El pasado martes vio la luz el pliego de condiciones del concurso de
Las Ventas y ya hay brillos de navajas. El primero en afilar la lengua ha
sido el empresario francés Simón Casas, que denuncia el escaso plazo
-quince días sólo- para presentar las plicas. La razón le asiste -si
las condiciones estaban redactadas antes de agosto, ¿por qué se ha
esperado a septiembre ?-, pero la pierde en las formas, en los ataques a
Gallardón, en la payasada de amenazar con presentarse a las elecciones
por la alcaldía de Madrid... Se anuncia un otoño caliente por la lucha
de la joya venteña, que centrará el interés informativo de los próximos
meses. De momento sirve para evitar hablar de una corrida como la de ayer,
un fiasco de tomo y lomo.
Si hoy no despierta el mejor José Tomás de las grandes cumbres que
cuentan, me quedaré sin haberlo visto bien en todo el verano. Y eso que
ante el flojito y noble segundo se le notaba animoso, más centrado a
derechas, durante una faena larga, con muchos tiempos muertos y algún que
otro fogonazo caro. Faltó la emoción del toro, que perdía las manos en
cuanto le perdían el temple, y falló la espada. Con el quinto no se puso
ni una vez de verdad, le dio dos puyazos como soles y cuando se paró se
encogió de hombros.
El capote de Finito a la verónica fue lo más plástico de la tarde.
Lances rítmicos y acompasados para recibir al chico cuarto. Después de
tres tandas diestras y lineales se enfadó un poquito más por el buen pitón
derecho, que tanto gustó al torero de Córdoba. Tan es así que ni lo
intentó al natural, antes de asarlo con una puñalada barriobajera. Todavía
entonces Curro Molina se palpaba el cuello, descreído de tanta fortuna
protectora tras resultar arrollado en los tercios iniciales. Ni siquiera
había hecho falta otro bajonazo con el torrealta que abrió plaza, que se
moría a chorros, rajado y enfermizo.
Claro que para acobardado, el sexto, que huía y huía de la muleta de
El Juli, quien cuajó con las banderillas un par de dentro a fuera
superior. Las alegres zapopinas se olvidaron con tanta persecución en el
tercio último. No hubo manera. Basto y violento había sido el castaño
tercero, y sólo pudo estar valentón y voluntarioso. Mala suerte con el
sorteo.
Si el ganado del festejo anterior se tildó de utilitario, el de ayer
resultó de la misma marca, pero de gama baja. Cierto es que vista su
presencia no necesitaban de airbag ni cinturón de seguridad. Sí
se notó en cambio la falta del aire acondicionado, asfixiados saltaron al
ruedo los animalitos. Aquello no se movía ni dándole cuerda. Poco
derroche de valor tuvieron que acreditar los espadas contratados.
Finito de Córdoba es un adelantado a su tiempo. Encarna el futuro. El
toreo cibernético. Ante dos marmolillos no caben más ventajas ni triquiñuelas.
Pronto el de Sabadell dará el salto al nuevo epígrafe. Tirando de ratón
y @.es pasaportará los gatos que le suelten. Pinceladas en la lejanía
fueron sus méritos.
José Tomás era el más esperado de la tarde. En especial por los
antiponcistas. Al carretón que le tocó por primero le pisó el terreno
que parece de su exclusividad. Al menos no se alivió con el toreo. A la
calidad se suma la hondura de traerse el torete a la cadera como muestra
de ajuste. Faena con ambas manos, medida y templada, exenta de gestos para
la galería. En el otro no existió. No preocuparse, vuelve mañana. Una
pena. El de Galapagar precisa de toros con motor.
El Juli, fiel a sí mismo. Dejó patente el conocimiento que posee de
suertes, toros y público. Hábil bullidor, variado, alegre y movido.
Resulta ser un estratega, que consigue con suma facilidad las ovaciones de
la concurrencia. En su haber, la entrega total y las ganas de agradar a
toda costa.
En suma, el festejo aburrió. La falta de emoción que trae consigo la
carencia del toro que precisa la fiesta es el motivo. Aunque el lleno
estaba anunciado por la empresa desde hace días, la reventa andaba por
las puertas ofreciendo localidades al precio de taquilla.