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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del lunes, 9 de septiembre del 2002
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de la ganadería de Castillejo
de Huebra, mansos.
Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. La torera solidez de El
Cid
Habrá que vivir con el trauma de que nadie nos
pregunte «¿qué hacía usted el 11-S?». O eso o contarlo directamente:
degustaba un arroz, en esta misma ciudad, regado por un Ribera de categoría,
que tal vez fuese «Dehesa de los Canónigos», y en compañía de Luis
Moyano y Pedro Romera. Entre nosotros seguimos recordando hoy, ya que ningún
periódico, radio o televisión nos interroga, que viene a ser un complejo
como el de apodarse Cid y no manejar la espada con destreza.
A Manuel Jesús «El Cid» se le han escapado ya ni se sabe cuántas
faenas por culpa de una tizona feble e insegura. Ayer, una más. A El Cid
cabe agradecerle aún la tarde de toros que brindó en Bayona con los
victorinos un par de semanas atrás: hacía tiempo que no se veía torear
así. Sólo que aquel día rubricó con el acero y no pinchó como ayer.
Una pena, porque la obra al bonancible cuarto bien hubiera valido una
oreja. Basada sobre la mano izquierda y asentada sobre los talones alcanzó
altas cotas, insuperables en los pases de pecho, que en su interpretación
adquieren la verdadera dimensión de obligados: porque liga, dejando la
muleta en la misma cara, y barre el lomo de pitón a rabo con sabor. Casi
agotado el material apuró a pies juntos, también al natural, y se perdió
un poco en unas espaldinas que no venían al caso. Un desplante rodilla en
tierra, sin enseñar los tirantes, y a pinchar uvas. Si aquel don Rodrigo
hubiese tenido esta espada todavía estábamos reconquistando Granada.
Por el contrario, al primero, que se rajó pronto, lo despenó de una
estocada contundente y accidentada. Afortunadamente, el angustioso rato en
que fue arrastrado por la taleguilla como si le hubiera atravesado la
pantorrilla no pasó de ahí. Antes había toreado de nuevo con torera
solidez, en los medios, sobre la derecha y ligado, con la mano muy baja y
la muleta planchada, por delante; después, con el bruto en busca de las
tablas desesperadamente, aprovechó las querencias, incluso por el protestón
pitón izquierdo. A la conclusión de sus faenas le faltó desparpajo para
dar dos merecidas vueltas al ruedo.
Dicho esto, que no transcurra una sílaba más sin reseñar que la
corrida en sí resultó un fiasco por floja y descastada. El fondo noble
no sirve si no hay motor. A Castaño le devolvieron el segundo por inválido.
Se corrió turno y anduvo derechista obsesivo -cuatro series consecutivas-
y bastante templado. Hasta que acortó distancias y se embarulló en un lío
considerable de circulares y atragantones. El quinto se deslomó en un
volatín y apenas aguantó un trasteo despegado.
El tercero también había visto el pañuelo verde por cegatón o
Rompetechos. Le suplió el mansote sexto, tercero bis ahora. César Jiménez
principió faena de rodillas, con una serie de redondos incluida. La
movilidad duró eso, y Jiménez tuvo que exprimir las embestidas con
muchos toques y no poco pico. El escaso sobrero de Loreto Charro, que hizo
último, derrengado de los cuartos traseros, no dio para nada. El joven
quiso abreviar pero se eternizó con el estoque.
El País.
TOMAS CANO. La fabricación del fraude
El infame ganado lidiado ayer supuso un nuevo engaño y otro desprecio
a los aficionados. El daño va más allá. La reiterada lidia de la clase
de ganado que se exhibió ayer supone una puñalada trapera a la fiesta de
la emoción. La circunstancia no es casual. No se vaya a pensar.
El elenco de visionarios taurinos precisa para el comercial festejo que
persiguen un nuevo especimen. Un animal disfrazado de toro, escaso de
defensas por si por un causal se pudiera perjudicar a la Seguridad Social.
Las fuerzas justas, que no aterrice en demasía, en evitación de
protestas. Los aficionados no interesan. Otro requisito a extinguir es la
bravura, la raza y la casta. No sea que las embestidas despierten en los
tendidos emociones. Consensuado este producto por la jerarquía del
taurinismo, la reproductora ganadera echa a funcionar la maquinaria para
la fabricación en serie de fraudes.
No fueron a la zaga los actuantes. Faltos de raza, de hambre de triunfo
y sobrados de filigranas y posturitas fueron incapaces de añadir la emoción
que le faltaba a la muruchada.
El Cid, tan fino y estilista como despegado. Mucho de pose y poco de
acción.
Javier Castaño también evitó el ajustarse a la hora de interpretar.
Aburrió.
César Jiménez, más entonado que sus compañeros. Alegre con el
capote. Porfión más que interesante con la muleta. Sin estrecheces. Es
la moda.
La afición, que bostezó durante todo el festejo porque no hubo nada
interesante que aplaudir o agradecer, volvió a despedir a la presidencia
con el ruego, a gritos, eso sí, el clásico '¡Toro, toro!' .
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