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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del domingo, 14 de septiembre del 2003
Corrida de rejones
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Castillejo
de Huebra, exageradamente despuntados para rejones.
Caballeros:
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
TOMAS CANO. Teatro más que rejoneo
Los que esperaban degustar el arte del rejoneo poco o nada paladearon.
En cambio, los que fueron a ver caballos -los más- se pusieron las botas.
Veintisiete bellos ejemplares lucieron doma y gracia. Por caballos no quedó.
Lo que realmente faltó fue arte. Los caballeros artistas se preocuparon
en exceso de lo superfluo que este arte tiene. Lo fundamental, lo
importante, lo trascendente no existió porque ninguno lo intentó. Se
escudan en el sentimiento que el público tiene hacia los caballos. Con lo
cual es más aplaudido cualquier efecto teatral realizado por un caballo
que el rejoneo en sí.
De un tiempo a esta parte parece ser menester indispensable en este
arte que sus intérpretes sean jaleadores natos de tendidos. Todos sin
excepción fueron tendido por tendido brindando banderillas, claveles,
rejones de castigo y banderillas cortas. Jalearon por orden de antigüedad.
Leandro Hernández, decepcionó a sus seguidores. Tuvo una tarde
pesada, reiterativa, sin brillo.
Luis Domecq comenzó clavando poco más arriba de la pezuña. Terminó
asesinando al novillete. Entre el principio y el final estuvo bullidor,
sin ajustarse y desacertado tanto con los rejones como con las
banderillas.
Rui Fernandes quiso. No era su tarde. Voluntad y deseos de agradar no
le faltaron. Dejó desparramado todo lo que colocó. Los coleos y
cabriolas los hizo con exposición, dejándose tocar algún caballo. Y
pare usted de contar.
Sergio Vegas maltrató a sus caballos. El querer estar por encima de su
técnica le pudo costar un serio disgusto. Mal rato pasaron los amantes de
tan bellos animales, ya que todos los que utilizó para su actuación
sufrieron topetazos, incluso estuvieron a punto de ser derribados.
Álvaro Montes forjó su actuación preocupado más de lo superfluo que
de lo realmente importante. Deseoso de agradar se dejó tropezar los
caballos. Su punto de inspiración con el que recogió las mayores
ovaciones fue con la interpretación del violín en banderillas.
Diego Ventura dejó constancia de su inmadurez. Ilusión por abrirse
camino en la profesión no le faltó. Banderillas a dos manos fue lo de
mayor importancia dentro de su actuación.
Punto y aparte merece la actuación de todos con el rejón de muerte.
Ni uno intentó dejarse ver a la hora de matar. Una sangría fue este
mencionado capítulo dentro del festejo. Un final gris para una feria
donde faltó la importancia del toro y sobró el triunfalismo de los
tendidos.
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