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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del miércoles, 12 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros
de Domingo Hernández y Garcigrande.
Diestros:
Incidencias: durante
la lidia del primer toro resultó corneado Gonzalo González, de la
cuadrilla de Caballero, que sufre una herida por asta de toro en su muslo
derecho de 15 centímetros.
Entrada: tres
cuartos de entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Grave cornada de González y triunfo sin
arrebatos de Caballero y El Juli
No principió la tarde alegre. Los abantos
viajes del toro inaugural atropellaron a Gonzalo González durante la brega. No
obedeció el bruto el capote del corpulento peón y enseguida se percibió la
gravedad de la cornada. Era el tercio de banderillas, y el ejemplar de
Garcigrande seguía corretón y manseando. Manuel Caballero le instrumentó
faena técnica, sobria y templada, recia como su concepto, que no se
caracteriza, precisamente, por la chispa o la pinturería. Digamos que la obra
fue notable, sin arrebatos; el toro fue a más en unas manos que nunca
permitieron un enganchón ni una distracción. Estocada ladeada, petición
mayoritaria y el palco que ya empezó a reclamar un protagonismo que no le
corresponde. Negó un trofeo justo y además reglamentario. Luego, como los árbitros
malos, aplicó la ley de la compensación con el cuarto y le entregó las dos
orejas. Vaya lo uno por lo otro. Esta segunda faena del albaceteño se
caracterizó de nuevo por la limpieza y la seguridad de las formas, aunque el
tono decreció en el último tramo.
El día respondió a las expectativas depositadas en la fecha porque El Juli
no falló una vez más y la corrida de Garcigrande-Domingo Hernández tampoco.
Que no fallara Julián López no significa que se saliera del mapa, sino que
mantuvo la regularidad: lanceó a la verónica, banderilleó a cabeza pasada y
muleteó con el suficiente tino para que su oponente, que echaba la cara arriba
por el pitón derecho y gazapeaba al natural, no le enganchase la muleta. Un
pinchazo enfrió un asunto sin relevancia especial.
Al sexto se lo dejó crudo -tampoco le hacía falta más castigo-, quitó por
caleserinas, pareó mejor en un encuentro al sesgo y construyó una faena
inteligente y sin agobios, procurando siempre la ligazón y con gusto en
determinados pasajes al natural. Acabó rajado el toro, al que costó cuadrar.
Mató por arriba con una estocada de efectos retardados y se anotó dos orejas
de rigor.
Calidad desprendía la embestida del segundo por el pitón izquierdo y
calidad brotó de la mano zurda de Morante, quien, por enésima vez esta
temporada, se desfondó con la espada. Erró el usía al devolver el quinto y el
diestro de Sevilla hizo todo lo posible por tirar al flojo y parado sobrero de
El Torero. Tomó la calle de enmedio ante el enfado general.
Parte facultativo: Gonzalo González sufrió «una cornada de 15 centímetros
en la cara interna del muslo derecho con desgarro lateral de la vena femoral.
Pronóstico grave».
El País. TOMAS
LOPEZ. Caballero y El Juli triunfan
Qué felices se las prometían los reventas. En su día rompieron la
hucha, madrugaron para ponerse a la fila y hacer acopio de material. Nada
podía fallar. La ciudad en fiestas, el día espléndido y toreaba El
Juli. Ni por éstas: a falta de 15 minutos para el comienzo del festejo
estaban ofreciendo el papel a su precio y con riesgo. La policía estaba
por todas partes. Cuando en el interior de la plaza se escuchó el clarín
que indicaba el comienzo del paseíllo, los reventas pusieron el cartel de
rebajas.
No fue ésta la única ruina. Faltaba la populista. A tal efecto y ante
el aumento de clientes en los tendidos se procedió a la entrega de pañuelos
blancos a todos los que accedían al coso. Qué más quiere el ciego que
ver. Los que aplauden hasta a los aguacilillos estaban como locos. A la mínima
los tendidos parecían una suelta de palomas. Blancas, por supuesto. Todo
estaba preparado para los que iban a triunfar.
Manuel Caballero observó impávido cómo su primer enemigo, por culpa
de desastrosa lidia, más propia de capea de pueblo que de plaza de
categoría, arrolló a su peón Gonzálo González, que pasó a la
enfermería con una cornafa grave. El animal no tuvo la culpa. Él se llevó
por delante lo que le pusieron. De puro bueno era tonto. Aprovechó
Caballero tanta bondad para hacer una decorosa faena con ambas manos, que
le valió grandes aplausos y petición de oreja al poner el punto final
con la espada.
Otras hechuras lució el capote del diestro albaceteño en el saludo
por verónicas al cuarto de la tarde. Faena entonada, trayéndose el toro
a la cadera, pero sin exageraciones. Fundamentada con la mano derecha. Bajó
el tono al natural.
Morante, como el segundo de la tarde salió con más pies de lo
acordado en el contrato, ordenó una sangría en varas. Percatado mediada
la faena del buen viaje de la res por el pintón izquierdo firmó tres
series con gusto y ritmo, pero olvidándose en el remate. En el quinto, abúlico,
no quiso ver al toro, un inválido total al que el presidente debió
devolver a los corrales.
A El Juli debieran de otorgarle un nuevo alias: Julián López, El
Torbellino. Todo lo quiere hacer, todo lo dirige, pero a la velocidad
del rayo, como si tuviera prisa por terminar la temporada en España,
porque en las Américas le quedan un porrón. Alguien dijo que el toreo es
quitud. Bueno, según ese, El Juli no torea. Esto no es óbice para que El
Juli triunfe. Profesional donde los haya. Su disposición, variedad y
conocimientos le permiten estár sobrado con el medio toro que se exige
para estas ferias. Llenó sus lidias y faenas de toda clase de suertes.
Todo con valor y criterio, pero con falta de hondura.
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