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Corrida de abono
Feria de la Virgen Blanca
PLAZA DE TOROS DE VITORIA
Tarde del martes, 5 de agosto del 2003
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guadiamar,
la mayoría inválidos, manejables, con las astas supuestamente
manipuladas.
Diestros:
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Rivera Ordóñez,
tres pinchazos y dos descabellos (silencio); tres pinchazos, media
estocada -aviso- y dos descabellos (ovación).
-
Morante
de la Puebla, cinco pinchazos y descabello (silencio); pinchazo y
estocada desprendida (silencio).
-
José María
Manzanares, pinchazo y media estocada (silencio); media estocada
perpendicular (silencio).
Entrada: media entrada.
Crónicas de la prensa:
PortalTaurino, El País
PortalTaurino. MIKY
RIOJA. Vitoria sigue igual
Parodiando a la canción de Julio Iglesias, la
vida sigue igual, Vitoria sigue igual. Lamentable entrada, en la plaza
de toros, en una tarde calurosa. El cartel merecía mejor respuesta del
público vitoriano y más el día de la fiesta grande y la verdad es que
la plaza presentaba un cuarto de entrada, por lo que la primera
“cornada” de la feria, ha sido para la empresa, en la taquilla. No
recuerdo una entrada tan pobre en Vitoria el día de la fiesta en muchos
años que me hecho para atrás. Unas veces la disculpa es el tiempo, en
esta ocasión se podrá decir que el calor, pero lo cierto es que ni una
cosa ni otra sirven para esta tan pobre entrada. Creo sinceramente que
la feria la han programado los empresarios con muy poquito tiempo
haciendo un esfuerzo para que el público acuda, pero ni por esas. Habrá
que pensar que en Vitoria, no hay problema de carteles, ni de tiempo. Cúal
es el problema de que el público no acuda, lo desconozco pero si ya no
va con esto, se me antoja difícil la solución.
La corrida ha sido sosa, los matadores a pesar de
querer alguno de ellos, no todos, no han podido realizar una labor que
fuera digna de mención, ya que digamos oponentes y no enemigos, no servían
más que para carne.
Sólo Rivera sacó el pundonor en el cuarto
intentanto levantar una tarde que ya llevaba tres silencios para poder
agradar al público, empezó con cinco largas cambiadas y su muleteo así
mismo de rodillas, cosa que el publico agradeció, pero hasta ahí llegó
todo, cuando llevaba el toro al caballo para hacer el simulacro de la
suerte de varas, asomaba ya
medio metro de lengua fuera. Luego unipases, medios pases y poco más. Aún
con este poco bajage, Rivera hubiera cortado una oreja de haber estado
acertado con los aceros, pero ni eso. La tarde estaba de que no.
Morante de la Puebla, es un torero que lo tiene
claro, si el toro va, el también, si el toro no anda, el tampoco y
estuvo en un tono gris, sin confiarse demasiado, a tono con lo que tenía
delante, pero lo cierto es que los toros, por no hacer, ni querían
coger, ni se defendían ni echaban la cara arriba. Como no, más fallo
con la espada y fin a su labor.
El joven Manzanares, brindó el primero al
respetable, para dedicar su presentación. Lo intentó todo, quiso
justificar su inclusión en el cartel y estuvo decidido. Nuevamente se
estrelló con lo que había de cuatro patas en el ruedo. Para no ser
menos que sus compañeros, también recetó algún pinchazo que otro. En
el sexto la misma voluntad y el mismo tesón, ante un toro con un pitón
derecho sangrante, en el que el público pitaba para que no alargase una
faena que no era tal.
Capítulo aparte merece el público que asistió, que se portó con
respeto durante toda la lidia, en una corrida que pudo haber sido de escándalo
y que no lo fue por la cortesía de los que estaban en los tendidos,
poblados de cemento. Ya el público ni chilla
El País.
JL MERINO. Toreros y toros pasan
inadvertidos
Los toros de Guadiamar en el primer tercio corrían impetuosos, pero
después, una vez recibido el primer puyazo, no servían para nada,
andaban como espectros por el ruedo. Eran unos toros de los que da gusto
verlos corretear por el campo, con la extranjera de turno señalando
dulcemente.
Más en serio lo dejó escrito con letras cargadas de razones como
caballos nuestro querido Joaquín Vidal: "Los toros se caen porque
el taurinismo quiere que se caigan".
Y así es. Así pasó con los toros de ayer en Vitoria. Se cayeron
porque los contrataron para que se cayeran. Además, por si acaso,
supuestamente pidieron que se arreglaran los pitones de las fieras.
Dicho esto, los tres toreros estuvieron a la altura de los toros. Esto
es: pasaron inadvertidos y llegaron ilesos a la hora de cobrar.
Rivera Ordóñez tuvo una actuación muy discretita en su primer
toro. Faena aseadita, bastante vulgar y paremos de contar. Sólo en su
segundo toro tuvo un ramalazo temperamental y le dio al burel cinco
largas cambiadas, empezando la primera en la raya para adentro y acabó
con la quinta en el centro del ruedo. Ese toro estuvo bien banderilleado
por su cuadrilla. Cuando cogió la franela el toro se cayó un montón
de veces. Trataba de dar pases a 450 kilos de carne temblorosa.
El sevillano Morante de la Puebla dejó en el albero de Vitoria unos
buenos lances a su primero y una no menos buena media verónica. A
partir de ahí ni la faena de ese su primer toro, como la de su segundo,
tuvieron la calidad suficiente, excepto la dosis de pinturerismo falso y
contorsioneo bastante ridículo que suele insuflar para dar el pego.
Morante sigue en la tónica de toreo apagado, quiere decir toreo
acabado, que parece que le cuesta muchísimo remontar el vuelo.
Ciertamente es difícil remontar el vuelo cuando se demuestra un pavor
inmenso a la hora de entrar a matar a su primer toro. Fue demasiado
descarado la muestra de precauciones que tomaba a la hora de irse tras
la espada. En vez de irse tras la espada derecho iba a distancias
circunvalatorias, quería marcharse para dar una vuelta por el fin del
mundo, todo menos estar allí.
El joven José María Manzanares trató de hacer el toreo bueno en
sus dos toros. Lamentablemente ese toreo que se iniciaba en su cabeza en
las dos faenas no podía culminar porque los toros no pasaban. Los toros
tenían media arrancada, porque les faltaba fuerzas suficientes. De nada
valía que luciera cierta apostura, porque no había material lidiable.
Pero es que eso es lo que ahora está en manos de apoderados,
empresarios y todo el taurinismo que rodea a esas dos entidades con el
objeto de proteger al torero.
De tanto protegerles, la fiesta va perdiendo poco a poco su
identidad. Lo que viene a continuación es que ese dinero que corre por
las taquillas va a parar a los de siempre para descrédito de la fiesta.
El público sigue pagando honestamente y los toreros (le hace todo el
taurinismo al completo) cobran sin dar lo que el público está
pidiendo: integridad en las astas, bravura y fuerza en los toros. Así
de sencillo.
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