GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

TOROS EN VALENCIA
Temporada 1999

FERIA DE FALLAS (del 13 al 20 de marzo)
FERIA DE SAN JAIME (JULIO)
Otros festejos celebrados

FERIA DE FALLAS 1999
(del 13 al 20 de marzo)
Premios Diputación

Triunfador del ciclo: Enrique Ponce  Diestro más sobresaliente: "El Juli" Mejor toreo de capa: Curro Romero Mejor toreo de capa de novillero: Sergio Navarro Novillero más destacado: Juan Bautista Mejor toro: Sardinero, de Carmen Lorenzo Mejor ganadería: desierto Mejor brega: Alberto Martínez Mejor par de banderillas: José Antonio Carretero Mejor estocada: Manuel Caballero  Mejor rejoneador: Hermoso Mendoza

El jurado de los trofeos Diputación de Valencia que celebró su reunión en la noche del sábado 20 de marzo, lo preside Miguel Tatay y está formado por un nutrido grupo de toreros, facultativos, catedráticos, políticos y periodistas.

CARTEL , RESULTADOS Y CRÓNICAS DE LA PRENSA

Sábado , 13 de marzo. Novillos de  Guadalest (inválidos y dóciles, dos devueltos), para Juan Bautista (aviso con vuelta y aviso y oreja), Rafael Ronquillo (silencio y silencio) y Sergio Navarro (aviso con ovación y oreja)

Domingo, 14 de marzo. Novillos de Maria Carmen Camacho, para El Renco, José Luis Triviño y José Luis Triviño (VD). Suspendida por lluvia.

Lunes, 15 de marzo. Toros de Cuadri Vides, para "Luis Francisco Esplá", Juan Mora y El Califa (VD). Suspendida por lluvia

Martes, 16 de marzo. Toros de Carmen Lorenzo (5) y de Niño de la Capea (1)(manejables en general, falto de fuerzas), para José Luis Moreno (silencio tras aviso y oreja), Morante de la Puebla (silencio y saludos),  y Alberto Ramírez (silencio tras aviso y palmas de despedida).

Miércoles, 17 de marzo. Toros de Puerto de San Lorenzo (4) y José Luis Pereda (2) (discretos de presencia, bien armados, flojos, manejables en general), para Enrique Ponce (aplausos y saludos, vuelta protestada), El Cordobés (ovación y saludos, oreja) y "El Juli" (oreja y aplausos). Lleno. Crónica del festejo

Jueves, 18 de marzo. Toros de Jandilla (discretos de presencia, ninguna fuerza -varios inválidos- aunque 5º derribó; 4º, como excepción, tomó tres varas; manejables), para Curro Romero (pinchazo atravesado, rueda de peones y descabello -oreja con protestas-; tres pinchazos en el gollete en franca huida y dos descabellos -bronca-; hacía 40 años que tomó la alternativa en este coso), Espartaco (bajonazo tirando la muleta -oreja-; bajonazo tirando la muleta y dos descabellos; se le perdonó un aviso -oreja-; salió a hombros por la puerta grande), y Manuel Caballero (dos pinchazos, otro hondo muy tendido, rueda de peones y dos descabellos -ovación y salida al tercio-; estocada -aplausos-). Lleno. Crónica del festejo.

Viernes, 19 de marzo. Por la mañana. Festejo de Rejones. Toros de Fermín Bohórquez (buenos, en general),. para los caballeros Leonardo Hernández (oreja), Fermín Bohórquez (palmas), Hermoso Mendoza (oreja y petición de la segunda), Martín González Porras (oreja), Paco Ojeda (oreja)y Andi Cartagena (oreja).

Viernes, 19 de marzo. Por la tarde. En directo por T.V.E. Toros de Atanasio Fernández y Aguirre fernández (desiguales, flojos y débiles), para "Litri" (pitos y silencio), Enrique Ponce (silencio, dos orejas y vuelta) y Vicente Barrera (palmas y saludos tras aviso)

Sábado, 20 de marzo. Toros de Alcurrucén, para Vicente Barrera (ovación tras aviso y oreja tras dos aviso), Rivera Ordóñez (oreja y gran ovación) y El Juli (oreja y oreja, salío a hombros). El picador Manuel carrasco resultó herido grave con fractura del fémur derecho.

Fallas 1999
Crónicas de la Prensa

ABC. ZABALA DE LA SERNA. Edición del 18 de marzo´99. El Juli, todo un espectáculo de variedad y
recursos en los primeros tercios

Entramos en los días grandes de las fiestas falleras con el primer «no hay billetes» de la Feria. El tirón de público de "El Juli" se nota allá donde su nombre figura en los carteles. Todo el mundo quiere ver al fenómeno de la temporada, algo que se palpó en el ambiente de la plaza. Julián respondió a la expectación con valor, variedad y recursos, con todo un espectáculo en los primeros tercios. Lástima que la tarde fuera de más a menos.

Enrique Ponce funcionó más con el corazón que con la cabeza ante el manso, recrecido y entero primero; más por adrenalina que por neuronas. Porque, ¿qué hubiera pasado si, como hizo en un principio, toda la faena se hubiera desarrollado por bajo, con poderío, muy Roberto, muy Domínguez, en lugar de intentar el toreo fundamental y absurdo esta vez? A Ponce cabe exigirle mucho más aparte de valor. Y así, por ejemplo, un torero de su talla debe mover los caballos para agilizar un tercio de varas imposible y saber lidiar la mansedumbre complicada. El picador de tanda, Manuel Quinta, estuvo superior y rápido de reflejos, aun a costa de transgredir las rayas del tercio; sin embargo, Mariano de la Viña, que en su día ha sido un gran peón, tiró las tres cartas con los palos, desconfiado y ligero. Toro, en definitivas cuentas, para demostrar una tauromaquia perdida, necesaria en semejantes casos, para dar la medida de figura del toreo. El joven maestro de Chiva fue menos maestro de lo esperado y se vio desbordado por las adversas circunstancias.

Pertrechado con dos impresionantes velas apareció el cuarto, de José Luis Pereda y hueco por dentro. Saavedra lo midió mucho en dos puyazos muy buscados y trabajados, de buen piquero. Al último tercio llegó el toro con un corto viaje e inciertas intenciones. A la salida de cada muletazo buscaba las zapatillas. Serio susto se llevó Ponce cuando se le venció por el pitón izquierdo y lo encunó sin consecuencias. El valenciano prosiguió con tenaz y voluntarioso esfuerzo. No quiso concluir su labor sin intentarlo otra vez al natural: nuevamente se vio comprometido. Escuchó otro aviso y dio la vuelta al ruedo, tras dejar una estocada desprendida y manejar el descabello con acierto.

Decisión demostró El Cordobés durante toda su actuación, desde los lances a pies juntos de recibo a un alegre quite por chicuelinas. El Juli entró en lid por navarras, con más voluntad que acierto. Fue la mencionada decisión de Díaz la virtud básica de su primera faena ante el reservón e incierto toro de Puerto de San Lorenzo, que, a la larga, sería de lo mejorcito de la tarde. Tras la apertura en los medios y de hinojos, tiró con largura de su enemigo en la siguiente serie. El resto trató de pasárselo lejitos, aunque tragó ricino en los pases de pecho, cuando el astado, como siempre, tomaba la franela al paso. A la hora de matar, el diestro de Arganda abandonó la rectitud de la suerte y pinchó dos veces, antes de colocar media estocada desprendida. Una ovación recogida desde el tercio agradeció su voluntad de agradar.

Avisado y peligroso resultó el quinto, con el que El Cordobés anduvo digno y valeroso. Un desarme en mitad del largo trasteo deslució aún más su labor. Debió abreviar y cesar en su empeño de sacar agua de un pozo seco. Toda la dignidad que había derrochado se perdió con un alevoso bajonazo. 

El Juli es un alarde de variedad, valor y recursos, todo un espectáculo, durante los primeros tercios. Derrochó temple en las verónicas de saludo; torería, en el galleo por chicuelinas; improvisación, en un quite otra vez por chicuelinas y tafalleras, abrochado con medio farol y una barroca caleserina. También bulló con los palos, siempre por el pitón derecho, siempre fácil y ganándole con facultades la cara a su enemigo, a veces con demasiada ventaja. La gente se partía las manos tras el último par, por los adentros. Sin embargo, lo que tenía visos de convertirse en una importante faena, se quedó en poca cosa: el astado de Puerto de San Lorenzo apenas duró una serie diestra y ligada, y sanseacabó. Arropado por el silencio transcurrió todo su quehacer. Sólo una buena estocada recuperó el entusiasmo de los tercios iniciales. Por todo aquello, se apuntó una oreja.

«Cojo» con los palos

El serio sexto renqueaba de los cuartos traseros con descaro. Julián volvió a brillar con el capote, desde las verónicas a pies juntos de la salutación a un quite muy aplaudido por caleserinas. Demostró, de nuevo, una gran seguridad con las banderillas en un par al cuarteo y en otros dos al sesgo, de dentro a fuera, ninguno por el pitón izquierdo. El Juli «cojea» con los garapullos, algo así como el madridista y zurdo Raúl pero al revés. Su enemigo alcanzó el tercio final con un recorrido corto. Sólo durante las primeras series logró alargar los viajes por ambos pitones. Después, únicamente le quedó el camino de porfiar, tal vez con demasiada insistencia. Dejó las puertas abiertas para un mayor triunfo el próximo día 20.

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El País, JOAQUÍN VIDAL. Edición del 19 de marzo´99. Curro corta una oreja

Curro cortó una oreja, ¡por éstas! y, si no, que me dé ahora mismo un flux.
Se la cortó al primer toro, justo el que cuadraba con el 40º aniversario de su alternativa.

El señor Curro se las gasta así. ¿Creyó alguien que vendría a tirar líneas, merecer broncas, provocar chuflas? Pues se equivocó.

Tan pronto saltó a la arena el primer toro se hizo presente Curro y meció el capotillo gracioso embarcándole en tres verónicas de categoría, mejor aún la media.

Con la muleta parecía Tarzán. No se refiere uno a la atlética complexión del héroe -aunque está hecho un chaval, con sus 65 años metidos dentro del terno-, sino a la disposición, a la porfía, al cruzamiento y al desdoblamiento, a la generosa entrega para sacarle al renuente bóvido los no muchos pases que tenía.

Se los sacó uno a uno, con orden y concierto, primero por la derecha, luego por la izquierda, y los hubo de calidad excepcional.

Cuanto más hondos son los pases menos se les pueden dar a un toro normalmente constituido, pues pierden la fuerza en el forzado seguimiento del señuelo y rinden la codiciosa agresividad en el muleteo dominador. Ya se sabe: en toreo, o manda el toro o manda el torero. Y allí la soberanía la ejercía Curro Romero, Faraón de Camas, capricho de la naturaleza.

Más fueron los cites y las intentonas que el toreo sustancial, pues el bovino espécimen, anormalmente constituido, de resuello andaba falto, de bravura corto y no estaba para trotes ni para pasodobles. Dictada sentencia, esbozó Curro un desplante marchoso, montó la espada, hizo como si se fuera a comprar tabaco con ella, pinchó raudo al paso, descabelló luego y le concedieron una oreja. Por éstas que se la concedieron.

Dio Curro la vuelta al ruedo con una alegría incontenible, la sonrisa de oreja a oreja y el cuerpo bailándole por sevillanas. No era para menos, cortar una oreja a estas alturas de la vida, en el 40º aniversario de su alternativa. Y el júbilo estalló en el graderío, aunque otra le quedaba a la afición y se aguantaba decir -con cualquier otro no tendría tanto miramiento- que esa oreja regalada habría abochornado al Cúchares.

Pero al ver, corrida adelante, cómo caían otras orejas, cómo se las llevaba Espartaco sin cuajar pases de fundamento, incluso después de pegar un sainete, reconsideró el juicio, modificó conclusiones -de sabios es rectificar- y juraba -¡por éstas!- que Curro había merecido dos.

Al cuarto toro, de natural inocente, permitió Curro que lo picaran duro, casi que se lo mecharan, le trapaceó la cara a prudencial distancia y acabó acuchillándole el gollete en la suerte innoble que llaman paso de banderillas. Y se ganó un broncazo monumental. Nadie negará que, por lo menos, la cosa tiene ángel.

Las excelsitudes de los toreros de arte, aún simplemente apuntadas, tienen el inconveniente de que a los demás se les nota la vulgaridad. A Espartaco se le notó mucho, ya en su primer toro, al que consiguió sacar unos derechazos guardándose de que no se le ciñera al nada relajado cuerpo y, de ahí en adelante, perdió el rumbo, sufrió un acosón, se vio achuchado y perseguido; e incapaz de emplear ningún recurso lidiador, lo mató de un feo bajonazo. Y le dieron la oreja.

Valencia estaba de un orejismo desbocado. La plaza de Valencia tenía aires de casquería. En el quinto la faena de Espartaco, demasiado larga, reiterativa y precipitada para la borrega condición del animal, tampoco tuvo pases relevantes, salvo los de pecho empalmados y los rodillazos tremendistas. De nuevo estoqueó los blandos y volvió a recibir una oreja que le abriría la puerta grande.

Igual de voluntarioso y ajeno al arte estuvo Manuel Caballero, que sufrió un volteretón al iniciar una chicuelina. Y si llega a matar a la primera al tercer toro le hubiese cortado la oreja también. Es un suponer, porque al sexto lo mató a la primera y no le cortó nada. La pública opinión es así de veleidosa.

Es característico del arte en el toreo que, si se produce -a veces basta una pincelada-, la afición lo recuerda de por vida y no para de rumiarlo en sus místicas soledades. En cambio si no hay arte, ya puede el torero estar la tarde entera pegando pases que, muerto el toro, ni Dios se acuerda de ninguno. Y eso es lo que sucedió.

Transcurridas dos horas largas de pegapasismo tenaz, sacaron a hombros por la puerta grande a Espartaco, triunfador por doblemente orejeado. Pero lo que quedaba en el recuerdo era aquel quite de Curro el Faraón; las tres verónicas mecidas y, sobre todo, la media verónica final, suave, reunida, mágica, que sólo puede engendrar el arte de un torero verdadero.


FERIA DE SAN JAIME
JULIO 1999

Domingo, 18 de julio. Toros de Cuadri Vides (bien presentados, en el tipo del encaste; flojos -algunos, inválidos-, nobles en general), para "Luis Francisco Esplá" (tres pinchazos y cuatro descabellos -silencio-; pinchazo -aviso-, dos pinchazos y descabello -ovación y saludos-), Emilio Muñoz (dos pinchazos, otro muy bajo y se echa el toro -bronca-; pinchazo, bajonazo escandaloso -aviso- y dobla el toro -silencio-); y El Califa (estocada trasera a un tiempo, rueda insistente de peones y descabello -oreja-; media atravesada escandalosamente baja -aviso- y dobla el toro -aplausos-). Dos tercios de entrada. Crónica de El País

Lunes, 19 de julio. Erales de Santiago Domecq (bien presentados, con casta y nobleza). Para los seis alumnos de la Escola Taurina de València:  Lumbrerita: pinchazo y estocada (oreja). Fernando López: pinchazo perdiendo la muleta -aviso- y bajonazo (vuelta). Carlos Barón: pinchazo hondo -aviso-, rueda de peones y cuatro descabellos (vuelta). El Javi: estocada corta saliendo desarmado y perseguido, rueda de peones, pinchazo hondo perpendicular delantero -primer aviso con retraso -, pinchazo, dos pinchazos hondos perpendiculares pescueceros, rueda de peones, descabello -segundo aviso con retraso- y descabello (ovación y salida al tercio). Juan Romo: estocada corta delantera (oreja con escasa petición). José Luis Miñarro: tres pinchazos, estocada -aviso- y dobla el novillo (aplausos y saludos). Menos de media entrada. Crónica de El País.

Martes, 20 de julio. Novillos de Javier Sánchez Arjona (enrazados y muy blandos; nobles en general. El segundo, inválido. Cómodos de cabeza). Para José Manuel Monteliú (ovación y silencio),Juan Baustista (oreja y vuelta al ruedo por su cuenta)y El Fandi (dos orejas y oreja). Algo más de un tercio de entrada. Crónica de El Mundo.

Miércoles, 21 de julio. Novillos de Teófilo Segura, para Mario Coelho, David Vilariño y Sergio Navarro

Jueves, 22 de julio. Toros de Samuel Flores, para Espartaco, Enrique Ponce y Vicente Barrera

Viernes, 23 de julio. Toros de Valdefresno, para José María Manzanares, Vicente Barrera y Rivera Ordóñez

Sábado, 24 de julio. Toros de Victorino Martín, para Juan Mora, Enrique Ponce y Pepín Liria

Domingo, 25 de julio. Toros de Toros de Fermín Bohórquez, para los caballeros Leonardo HernándezFermín Bohórquez, Luis Domecq, Antonio Domecq, Martín González Porras y Andi Cartagena


FERIA DE JULIO
Crónicas de la prensa

El Mundo. JAVIER VILLAN. Edición del 21 de julio´99. Fandila espabila y arma el taco

Fandila armó el taco; y no sólo con las banderillas. Ojo al detalle. David Fandila, El Fandi, se metió al público en el bolsillo del chaleco donde otros toreros llevan un pañuelo de encaje o el relicario para la novia, pisa morena, pisa con garbo, que un relicario me voy a hacer con el trocito de mi capote que haya pisado tan lindo pie.

El Fandi no tiene sitio para relicarios y se metió en el chaleco la voluntad del público y la voluntad del presidente, que es un alma de cántaro, mayormente cuando de novillos inválidos se trata. Y por allí, por el bolsillo del chaleco, rebosaban palmas, ovaciones y orejas. En teatro, a esto se le llama pasar batería. Y una vez que se ha pasado batería, conseguir que el público no se vaya. A David Fandila no se le fue nunca; y el noble novillo, tampoco. Desde que replicó el solemne y hermoso quite de Montoliú, hasta el descabello: tres faroles airosos que bien pudieran ser las cinco farolas melancólicas y rituales de la vereíta verde de doña Concha Piquer.

El número fuerte de Fandila son las banderillas, el par de la moviola, el par del molinillo, el par del violín; aunque, donde esté un par por los adentros y otro de poder a poder, como en el sexto, que se quite todo lo demás. Pero tampoco hay que cogérsela con papel de fumar; vale el espectáculo y El Fandi mete marcha y función al tercio de banderillas y al resto. Demostró que puede ser algo más que un banderillero.

Tremendismos

A Manuel Machado le bastaba, y aún le sobraba, con esto. Y, antes que un tal poeta, le hubiera gustado ser un buen banderillero. A Fandila, no; Fandila toreó superiormente con la izquierda y más superiormente aún con la derecha; intercaló tremendismos y rodillazos con bellas trincherillas, clasicismos leves con heterodoxias. Y con la capa exhibió afiligranada variedad. Y mata al salto y de capón, y a veces sale rebotado del encuentro; pero con eficacia.

José Manuel Montoliú ha cantado estos días las verdades del barquero: casi siempre los novilleros tienen que pagar por torear. Con esto, el futuro de los novilleros es la ruina, la hipoteca o la huida, salvo algunos casos excepcionales. Mañana quizá haya ocasión de hablar sobre el estado de la cuestión novilleril. Hoy Montoliú, de trágica estirpe banderillera y con más razón que un santo, no tuvo la suerte de cara; buenas formas, apuntes... La gente quiere verlo poniendo banderillas; supongo que eso es un mal recuerdo que quiere ahuyentar de su vida. Si hay que poner banderillas, ya llegará el momento inevitable.

Quien de verdad empezó metiéndose al público en el bolsillo fue Juan Bautista, elegante, pulcro y francés. Y con voluntad de perfección. Pero el respetable acabó yéndosele. Su primer novillo fue un alma en pena, sufriente e inválida; y su segundo era un místico tontibobo; mas no tanto que, al ver la pantorrilla de Juan Bautista en la pala del pitón, no sucumbiese a la tentación y le metiese mano. Ni siquiera con esta voltereta recuperó Juan Bautista al público. Lo había perdido al concluir la vuelta al ruedo en el que paseó la oreja. Este novillo desorejado era un inválido sin remedio y fue una desvergüenza mantenerlo en el ruedo. Ya podía Juan Bautista Jalabert hacerle monerías, pinturerías y monsergas a semejante ruina. Ni eso era un novillo, ni aquello, aunque bonito, toreo de verdad. Juan Bautista cumplió con profesionalidad y toreó lo que le echaron.

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El País
. JOAQUÍN VIDAL
, Valencia. Edición del 20 de julio´99

Lo bueno de estos festejos de promoción es que, como su propio nombre indica, se da oportunidad de torear a los aspirantes a figuras y demostrar sus cualidades artísticas. Lo bueno suele ser también que resultan muy entretenidas y la afición se encuentra con grandes sorpresas. En realidad la afición acude a comprobar si entre los meritorios está el Mesías prometido. Se le busca y se le espera, es cierto. Anda la fiesta tan crítica y decadente -tan mustia y chuchurría, dirá un clásico- que ese Mesias anunciado en la liturgia táurica se ha convertido en necesidad perentoria. La fiesta ya no aguanta más. Si tarda, ya no la salva ni dios. O sea, él.

Nada hizo concebir la evidencia de que entre los seis neófitos estaba el Mesías salvador de la fiesta secular y mágica. Pero uno tampoco lo descartaría. Los mesías -quienes han leído lo saben- vienen de incógnito. En La tournée de Dios que escribió Jardiel Poncela, el Mesías aparecía en este valle de lagrimas transmutado en hombrecillo insignificante vesti do con un guardapolvo gris.

Son cosas de los mesías: irse apareciendo poco a poco para no producir un sobresalto y poner de infarto a media Humanidad. Si ahora apareciera de repente un Joselito maestro dominador con su quite del bú y todo, o un Belmonte sacándose del sobaquillo la media belmontina, a la afición la daba un flux.

¿Quién podría negar, sin embargo, que el mesías del toreo no estuviera en El Javi? El Javi, un niño, niño auténtico, de los que lo parecen, al que apetecía regalarle la Posición fortificada, hizo un toreo importante. Un toreo de largura insuperable, de mando férreo, de templanza exquisita. Caray con El Javi . Más bajito que el eralote, se agigantaba en las reunidas tandas de redondos y naturales que dio, abrochadas con hondos pases de pecho. Claro que, tan pequeñín, no alcanzaba a matar, pinchó donde podía, oyó dos avisos y aunque la afición le ovacionó con calor, se retiró hecho un mar de lágrimas.

Candidatos a mesías había otros. Por sus obras le reconoceréis. Allí Lumbrerita, variado capoteador, mediocre muletero salvo cuando juntaba las zapatillas y entonces, igual a derechas que a izquierdas, el toreo le salía bordado.

El eral de Lumbrerita embestía con nobleza, y pareció que había tenido suerte, mas pudo comprobarse a continuación que todos dispusieron de igual género. Los pupilos de Domecq, no fáciles a causa de su temperamento enterizo, poseían excelencia por su encastada nobleza.

Rasgos de mesías taurino mostró Fernando López -hermano mayor de El Javi- por la larga cambiada en la que resultó arrollado y salvó la piel de milagro; por su corajudo faenar, por su generosa entrega. Y Carlos Barón, que iba de mediocre y en cambio hizo sin mácula, mayestático y preciosista, el toreo al natural. Y José Luis Miñarro que, dentro de sus muchas carencias, esa suerte al natural la interpretó mejor que nadie, incluidas la ganacia de terrenos, la ligazón y el temple que constituyen su fundamento. Y Juan Romo, tesonero, voluntarioso, inacabable en la ejecución de los pases propios de la fiesta necesitada de redención.

Unos por otros, la novillada se llenó de lagunas, según corresponde cuando actúan torerillos en ciernes, carentes de experiencia. Unos por otros exhibieron en diversos pasajes y a impulso de las aleatorias inspiraciones lo mejor del arte de torear.

Los mestres Víctor Manuel Blázquez y Ángel de la Rosa, bajo la dirección del mestre mayor El Turia , les han enseñado mucho y bien. A los dos primeros quisiera ver la afición en el coso de Valencia, que es su tierra, pues ambos atesoran una torería indiscutible. Pero no los contratan; ni en su tierra. El mundo empresarial taurino precisa asimismo con urgencia un mesías que venga y eche a los mercaderes del templo. A gorrazos, si es preciso. ¡Oh qué maravilloso sueño si se produjera semejante prodigio .

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El País
. JOAQUÍN VIDAL
, Valencia. Edición del 19 de julio´99

Para ser califa no hace falta haber nacido en Córdoba; se puede ser de Xàtiva. Ni hace falta llamarse Abderramán; con Pepe basta. Demostración: en Xàtiva tienen un califa de nombre José Pacheco, para los íntimos Pepe. Y es torero. No hay más que verlo: se pone delante de los cuadri, y ya le pueden venir rabiosos o reservones, francos o inciertos, que les aguanta las intemperancia, los templa y los manda.

El Califa consiguió un éxito en la primera corrida de la famosa Fira de Juliol valenciana. No porque ofreciese una exhibición pegapasista como es habitual; no porque se pusiera tremendista, que es el sucedáneo del valor en quienes van de suicidas. Sino porque aquello de parar, templar y mandar lo hizo con cabal cumplimiento de los cánones y a toda costa.

Lo hizo incluso a costa de la cornada, que no se llevó sin que se sepa con exactitud el motivo. Pues aguantando parones y acosones de su primer toro, en una de esas iba a engendrar el pase de pecho cuando el toro metió un derrote bestial por salva sea la parte, que lanzó al Califa y su califato por los aires. Cayó de pie el egregio -literalmente cayó de pie- y en vez de quejarse o salir corriendo tal cual habríamos hecho todos al grito de "sálvese quien pueda", tal cual quedó al caer resolvió el nuevo derrote que ya tiraba el toro girando entre sus mismas astas un bizarro molinete.

La verdad es que El Califa nos ponía el corazón en un puño. Empezó al recibir a sus toros. A los dos. Embestían ambos veloces, violentos, rebrincados, empujando a tablas, y allí, pegado a las mismas, aguantaba marea, bajaba la mano, se embraguetaba el que no necesita llamarse Abderramán para ser proclamado califa. Cortó una merecida oreja de su primer toro y habría añadido un par más si no llega ser porque al cuadri que cerró plazo le fundió las entrañas mediante un infamante bajonazo que habría requerido levantar atestado.

No se crea que El Califa fue el único acuchillador. Sus compañeros de terna también se las traían. No tanto Luis Francisco Esplá, que andaba de pinchauvas; con todos los agravantes Emilio Muñoz que apuntaba a los blandos presa de indisimulada mala idea.

A Muñoz le abroncaron mucho. Su trasteo desmedrado, su avinagrado aliño, su desconfianza total con el segundo toro provocó las lógicas y muy airadas protestas del público. Repetía la acción con el quinto toro y en su transcurso debió darse cuenta de que aquel cuadri era un bendito de Dios. Del dios Tauro, se quiere decir. Y tras estar largo rato dando la nota con el trapaceo, de repente se echó la muleta a la izquierda y corrió la mano estupendamente por naturales. Bastante encorvado, por cierto -que debe ser postura propia de la madurez-, pero ahí quedó eso. Y vinieron después derechazos de buen corte.

Descubierta la bondad del toro Emilio Muñoz no quería perdérselo, y seguía, y se puso pesado, y al público -que recordaba el episodio anterior- no le acababa de convencer, y acabó de estroperalo todo con el sartenazo final que endilgó.

Dentro del ramillete de estoqueadores malos, la estratagema pinchauvas que empleó Luis Francisco Esplá constituía sólo pecado venial. Y además lo condonó la torería que estuvo desplegando en los sucesivos tercios.

Capotero eficaz, también adornado por faroles y serpentinas a su debido tiempo, banderillero de recursos, las dos faenas de muleta de Esplá tuvieron pasajes de calidad. Al cuarto cuadri -que desarrolló gran nobleza- le sacó naturales de magnífico trazo, y ambos muleteos poseyeron fundamento lidiador, enriquecido por ese aroma que dimana de los toreros verdaderos.

Está Esplá de pocos contratos, sufre vetos, y lo cierto es que se le echa en falta. Pegapases no será -ni falta que hace- pero la torería es su marca y de este valor esencial apenas queda rastro en el actual concierto taurino.

Torería, que se lleva en el alma; torería, que es sinónimo de dignidad. Torería que es ir con la verdad por delante. El califa setabense parece que la atesora, o se la está labrando, y pide paso para poder demostrarlo; y no pía sino que se arrima y torea. Se arrima y aguanta, bien asentadas las zapatillas en la arena; torea con las de parar, templar y mandar que es la regla de oro de este arte exclusivo. O al menos así lo hizo en Valencia. Luego pegó un mandoble infame por el que debió ser conducido al cuartelillo para tomarle declaración y que le sirviera de escarmiento.


Otros Festejos celebrados

Domingo, 9 de mayo. Valenccia. Novillos de Maria del Carmen Camacho (1º, 4º y 6º de buena presencia y encastado; el resto sin casta), para Mario Coelho (dos vueltas y oreja), Oscar Sánz (aviso, silencio y aviso y silencio) y Antonio Saavedra (aviso y silencio, silencio). Los tres debutaban

Sábado, 8 de mayo. Plaza de Valencia. Cuatro toros de Los Bayones, 1º encastado, 3º noble, 4º boyante, 5º sin casta. Dos toros de Gabriel Hernández, que no sirvieron y fueron sustituidos por dos de Carmen Borrero, descastados pero nobles. Para José María Manzanares: dos pinchazos y media (pitos); estocada corta y cinco descabellos (ovación). Enrique Ponce: media (ovación); estocada tendida, caída y trasera (oreja). Julián López, El Juli: estocada y dos descabellos (oreja); metisaca y estocada (oreja). Salió a hombros por la puerta grande. Corrida en memoria de Mariano Benlliure. Casi lleno. Crónica de El País

Domingo, 4 de julio. Novillos de hermanos Sorando (al sexto se le premió con la vuelta al ruedo en el arrastre), para Reina Rincón (silencio tras un aviso y silencio); Maite Alcalá, silencio tras un aviso y silencio; Jesús Millán, ovación y dos orejas (salió a hombros).

Domingo, 19 de septiembre´99. Andy Cartagena  rejoneará un astado de la ganadería de La Herguijuela, y los novilleros locales José María Fijo "El Ciento", Sergio Gómez "Gallito" y Sergio Navarro lidiarán un encierro de Mariano Sanz.

Domingo, 31 de octubre99. Festival taurino.Reses de distintas ganaderías, para El Mangui (dos orejas), Luciano Núñez (oreja), José Antonio Carretero (ovación), Maite Alcalá (vuelta tras aviso), Hipólito (vuelta), Mariano de la Viña (oreja) y Martín González Porras (oreja). Crónica de ABCABC.

Viernes, 8 de octubre99. Novillos de Pedrés, para Fernando López, Carlos Barón y Antonio Juan.

Sábado, 9 de octubre99. Toros de Fermin Bohórquez (correctos de presentación; 1º, 3º y 5º, descastados), para Paco Senda (tres pinchazos, media estocada baja y dos descabellos -ovación-; estocada -oreja-), Tomás Sánchez (estocada tendida baja, estocada tendida contraria -aviso-, pinchazo, estocada y descabello -ovación-; pinchazo y estocada -vuelta-) y Raúl Blázquez (bajonazo -ovación-; estocada -oreja-). Crónica de El País.


Crónicas de la prensa

ABC, FRANCISCO PICÓ. Valencia, edición del 1 de noviembre '99.    Brillantes y toreras actuaciones de El Mangui y Luciano Núñez en Valencia

Los desvelos de ese gran subalterno que es Luciano Núñez en la organización del festival del Montepío de Toreros de la Región Valencia no se vieron recompensados en lo que se refiere a la entrada. Sin embargo, sí lo fue en lo que respecta a la actuación de sus compañeros. Abrió plaza el rejoneador Martín González Porras con un novillo de Teófilo Segura (oreja). Lo bueno vendría con El Mangui, que toreó espléndidamente con el capote a un ejemplar de la ganadería de Litri, meciendo los brazos con un temple y armonía. También con la franela rayó a gran altura (dos orejas).

Luciano Núñez no fue menos que su compañero toreando a la verónica. Con la muleta se lució ante un novillo de Jiménez Pasquau en series sobre la mano diestra en las que hubo mando y quietud (oreja).

José Antonio Carretero clavó tres pares con su acreditada clase a un deslucido astado de San Martín. Marró con los aceros (ovación).

Hipólito se las vio con un serio toro de Guadalest con el que anduvo sobrado (vuelta).

La alumna de la Escuela de Valencia Maite Alcalá se mostró decidida con un serio revolcón incluido ante un novillo de Garcigrande (aviso y vuelta). Cerró plaza Mariano de la Viña que salió con el traje en pedazos a causa de una cogida sin consecuencias. Se le concedió una oreja.

Manzanares y Litri ejercieron de directores de lidia desde el callejón, Rivera Ordóñez pusó un lucido par al quiebro en el último y Bigote Arrocet y Arévalo derrocharon voluntad y simpatía a raudales

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El País, MÁRQUEZ LUCENA. Valencia, edición del 10 de octubre '99.     Voluntades rotas.

De nuevo volvía a abrirse el coso de la calle Játiva con un festejo mayor. Lo hacía con una corrida, en el día de la Comunidad Valenciana, en la que la voluntad de los tres espadas se rompió contra unos astados, tan correctos de presentación como negados para darles una mejor oportunidad a estos tres toreros de la tierra que casi empezaban temporada cuando ya toca a su fin. Es decir que tanto Senda, como Sánchez y Blázquez se han puesto el traje de luces no más de un par de veces esta temporada.

Cierto es que fue una de esas corridas como tantas otras se ven a las figuras. Estos toreros de la tierra merecían una oportunidad y la tuvieron. Cierto también, que incluso habiendo salido por la puerta grande, poco o casi nada pasaría con sus carreras. No dieron la espantá y se fajaron con unos toros descastados de respetables cornamentas. Una oportunidad que siempre puede ser la última y eso descoloca más que mil marrajos juntos. Alguno de esos hubo sobre el albero. El que abrió plaza, por ejemplo, ya rompió la taleguilla de Paco Senda, por suerte sin pasar de ahí. Por contra tuvo que tragarse un par de tandas con la derecha. No aceptó ni un natural y así las cosas Senda lo mató como pudo y a otra cosa. Pero quiso el destino que el cuarto fuera un torazo de 625 quilos, y otros tantos de feas intenciones. Había clavado un par de rehiletes de mérito, exponiendo mucho, Gimeno Mora, e inició faena Senda con la mano derecha consiguiendo bellos pases de mano baja. Pero el Bohórquez sacó la innoble casta de sus antecesores y en la porfía por redondear la faena Senda fue encunado entre las astas. Senda, sin mirarse siquiera, se fue a la cara del toro lo cuadró, le recetó un estoconazo fulminante y se ganó la oreja.

Tomás Sánchez estuvo en aspirante a todo. Como sus compañeros. Y también, como ellos, tuvo un toro para lucirse, su primero, que derivó en reservón. Banderilleó con arrojo y acierto desigual. Con la franela corrió bien la mano, aunque se precipitó en abrochar las tandas con el de pecho. Al natural lo intentó pero el animal cabeceaba y abrevió perdiendo con la espada lo conseguido anteriormente. En su segundo clavó mejor los garapullos pero le tocó en suerte otro de los descastados innobles del encierro. No obstante trató de meterlo en la muleta con la derecha pues por el pitón izquierdo cortaba el viaje y se revolvía con feas intenciones. Esas que las figuras cortan de raíz porque ya tienen otras 34 corridas ajustadas. No era el caso del de Rocafort e insistió hasta desengañarse.

Raúl Blázquez también estuvo dispuesto toda la tarde pero su primero fue un toro parado y gazapón. Otro cantar fue el que cerraba plaza. El de Burjassot, lo desorejó de un lado tras una faena bullidora y vibrante, quizá abusando del tremendismo, pero había que exponer al máximo.


El País.  M. MÁRQUEZ LUCENA. Edición del 9 de mayo´99. El Juli abre la puerta grande, vestido de torrentí, a base de valor

El Juli vestido de antiguo huertano valenciano salió por la puerta grande del coso de la calle Xátiva. ¿Que por qué iba vestido así? Pues porque esa corrida de máxima expectación abría una miniferia en honor de la Virgen de los Desamparados y en recuerdo del escultor valenciano Mariano Benlliure. Un festejo en el que los espadas y las cuadrillas vestían vistosos trajes de "torrentí"a la antigua usanza valenciana. También es antiguo en el arte de Cúchares abrir las puertas grandes de los cosos. Lo es menos, o quizá ya no visto lo visto, que se haga sin hacer lo que se dice arte, arte puro. Pero El Juli con el que cerraba plaza mandó hasta arrinconar al animal en las tablas y acobardarlo. Y eso a los tendidos los impresiona mucho. El Juli es, además, ídolo de jovencitas y no tanto, un joven con talento ante los toros. Ayer demostró en Valencia que además, recién salido de una cornada seria, se olvida de su cuerpo y derrocha un valor que es temerario. Ese que le faltó al maestro Manzanares en sus dos toros, dos bombones, que fueron sin duda lo mejorcito del encierro. El primero se lo dejó matar en el caballo. Luego no se fió ni un pelo de un animal con las fuerzas justas pero que metió la cabeza cuantas veces probó y probó el alicantino. Entre protestas del público dió un sainete con el acero y acabó con el de los Bayones que fué aplaudido en el arrastre.

Con el segundo de su lote, un toro de preciosas hechuras, noble, presto al cite y con fijeza, como cayera ante su cara en la faena de capa, también se "asustó" un poquito Manzanares. Inició faena muy inseguro y como empezara a soplar una ligera brisa terminó de desconfiarse. Siguió un trasteo en el que al natural aún arrancó pases de temple pero sin ninguna profundidad, a un noble animal que seguramente hubiesen querido para sí Ponce o El Juli aunque quizá también les hubiera gustado con menos leña en la cabeza.

Ponce estaba entre los suyos, y por tanto jugaba en casa, su habitual facilidad le sirvió para congraciarse con el respetable y hasta incluso conseguir una oreja del segundo de su lote. Con el primero bis que le tocó en suerte al devolver el inválido la presidencia, pasó más el de Chiva que el toro y harto de dar zapatillazos al mulo se fué a por el acero y le dió pasaporte. El quinto metió bien los riñones en el caballo y todo hacía presagiar que Ponce se lo iba a merendar. Pero por poco lo que nos dan es la cena. Porque el espada se lo tomó, como casi siempre, con calma. Deja respirar a sus oponentes. Los mima, los cuida, y luego no les da mucho quebranto con lo cual él no se ensucia y el burel sólo sufre en la suerte suprema si, como pasó ayer, le meten una estocada que le remueve todos y cada uno de los órganos que pilla una trapera. Pero Ponce, además de estar entre amigos, tiene muchos intereses en esta plaza, por ello se justificó en el quinto incluso haciendo faena de hinojos y poniéndose tremendista. Pues eso, justificarse y dar pico le valió su único trofeo. Y siendo así se cerró una puerta que abrió un ciclón que recuerda a aquel Cordobés, por el valor no por su toreo, que dijo aquello de; " o te visto de luto o te compró un chalet".

 

 

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