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Corrida de abono
Feria de la Virgen Blanca
PLAZA DE TOROS DE VITORIA
Tarde del miércoles, 6 de agosto del 2003
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de José
Luis Osborne, bien presentados, primero bis, segundo y tercero,
justos de fuerza, cuarto y quinto, buenos, ovacionados en el arrastre y
el sexto desarrolló mucho peligro.
Diestros:
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El País
PortalTaurino. MIKY
RIOJA. El Cordobés corta dos orejas
Si esta fiesta y espectáculo,
tiene algo bueno es ver como cambian las cosas de un día para otro, si
la corrida que inauguró la feria, fue un desastre, la de hoy a tenido
otra connotación completamente distinta. La tarde ha empezado mal, con
un toro que al comienzo de la faena de muleta, se ha roto una pata, los
propios empresarios, han pedido a la autoridad que procediera al cambio.
El sobrero, ha salido y ha rodado en diversas ocasiones por el suelo, el
comentario general es que el piso estaba duro y tras la muerte de este,
se ha rastrillado la plaza y las cosas han cambiado. Quizá el público
se ha enfadado un poco, con esta situación, pero en este caso se ha de
felicitar a la autoridad y a la empresa, con que se haya tomado esta
decisión, la corrida ha cambiado por completo. El publicó que pitó se
enfadó y alguna charanga llegó a tocar eso de había una vez un circo,
debe estar agradecido a este rato de trabajo, ya que como posteriormente
se vio, mereció la pena aguantar ese impas en la corrida por el bien
del espectáculo.
Jesulín nada ha podido
hacer en su primero, al final queda en el ambiente la duda si el toro
era flojo o el piso no le permitía mantenerse en pie. Se ha limitado a
trastear. En el cuarto de la tarde, un buen toro con nobleza y
recorrido, Jesulín ha estado a la altura exigida. Muletazos hondos,
sobre todo los instrumentados con la mano derecha, que han hecho corear
olés en el público. Nos queda en la memoria la última serie con esta
mano que ha sido de gran altura y belleza. Por el pitón izquierdo el
diestro lo intentó, pero no había embestida tan franca como por el
otro. Ha estado en profesional y en torero y sin lugar a dudas se ha
merecido la oreja que el público ha pedido. Si le ponemos un pero quizá
el toro merecía otros terrenos, como los medios y no en el tercio que
es donde el de Ubrique ha fundamentado su faena.
El cordobés ha abierto
el corte de orejas de la feria, su primero un toro flojo y de poca
transmisión, el madrileño, ha estado muy listo, ha visto rapidamente
que el toro no tenía un pase y se ha dedicado a buscar el espectáculo,
ha sacado su repertorio de desplantes, rodillazos y demás, salvo el
salto de la rana, ha calentado al tendido llegando a desplantarse y
decirle al público que ahí no se podía hacer más. A pesar de pinchar
en el primer intento, la plaza le ha pedido mayoritariamente la oreja.
El quinto de la tarde era un toro distinto al que se le podía torear y
El Cordobés lo hizo. Tras saludar su subalterno José Pacheco montera
en mano tras dos buenos pares de banderillas, torero se ha dedicado a
tejer una faena muy entretenida, basada en la mano derecha, con series
de buena factura. Menor son tuvo su actuación al natural, por lo que
inteligentemente volvió sobre la mano del cuchillo. Para acabar de
convencer al público, demostró sus habilidades físicas con
espectaculares saltos de la rana. La estocada final algo desprendida,
hizo aflorar los pañuelos, con fuerte petición de la segunda oreja.
Cuando no puede torear, lo enseña y cuando puede, lo hace, eso agrada
al respetable.
No fue la tarde de El
Califa, su primero, tragó algún pase en redondo, sin acabar de cogerle
tampoco el hilo al toro, por el pitón izquierdo se defendió y se coló
cuando le puso la muleta, el toro desarrolló sentido y se rajó. En el
sexto el morlaco empezó enseguida a dar tornillazos y a rebañar tras
la envestida, incluso le propinó un pitonazo en la cara, del que salió
un corte en el pómulo. El Califa lo intentó pero el sentido del
animal, no le dejó hacer. Fue despedido con una ovación.
Esperemos que la tónica
de esta corrida, siga en lo que queda de feria.
El País.
JL MERINO. Del tumulto se pasó al
orejismo
Con los tres primeros toros de ayer parecía que se iban a acabar los
palitos de las exclamaciones. Palitos que hubieran hecho falta para
poner las duras palabras de fuera, fuera, fuera, más fraude, fraude,
fraude, más robo y esto es un atraco. Esos toros tullidos, que parecían
drogados, que estaban sin alma ni todo lo que un toro de lidia tiene,
fue la muestra de un espectáculo denigrante. La parte negra y más
negra de la fiesta que están infectando tantos taurinos de tres al
cuarto. Sinvergüenzas del tocomocho y del halago permanente.
Por si la caída de los toros era motivada por la dureza del coso, ahí
empezó la verbena en forma de camión con unas rejillas peinando la
arena. Más tarde la labor de volver a pintar de cal los dos anillos
preceptivos...
Pues, una vez hecha esa operación de cirugía estética al suelo, el
tercer toro también volvió a caerse. Ahora bien, el público cambió
la idea de armar un tumulto mayúsculo para acabar de echarse en brazos
de los toreros. Y así empezó a pedir orejas con furia de viento
tempestuoso. Una para Jesulín en su segundo, otra para El Cordobés en
su primero y dos para su segundo, que al final el presidente, con buen
criterio, dejó en un solo apéndice.
Jesulín de Ubrique no hizo nada en su primero porque era un toro
piltrafa. En su segundo, que tenía un pitón derecho excelente, lo toreó
por ese lado con templanza. Cinco series con la derecha de cierto
empaque llevando al toro toreado. Por el pitón izquierdo, ahí el toro
recortaba y no pudo lucirse.
El Cordobés, a un toro que era otra piltrafa, y además cojo, a base
de engañar al público y de hacer un toreo cómico circense, consiguió
que ese público dulzón le diera una oreja. A su segundo, El Pere dejó
prendidos dos buenos pares de banderillas. El Cordobés a un toro que
embestía por los pitones le hizo una faena donde los derechazos tenían
la cualidad de estar ligados, pero sin atesorar demasiada calidad artística.
Los naturales los ejecutó de manera más desbaratada, fueron
atropellados y vulgares. Remató con varios "saltos de la
rana" para deleite de ese público tan facilón. Y ese público fue
el que le pidió al presidente la segunda oreja, sin que en realidad
mereciera ni una siquiera.
El Califa, a su primero, flojo de los cuartos traseros y mansote,
puso toda la voluntad imaginable para torear por naturales y derechazos,
mas no consiguió dejar en la arena ningún pase decente. En su segundo
toro, sexto de la tarde, intentó, y lo logró, dar un pase cambiado en
el centro del ruedo y dos sucintas tandas de derechazos a bastante
distancia. Sin embargo, el toro, como era manso, se iba continuamente a
toriles. El torero trataba de arrastrar al toro hacia el centro de la
plaza, lejos de la querencia que le pedía su mansedumbre. A partir de
ese momento el toro empezó a colarse tanto por la derecha como por la
izquierda. El torero puso voluntad y nada más. Dio pases de rodillas
para la galería y un desplante. No tuvo su tarde. Los toros tampoco le
acompañaron.
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