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Corrida de abono
Feria de la Virgen Blanca
PLAZA DE TOROS DE VITORIA
Tarde del lunes, 7 de agosto del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Puerto de San Lorenzo (desiguales
de presentación, mansos, excepto 2º y 6º).
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
El País
El Mundo
ABC
El
País. Martes,
8 de agosto´2000. JOSÉ LUIS MERINO. Lección
de El Califa
Después de la actitud de funcionario que tuvo Manuel
Caballero en el primero de la tarde, vino El Califa a decirle con hechos, y no
con palabras, el toreo es ésto: irse al centro del anillo, citar al toro y
darle el pase de las flores; para después torear por derechazos ligados y
naturales con los pies apalancados en la arena.
Tras estos muletazos dio un nuevo pase cambiado. Siguió toreando con las dos
manos exponiendo a un toro que se iba descomponiendo por momentos. Sin duda, el
torero estaba por encima del toro. Estuvo valiente y con ganas. Remató la faena
con unas ceñidas manoletinas. Es verdad que en alguna ocasión el toro le
tropezaba la muleta repetidas veces. Pero eso no quita para que el público
valorara esa entrega, esos arrestos... Arrestos que acrecentó en su segundo
toro. Un toro cinqueño, de 615 kilos, con unos pitones enormes, al modo de un búfalo.
Pues bien, a ese toro mansote le puso la muleta y toreó por derechazos y
naturales muy valiente, y volviendo a exponer lo indecible. Como el toro se iba
descomponiendo y a la vez reservándose, El Califa se pegó un arrimón de
rodillas. Pero era uno de esos arrimones que uno justifica porque si el toro no
embiste es el torero el que le embiste al toro.
Manuel Caballero estuvo toda la tarde de funcionario. Vino a llevarse el
dinero con todo el descaro del mundo. A su primero le dio derechazos y
naturales, tantos que aburría a las palomas mensajeras. Estuvo toda la tarde
desconfiado, vulgarizado, sin sitio.
Miguel
Abellán tuvo dos caras. A su primer toro, que era un mansote declarado, le hizo
más de lo que el toro merecía, poniendo interés, voluntad y buenos deseos. A
su segundo, que era un cinqueño que embestía bastante bien, le hizo una faena
por debajo del toro. Alternó los muletazos vulgares con los muletazos largos y
enjundiosos. De todos modos no ligó siquiera un pase. Y eso no es muy halagüeño
para una figura del toreo, como se supone que sueña serlo.
El
Mundo. Martes,
8 de agosto´2000. JOSÉ MANUEL PERUJO. El
puente sobre el río Zadorra
El Zadorra nace en Santa Engracia y desemboca en el Ebro
por Miranda. Es un río corto que riega la vega vitoriana. Bien alejado del Kwai,
que desde ayer inmortalizó a uno de los mejores actores de todos los tiempos,
por una larga película de dos horas y media de duración. Justo el metraje de
la tercera corrida vitoriana.
La verdad es que en memoria de Alec Guinnes, nos hubiera gustado ayer dar el
título de Sir a alguno de los tres toreros que protagonizaron como secundarios
el paso del ecuador de la Feria que abre la Fiesta en las capitales
vascas.
Marear la perdiz
Pero ni siquiera a Caballero. A Manuel al que menos. ¿Qué le pasó a
Caballero? No lo sé, pero parecía su doble. No se entregó en el primero, lo
toreó al hilo, mareando mucho la perdiz, y lo liquidó en los bajos. Al cuarto
no lo quiso ver, y los dos papeles, aunque de recibo, eran interpretables.
En orden de deméritos, que no de aparición, Miguel Abellán estuvo
entregado con el único guión imposible de la tarde. Pero en el sexto no pasó
de la discrección, después de lucirse a la verónica y en faroles de rodillas.
En ambos, se eternizó descabellando sumando 14 intentos durante su actuación
en sus dos toros.
José Pacheco, el Califa, doliéndose aún de la mano derecha, hizo lo mejor
de la película. Faena larga, muy ligada sobre las dos manos en el segundo. Faltó
temple pero no sobró exposición. Pronto y trasero acabó con habilidad y
acierto. En el quinto se complicó la vida y oyó dos avisos por darle demasiada
coba. Antes, volvió a repetir el recitado; faena ligada, menos temple, justita
de calidad. Eso sí, con un cierre de gran traca compuesto de 10 muletazos por
alto muy vibrantes con una rodilla en tierra.
No claudicó la corrida de Puerto de San Lorenzo, grandullona y abueyada;
estuvo, empero, digna de presentación y estimable de juego. Que no la dejaran
ver en varas es otra cosa. Los tres matadores apostaron por la monovara y la
sangre hasta la pezuña para hacer luego el paripé de pedir el cambio dejando a
sus piqueros apurar el trámite. Abellán, sobremanera, sin desmonterarse,
haciendo el canutillo. Que no son formas.
ABC. Martes,
8 de agosto´2000.
El Califa cortó una oreja y perdió la salida a hombros por la espada en la
tercera corrida de la Feria de Vitoria
El diestro José Pacheco «El Califa» logró cortar la única oreja de la
tarde en la tercera corrida del abono vitoriano de la Virgen Blanca y perdió
otro trofeo al fallar con la espada en el segundo de su lote.
Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo, blandos y mansos en general,
aunque varios resultaron nobles y manejables, sobre todo quinto y sexto. Manuel
Caballero, ovación tras un aviso y silencio. José Pacheco «El Califa», una
oreja y vuelta tras dos avisos. Miguel Abellán, silencio y palmas tras un
aviso.
A Caballero le costó embarcar a su primer enemigo, que huía en cada pase
por su mansedumbre, pero logró engañarlo a base de tapar y tapar la cara a lo
largo de una faena larga, sin emoción. Al segundo de su lote lo llevó a media
altura para que no se cayera, pero cuando quedaba en pie generaba muchas dudas,
el que más de toda la tarde. Así que Caballero tomó precauciones y abrevió.
El Califa tuvo el mejor lote, ya que ambos astados le sirvieron. En el que
cortó el trofeo, comenzó con un pase cambiado la faena, por el izquierdo con
apreturas, porque se le metía, y por la derecha más lucido. Un detalle
pinturero en cada inicio de tanda y manoletinas finales. En su segundo perdió
la oreja al fallar con la espada. Lo entendió y no se arrugó.
Abellán
topó con un manso incorregible que se iba a buscar las tablas en cuanto le era
posible. Un toro deslucido que le costó al torero acabar con él al no acertar
con los aceros. Al que cerraba plaza lo recibió con dos largas cambiadas de
rodillas y chicuelinas apretadas en el quite.Inicio la faena sentado en el
estribo, más confiado con la noble embestida del astado. Hubiera cortado una
oreja de no fallar con la espada otra vez, tras un abaniqueo final.
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