GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del jueves, 17 de marzo de 2005
Crónicas de la prensa


FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Jandilla (bien presentados, correctos en el juego)

Diestros: 

Entrada: lleno en los tendidos.

Crónicas de la prensa: El País, ABC

 


Más imágenes del festejo

El País.   Una corrida escasa de todo

La corrida de Jandilla no tuvo ni forma ni fondo. Corrida sin presencia. Anovillada. Los tres primeros no eran de recibo; los tres restantes, algo más aparentes, tampoco. Toros sin remate, ni por delante, ni por el medio, ni por detrás. Pobres de pitones. Nada seria, en fin, la corrida de Jandilla. Casi escasa de todo. Se le midió mucho en el primer tercio, por donde tampoco aportó nada. Una pantomima ante el caballo. Y con las fuerzas más que justas. Un lamento de corrida.

El primero de la tarde, al margen de su mínimo aspecto, fue toro importante. La excepción ante desfile tan descastado. De viaje largo. Repetidor. Y con calidad. De idas y venidas codiciosas. Incansable. A Rincón se le vio demasiado fácil. Abierto el compás, lo toreó templado y largo por la derecha. Pero sin romper. Siempre muy lineal. O rectilíneo. Es decir, poco comprometido. Toro para reventar la plaza. Faena de más espuma que contenido. Y sin aprovechar por el pitón izquierdo. Salió trompicado al matar y resultó con un pitonazo en una pierna.

No se confió Rincón con el débil cuarto. Flojo toro, pero listo. Picado muy trasero, se echó encima de los banderilleros. Sin pasar y a la defensiva, planteó dificultades. Muy pendiente del torero, se lo puso difícil a Rincón. Empeñado en dar pases, no encontró tregua. Como una lucha, pero sin confianza, acabó inseguro Rincón. Impotente, el toro le comió siempre el terreno.

A mucha distancia de aquel primero, pero muy toreable también, el segundo. De embestida más acompasada. Más templado y más dócil. Demasiado fácil para El Juli, que lo llevó por aquí y por allá casi a capricho. Algo rebrincado por el pitón izquierdo, la faena se rompió cuando El Juli pasó la muleta a ese lado. Mucha indiferencia en la gente, sólo caliente cuando Juli echó mano de circulares invertidos.

El quinto, con 604 kilos, pero tan pocos pitones como el resto, no tuvo ni chicha ni limoná. El Juli, al que la gente no le perdona haber abandonado el segundo tercio, estuvo falto de toro. Siempre con la muleta a media altura, llenó con insistencia un trasteo coreado desde el tendido. Pero carente de emoción. Todo lo puso el torero, por muy poco del toro. Un bajonazo de efectos rápidos no importó para que el palco complaciera la petición de la gente. Oreja sin rigor.

Seriedad desmoronada

El Capea debutaba en feria postinera. Un examen serio a priori. Pero seriedad desmoronada ante tan insignificantes oponentes.

Derrumbado en banderillas el tercero, se arrastró en el tercio final. Corto de embestida el toro, Capea le anduvo poco resuelto. Ni hacia delante ni hacia atrás. Muy tenso el torero. Nervioso. Abombado. Como desubicado. Sin encontrar sitio.

El sexto fue el toro que mejor estilo utilizó en varas y el que más se empleó. Incluso derribó en la primera vara. Tuvo movilidad, pero de la pegajosa, de la incómoda. Algo es algo. Y nada claro por el pitón izquierdo. Más animoso El Capea, templados los nervios, forzó ante ese toro. La faena tuvo, sobre todo, golpes de actitud. También algo mecanizada. En cualquier caso, de toreo de seco valor. El mejor apunte, resolver sin apuros la antipática embestida del toro. Y con el público a favor, todo pareció más fácil.


ABCZABALA DE LA SERNA. El Juli se hace maestro

La imagen de El Juli, que ya se revalorizó en Castellón, creció ayer en Valencia. El Juli se ha hecho maestro. Da gusto verle en la plaza, la colocación, el sentido del temple, la técnica perfecta. No se puede estar mejor que como él anduvo con el voluminoso quinto. Ni un tirón, ni un trallazo, todo suavidad. Yo a El Juli le he criticado con dureza cuando se adocenaba y se amontonaba con vulgaridad. Ahora está sereno, cuajado, dominador de la escena y el toro. El populacho le reprochó que no agarrase los rehiletes, ignorante de su transmutación y de su abandono de los palos. Y se lo recriminaron hasta cuando paseaba una oreja de auténtica ley. Qué muletazos tan largos, qué sentido de la media altura para que el morlaco de 604 kilos no perdiese las manos. Sinceramente, y en resumen, salvo a cuatro catetos, Julián gustó mucho, mucho. Los broches de faena que realiza andándole a los toros, con lo difícil que es andarle a un toro, con armonía y ritmo, para mí representan algo muy distinto y especial, incluso por encima de los naturales ligados y los redondos hilvanados que trazó sobre caminos de seda. Me confieso enamorado de una tauromaquia añeja que se perdió en el túnel del tiempo.

La corrida de Jandilla fue una corrida fácil, demasiado fácil, sin ese punto necesario de transmisión que sólo tuvieron en parte el primero y en todo el sexto, de hechuras anovilladas, al que El Capea construyó la mejor faena de su corta carrera de matador, y con todo y con eso no tocó pelo. Le va a costar a Pedro salir adelante con su estilo acamperado y frío. Así, tal y como se le siente, su proyección, pese a su ánimo, es corta. Muy corta. Hace bien en no confirmar en San Isidro: sería su punto final. Al tercero, más pobre de recorrido, tampoco le halló ese extremo que trepa por los tendidos. Le veo, y le tengo un especial aprecio a la familia del maestro salmantino, difícil solución a lo suyo. Y lo siento de veras.

El Juli jugó con el burraquito segundo, una especie de peluche entrañable, medio bobalicón y sin la necesaria importancia para que todo lo que le hizo Juli calara. Lo llevó cómo y por donde quiso, muy asentado, con algún pase de pecho descomunal. Como siempre, en su estilo de matar, se fue trasero con la espada.

César Rincón se topó con el peor toro de la corrida de Borja Domecq, el cuarto. Parco, tobillero y cicatero en sus incómodas embestidas. El César colombiano no se complicó la vida en mayores hazañas. Al que abrió plaza pudo cortarle una oreja al menos, pero no se rompió el hielo del principio de la tarde, que siempre es distante y sin eco. Fue buen toro o más toro que el resto.

Se hubieran necesitado varios grados más de casta para que la corrida pasase de ese límite de buena pero tonta e insustancial. De cualquier manera, va a ser un año importante para El Juli. Lo presiento. Es el momento. Está en su escalón. El de maestro.