GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del viernes, 18 de marzo de 2005
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros Las Ramblas (desiguales de presentación y juego)

Diestros: 

Entrada: lleno en los tendidos.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Diario de Sevilla


Más imágenes del festejo

ABCZABALA DE LA SERNA. César Jiménez, hijo adoptivo de Valencia

A César Jiménez ya le ha nombrado la voz popular de los tendidos hijo adoptivo de Valencia. En muy pocos años ha encadenado un sinfín de salidas a hombros, como si su toreo cuadrase perfectamente con el carácter alegre y pirotécnico de las fiestas falleras y el público ché. Entre esta puerta grande y la última se ha percibido una diferencia sustancial: Jiménez ha dejado de torear como Jiménez y ahora quiere torear como Joselito, su actual apoderado o asesor artístico. Ayer se movió por la plaza menos acartonado, con el capote más suelto y liberado de goma, con mayor frescura y más desinhibido de corsés; pero su muletazo es de corto recorrido, aunque lo interprete con ese relajo tan joselitista. Contuvo chispa y vivacidad la faena, fundamentada sobre un buen toro de Las Ramblas, que se enceló en un eterno primer encuentro con el caballo y no paró de repetir las embestidas por el pitón derecho. Al natural plantearon ambos escasa pelea -una sola serie-, por lo que la cosa continuó por derechazos y unas manoletinas de enganche final. La estocada desató una eufórica pañolada de esta afición que siente a César Jiménez como hijo propio, y así lo ha adoptado.

Si éste fue toro de nota, no menos importancia sacó el bravo sexto, que midió la talla de excelente picador de Vicente González Barrera. Se agarró arriba el jinete en una lucha valiente y cabal, con los pechos del equino por delante, hasta caer derribado con honor. El domecq de Las Ramblas repitió en el caballo, y cuando ya habían cambiado el tercio buscó una tercera vara con codicia. La obra de Matías Tejela se conectó pronto con un pase del péndulo en los mismos medios, y siguió con redondos de distintos grados, prácticamente ninguno para la posteridad y casi todos en línea. El fenomenal toro acusó la lucha en el caballo, con un tono menor de mitad de muleteo en adelante. Cayó una oreja con mucho eco y no poco respaldo: pudo haber conseguido la segunda, pero el palco estimó que con un hijo adoptivo ya tiene suficiente Valencia. Ni siquiera le recompensó por devolver injustamente al flojito tercero, con el que M.T. cuajó unas verónicas de altos vuelos y categoría. Tejela se tragó luego al zambombo sobrero, que no tenía mucha más fuerza y sí cien kilos más, peor estilo y andares pegajosos. Perdió con el cambio.

Suma de muchos derechazos

No embistió con son el quinto, sosote y un tanto abúlico. Tras los ayudados por alto iniciales, se convirtió la faena en suma de muchos derechazos de escaso trazo y más bien planos. Aun así, si no pincha, Jiménez se lleva otro trofeo.

Rivera Ordóñez se estrelló con un toro muy serio, de peligro constante por el pitón diestro. Basó el trasteo en la izquierda sin convencer ni al mal morlaco ni al gentío. Por cierto, es absurda esta moda de las cuadrillas de echar en los lotes los toros más fuertes por delante, máxime si abren plaza, cuando el espectador aún no ha fijado en los albores de la corrida un punto de referencia. El cuarto, de pobres hechuras, manso huidizo, se dejó a su manera, y Rivera toreó a la suya.


El País.   Un César en estado de gracia

Expresivo y resolutivo. Populista y clásico a la vez. Inteligente y fácil. Y, a veces, incluso redicho. César Jiménez aportó todo eso y bastante más. Dos toros diferentes y dos faenas cortadas con el mismo patrón. La misma receta. Pero ambas, escritas según pedía el toro en cuestión.

En la primera fue directo al grano. Sin perder el tiempo. Abierto y plantado en el centro del ruedo, sucesión de redondos. El buen toro de Las Ramblas, que no acusó un tremendo puyazo y su largo celo bajo el peto, estaba en las manos propicias. Una comunión incondicional entre toro y torero. Labor vistosa y expresiva. A medio camino entre lo clásico y lo popular. De tremenda inteligencia.

Jiménez, siempre en estado de gracia, se sintió cómplice del quinto. Toro de poca fuerza y menor condición que el anterior. Suelto y resuelto con ese toro, Jiménez utilizó los argumentos suficientes para que el discurso no fuera interrumpido apenas. Sólo al principio de la faena claudicó el toro, nada más salir de los dos estatuarios con los que Jiménez empezó. Con un dominio absoluto de la escena, encimista y muy efectivo al final, sedujo a un animal ya muy parado por entonces. Una impresión final: este torero parece entender cualquier tipo de toro.

De un discreto comportamiento en el primer tercio de toda la corrida, el último toro fue bravo de veras en ese trance. Hambre de caballo. Muy empleado, celoso y receloso, empujó hasta derribar. Repitió la operación en el segundo puyazo, pero avisado el piquero de las intenciones del astado, no se dejó sorprender. Bravo toro. No perdió fogosidad el de Las Ramblas en la muleta. Tenía 20 muletazos a pleno rendimiento. Se los dio Matías Tejela, pero con ciertas prisas. Tras un pase cambiado por la espalda, con arrancada emocionante del toro, lo que siguió fue un rebujo de muletazos. Amontonados. Algo confusos. Con la virtud de resolver Tejela sin apuros, pero con la impresión de ser desbancado en cualquier momento. No sucedió así. Para cuando Tejela empezaba a verse comprometido, el toro dijo basta. Se acabó la gasolina y Tejela mantuvo el tendido encendido con un definitivo tono festivo final.

Atosigado

Devuelto el tercero de la corrida, saltó en ese lugar el sobrero. Del mismo hierro y con 630 kilos sobre los lomos. Muy ahogado el toro desde el principio, defendió su parcela sin apenas moverse. Tejela, obcecado en el toreo de cercanías, se vio atosigado. Toro y torero se disputaron el mismo terreno. La faena fue un ovillo. Pero bastante desordenado.

A lo largo de la tarde se conocieron pocas noticias de Rivera Ordóñez. Y las que hubo no fueron buenas. En el toro que abrió plaza se perdió en probaturas inútiles. A muletazo aplicado, pérdida inmediata de dos o tres pasos. Así una y otra vez. Con la muleta en la izquierda siempre se ayudó de la espada, sin que el graderío entendiera muy bien la razón. Nunca en verdad se entendió tanta precaución en tan absurda faena. El macheteo final acabó por enfurecer al personal.

El cuarto fue el manso de la corrida. Tomó su dosis en varas siempre del picador de la puerta, con caos de lidia incluido. Sin disimular condición tan cobarde, el toro ni tuvo problemas ni dejó de tenerlos. Rivera se vio comprometido, también sorprendido, por la ayuda que le llegaba desinteresadamente desde el tendido. Ni con ésas. Sin confianza. Sin ganas, que es lo peor. Y siempre ventajista, se despidió con un bajonazo alevoso.


Diario de Sevilla.César Jiménez, por la puerta grande

El diestro César Jiménez revalidó ayer triunfo en Valencia, con la sexta puerta grande consecutiva, al cortar dos orejas por una faena de especial encanto dada la hondura de su toreo, en una tarde en la que también tocó pelo Matías Tejela, que se llevó un trofeo.

La influencia de Joselito, uno de los nuevos apoderados que estrena este año César Jiménez, parece que va a ser determinante. Un cambio para muy bueno, según se desprende de la actuación de ayer en Valencia. Porque si Jiménez tenía ya una muy cuidada estética, su toreo ha ganado ahora en profundidad. Deja el cuerpo más relajado, descolgado de hombros y metidos los riñones. Profundidad en suma. Los resultados no se han hecho esperar: puerta grande en su estreno este año en plazas de primera. Claro que Valencia ya era feudo suyo va a hacer ahora tres años, cuando salió por primera vez a hombros a los dos meses de haber tomado la alternativa. Con la muleta, algo definitivo. El trapo muy planchado y el semicírculo entre toro y torero cada vez más cerrado. Los pases limpios y perfectamente engarzados. Las series, cada vez más largas. Entre series, alguna trincherilla y, sobre todo, unos larguísimos pases de pecho, vaciando siempre la embestida por el hombro contrario. Faena con mucho ritmo y compás, fundamentalmente esto último. Hubo un solemne corolario a base de manoletinas. Y, lo definitivo, la espada: entró en corto y derecho como una vela, agarrando una soberbia estocada que tiró el toro patas arriba. Asomaron en el palco los dos pañuelos blancos, el triunfo más rotundo hasta ahora de la feria. Quiso redondear la tarde con el quinto, toro que al principio apuntó cosas buenas, pero que enseguida se vino abajo. Unos estatuarios en la apertura de faena y el simulacro de arrimón final suman en el importante haber de Jiménez en Valencia.

Tejela fue otro nombre importante en la tarde, aunque tuvo que esperar a que saliera el último para resolver el triunfo, ya que su descastado y blando primero no dio ninguna opción. Una pena, porque al titular devuelto le había recetado unos lances bonitos y muy templados en los que se vislumbró también la calidad del toro. Se precipitó el presidente al devolverlo con dos simples amagos de caída. Pero el sexto, un toro muy bravo en el caballo, vino a poner las cosas en su sitio, y Tejela, con hambre de triunfo, lo aprovechó a las mil maravillas. Quizás las prisas por llegar arriba le traicionaron en algún momento de la faena al torero, que se vio algo atosigado. Pero por encima de errores hay que destacar los aciertos, la buena voluntad, el querer a toda costa. El péndulo con el que abrió faena, ajustadísimo, puso a la plaza con el corazón en un puño. Y a partir de ahí, en el toreo por la derecha, los olés, la música y las palmas que echaban humo, fueron una constante de fondo a la emotiva faena de Tejela, que también se dio el gustazo de las cositas entre series, como el pase de las flores y un par de trincheras de mucho sabor. Y para final, la guinda de las bernadinas. La estocada fue letal y cayó la oreja, que pudieron haber sido perfectamente dos por la importancia de la faena y la insistencia del público pidiéndolas.

Francisco Rivera Ordóñez no tuvo toros propicios ni ánimo para superar la contrariedad. Uno porque se defendía mucho y otro porque calamocheaba, los dos, muy mansos, le descentraron más de la cuenta. Lo peor es que llegó a descararse y todo con parte del tendido. Y eso no es bueno.