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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del domingo, 20 de marzo de 2005
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín
(desiguales, justos de fuerzas, al 2º se le dio la vuelta al ruedo)
Diestros:
Entrada: lleno en los tendidos.
Crónicas de la prensa:
El País,
ABC,
  
Más imágenes del festejo
El País. Encabo,
la madurez de un torero
El toro se presentó en la plaza. El torero, también. Ayer hubo toros
y toreros en Valencia. Y, por lo tanto, emoción. No se pide tanto para
que la tauromaquia tenga dignidad en Valencia. Lo de ayer fue un orgullo;
lo del día anterior, una canallada.
Luis Miguel Encabo le cortó una oreja al segundo de Victorino.
Posiblemente, la oreja de mayor peso de toda la feria. Muy agresivo el
toro en el tercio final, humillado bajo la poderosa muleta de Encabo, fue
premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Excesivo. No fue toro de
tanto honor póstumo. Primero, porque manseó en varas, en las dos que tomó,
y después, porque escarbó más de la cuenta.
Toro de público. Ya fue repetidor en los quites de Encabo y Ferrera,
el primero por chicuelinas y el segundo por verónicas, y en ambos casos
trances muy ajustados. Encabo, siempre puesto muy de verdad, le pudo y le
toreó. Fue un enfrentamiento de poder a poder. Muy bien toreado el toro.
Sometido. Mano baja. Las series bien atadas. Siempre con emoción.
Un salto de calidad, que no de emoción, hubo de ese toro al resto. El
cuarto, por ejemplo, fue el menos victorino de la corrida. No tanto
por hechuras, pero sí por juego. Noblón, pecó de soso y algo andarín.
Esplá, fácil con él en banderillas, le anduvo detallista en la muleta.
Más a fondo se empleó con el primero. Mirón el toro, no le permitió al
alicantino más que probar por aquí y por allá. Ni pasaba el toro, ni se
dio coba Esplá, que liquidó la situación con suficiencia.
Otro de los toros de marcado aspecto asaltillado fue el quinto.
Difícil ejemplar. Gotas de manso en el primer tercio y tobillero en la
muleta, sin acabar nunca el viaje. En fin, un victorino en regla.
Encabo, que parece a punto de alcanzar la plenitud como torero, se enfrentó
a él con gallardía. Muy torero. Los tiempos de la faena bien medidos
entre serie y serie. Y los muletazos, milagrosamente bien rematados.
Defensivo el tercero de la tarde y crecido el sexto, que fue el menos
toro de la corrida, fueron toros de lucha. Una manera distinta de entender
la lidia por parte de Ferrera. Las dos faenas, un cuerpo a cuerpo. Una
pelea de tú a tú. Muy motivado, Ferrera se metió de lleno en un campo
de minas. Sorteó el peligro y sólo la espada le privó de llevarse una
oreja del sexto.
ABC.
ZABALA
DE LA SERNA. Luis Miguel
Encabo, con su cara de niño bueno, es un torerazo de pies a cabeza. Ayer
lo demostró con un victorino vivo como su dueño, que metió en el
bolsillo a la plaza entera, al gentío que obvió las seis o siete veces
que escarbó, entre ellas una antes del segundo de los dos puyazos que tomó
sin celo y pereza, con deseos de fuga. De hecho quedó entero, casi sin
sangrar. De ahí el trepidante ritmo que impuso en el tercio de muerte, la
velocidad a la que repitió con el hocico por el suelo, cómo reponía en
la muleta de Encabo, que siempre ligaba presto, dispuesto, con la figura
plantada y la mano adelantada y muy baja. El público se encantó con la
vivacidad del encastado toro, olvidando el juego en el caballo o la de
veces que hoyó la arena, a la hora de solicitar la vuelta al ruedo en el
arrastre.
Y, sin embargo, lo que es la vida, la faena más intensa de toda la feria
se quedó sin puerta grande. Encabo lanceó con primor a la verónica en
el saludo, especialmente por el izquierdo; entró en lid de quites con
Ferrera, lo bordó por delantales y se apretó por chicuelinas; ofreció
espectáculo con los palos junto a sus compañeros; toreó con
autenticidad y muy largo por los palos fundamentales de derechazos y
naturales; pero es que además improvisó con torería multitud de
adornos, un prólogo de calada belleza para un libro de poemas de Brines,
una trincherilla, un farol, el de la firma. Todo gallardo, salvo que en la
suerte suprema o hubo un metisaca involuntario o el acero pegó en un palo
y resbaló, y el personal, que intuyó lo primero -yo también, lo
confieso-, se guardó los pañuelos tras la estocada definitiva y la
concesión de la oreja. Un trofeo que vale el doble de todos los
individuales que se han otorgado. Casi lo completa con el quinto, cinqueño
como otros cuatro victorinos, serio y degollado, al que también recibió
con una larga cambiada. Le cogió el aire en redondos que esperaban el
tiempo necesario para que metiese la cara al paso y guiarlo luego con
gusto. Como había experimentado anteriormente que por el pitón izquierdo
todavía andaba más y se desplazaba menos, no volvió al toreo al
natural. El descabello redujo el premio a una vuelta al ruedo. Pero
Valencia, como diría Juncal, tomó nota de Encabo, de su forma de torear
y de su manera de estar (constantemente pendiente de la lidia, en el son
de Esplá).
Hecho un tío anduvo Antonio Ferrera con un pavo, el más cuajado y armado
de la desigual e íntegra corrida, que se las traía desde el capote, con
las manos por delante y los pitones por arriba. No se arredró nunca el
extremeño, recuperado de viejos baches, y se arrimó y le buscó el fondo
en una emotiva faena sin tregua que se truncó por la espada. El sexto fue
un gato, también hay que decirlo, que no humilló y flojeó más de la
cuenta. Ferrera batalló de nuevo sin volver nunca la cara.
Esplá sorteó el peor lote. Uno manso y distraído que se quedaba por
debajo con guasa y otro mirón y gazapón que jamás rompió hacia
adelante.
Como pasa siempre con Victorino, la gente no se aburrió un segundo,
aunque lo regular se vio mejor de lo que fue y lo bueno, superlativo.
Diario
de Sevilla.
Encabo
y Victorino dan una gran tarde de toros
Luis Miguel Encabo, que cortó una oreja, y los toros de Victorino
Martín protagonizaron una emocionante corrida en Valencia, en la que
también Antonio Ferrera dijo cosas muy notables. Una sola oreja en la
tarde, sin embargo, en los fallos a espadas se quedaron atrás al menos
cuatro más. Hubiera sido el marcador justo para definir la función en
toda su grandeza, para ponderar el triunfo de toreros y toros, pues
tanto aportaron unos y otros en el gran espectáculo que resultó la
corrida en conjunto. La gran verdad del toreo. Victorino se reafirmó
como ganadero número uno.
El gran aldabonazo de la tarde lo dio Encabo con el primero de su
lote, en una faena muy emotiva de principio a fin, a la que nada le faltó.
Encabo fue todo un arrebato de torería. Los lances a la verónica, un
primer quite por delantales y otro más de chicuelinas, estas últimas
en respuesta de pique a la intervención de Ferrera en su turno por verónicas.
En el tercio de banderillas alternaron los tres espadas con variedad y
precisión (era cartel de especialistas en el segundo tercio). Y con la
muleta fue el acabóse. Una vibrante apertura de faena por bajo llevando
muy toreado al victorino y en las siguientes series,
fundamentalmente por el lado derecho, la emoción incontenible del toro
comiéndose materialmente el trapo, que Encabo llevaba una y otra vez
por abajo, aguantando la feroz embestida con mucha suficiencia. Pases
seguidos en series de hasta cinco y seis, y algo muy sorprendente, con
relajo también por parte del torero. Hervía la plaza en una especie de
increscendo no va más, pues todavía cada tanda superaba la anterior.
Gran toro, gran torero. Pero faltó una rúbrica más en consonancia con
aquello. El metisaca que se cruzó antes de la estocada dejó la cosa en
una sola oreja.
El quinto fue toro cambiante, también con mucha codicia pero sin la
embestida tan clara. Encabo lo toreó por el lado derecho otra vez vaciándose
en la entrega, sin amilanarse en algún extraño y resolviendo con la
misma arrogancia que en el anterior.
Ferrera firmó también pasajes muy emotivos en la tarde. Tuvo mucho
mérito su primera faena, con el corazón en un puño, en la que a ratos
se relajó, con mucho reposo, pero también y sobre todo se notó la
vibración de la entrega. El fallo a espadas le privó de otro trofeo
seguro.
Y ya en el sexto libró otra emocionante pelea. Un toro tobillero,
que pegaba tarascadas y rebañaba por los dos pitones. Ferrera, muy de
verdad, atacó hasta hacerse con la situación. Aunque otra vez la
espada dejó la cosa en simple ovación.
Esplá anduvo a la defensiva con el incierto primero y sin agobios,
solo aparente en el cuarto.
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