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Programa taurino Sol y sombra
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Dirige: Carlos Martín Santoyo

GANADERÍAS DE
España

PLAZAS TAURINAS CASTILLA-LEÓN

 

Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del domingo, 9 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Castillejo de Huebra (aplaudidos en el arrastre)

Diestros

Incidencias: 

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: ABC, El País, El Mundo


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Juan Mora, de la puerta chica a la puerta grande

Juan Mora entró de puntillas por la puerta chica de una sustitución y salió por la puerta grande en olor a triunfo. A Mora le llamaron para reemplazar al lesionado Rivera Ordóñez, y gracias a tan oportuna gestión vimos cosas importantes.

La tarde transcurrió entre picudos dientes de sierra, paralelamente a la escalera de toros de distintos hierros que aparecieron en el ruedo, desde el feo e inválido primero pasando por el agradable cuarto o el zambombo quinto. Aunque en honor a la verdad habrá que decir que la nobleza fue la tónica que los hermanaba.

La quinta pieza se tornó en la más amarga. El morlaco de Castillejo de Huebra sacó complicaciones y cabeceaba con aspereza. No era fácil estar delante, pero Juan Mora se creció en una faena marcada por el valor. No se arredró en momento alguno y obtuvo pases de enorme mérito allá en los medios. Acortó distancias y acabó metido entre los pitones. Cobró una fulminante estocada en el segundo envite y el público valoró su esfuerzo, realmente notorio, con una bien ganada oreja, llave de la puerta grande.

De distinto corte fue su obra anterior ante un enemigo noble y castaño de Puerta. Prologó con unas toreras dobladas y corrió la mano diestra con temple y el compás abierto; al natural cambió de patrón y relajó la figura sin despatarrarse tanto. Una vez más, las dos versiones de un Juan Mora, muy dispuesto ayer, en una misma moneda. Agarró media estocada que refrendó con un descabello. Conquistó el primer peldaño hacia la salida a hombros.

Jesulín se encontró con un toro tardo que ya se paró en el capote. Careció de emoción el trasteo muleteril, cuando el torero de Ubrique se forzó por tirar de los viajes, tan largo y tan separado como le daba el brazo de sí. El sexto, en hechuras y bien armado, iba provisto de casta brava en sus entrañas. La faena tuvo intensidad y firmeza y fue «in crescendo», hasta alcanzar su punto culminante en una muy poderosa serie sobre la derecha. Sobró el último tramo y, por supuesto, el mal uso de la espada.

A Ortega le correspondió el lote más completo, especialmente el bonito cuarto, un dulce. Pero el maestro de Cartagena, atacado de inspiración, se preocupaba más de buscar las palmas con miradas cómplices a los tendidos que de hacer el toreo. Al enésimo gesto, a la gente ya le daba la risa tonta. Falló con el verduguillo. Durante la lidia del sobrero, primero bis, ya se señaló su lesionada rodilla para justificar la tardanza en pararlo con el capote. Después, nada. Se fue por la enfermería antes de que finalizara la tarde.



El Mundo. CESAR MATA. La elegancia de la voluntad de Juan Mora

Un esperpéntico y jadeante Ortega Cano paseó ayer su anatomía por el ruedo pucelano. En su primer toro mostró sin pudor su falta de compromiso profesional, despegado hasta la máxima longitud de sus extremidades superiores, mientras en el cuarto de la tarde creó una ilusoria imagen de torero entregado y enrazado. Su toreo ad cautelam fue una falta de respeto hacia los aficionados, la empresa y, si se me permite, los propios toros.

En Juan Mora se suma la elegancia y el valor sereno. Mando y trazo cadencioso tuvieron sus dos faenas. A su primero le bajó la mano y lo llevó embebido en los vuelos de la muleta. Con la zurda no se dejó tocar la muleta, aunque los pases tuvieron la rapidez que imponía el burel. Al bisonte que se lidió en quinto lugar, de 620 kilos, le realizó un garboso quite. Exprimió Mora lo que daba de sí el astado, al que obligó en lo posible.

El de Castillejo de Huebra que salió al ruedo en tercer lugar demostró poder en el caballo al que derribó tras una dura pugna. Tras la segunda vara, Ortega Cano quiso redimir su desgana ante su primero, pero entre las indicaciones de su peón Curro Cruz y sus propias dudas acabó todo en una tentativa de quite. Otro fiasco más, que provocó las protestas airadas del público que llenó la mitad de los tendidos. Jesulín de Ubrique se mostró técnico y dominador, aunque sus pases carecieran de una trayectoria centrípeta. El perfecto manejo de la ecuación que combina la distancia y la colocación hizo que el gaditano a punto estuviera de tocar pelo, pero la espada lo alejó del triunfo.


El País. TOMÁS BLANCO. El sustituto salió a hombros

Preparó la empresa para aficionados, abonados y domingueros un festejo de color rosa a tenor de los espadas anunciados en el cartel inicial. Los aficionados, tras enterarse de que los toros del hierro anunciado habían sido rechazados en el reconocimiento se temieron lo peor. El cambio, obligado por lesión, de Rivera Ordóñez iba a enderezar la tarde. El sustituto Juan Mora, a base de entrega y exposición, logró salir a hombros.

Juan Mora, recibido con una fuerte ovación por méritos contraídos en otras tardes de triunfo en esta plaza, entró en la feria por la puerta de la sustitución. No le importó en absoluto. Desde el principio se le vio con ganas de agradar al personal. Muy aplaudido su inicio de faena, con ayudados por bajo. Entregado y con detalles en las series por redondos. Al natural bajó el tono. Regresó a la mano de nunca para subir el tono del ambiente. En el que hizo quinto, faena de entrega, con pinceladas de calidad por ambas manos. Expuso en exceso para llevar a los tendidos la emoción que el toro no tenía. Una gran estocada rubricaba el triunfo del tesón y las ganas de agradar.

Ortega Cano, ante las protestas del público, significó a los tendidos que el torete estaba acalambrado. A medida que el animal se desentumecía el torero se agarrotaba. Ortega fue desgranando pases, entre trapazos, desconfianza, miedos y un carácter muy sensible a las críticas que le llegaban de los tendidos. La bronca era justa.

Intentó el quite del perdón en el tercero de la tarde para granjearse la confianza del público. Lo intentó, pero fue incapaz de realizarlo. Rozó el ridículo.

Ortega Cano quiso enmendar la plana con su segundo toro. Agradó con el capote, brindó al público en señal de respeto. Inicio de faena en plan tremendista. Despegado y gazapón en exceso por redondos. Desbordado al natural. Terminó envuelto en gestos y desplantes que nada tienen que ver con el hecho de torear. Se le fue a Ortega Cano un toro ideal para un torero de sus características. Con la espada, un drama. No existió como director de lidia.

Jesulín de Ubrique poco pudo hacer ante su primero, que llegó mermado de facultades por la ruin venganza del varilarguero de turno. En el que cerró plaza hizo una faena técnica, llena de valor, exposición, buenas maneras y templanza. Consiguió, siempre con la mano derecha, destellos de hondura y calidad. La espada le privó del triunfo.

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