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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del miércoles, 11 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Victoriano
del Río, desiguales de presentación.
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Obra de arquitectura de Ponce
A Ponce se le ha añorado durante todo el largo y ajetreado verano.
Quizá ésa sea la lectura más reconfortante que se desprende de su
dolorosa convalecencia. Entre tanta irrupción juvenil, entre ferreras y
fandis, entre la soledad de Juli y las ausencias intermitentes de José
Tomás, faltaba la madurez, la maestría elegante e inteligente de Enrique
Ponce. Ayer nos dio la razón con una tarde que resumió y expresó la
tauromaquia de quien desde hace diez años camina por la cumbre del toreo
sin vértigos, y aquí vendría ahora el tópico real de que más difícil
es mantenerse que llegar.
La obra al cuarto fue de arquitectura funcional y armónica, para
enmarcar y recordar. Por el uso del espacio, las alturas y los tiempos;
por la torería y el reposo. La gente apreció al toro en el arrastre más
de lo que había sido. Porque ante el titubeante principio Ponce no forzó,
para sostener y dar confianza. Sobre la mano derecha, una tanda enseñó
el camino, despacito; la siguiente imprimió mayor mando y obligación en
una prueba que el animal superó; y ya en la tercera apretó el
acelerador, bajó la mano y dibujó muletazos plenos, totales. Sonaba la
hora de apurar un fondo que había obtenido a base de hacer las cosas al
milímetro, con escuadra y cartabón. Crecido, con el enemigo entregado y
el público rendido, toreó sobre la izquierda, pies juntos, muleta
plegada y planteamiento frontal luego, abrochado con un molinete invertido
de orfebrería valenciana. Y las dobladas finales que domina desde el
despertar de su carrera. Se perfiló y cobró una estocada que llenó de
satisfacción el pecho del torero y de pañuelos los tendidos.
Pues con todo lo narrado, resulta que donde verdaderamente bordó el
toreo al natural con sentimiento fue en el sobrero que hizo primero. O al
menos así nos pareció en una serie de una lentitud imborrable. Al temple
del torete sumó la templanza tras una mitad anterior de caros derechazos,
más continuados que ligados. La faena también se desarrolló en tono
creciente. Pero cuando tras los últimos ayudados por bajo encaró el
morrillo algo ocurrió que el bruto echó la cara arriba, provocando dos
pinchazos. Tal vez Ponce hizo la suerte con la tela un poco alta, dirigida
a los ojos más que al hocico, no sé. Los trofeos se terminaron de
evaporar con los fallos con el descabello.
El Juli acompañó a Ponce por la puerta grande. Sumó orejita y
oreja,aquélla obtenida con una faena de arrimón ante uno de los
ejemplares menos lucidos de la buena corrida de Victoriano del Río,
terciada a veces hasta rozar los límites permisibles. Juli banderilleó
por ambos pitones y muleteó en cantidad. Esta vez ni la estocada,
desprendida, ni su ejecución, sin rectitud, justificaban el trofeo. Ante
el anovilladote sexto se lució por tafalleras y clavó los rehiletes con
claras influencias fandilares, sobre todo en un par en el que cambió los
terrenos del toro y se metió por dentro. Y es que a El Juli le funciona
la cabeza como a pocos. También así se explica que cortara la oreja que
le izaba a hombros.
Luguillano salió por su propio pie, pero cuajó momentos sensacionales
con el notabilísimo segundo, con una tanda de derechazos trazada con suma
parsimonia. Un tonto pinchazo -por querer matar en la suerte de recibir- y
algunas desigualdades le privaron de la posibilidad de desorejar por
completo al toro. Realizó una labor técnica ante el colorado y montado
quinto, que no humillaba. Nunca se ciñó y la faena no caló.
El País.
TOMAS CANO. Al que pida un toro, lo linchan
Llegaron las figuras. Con ellos se
poblaron los tendidos de incondicionales aplaudidores.
La afición quedó rodeada. Poncistas, hooligans
y luguillaneros estaban dispuesto a todo con tal de que sus
idolatrados se llevaran el gato al agua. Lo que no llegó, tampoco se le
esperaba, fue el toro. Los del río, con aspecto de utilitarios,
dieron el juego apetecido por las estrellas. La justeza de trapío, raza y
fuerza dio paso a la embestida babosa. La emoción búsquese en las
novelas del género. Si a alguien se le hubiera ocurrido pedir toro, le
habrían linchado.
Ponce tuvo como primero al sobrero. El
oficial se dejó un cuerno en el burladero. Maestro en casi todo, su
muleta posee los mágicos poderes de la flauta de Amelín. Atonta.
Hipnotizado el personal, todo da igual. Que cite fuera de cacho, que abuse
de pico, que no se ajuste, que largue toro o se pase de faena. Su dulzura
y plasticidad duerme hasta el peluco del presidente. Es el poncismo.
Luguillano tiró de personalidad. Tiene
tantos detalles de arte, de nervio y de exagerados gestos y desplantes
como lejanía entre el pitón y su faja. Faena de menos a más. Con
detalles toreristas. Sin criterio.
Lo del Juli es otro cantar. Lo suyo es la
entrega, la casta, el conocimiento, el no dejarse ganar la pelea, aunque
como ayer recurra al toreo galerista y al arrimón para triunfar. Es todo
un ejemplo de saber estar en el ruedo. Atento a todo y a todos. Derrochó
profesionalidad, aunque no le correspondía la dirección de la lidia la
asumió.
Agradecimiento
El señor presidente, aunque
indebidamente, devolvió el primer toro porque al inicio de la faena se
partió un pitón contra el burladero. Debió leer la letra pequeña del
reglamento o, quizá, en compensación de errores anteriores, que igual a
otro no le había caído el premio, la oportunidad de otro toro. El
personal se lo agradeció. Casi todos contentos
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