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TOROS EN VALENCIA
Temporada 1999 |
FERIA
DE FALLAS (del 13 al 20 de marzo)
FERIA
DE SAN JAIME (JULIO)
Otros festejos celebrados
FERIA
DE FALLAS 1999
(del 13 al 20 de marzo)
Premios Diputación
Triunfador del ciclo: Enrique
Ponce Diestro más sobresaliente: "El
Juli" Mejor toreo de capa: Curro Romero
Mejor toreo de capa de novillero: Sergio Navarro Novillero más destacado: Juan Bautista
Mejor toro: Sardinero, de Carmen
Lorenzo Mejor ganadería: desierto Mejor brega: Alberto Martínez Mejor par de
banderillas: José Antonio Carretero Mejor estocada: Manuel Caballero Mejor rejoneador: Hermoso Mendoza
El jurado de los trofeos Diputación de Valencia que celebró su reunión en la
noche del sábado 20 de marzo, lo preside Miguel Tatay y está formado por un nutrido
grupo de toreros, facultativos, catedráticos, políticos y periodistas.
CARTEL , RESULTADOS Y CRÓNICAS DE
LA PRENSA
Sábado , 13 de marzo. Novillos de Guadalest (inválidos y dóciles, dos devueltos),
para Juan Bautista (aviso con vuelta y aviso y oreja), Rafael Ronquillo (silencio y silencio) y
Sergio Navarro (aviso con ovación y oreja)
Domingo, 14 de marzo. Novillos de Maria Carmen Camacho, para El Renco, José Luis
Triviño y José Luis Triviño (VD). Suspendida
por lluvia.
Lunes, 15 de marzo. Toros de Cuadri Vides, para "Luis Francisco Esplá", Juan Mora y El
Califa (VD). Suspendida por
lluvia
Martes, 16 de marzo. Toros de Carmen Lorenzo (5) y de Niño de la Capea (1)(manejables en general, falto
de fuerzas), para José Luis Moreno (silencio
tras aviso y oreja), Morante de la Puebla
(silencio y saludos), y Alberto Ramírez (silencio tras aviso y palmas de
despedida).
Miércoles, 17 de marzo. Toros de Puerto de San Lorenzo (4) y José Luis Pereda
(2) (discretos de presencia, bien armados, flojos, manejables en general), para Enrique Ponce (aplausos y saludos, vuelta
protestada), El Cordobés (ovación y saludos,
oreja) y "El Juli" (oreja y aplausos).
Lleno. Crónica
del festejo
Jueves, 18 de marzo. Toros
de Jandilla (discretos de presencia, ninguna
fuerza -varios inválidos- aunque 5º derribó; 4º, como excepción, tomó tres varas;
manejables), para Curro Romero (pinchazo
atravesado, rueda de peones y descabello -oreja con protestas-; tres pinchazos en el
gollete en franca huida y dos descabellos -bronca-; hacía 40 años que tomó la
alternativa en este coso), Espartaco (bajonazo
tirando la muleta -oreja-; bajonazo tirando la muleta y dos descabellos; se le perdonó un
aviso -oreja-; salió a hombros por la puerta grande), y Manuel Caballero (dos pinchazos,
otro hondo muy tendido, rueda de peones y dos descabellos -ovación y salida al tercio-;
estocada -aplausos-). Lleno. Crónica
del festejo.
Viernes, 19 de marzo. Por la mañana. Festejo de Rejones. Toros de
Fermín Bohórquez (buenos, en general),. para los caballeros Leonardo Hernández (oreja), Fermín Bohórquez (palmas), Hermoso Mendoza (oreja y petición de la
segunda), Martín González Porras (oreja), Paco
Ojeda (oreja)y Andi Cartagena
(oreja).
Viernes, 19 de marzo. Por la tarde. En directo por T.V.E.
Toros de Atanasio Fernández
y Aguirre fernández (desiguales, flojos y débiles), para "Litri" (pitos y silencio), Enrique Ponce (silencio, dos orejas y vuelta) y Vicente Barrera (palmas y
saludos tras aviso)
Sábado, 20 de marzo. Toros de Alcurrucén, para Vicente Barrera (ovación tras aviso y oreja
tras dos aviso), Rivera Ordóñez (oreja y gran
ovación) y El Juli (oreja y oreja, salío a
hombros). El picador Manuel carrasco resultó herido grave con fractura del fémur
derecho.
Fallas 1999
Crónicas de la Prensa
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Edición del 18 de marzo´99. El Juli, todo un
espectáculo de variedad y
recursos en los primeros tercios
Entramos en los días grandes de las fiestas falleras con el primer «no hay billetes» de
la Feria. El tirón de público de "El
Juli" se nota allá donde su nombre figura en los carteles. Todo el mundo quiere
ver al fenómeno de la temporada, algo que se palpó en el ambiente de la plaza. Julián
respondió a la expectación con valor, variedad y recursos, con todo un espectáculo en
los primeros tercios. Lástima que la tarde fuera de más a menos.
Enrique Ponce funcionó más con el
corazón que con la cabeza ante el manso, recrecido y entero primero; más por adrenalina
que por neuronas. Porque, ¿qué hubiera pasado si, como hizo en un principio, toda la
faena se hubiera desarrollado por bajo, con poderío, muy Roberto, muy Domínguez, en
lugar de intentar el toreo fundamental y absurdo esta vez? A Ponce cabe exigirle mucho
más aparte de valor. Y así, por ejemplo, un torero de su talla debe mover los caballos
para agilizar un tercio de varas imposible y saber lidiar la mansedumbre complicada. El
picador de tanda, Manuel Quinta, estuvo superior y rápido de reflejos, aun a costa de
transgredir las rayas del tercio; sin embargo, Mariano de la Viña, que en su día ha sido
un gran peón, tiró las tres cartas con los palos, desconfiado y ligero. Toro, en
definitivas cuentas, para demostrar una tauromaquia perdida, necesaria en semejantes
casos, para dar la medida de figura del toreo. El joven maestro de Chiva fue menos maestro
de lo esperado y se vio desbordado por las adversas circunstancias.
Pertrechado con dos impresionantes velas apareció el cuarto, de José Luis Pereda y hueco
por dentro. Saavedra lo midió mucho en dos puyazos muy buscados y trabajados, de buen
piquero. Al último tercio llegó el toro con un corto viaje e inciertas intenciones. A la
salida de cada muletazo buscaba las zapatillas. Serio susto se llevó Ponce cuando se le
venció por el pitón izquierdo y lo encunó sin consecuencias. El valenciano prosiguió
con tenaz y voluntarioso esfuerzo. No quiso concluir su labor sin intentarlo otra vez al
natural: nuevamente se vio comprometido. Escuchó otro aviso y dio la vuelta al ruedo,
tras dejar una estocada desprendida y manejar el descabello con acierto.
Decisión demostró El Cordobés durante
toda su actuación, desde los lances a pies juntos de recibo a un alegre quite por
chicuelinas. El Juli entró en lid por navarras, con más voluntad que acierto. Fue la
mencionada decisión de Díaz la virtud básica de su primera faena ante el reservón e
incierto toro de Puerto de San Lorenzo, que,
a la larga, sería de lo mejorcito de la tarde. Tras la apertura en los medios y de
hinojos, tiró con largura de su enemigo en la siguiente serie. El resto trató de
pasárselo lejitos, aunque tragó ricino en los pases de pecho, cuando el astado, como
siempre, tomaba la franela al paso. A la hora de matar, el diestro de Arganda abandonó la
rectitud de la suerte y pinchó dos veces, antes de colocar media estocada desprendida.
Una ovación recogida desde el tercio agradeció su voluntad de agradar.
Avisado y peligroso resultó el quinto, con el que El Cordobés anduvo digno y valeroso.
Un desarme en mitad del largo trasteo deslució aún más su labor. Debió abreviar y
cesar en su empeño de sacar agua de un pozo seco. Toda la dignidad que había derrochado
se perdió con un alevoso bajonazo.
El Juli es un alarde de variedad, valor y recursos, todo un espectáculo, durante los
primeros tercios. Derrochó temple en las verónicas de saludo; torería, en el galleo por
chicuelinas; improvisación, en un quite otra vez por chicuelinas y tafalleras, abrochado
con medio farol y una barroca caleserina. También bulló con los palos, siempre por el
pitón derecho, siempre fácil y ganándole con facultades la cara a su enemigo, a veces
con demasiada ventaja. La gente se partía las manos tras el último par, por los
adentros. Sin embargo, lo que tenía visos de convertirse en una importante faena, se
quedó en poca cosa: el astado de Puerto de San Lorenzo apenas duró una serie diestra y
ligada, y sanseacabó. Arropado por el silencio transcurrió todo su quehacer. Sólo una
buena estocada recuperó el entusiasmo de los tercios iniciales. Por todo aquello, se
apuntó una oreja.
«Cojo» con los palos
El serio sexto renqueaba de los cuartos traseros con descaro. Julián volvió a brillar
con el capote, desde las verónicas a pies juntos de la salutación a un quite muy
aplaudido por caleserinas. Demostró, de nuevo, una gran seguridad con las banderillas en
un par al cuarteo y en otros dos al sesgo, de dentro a fuera, ninguno por el pitón
izquierdo. El Juli «cojea» con los garapullos, algo así como el madridista y zurdo
Raúl pero al revés. Su enemigo alcanzó el tercio final con un recorrido corto. Sólo
durante las primeras series logró alargar los viajes por ambos pitones. Después,
únicamente le quedó el camino de porfiar, tal vez con demasiada insistencia. Dejó las
puertas abiertas para un mayor triunfo el próximo día 20.
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El
País, JOAQUÍN VIDAL. Edición del 19 de marzo´99. Curro
corta una oreja
Curro cortó una oreja, ¡por éstas!
y, si no, que me dé ahora mismo un flux.
Se la cortó al primer toro, justo el que cuadraba con el 40º aniversario de su
alternativa.
El señor Curro se las gasta así. ¿Creyó alguien que vendría a tirar líneas, merecer
broncas, provocar chuflas? Pues se equivocó.
Tan pronto saltó a la arena el primer toro se hizo presente Curro y meció el
capotillo gracioso embarcándole en tres verónicas de categoría, mejor aún la media.
Con la muleta parecía Tarzán. No se refiere uno a la atlética complexión del héroe
-aunque está hecho un chaval, con sus 65 años metidos dentro del terno-, sino a la
disposición, a la porfía, al cruzamiento y al desdoblamiento, a la generosa entrega para
sacarle al renuente bóvido los no muchos pases que tenía.
Se los sacó uno a uno, con orden y concierto, primero por la derecha, luego por la
izquierda, y los hubo de calidad excepcional.
Cuanto más hondos son los pases menos se les pueden dar a un toro normalmente
constituido, pues pierden la fuerza en el forzado seguimiento del señuelo y rinden la
codiciosa agresividad en el muleteo dominador. Ya se sabe: en toreo, o manda el toro o
manda el torero. Y allí la soberanía la ejercía Curro Romero, Faraón de Camas,
capricho de la naturaleza.
Más fueron los cites y las intentonas que el toreo sustancial, pues el bovino espécimen,
anormalmente constituido, de resuello andaba falto, de bravura corto y no estaba para
trotes ni para pasodobles. Dictada sentencia, esbozó Curro un desplante marchoso, montó
la espada, hizo como si se fuera a comprar tabaco con ella, pinchó raudo al paso, descabelló luego y le concedieron una
oreja. Por éstas que se la concedieron.
Dio Curro la vuelta al ruedo con una alegría incontenible, la sonrisa de oreja a oreja y
el cuerpo bailándole por sevillanas. No era para menos, cortar una oreja a estas alturas
de la vida, en el 40º aniversario de su alternativa. Y el júbilo estalló en el
graderío, aunque otra le quedaba a la afición y se aguantaba decir -con cualquier otro
no tendría tanto miramiento- que esa oreja regalada habría abochornado al Cúchares.
Pero al ver, corrida adelante, cómo caían otras orejas, cómo se las llevaba Espartaco
sin cuajar pases de fundamento, incluso después de pegar un sainete, reconsideró el
juicio, modificó conclusiones -de sabios es rectificar- y juraba -¡por éstas!- que
Curro había merecido dos.
Al cuarto toro, de natural inocente, permitió Curro que lo picaran duro, casi que se lo
mecharan, le trapaceó la cara a prudencial distancia y acabó acuchillándole el gollete
en la suerte innoble que llaman paso de banderillas. Y se ganó un broncazo monumental.
Nadie negará que, por lo menos, la cosa tiene ángel.
Las excelsitudes de los toreros de arte, aún simplemente apuntadas, tienen el
inconveniente de que a los demás se les nota la vulgaridad. A Espartaco se le notó mucho, ya en su primer
toro, al que consiguió sacar unos derechazos
guardándose de que no se le ciñera al nada relajado cuerpo y, de ahí en adelante,
perdió el rumbo, sufrió un acosón, se vio achuchado y perseguido; e incapaz de emplear
ningún recurso lidiador, lo mató de un feo bajonazo.
Y le dieron la oreja.
Valencia estaba de un orejismo desbocado. La plaza de Valencia tenía aires de casquería.
En el quinto la faena de Espartaco, demasiado larga, reiterativa y precipitada para la
borrega condición del animal, tampoco tuvo pases relevantes, salvo los de pecho
empalmados y los rodillazos tremendistas. De nuevo estoqueó los blandos y volvió a
recibir una oreja que le abriría la puerta grande.
Igual de voluntarioso y ajeno al arte estuvo Manuel Caballero, que sufrió un
volteretón al iniciar una chicuelina. Y si llega a matar a la primera al tercer toro le
hubiese cortado la oreja también. Es un suponer, porque al sexto lo mató a la primera y
no le cortó nada. La pública opinión es así de veleidosa.
Es característico del arte en el toreo que, si se produce -a veces basta una pincelada-,
la afición lo recuerda de por vida y no para de rumiarlo en sus místicas soledades. En
cambio si no hay arte, ya puede el torero estar la tarde entera pegando pases que, muerto
el toro, ni Dios se acuerda de ninguno. Y eso es lo que sucedió.
Transcurridas dos horas largas de pegapasismo tenaz, sacaron a hombros por la puerta
grande a Espartaco, triunfador por doblemente orejeado. Pero lo que quedaba en el recuerdo
era aquel quite de Curro el Faraón; las tres verónicas mecidas y, sobre todo, la media
verónica final, suave, reunida, mágica, que sólo puede engendrar el arte de un torero
verdadero.
FERIA
DE SAN JAIME
JULIO 1999
Domingo, 18 de julio. Toros de Cuadri Vides (bien presentados, en el tipo del
encaste; flojos -algunos, inválidos-, nobles en general), para "Luis Francisco Esplá" (tres pinchazos y
cuatro descabellos -silencio-; pinchazo -aviso-, dos pinchazos y descabello -ovación y
saludos-), Emilio Muñoz (dos
pinchazos, otro muy bajo y se echa el toro -bronca-; pinchazo, bajonazo escandaloso
-aviso- y dobla el toro -silencio-); y El Califa (estocada trasera a un tiempo, rueda
insistente de peones y descabello -oreja-; media atravesada escandalosamente baja -aviso-
y dobla el toro -aplausos-). Dos tercios de entrada. Crónica
de El País
Lunes, 19 de julio. Erales de Santiago Domecq (bien presentados, con casta
y nobleza). Para los seis alumnos de la Escola Taurina de València: Lumbrerita:
pinchazo y estocada (oreja). Fernando López: pinchazo perdiendo la muleta -aviso- y
bajonazo (vuelta). Carlos Barón: pinchazo hondo -aviso-, rueda de peones y cuatro
descabellos (vuelta). El Javi: estocada corta saliendo desarmado y perseguido, rueda de
peones, pinchazo hondo perpendicular delantero -primer aviso con retraso -, pinchazo, dos
pinchazos hondos perpendiculares pescueceros, rueda de peones, descabello -segundo aviso
con retraso- y descabello (ovación y salida al tercio). Juan Romo: estocada corta
delantera (oreja con escasa petición). José Luis Miñarro: tres pinchazos, estocada
-aviso- y dobla el novillo (aplausos y saludos). Menos de media entrada. Crónica
de El País.
Martes, 20 de julio.
Novillos de Javier Sánchez Arjona (enrazados y muy blandos; nobles en general. El
segundo, inválido. Cómodos de cabeza). Para José
Manuel Monteliú (ovación y silencio),Juan
Baustista (oreja y vuelta al ruedo por su cuenta)y El Fandi (dos orejas y oreja). Algo más de un
tercio de entrada. Crónica de El
Mundo.
Miércoles, 21 de julio. Novillos de Teófilo Segura,
para Mario Coelho, David Vilariño y Sergio Navarro
Jueves, 22 de julio. Toros de Samuel Flores, para Espartaco, Enrique
Ponce y Vicente Barrera
Viernes, 23 de julio. Toros de Valdefresno, para José María Manzanares, Vicente Barrera y Rivera Ordóñez
Sábado, 24 de julio. Toros de Victorino Martín, para Juan Mora, Enrique
Ponce y Pepín Liria
Domingo, 25 de julio. Toros de Toros de Fermín Bohórquez, para los caballeros Leonardo Hernández, Fermín Bohórquez, Luis Domecq, Antonio Domecq, Martín González Porras y Andi Cartagena
FERIA DE JULIO
Crónicas de la prensa
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Edición del 21 de julio´99.
Fandila espabila y arma el taco
Fandila armó el taco; y no sólo con las banderillas. Ojo al detalle.
David Fandila, El Fandi, se metió al público en el bolsillo del chaleco donde otros
toreros llevan un pañuelo de encaje o el relicario para la novia, pisa morena, pisa con
garbo, que un relicario me voy a hacer con el trocito de mi capote que haya pisado tan
lindo pie.
El Fandi no tiene sitio para relicarios y se metió en el chaleco la voluntad del
público y la voluntad del presidente, que es un alma de cántaro, mayormente cuando de
novillos inválidos se trata. Y por allí, por el bolsillo del chaleco, rebosaban palmas,
ovaciones y orejas. En teatro, a esto se le llama pasar batería. Y una vez que se ha
pasado batería, conseguir que el público no se vaya. A David Fandila no se le fue nunca;
y el noble novillo, tampoco. Desde que replicó el solemne y hermoso quite de Montoliú,
hasta el descabello: tres faroles airosos que bien pudieran ser las cinco farolas
melancólicas y rituales de la vereíta verde de doña Concha Piquer.
El número fuerte de Fandila son las banderillas, el par de la moviola, el par del
molinillo, el par del violín; aunque, donde esté un par por los adentros y otro de poder
a poder, como en el sexto, que se quite todo lo demás. Pero tampoco hay que cogérsela
con papel de fumar; vale el espectáculo y El Fandi mete marcha y función al tercio de
banderillas y al resto. Demostró que puede ser algo más que un banderillero.
Tremendismos
A Manuel Machado le bastaba, y aún le sobraba, con esto. Y, antes que un tal poeta, le
hubiera gustado ser un buen banderillero. A Fandila, no; Fandila toreó superiormente con
la izquierda y más superiormente aún con la derecha; intercaló tremendismos y
rodillazos con bellas trincherillas, clasicismos leves con heterodoxias. Y con la capa
exhibió afiligranada variedad. Y mata al salto y de capón, y a veces sale rebotado del
encuentro; pero con eficacia.
José Manuel Montoliú ha cantado estos días las verdades del barquero: casi siempre
los novilleros tienen que pagar por torear. Con esto, el futuro de los novilleros es la
ruina, la hipoteca o la huida, salvo algunos casos excepcionales. Mañana quizá haya
ocasión de hablar sobre el estado de la cuestión novilleril. Hoy Montoliú, de trágica
estirpe banderillera y con más razón que un santo, no tuvo la suerte de cara; buenas
formas, apuntes... La gente quiere verlo poniendo banderillas; supongo que eso es un mal
recuerdo que quiere ahuyentar de su vida. Si hay que poner banderillas, ya llegará el
momento inevitable.
Quien de verdad empezó metiéndose al público en el bolsillo fue Juan Bautista,
elegante, pulcro y francés. Y con voluntad de perfección. Pero el respetable acabó
yéndosele. Su primer novillo fue un alma en pena, sufriente e inválida; y su segundo era
un místico tontibobo; mas no tanto que, al ver la pantorrilla de Juan Bautista en la pala
del pitón, no sucumbiese a la tentación y le metiese mano. Ni siquiera con esta
voltereta recuperó Juan Bautista al público. Lo había perdido al concluir la vuelta al
ruedo en el que paseó la oreja. Este novillo desorejado era un inválido sin remedio y
fue una desvergüenza mantenerlo en el ruedo. Ya podía Juan Bautista Jalabert hacerle
monerías, pinturerías y monsergas a semejante ruina. Ni eso era un novillo, ni aquello,
aunque bonito, toreo de verdad. Juan Bautista cumplió con profesionalidad y toreó lo que
le echaron.
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El País.
JOAQUÍN VIDAL, Valencia. Edición del 20 de
julio´99
Lo bueno de estos festejos de promoción es que, como su propio nombre indica, se da
oportunidad de torear a los aspirantes a figuras y demostrar sus cualidades artísticas.
Lo bueno suele ser también que resultan muy entretenidas y la afición se encuentra con
grandes sorpresas. En realidad la afición acude a comprobar si entre los meritorios está
el Mesías prometido. Se le busca y se le espera, es cierto. Anda la fiesta tan crítica y
decadente -tan mustia y chuchurría, dirá un clásico- que ese Mesias anunciado en la
liturgia táurica se ha convertido en necesidad perentoria. La fiesta ya no aguanta más.
Si tarda, ya no la salva ni dios. O sea, él.
Nada hizo concebir la evidencia de que entre los seis neófitos estaba el Mesías
salvador de la fiesta secular y mágica. Pero uno tampoco lo descartaría. Los mesías
-quienes han leído lo saben- vienen de incógnito. En La tournée de Dios que
escribió Jardiel Poncela, el Mesías aparecía en este valle de lagrimas transmutado en
hombrecillo insignificante vesti do con un guardapolvo gris.
Son cosas de los mesías: irse apareciendo poco a poco para no producir un sobresalto y
poner de infarto a media Humanidad. Si ahora apareciera de repente un Joselito maestro
dominador con su quite del bú y todo, o un Belmonte sacándose del sobaquillo la media
belmontina, a la afición la daba un flux.
¿Quién podría negar, sin embargo, que el mesías del toreo no estuviera en El Javi?
El Javi, un niño, niño auténtico, de los que lo parecen, al que apetecía regalarle la Posición
fortificada, hizo un toreo importante. Un toreo de largura insuperable, de mando
férreo, de templanza exquisita. Caray con El Javi . Más bajito que el eralote, se
agigantaba en las reunidas tandas de redondos y naturales que dio, abrochadas con hondos
pases de pecho. Claro que, tan pequeñín, no alcanzaba a matar, pinchó donde podía,
oyó dos avisos y aunque la afición le ovacionó con calor, se retiró hecho un mar de
lágrimas.
Candidatos a mesías había otros. Por sus obras le reconoceréis. Allí Lumbrerita,
variado capoteador, mediocre muletero salvo cuando juntaba las zapatillas y entonces,
igual a derechas que a izquierdas, el toreo le salía bordado.
El eral de Lumbrerita embestía con nobleza, y pareció que había tenido suerte, mas
pudo comprobarse a continuación que todos dispusieron de igual género. Los pupilos de
Domecq, no fáciles a causa de su temperamento enterizo, poseían excelencia por su
encastada nobleza.
Rasgos de mesías taurino mostró Fernando López -hermano mayor de El Javi- por la
larga cambiada en la que resultó arrollado y salvó la piel de milagro; por su corajudo
faenar, por su generosa entrega. Y Carlos Barón, que iba de mediocre y en cambio hizo sin
mácula, mayestático y preciosista, el toreo al natural. Y José Luis Miñarro que,
dentro de sus muchas carencias, esa suerte al natural la interpretó mejor que nadie,
incluidas la ganacia de terrenos, la ligazón y el temple que constituyen su fundamento. Y
Juan Romo, tesonero, voluntarioso, inacabable en la ejecución de los pases propios de la
fiesta necesitada de redención.
Unos por otros, la novillada se llenó de lagunas, según corresponde cuando actúan
torerillos en ciernes, carentes de experiencia. Unos por otros exhibieron en diversos
pasajes y a impulso de las aleatorias inspiraciones lo mejor del arte de torear.
Los mestres Víctor Manuel Blázquez y Ángel de la Rosa, bajo la dirección del
mestre mayor El Turia , les han enseñado mucho y bien. A los dos primeros quisiera
ver la afición en el coso de Valencia, que es su tierra, pues ambos atesoran una torería
indiscutible. Pero no los contratan; ni en su tierra. El mundo empresarial taurino precisa
asimismo con urgencia un mesías que venga y eche a los mercaderes del templo. A gorrazos,
si es preciso. ¡Oh qué maravilloso sueño si se produjera semejante prodigio .
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El País.
JOAQUÍN VIDAL, Valencia. Edición del 19 de
julio´99
Para ser califa no hace falta haber nacido en Córdoba; se puede ser de Xàtiva. Ni hace
falta llamarse Abderramán; con Pepe basta. Demostración: en Xàtiva tienen un califa de
nombre José Pacheco, para los íntimos Pepe. Y es torero. No hay más que verlo: se pone
delante de los cuadri, y ya le pueden venir rabiosos o reservones, francos o
inciertos, que les aguanta las intemperancia, los templa y los manda.
El Califa consiguió un éxito en la primera corrida de la famosa Fira de Juliol
valenciana. No porque ofreciese una exhibición pegapasista como es habitual; no porque se
pusiera tremendista, que es el sucedáneo del valor en quienes van de suicidas. Sino
porque aquello de parar, templar y mandar lo hizo con cabal cumplimiento de los cánones y
a toda costa.
Lo hizo incluso a costa de la cornada, que no se llevó sin que se sepa con exactitud
el motivo. Pues aguantando parones y acosones de su primer toro, en una de esas iba a
engendrar el pase de pecho cuando el toro metió un derrote bestial por salva sea la
parte, que lanzó al Califa y su califato por los aires. Cayó de pie el egregio
-literalmente cayó de pie- y en vez de quejarse o salir corriendo tal cual habríamos
hecho todos al grito de "sálvese quien pueda", tal cual quedó al caer
resolvió el nuevo derrote que ya tiraba el toro girando entre sus mismas astas un bizarro
molinete.
La verdad es que El Califa nos ponía el corazón en un puño. Empezó al recibir a sus
toros. A los dos. Embestían ambos veloces, violentos, rebrincados, empujando a tablas, y
allí, pegado a las mismas, aguantaba marea, bajaba la mano, se embraguetaba el que no
necesita llamarse Abderramán para ser proclamado califa. Cortó una merecida oreja de su
primer toro y habría añadido un par más si no llega ser porque al cuadri que
cerró plazo le fundió las entrañas mediante un infamante bajonazo que habría requerido
levantar atestado.
No se crea que El Califa fue el único acuchillador. Sus compañeros de terna también
se las traían. No tanto Luis Francisco Esplá, que andaba de pinchauvas; con todos los
agravantes Emilio Muñoz que apuntaba a los blandos presa de indisimulada mala idea.
A Muñoz le abroncaron mucho. Su trasteo desmedrado, su avinagrado aliño, su
desconfianza total con el segundo toro provocó las lógicas y muy airadas protestas del
público. Repetía la acción con el quinto toro y en su transcurso debió darse cuenta de
que aquel cuadri era un bendito de Dios. Del dios Tauro, se quiere decir. Y tras
estar largo rato dando la nota con el trapaceo, de repente se echó la muleta a la
izquierda y corrió la mano estupendamente por naturales. Bastante encorvado, por cierto
-que debe ser postura propia de la madurez-, pero ahí quedó eso. Y vinieron después
derechazos de buen corte.
Descubierta la bondad del toro Emilio Muñoz no quería perdérselo, y seguía, y se
puso pesado, y al público -que recordaba el episodio anterior- no le acababa de
convencer, y acabó de estroperalo todo con el sartenazo final que endilgó.
Dentro del ramillete de estoqueadores malos, la estratagema pinchauvas que empleó Luis
Francisco Esplá constituía sólo pecado venial. Y además lo condonó la torería que
estuvo desplegando en los sucesivos tercios.
Capotero eficaz, también adornado por faroles y serpentinas a su debido tiempo,
banderillero de recursos, las dos faenas de muleta de Esplá tuvieron pasajes de calidad.
Al cuarto cuadri -que desarrolló gran nobleza- le sacó naturales de magnífico
trazo, y ambos muleteos poseyeron fundamento lidiador, enriquecido por ese aroma que
dimana de los toreros verdaderos.
Está Esplá de pocos contratos, sufre vetos, y lo cierto es que se le echa en falta.
Pegapases no será -ni falta que hace- pero la torería es su marca y de este valor
esencial apenas queda rastro en el actual concierto taurino.
Torería, que se lleva en el alma; torería, que es sinónimo de dignidad. Torería que
es ir con la verdad por delante. El califa setabense parece que la atesora, o se la está
labrando, y pide paso para poder demostrarlo; y no pía sino que se arrima y torea. Se
arrima y aguanta, bien asentadas las zapatillas en la arena; torea con las de parar,
templar y mandar que es la regla de oro de este arte exclusivo. O al menos así lo hizo en
Valencia. Luego pegó un mandoble infame por el que debió ser conducido al cuartelillo
para tomarle declaración y que le sirviera de escarmiento.
Otros Festejos
celebrados
Domingo, 9 de mayo. Valenccia. Novillos de Maria del
Carmen Camacho (1º, 4º y 6º de buena presencia y encastado; el resto sin casta), para Mario Coelho (dos vueltas y oreja), Oscar Sánz
(aviso, silencio y aviso y silencio) y Antonio Saavedra (aviso y silencio, silencio). Los
tres debutaban
Sábado, 8 de mayo.
Plaza de Valencia. Cuatro toros de Los Bayones,
1º encastado, 3º noble, 4º boyante, 5º sin casta. Dos toros de Gabriel Hernández, que
no sirvieron y fueron sustituidos por dos de Carmen
Borrero, descastados pero nobles. Para José
María Manzanares: dos pinchazos y media (pitos); estocada corta y cinco descabellos
(ovación). Enrique Ponce: media (ovación);
estocada tendida, caída y trasera (oreja). Julián
López, El Juli: estocada y dos descabellos (oreja); metisaca y estocada
(oreja). Salió a hombros por la puerta grande. Corrida en memoria de Mariano
Benlliure. Casi lleno. Crónica de El
País
Domingo, 4 de julio.
Novillos de hermanos Sorando (al sexto se
le premió con la vuelta al ruedo en el arrastre), para Reina Rincón (silencio tras un aviso y
silencio); Maite Alcalá, silencio tras un aviso y silencio; Jesús Millán, ovación y
dos orejas (salió a hombros).
Domingo, 19 de septiembre´99. Andy Cartagena rejoneará un astado de
la ganadería de La Herguijuela, y los
novilleros locales José María Fijo "El Ciento", Sergio Gómez
"Gallito" y Sergio Navarro lidiarán un encierro de Mariano Sanz.
Domingo, 31 de octubre99. Festival taurino.Reses de distintas
ganaderías, para El Mangui (dos orejas), Luciano Núñez (oreja), José Antonio Carretero
(ovación), Maite Alcalá (vuelta tras aviso), Hipólito (vuelta), Mariano de la Viña
(oreja) y Martín González Porras (oreja). Crónica de ABCABC.
Viernes, 8 de octubre99.
Novillos de Pedrés, para Fernando López, Carlos Barón y Antonio Juan.
Sábado, 9 de octubre99. Toros de Fermin Bohórquez (correctos de
presentación; 1º, 3º y 5º, descastados), para Paco Senda (tres pinchazos, media
estocada baja y dos descabellos -ovación-; estocada -oreja-), Tomás Sánchez (estocada
tendida baja, estocada tendida contraria -aviso-, pinchazo, estocada y
descabello -ovación-; pinchazo y estocada -vuelta-) y Raúl Blázquez (bajonazo -ovación-;
estocada -oreja-). Crónica
de El País.
Crónicas de la prensa
ABC,
FRANCISCO PICÓ. Valencia, edición del 1 de noviembre '99. Brillantes
y toreras actuaciones de El Mangui y Luciano Núñez en Valencia
Los desvelos de ese gran subalterno que es Luciano Núñez en la organización del
festival del Montepío de Toreros de la Región Valencia no se vieron recompensados en lo
que se refiere a la entrada. Sin embargo, sí lo fue en lo que respecta a la actuación de
sus compañeros. Abrió plaza el rejoneador Martín González Porras con un novillo de
Teófilo Segura (oreja). Lo bueno vendría con El Mangui, que toreó espléndidamente con
el capote a un ejemplar de la ganadería de Litri, meciendo los brazos con un temple y
armonía. También con la franela rayó a gran altura (dos orejas).
Luciano Núñez no fue menos que su compañero toreando a la verónica. Con la muleta
se lució ante un novillo de Jiménez Pasquau en series sobre la mano diestra en las que
hubo mando y quietud (oreja).
José Antonio Carretero clavó tres pares con su acreditada clase a un deslucido astado
de San Martín. Marró con los aceros (ovación).
Hipólito se las vio con un serio toro de Guadalest con el que anduvo sobrado (vuelta).
La alumna de la Escuela de Valencia Maite Alcalá se mostró decidida con un serio
revolcón incluido ante un novillo de Garcigrande (aviso y vuelta). Cerró plaza Mariano
de la Viña que salió con el traje en pedazos a causa de una cogida sin consecuencias. Se
le concedió una oreja.
Manzanares y Litri ejercieron de directores de lidia desde el callejón, Rivera
Ordóñez pusó un lucido par al quiebro en el último y Bigote Arrocet y Arévalo
derrocharon voluntad y simpatía a raudales
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El
País, MÁRQUEZ LUCENA. Valencia, edición del 10 de octubre '99.
Voluntades rotas.
De nuevo volvía a abrirse el coso de la calle Játiva con un festejo mayor. Lo hacía
con una corrida, en el día de la Comunidad Valenciana, en la que la voluntad de los tres
espadas se rompió contra unos astados, tan correctos de presentación como negados para
darles una mejor oportunidad a estos tres toreros de la tierra que casi empezaban
temporada cuando ya toca a su fin. Es decir que tanto Senda, como Sánchez y Blázquez se
han puesto el traje de luces no más de un par de veces esta temporada.
Cierto es que fue una de esas corridas como tantas otras se ven a las figuras. Estos
toreros de la tierra merecían una oportunidad y la tuvieron. Cierto también, que incluso
habiendo salido por la puerta grande, poco o casi nada pasaría con sus carreras. No
dieron la espantá y se fajaron con unos toros descastados de respetables
cornamentas. Una oportunidad que siempre puede ser la última y eso descoloca más que mil
marrajos juntos. Alguno de esos hubo sobre el albero. El que abrió plaza, por ejemplo, ya
rompió la taleguilla de Paco Senda, por suerte sin pasar de ahí. Por contra tuvo que
tragarse un par de tandas con la derecha. No aceptó ni un natural y así las cosas Senda
lo mató como pudo y a otra cosa. Pero quiso el destino que el cuarto fuera un torazo de
625 quilos, y otros tantos de feas intenciones. Había clavado un par de rehiletes de
mérito, exponiendo mucho, Gimeno Mora, e inició faena Senda con la mano derecha
consiguiendo bellos pases de mano baja. Pero el Bohórquez sacó la innoble casta de sus
antecesores y en la porfía por redondear la faena Senda fue encunado entre las astas.
Senda, sin mirarse siquiera, se fue a la cara del toro lo cuadró, le recetó un
estoconazo fulminante y se ganó la oreja.
Tomás Sánchez estuvo en aspirante a todo. Como sus compañeros. Y también, como
ellos, tuvo un toro para lucirse, su primero, que derivó en reservón. Banderilleó con
arrojo y acierto desigual. Con la franela corrió bien la mano, aunque se precipitó en
abrochar las tandas con el de pecho. Al natural lo intentó pero el animal cabeceaba y
abrevió perdiendo con la espada lo conseguido anteriormente. En su segundo clavó mejor
los garapullos pero le tocó en suerte otro de los descastados innobles del encierro. No
obstante trató de meterlo en la muleta con la derecha pues por el pitón izquierdo
cortaba el viaje y se revolvía con feas intenciones. Esas que las figuras cortan de raíz
porque ya tienen otras 34 corridas ajustadas. No era el caso del de Rocafort e insistió
hasta desengañarse.
Raúl Blázquez también estuvo dispuesto toda la tarde pero su primero fue un toro
parado y gazapón. Otro cantar fue el que cerraba plaza. El de Burjassot, lo desorejó de
un lado tras una faena bullidora y vibrante, quizá abusando del tremendismo, pero había
que exponer al máximo.
El País. M.
MÁRQUEZ LUCENA. Edición del 9 de
mayo´99. El Juli abre la puerta grande, vestido de torrentí,
a base de valor
El Juli vestido de antiguo huertano valenciano salió por la puerta grande del coso de
la calle Xátiva. ¿Que por qué iba vestido así? Pues porque esa corrida de máxima
expectación abría una miniferia en honor de la Virgen de los Desamparados y en recuerdo
del escultor valenciano Mariano Benlliure. Un festejo en el que los espadas y las
cuadrillas vestían vistosos trajes de "torrentí"a la antigua usanza
valenciana. También es antiguo en el arte de Cúchares abrir las puertas grandes de los
cosos. Lo es menos, o quizá ya no visto lo visto, que se haga sin hacer lo que se dice
arte, arte puro. Pero El Juli con el que cerraba plaza mandó hasta arrinconar al animal
en las tablas y acobardarlo. Y eso a los tendidos los impresiona mucho. El Juli es,
además, ídolo de jovencitas y no tanto, un joven con talento ante los toros. Ayer
demostró en Valencia que además, recién salido de una cornada seria, se olvida de su
cuerpo y derrocha un valor que es temerario. Ese que le faltó al maestro Manzanares en
sus dos toros, dos bombones, que fueron sin duda lo mejorcito del encierro. El primero se
lo dejó matar en el caballo. Luego no se fió ni un pelo de un animal con las fuerzas
justas pero que metió la cabeza cuantas veces probó y probó el alicantino. Entre
protestas del público dió un sainete con el acero y acabó con el de los Bayones que
fué aplaudido en el arrastre.
Con el segundo de su lote, un toro de preciosas hechuras, noble, presto al cite y con
fijeza, como cayera ante su cara en la faena de capa, también se "asustó" un
poquito Manzanares. Inició faena muy inseguro y como empezara a soplar una ligera brisa
terminó de desconfiarse. Siguió un trasteo en el que al natural aún arrancó pases de
temple pero sin ninguna profundidad, a un noble animal que seguramente hubiesen querido
para sí Ponce o El Juli aunque quizá también les hubiera gustado con menos leña en la
cabeza.
Ponce estaba entre los suyos, y por tanto jugaba en casa, su habitual facilidad le
sirvió para congraciarse con el respetable y hasta incluso conseguir una oreja del
segundo de su lote. Con el primero bis que le tocó en suerte al devolver el inválido la
presidencia, pasó más el de Chiva que el toro y harto de dar zapatillazos al mulo se
fué a por el acero y le dió pasaporte. El quinto metió bien los riñones en el caballo
y todo hacía presagiar que Ponce se lo iba a merendar. Pero por poco lo que nos dan es la
cena. Porque el espada se lo tomó, como casi siempre, con calma. Deja respirar a sus
oponentes. Los mima, los cuida, y luego no les da mucho quebranto con lo cual él no se
ensucia y el burel sólo sufre en la suerte suprema si, como pasó ayer, le meten una
estocada que le remueve todos y cada uno de los órganos que pilla una trapera. Pero
Ponce, además de estar entre amigos, tiene muchos intereses en esta plaza, por ello se
justificó en el quinto incluso haciendo faena de hinojos y poniéndose tremendista. Pues
eso, justificarse y dar pico le valió su único trofeo. Y siendo así se cerró una
puerta que abrió un ciclón que recuerda a aquel Cordobés, por el valor no por su toreo,
que dijo aquello de; " o te visto de luto o te compró un chalet".
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