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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del martes, 10 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de la ganadería de Alcurrucén,
de juego desigual.
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Luces y sombras de
Leandro Marcos ante un núñez de vacas
La tarde se moría a chorros en tierra de nadie,
desahuciada, desangelada, fría. No había química entre los
protagonistas, entre toros, toreros y público, que construían uno de
esos agujeros negros que engullen desde la materia a las ilusiones,
pasiones y sueños. Sólo escapaba milagrosamente una luz preotoñal, crepúsculo
del verano, preludio del fin de los días de ferias y viajes a ninguna
parte.
Leandro Marcos, que viste como Rafael de Paula sin ser Paula, funde
estilos y torea entre Juan Mora y David Luguillano. Marcos trajo otras
luces distintas a las del atardecer y también sus sombras; no tan negras
como las que persiguen últimamente a Eugenio de Mora en los sorteos y
oscurecen el futuro. Cara y cruz. Si el aluguillanado pucelano halló en
en el sexto, campana que salvaba la corrida del K.O., el camino del éxito,
el cejudo toledano penaba con un lote difícil, imposible en lo que
respecta al quinto. Y Caballero navegaba en una corrección pulcra, con
faenas educadas que no trepaban por los tendidos; la sosa nobleza del
alcurrucén que abrió plaza y que no humillaba tampoco ayudaba, y la
chispa no saltó con el cuarto, que se dejaba y descolgaba más. En tierra
de nadie moría la tarde, como una tumba en el aire, como una inmensa nada
que ni siquiera los pinceles felinos de Sicilia atraparían en sus obras,
que encierran la luz como en una pecera.
Apareció el sexto, colorado, bociblanco, bajo de agujas y cornalón, y
sonó el gong, el tañido de la expectación que acarrea un toro bien
hecho que galopa con son. Fue el único que tomó dos puyazos, y se movió
en banderillas con esa distracción a veces tan propia de la casa pero no
encauzada por ningún capote sabio. Leandro Marcos había interpretado verónicas
pintureras, de salida. Un runrún arropaba la faena, que desprendió
fogonazos de toreo y figuras más opacas de destoreo. Porque cuando no se
manda en la embestida, por mucho que se componga la estética del demayo,
no se torea. En ese gráfico de subidas y bajadas, como el mapa anual de
la Bolsa, había picos de gusto, como los pases de pecho, un trincherazo,
algún derechazo de mano baja, despatarrado, y otras caídas que rayaban
en la superficialidad de no ahondar de veras y conformarse con una capa de
relamido barniz; otra de las cumbres se encontró en una serie al natural,
interrumpida por una voltereta cuando citaba con ingenuidad para un
obligado pectoral. No hubo consecuencias, y regresó a la cara del toro
sobre la derecha para confiarse de nuevo a izquierdas, más de frente, con
una colocación contrahecha, adelantada la pierna de vaciar la suerte. Los
ayudados últimos fueron de categoría; la estocada, pasada y desprendida,
no tanto. La oreja escondía la sensación de no haber explotado en toda
su dimensión a este núñez de vacas, de nombre «Guitarra», cómo no.
Ante el regordío tercero tardó un poco más de la cuenta en
confiarse, y eso que la pobreza de pitones se completaba con una mansota e
inofensiva embestida, mejor por el lado izquierdo, por donde brotaron
algunos naturales en un par de series tardías, justo antes de que se
rajara.
El País.
TOMAS CANO.
¿Los santos inocentes?
El esperado encierro de Alcurrucén resultó otro saldo ganadero, con
el agravante de ser tontos sin sospechas. Súmese a esto la tradicional
falta de fuerza, de casta y la sin presencia por delante, bien natural o
bien artesanal, lo que garantizaba otro bodrio. Con todo, se volvió a
llenar otra vez más el callejón. Overbooking total. Ya se sabe,
los invitados halagan, no protestan. En cambio, en los tendidos, donde nos
sentamos los paganinis, apenas se llegaba a la media entrada. Lógico
esto, por otra parte. Es todo un acto de fe sacar un boleto en la
esperanza de que ocurra el milagro. El festejo, y van cuatro de cuatro,
resultó otra broma pesada y cara.
Crece la sospecha entre los aficionados de que quizá la empresa piense
que estamos en fechas de los santos inocentes. Ya vale. Los profesionales
del arte, para no desentonar, también estuvieron descastados y mansos.
Leando Marcos, a la postre el único que cortó un trofeo, medio
aprovechó que jugaba en casa. Se le fue su primer enemigo. En el otro
destacó el recibo por verónicas. Con la muleta, despegado y cursi en
exceso. Dejó pinceladas de buen gusto. Toreó bonito, lo que no quiere
decir que toreara bien.
Manolo Caballero, el director de lidia, no se arrimó, seguramente para
evitar el fuera de juego. Técnico, pero soso y ventajista, estiraba el
brazo en los encuentros al estilo de inspector Gachet. En sus dos toros
fue un calco. Aburrió.
Eugenio de Mora no pasó esta tarde de vulgar pegapases. Sin criterio,
sin confianza en sí mismo, ausente y miedoso. Presenció impávido el
desastre de lidia que recibieron sus dos oponentes. Dio pena.
Otra tarde más el aficionado volvió a exigir la presencia del toro.
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