con los aceros, a buen seguro se le hubiera pedido la oreja. Morante de la Puebla, estuvo toda la tarde ausente, lo mejor del sevillano fue sin duda el paseillo, sin querer ver al primero y sin enseñar que no servía, abrevió, intentando acabar con la vida del burel saliéndose de la suerte. En el quinto parecía con más ganas, y ahí se encontró con la invalidez del animal que se quedó muy parado, doblando en varias ocasiones las manos, otra vez mal con la espada, sin pasar en el encuentro.
El que entró por la puerta falsa de las sustituciones, fue el triunfador de
la tarde, cortando una oreja en cada toro, los aceros le privaron de redondear una triunfo como el del día anterior en tierras navarras. En el tercero de la tarde, el de Fuenlabrada, empezó a enseñar sus poderes con el capote, lanceó bien llevó al toro al caballo por chicuelinas y deleitó al respetable con un quite por faroles. Su faena comenzó de rodillas en el centro del ruedo toreando de esta guisa, y digo bien toreando, no pegando pases. Luego dio un recital de sabiduría conambas manos, demostrando que es
un torero de recursos ante la cara del toro. En el sexto el toro no tenía
tanto recorrido y le recetó lo que el animal pedía. Demostró tener la cabeza
muy amueblada y levanto al publico de sus asientos con dos series de
redondos que acabaron con la entrega total del respetable. Lástima que la
estocada que en principio parecida un auténtico estoconazo, cayera un pelín
desprendido por lo que necesitó refrendar su labor con el descabello. El
público pidió la segunda con insistencia y el usía estuvo correcto en no
concederla. Gustó el joven Jiménez, en su actuación en Vitoria, siendo firme
candidato a algunos de los premios que se entregan en esta feria. Hay que
destacan en banderillas a José Antonio Carretera, con dos buenos pares al
primero de la tarde. Otro candidato más en esta ocasión, al trofeo de "El
arte en las cuadrillas", que entrega por primera vez, la Peña Morante de la
Puebla.


El País. JL MERINO. César Jiménez puso las ganas

En una corrida donde los toros parecían colchones de gomaespuma, donde la bravura de lo que es un toro brillaba por su ausencia, al menos un torero, César Jiménez, que sustituía a Enrique Ponce, quiso salvar la tarde y agradar al público (público que tuvo que guarecerse en las gradas altas desde los primeros minutos de iniciarse la corrida por la persistente lluvia que envolvió Vitoria ayer tarde). El joven torero madrileño se dio cuenta de que había que torear de rodillas a cada uno de sus toros para calentar lo incalentable. Y así, las dos faenas estuvieron nimbadas por series con ambas manos. A su primero, al que había lanceado a pies juntos y realizado un quite por faroles, le dio cinco derechazos rodilla en tierra en la boca de riego. Luego, citando de lejos, toreó con la derecha, en pases largos, templados, a media altura. Quizá le faltó que bajara más la mano para ver si su arte llegaba al tono profundo que deseábamos esperanzados. Es verdad que a un toro tan bastote, soso y ganso, si le hubiera bajado la mano el animal hubiera rodado como un globo desinflado. La falta de profundidad también hay que aplicársela a la mano izquierda. Anotamos dos buenos pases de pecho. En su segundo, último de la tarde, también tejió pases con ambas manos, bien templaditos y a media altura. En un momento del final de la faena el toro se rajó, por lo que el diestro dibujó en dos ocasiones una serie de vueltas enroscado al lomo del toro, de tal suerte que no podía irse a las tablas como era el deseo del mansote. Es loable el interés y las ganas del joven César Jiménez en la tarde vitoriana.

De Manuel Caballero hay que decir que a su primer toro, por cierto, muy anovillado, con poca fuerza, aunque noble, le toreó por la mano derecha de manera lenta, suave, templada, gustándose. Pero, sin duda, la faena careció de la emoción precisa para deleitar al respetable. El contrapunto de lo anterior lo encontró el propio Manuel Caballero en el cuarto de la tarde. Comenzó la faena con las dos manos, en derechazos y naturales cortos, vulgares, sin acoplarse ni hacerse con el toro. Curiosamente, a mitad de la faena se dio cuenta de que el toro tenía motor porque le tocó con la mano derecha y fabricó unos derechazos buenos, con calidad. Tomó la mano izquierda y también por ahí el toro embestía bien y con un cierto son. Lo que pasó fue que sin darse cuenta empezó a dibujar pases y pases y más pases, viendo que el toro iba; sin embargo, por falta de sentimiento, de profundidad o de disposición, aquello no acabó de calar. Luego vinieron los avisos y la falta de triunfo, que era lo que cabía con ese toro, de no muy buena apariencia para la lidia, no obstante, la realidad demostró que el toro era muy apto para haberle cortado las orejas.

Y Morante de la Puebla, en su primer toro, estuvo perdido en su niebla. En su segundo se aflamencó con un inválido, y de ese modo trazaba dos pases y al tercero el toro caía como una tonelada de algodón. Paripé por sevillanas.

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