La justa presencia por delante del ganado seleccionado no pudo tapar el
fraude de casta, raza e invalidez que derrocharon los pereztabernero
en el coso del paseo de Zorrilla. Los toros de lidia cuentan con una
cartilla de tentadero, donde se reflejan sus notas. Los de ayer no
debieron asistir nunca a la escuela. A no ser que la famosa cartilla se
use para racionar la casta, la raza y la fuerza.
El segundo de la tarde se murió durante la lidia. Se veía venir. El
presidente se hizo el orejas ante la clamorosa reclamación del público.
Se vio en la necesidad de devolver al moribundo tercero. La cosa toma
tintes de escándalo. Pudo y debió devolver el resto de los que saltaron
a la arena. El señor presidente es todo un lujo.
Juan José Padilla dejó para el currículo una primera faena
dicharachera. La otra resultó entonada. No exenta de sabor y ligazón,
aunque larga en exceso.
Vicente Barrera quedó inédito en su primero por la defunción del
animalito. En el único que estoqueó no terminó de acoplar su personal
estilo a las condiciones de su contrincante. Labor gris y plomiza, a juego
con el celaje de la tarde.
Antonio Ferrera dejó enjundia de bien hacer en su primer enemigo.
Capote lucido. Buen concepto de lidia. Puro clamor con las banderillas.
Muleta poderosa, cadenciosa por ambas manos. Sitio y hondura tampoco
faltaron. Un infame bajonazo le privó de un posible triunfo. En el que
cerró plaza se estrelló contra la sosería e invalidez de su enemigo.
Puso la plaza en pie con tres soberbios pares de banderillas. La espada
tampoco viajó bien en esta ocasión. Los aficionados, desencantados por
lo presenciado, despidieron al presidente, asesores y empresario al grito
de '¡Toro, toro!'.