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Corrida de abono
Feria de la Virgen Blanca
PLAZA DE TOROS DE VITORIA
Tarde del martes, 8 de agosto del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Murube
(nobletones) y cuatro toros de José Luis Marca.
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
El
Mundo
El
Mundo.
Miércoles, 9 de agosto´2000. JOSÉ MANUEL PERUJO. Morante
perfumó la tienta
El embozado, el tapado, el que hacía tercero en un cartel insólito todavía
en España, el que dice ser y llamarse Morante de la Puebla, perfumó la tienta.
Precioso tentadero ayer en Vitoria. Hay que decirlo pronto para no equivocarnos.
Corridita menor, anovillada, chica, de José Luis Marca, y toreo grande,
importante, de lujo, del torero sevillano. Con ellos, Hermoso de Mendoza, que más
que rejoneador es un torero a caballo, estuvo notable. Y El Juli se justificó
sin pasar del aprobado.
Buen gusto
Pero vayamos por partes. Elegancia, buen gusto. Más aún; sabor y mucha
torería en el toreo de Morante. En el segundo, bien a la verónica y luego muy
templado con la derecha, naturales en corto, trincherillas y pases de la firma
en una faena intensa rematada con una arriba tendida, dejando morir al toro con
respeto y belleza.
En el quinto, aún mejor, en tres series de naturales largos, lentos,
arrastrados. Para terminar en el recuerdo de los Vázquez, gustándose mucho en
la pureza del toreo de frente. Otra faena breve y perfumada y una arriba trasera
hasta la mano, después de un pinchazo. Gran tarde del sevillano que remonta el
vuelo y tapa a sus compañeros de cartel.
Porque El Juli hizo deidad a Morante en cuanto cogió la muleta en sus dos
torillos. Ambas faenas de Julián pecaron de exceso de banderazos, rodillazos y
circulares, tanto como tuvieron de positivo la entrega, la dedicación y el
coraje.
Pareó a los dos con fácil espectacularidad, toreó con el capote con
variedad y gusto y mató al sexto de una excelente estocada. Qué interesante
torero sería El Juli si no existiera la franela. Pero existe.
Hermoso de Mendoza no rejoneó, toreó a caballo dos nobletones toros de
Murube. Templadísimo en el primero con Labrit y muy torero con Aldebarán; con
Cagancho bordó el toreo adueñándose del temple, y con Albaicín remató al
cuarto con precisión caligráfica descordándolo. Sobre todo Pablo estableció,
una vez más, la diferencia entre él y el resto de estimables compañeros del
escalafón.
Al final, el reglamento vasco, impidió a Morante salir a hombros por no
cortar dos orejas en un solo toro. Daba igual. La plaza casi llena en tarde de
radiante calor sureño, olió a azahares. La gente de Vitoria, por fin, salió
dando pases de la plaza. Ni siquiera se acordaban ya que estaba anunciada una
corrida de toros y no una novillada. Cosas del vino cuyo aroma es bueno y del
toreo cuando se hace grande.
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