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Canal 4TV
Programa taurino Sol y sombra
Emisión: Jueves a las 00.30 horas. Redifusión: sábados a las 17
horas y domingos a las11.30 horas
Programación
de esta semana
Dirige: Carlos Martín Santoyo
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Festejo de abono
PLAZA DE TOROS DE VALLADOLID
Tarde del sábado, 8 de septiembre del 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de
María Loreto Charro, justos de presencia,
mansos y descastados.
Diestros:
-
Leandro
Marcos, ovación con saludos en ambos.
-
Salvador Vega, ovación con
saludos en ambos.
-
Iván García, oreja y
silencio.
Incidencias:
Entrada: Lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC
ABC.
JAVIER LÓPEZ HERRANZ. Impresentable
moruchada para abrir boca
Esperemos que no se cumpla aquello de que lo
que mal comienza, mal acaba, porque peor no se puede prologar una feria. No será
aquí donde se defienda esa barbaridad de novilladas con las que los chavales
apechugan por el denominado Valle del Terror. Pero entre aquello y la
pseudobecerrada de Charro Santos que se marcaron para abrir boca en Valladolid
hay un término medio. Y además de chica y estrecha pasada de mansedumbre. O
sea, morucha perdida, por no andar con rodeos.
No valía ni como broma anunciar que el primer novillete, de tan tristes
hechuras como el resto, pesaba 504 kilos. Leandro Marcos apuntó sus
aflamencadas formas en la apertura de faena, y las sostuvo sobre la mano
derecha, en el límite entre el buen gusto y el amaneramiento. No humilló nunca
el manso, que desarrolló malas ideas a izquierdas. La cosa fue a menos
inevitablemente. Imposible fue también el lucimiento con el huidizo cuarto.
Marcos no perdió nunca la compostura. (Saludos y ovación).
Salvador Vega sólo consiguió las palmas ante el distraído e infumable
segundo cuando movió el capote con soltura a pies juntos en el saludo. Tras la
persecución del último tercio, mató el hombre como pudo. Algunos derechazos
de buen corte le robó al quinto, a base de dejarle la muleta en la cara. Hasta
que tomó el camino de las tablas. (Saludos en ambos).
Iván García ha progresado mucho a la verónica, como demostró ante el más
hecho y obediente tercero, el único que sirvió. Se apretó por chicuelinas,
banderilleó sobrado y veloz y aprovechó con óptimas maneras y algunas
intermitencias el pitón izquierdo. Suyos fueron los momentos estelares, que
canjeó por un trofeo. Ante el corretón y desbravado sexto, usó de nuevo los
rehiletes con facilidad y facultades y emborronó lo poco logrado con un
espadazo que hizo fea guardia. (Oreja y palmas de despedida). |
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