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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del sábado, 14 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Domingo Hernández,
desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Cuando la estafa es en carne
propia
Las estafas y engaños que suceden en la Fiesta duelen de por sí; si
además uno pretende agasajar con cariño a unos amigos y regala un par de
contrabarreras, a sabiendas de que la tarde ofrecerá pobre recompensa, la
desazón anímica supera el quebranto económico, al fin y al cabo una
nimiedad al lado de la tristeza de haber sometido a seres queridos a una
tortura semejante. Uno se solidariza con los paganos espectadores cada vez
más, sobre todo en las ocasiones en que aparece Finito de Córdoba de por
medio. Pero ayer, para colmo, no se encontró solo en la simulación del
toreo: Manolo Sánchez, otro torero con clase, se sumó al paripé. A
Manolo le dio por torear como en un tentadero al noble y repetidor,
colorado, terciado y bajo, quinto. Coño, con perdón o sin él, a usted
se le pone en la feria de su tierra, sin saber muy bien cuáles son los
motivos al margen del DNI, y como respuesta pasa de puntillas con material
y vientos favorables. Conclusión: no hay salvación. Sinceramente, señor
Sánchez, la gente que le apoya no merece esto. Los elegantes derechazos
se sucedieron tan templados como despegados y fríos, como los naturales,
como en un tentadero, que ya está dicho. Más o menos igual ocurrió con
el bobalicón segundo, que de la engañifa falta por contar la parte de
Domingo Hernández. Se superó el ganadero de moda con el cuarto, un
novillote impresentable y boyante a derechas, al que Finito toreó con las
habituales ventajas que le han rebautizado como «Piquito» de Córdoba.
Un espadazo ejecutado desde una insolente lejanía hizo guardia y despidió
su infeliz paso por Valladolid, después de que la brevedad presidiera,
afortunadamente, su primera labor.
Y para rematar la gloriosa jornada, qué mejor que un Rivera Ordóñez
con tanto afán como vulgaridad. Incluso con el rajado pero bondadoso
sexto no acarreó más que un sinfín de muletazos a la carretilla del
olvido. Rodilla en tierra y así finalizó junto a las tablas.
Ya lo refleja el refranero: días de mucho, vísperas de poco. Sólo
que tan poco y tan poca vergüenza es abusar.
El País.
TOMAS CANO. La traca final
Para el último festejo de toreo a pie en coso (falta la de rejones),
la empresa no escamoteó esfuerzos. Se trajo un encierro del afamado
hierro de Garcigrande. Como fácilmente puede imaginarse, lo lidiado nada
tenía que ver con tan rimbombante denominación. Los garcigrande
resultaron garcienanos, garciblandos y garcitontos. No pararon ahí los
esfuerzos. Tras rebuscar a tope en el escalafón se contrató a la flor y
nata de los toreros rosas. La traca final estaba servida. El resultado fue
la consecuencia de un cartel hecho con los pies. Qué falta de realismo y
de imaginación.
A Finito de Córdoba los aficionados le tildaron de caradura. No era
para menos. Dos veces hizo el paseo y dos tardes su actuación fue una
tomadura de pelo. Si en su primera comparecencia ejerció de telonero de
las figuras haciendo el ridículo para no molestar, lo de ayer clama al
cielo. El apodado de Córdoba dio todo un recital de medrosidad. Ausente,
cínico, indigno y mediocre. Queda apuntado para el año que viene, es un
torero interesante.
Manolo Sánchez, el menos rosa de los actuantes, no brilló en su
primero, pero se dejó marchar la sorpresa que supuso la bravura y casta
del quinto de la tarde, que sin asustar por delante fue noble e importante
para que alguien con lo que tiene que tener, de torero, abriera la puerta
grande. El vallisoletano, vulgar, ratonero y enganchado, amén de
ventajista y distante, dejó escapar un éxito que seguramente en otros
tiempos hubiera estado al alcance de su mano. Todo una pena.
Otro acierto fue la presencia de Rivera Ordóñez. Perdido como calamar
en garaje en su primero. Galerista y chapucero no pasó de vulgar
pegapases en el que cerró festejo.
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