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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del jueves, 11 de septiembre del 2003
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Torrealta, de
juego desigual.
Diestros:
-
Joselito, silencio
con algunos pitos y oreja.
-
El
Juli, ovación y fuerte ovación con bronca al palco por no
conceder un trofeo.
-
Leandro
Marcos, palmas y dos orejas.
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País
El País.
TOMAS CANO. Le sirvieron a Leandro Marcos
Los toretes que se jugaron ayer son el resultado final y fetén que
pretenden los taurinos. Animales sin trapío, motor de gasóleo, 450
gramos de casta y nobles, tirando a tontos. Lo justo para ir y volver sin
molestar. A este producto los taurinistas le denominan "los que
sirven".
Los que sirven distan la tira del clásico toro de lidia de toda la
vida. Empezando porque con ellos no existe la suerte de varas (a picotazo
por toro salió la tarde), y terminando porque no transmiten. Bueno, pues
ni con los que sirven las figuras de ayer se pusieron a torear como Dios
manda. Lo que es peor, estuvieron por debajo de los nobles animales. Sí
le sirvieron a Leandro Marcos.
El vallisoletano, en su primero, lució capote hábil y sutil,
destacando la media verónica con la que cerró el saludo. Con la muleta,
estético, cadencioso, pero apoltronado a la pala de los pitones. Con la
espada estuvo desconcertado, pinchó en exceso y mató mal.
Vino a abrir el tarro de las esencias en el que cerró festejo. Dos verónicas
y media dejó como tarjeta con el capote. Brillante comienzo de faena por
doblones. Dio distancia, compuso figura, aguantó el envite y puso a la
gente loca. Siguió toreando con ambas manos con gusto y finura, aunque
con poco ajuste. Rematando las series con variedad: faroles, molinetes de
salida, trincherazos y el obligado de pecho. Una dulzura de toreo, al que
sólo le faltó hondura. Se jugó la vida a la hora de entrar a matar,
dejando una estocada caída que sirvió para que sus paisanos le aclamaran
y solicitaran para él los máximos trofeos.
José Miguel Arroyo, Joselito, cuidó a su primero. Lo reservó
para la muleta. Llegado el momento, el torete se puso a embestir
desarbolando con ello al hoy director de lidia. Ni sitio, ni distancia, ni
ponte bien, ni estate quieto. Por debajo de las condiciones del animal
estuvo el maestro. Tras sobrio quite por verónicas a su segundo, trasteó
sentado en el estribo. Ya de pie, recital derechista sobre el pico de la
muleta. Lo mejor, dos series con la misma mano, sin ayuda. Magnífica la
estocada.
Julián López, El Juli, sabedor de que los ocupantes de los
tendidos habían ido a verle a él, intentó agradar con el capote. Dejó
un churro, sin calificar. Sin desánimo alguno, se puso a banderillerar
como el plantajudías. Escamotéo saltos, piruetas y recortes. Dejó la
cosa fría. Le aplaudieron, pero menos. Con la muleta, faena a favor de
viento. Acertado en las distancias, sin pisar sitio, perdiendo pasos y
largando toro. Tras remate consistente en tres pases semi de pecho, sin
enmendar zapatilla, la obra pareció subir de tono. Pero no. Lo que gris
empieza, gris termina.
En su segundo toro, quinto de la tarde, defraudó a sus seguidores con
el capote. Tampoco en esta ocasión levantó los tendidos con los
avivadores. Con la muleta y el público a favor intentó salvar la tarde.
Desgranó series por ambas manos, más lucido al natural. Interés puso,
pero sosas le salían las suertes. Quiso arreglarlo a base de desplantes y
sonrisas a los tendidos, pero no.
Tras el paso de las figuras por la feria, el comentario general de los
aficionados era que con un festejo les había sobrado. Cierto. Los
relumbrones del toreo sólo se esforzaron en la primera de las tardes de
las que dispusieron. Con todo, lo que más le preocupa al aficionado es la
presencia del toro. Realmente, esto es lo que falta para que la feria de
Valladolid tenga la importancia que se merece
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