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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del lunes, 14 de marzo de 2005
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cuatro toros de Alcurrucén
y dos de Lozano Hermanos (desiguales, justos de fuerza).
Diestros:
Entrada: algo menos de media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País,
ABC, Diario de
Sevilla
  
Más imágenes del festejo
El País. La
estocada de Uceda Leal marcó lo mejor
La estocada de Uceda Leal al quinto fue pura ortodoxia. No hubo ningún
otro momento durante la tarde tan auténtico como ése. Poca cosa. De esa
estocada a todo lo demás, apuntes como mucho. Algún boceto que otro. Sin
ser, tampoco, corrida de grandes detalles. Pero esa estocada, en fin, marcó
lo mejor. Con tanto bajonazo en lo que llevamos de feria, la estocada de
Uceda reivindica la llamada suerte suprema. Que se repita.
Antes de ese momento tan brillante, una faena afanosa de Uceda al
quinto. De ataque. Y larga. Cuidado el toro con esmero en varas pero bien
sangrado, pareció enemigo menor para torero con tantos recursos. Puso
mucho Uceda para recibir tan poco de un toro que acabó como empezó,
flojucho y soso. Uceda aligeró al final, cuando la faena ya había
cumplido su fase principal, con molinetes en cadena.
El primero de Uceda, segundo de la tarde, no tuvo presencia. La
comparación de un torero tan alto como Uceda y toro tan bajo e
insignificante como aquel desproporcionaba la escena. Poco toro. De toda
la corrida, ése fue el único que tuvo algún apunte de manso. Protestón
y empleado a la defensiva, se incomodó mucho. Escaso toro en apariencia,
pero muy complicado. Probón por el lado izquierdo, no le dejó a Uceda
asentarse. Se empleó el torero en labor que en su conjunto resultó muy
movida. De buscar por aquí y por allá. De encontrar apenas nada.
Los buenos apuntes de Bolívar en sus dos toros se dieron de bruces con
la inesperada decisión de cortar muy pronto ambas faenas. Casi por lo
sano. El tercero perdió las manos en alguna ocasión, pero resultó en
principio un buen toro. Apenas molestado, dejándolo a su aire, Bolívar
se centró con él en un par de series con la derecha. No cuajadas del
todo, pero sí de buen tono. Todo con mucha ceremonia entre serie y serie.
Al primer intento de torear al natural, el toro se le vino directo al
pecho. Fue el aviso definitivo de que el toro tenía la reserva encendida.
No insistió Bolívar.
El sexto, que nunca tuvo fijeza, pareció muy enterado en banderillas.
Muy pendiente de cualquier movimiento. Tampoco tuvo clase, pero descubrió
ser obediente en la muleta. En éste, Bolívar se centró mejor por el pitón
izquierdo. La primera serie tuvo mejor remate. La segunda, más forzada.
Pero ambas fueron sutiles y limpias. Cuando parecía que la faena podía
tomar vuelo, se fue Bolívar a por la espada. Quedó todo como algo
incompleto. Un feo bajonazo, al igual que en su primero, acabó por dejar
en casi nada lo de antes.
No fue la tarde de El Califa. No se entendió ni con el primero ni con
el cuarto. Y, además, equivocó las pautas en ambos. El toro que abrió
la corrida tuvo raza, posiblemente el que más. Un pase cambiado, en el
centro del ruedo, fue promesa de faena que luego no se cumplió. No dominó
la situación El Califa, y torero y toro parecieron campar cada uno por su
lado. Sin norte, todo acabó con el toro incluso venido a menos.
Al cuarto dejó que le pegaran mucho en varas. Demasiado. Sobró el
segundo puyazo y lo acusó el toro en la muleta. Volvieron a cruzarse las
intenciones del torero y las posibilidades del toro. Sin geometría, la
faena se convirtió en un banco de pruebas con resultado estéril. Las
ideas se le amontonaron a El Califa, que acabó espeso y sin resolver.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA.
Tres medias verónicas y dos estocadas con el sello
de Uceda Leal
Leí una vez a Corrochano que valía la pena que Rafael Ortega pinchase
aunque sólo fuera para verlo entrar a matar otra vez, y aprendí que antañazo
una estocada como Dios manda significaba una oreja como demandaba el
pueblo. Hace poco José Luis Benlloch, el maestro de la entrevista,
titulaba «Uceda Leal, más que una espada». Y, siendo cierto, Uceda se
debe fundamentalmente a un acero que ayer fue fulgor fulminante bajo una
bruma invernal que envolvía Valencia con aires londinenses. No hay en los
últimos años un matador que ejecute la suerte del volapié con tanta
verdad y pureza, más allá del zambombazo o el estoconazo a capón.
Joselito y Juli han sido, respectivamente, los intérpretes de estas
formas últimas de estoquear, grandiosos matadores. Pero José Ignacio
Uceda Leal lo hace tan despacio y tan limpio, que los tres tiempos se
cuentan con relativa facilidad. Apunta arriba y la muleta abajo, y arranca
con rectitud pasmosa, como si se fuese a apoyar con la mano izquierda en
la testuz del toro. Fue la estocada al quinto punto final culminante a una
faena en la que el elegante torero aportó el carbón y la fibra que le
faltaron al representante de Alcurrucén, que en general resumió las
carencias de los núñez de los Lozano: falta de fuelle, poder y duración.
No quiere decir que la corrida fuese mala, ni mucho menos. Sólo que no
remató. Claro que para remates, las medias verónicas de Uceda Leal en el
saludo y el quite a este penúltimo. Tres aletearon el ambiente, con la
clase que reafirma que Uceda es más que la espada. Pero fundamentalmente
la espada, como ya había demostrado para despedir al feo segundo, fuera
del tipo de la casa, que embestía con las pezuñas y a topetazos.
Que le digan a Luis Bolívar, resucitado y redivivo en el escenario donde
casi muere en julio, si no pagaría por ser dueño de una tizona como la
de Uceda para haber pasaportado al tercero con la altura de los redondos
suaves que dibujó. La suavidad que requería el toro, el de más clase de
los seis, se la aplicó el colombiano antes de que se acabasen la dulzura
y la nobleza ahogadas en la falta de empuje y la quebradiza fortaleza de
los remos. Qué pena, y eso a pesar de la magistral brega de El Boni,
medida, perfecta. Boni, dueño y señor del ruedo cuando se planta con su
capote en los medios. Bolívar enalteció series con pases de pecho pletóricos.
Y luego pinchó. Quiso remontar con el sexto, un toro con casta, que
miraba a los ojos en cada cite, pero que descolgaba con vibración en los
embroques. L.B. se creció en la primera mitad de la faena, poderoso con
las dos manos, y se desubicó en una segunda parte que no cumplió con el
camino tomado de reventar aquello. A Bolívar, que sumaba su segunda
corrida en España, como matador hay que esperarle porque tiene argumentos
para remontar la trágica tarde de su alternativa.
El Califa naufragó entre largos paseos, con una técnica nefanda. Enseñó
más los defectos del primero y se dejó dentro las virtudes, un toro para
haberlo visto en otras manos, aunque se metiese para adentro de cuando en
vez; en el bobalicón cuarto, que descolgaba poco, actuó con las mismas
trazas.
Diario
de Sevilla. Vuelta
que sabe a triunfo de Uceda Leal
Una vuelta al ruedo de Uceda Leal después de una insistente petición
de oreja que el presidente no atendió, vale tanto o más que el trofeo,
por los importantes atributos de la faena.
No fue corrida para echar las campanas al vuelo, aunque tres toros
resultaron muy toreables. Ninguno de éstos estuvo en el lote de Uceda,
que a la postre hizo lo más notable de la tarde. Lo que quiere decir
que la cosa estuvo en méritos y deméritos por parte de los toreros. El
peor, El Califa, que no se acopló con el buen cuarto. A medias tintas,
el colombiano Bolívar, que con el mejor lote en conjunto apuntó por
momentos pero sin disparar. Y, por fin, Uceda, que pese a la falta de material,
cinceló las cosas más interesantes y bellas del festejo.
Un Uceda Leal voluntarioso y con tesón en su primero, con el que sin
embargo nada pudo resolver. El toro embestía en bloque, todo de una
vez, lo que los taurinos llaman a veces "a puñetazos". Toro
topón e imposible. Uceda le robó pases, sobre todo por el lado
izquierdo, de uno en uno y recolocándose, además de ayudarse con el
estoque simulado en muchos de ellos.
No dio mucho más de sí el quinto. Aunque esta vez las pautas del
trasteo las marcó definitivamente el torero, un Uceda Leal arrancadísimo
con el capote en el saludo y en un quite a la verónica con dos medias.
Ya con la muleta, muy elegante en las probaturas, aliviando al de
Alcurrucén, que, también sin humillar, le costaba mucho seguir el engaño,
y cuando lo hacía llevaba la cara por encima del palillo.
A tantos inconvenientes, Uceda le echó muchos redaños, primero
aguantando y consintiendo al toro hasta desengañarle. Y una vez que tiró
el animal para adelante, Uceda le esperó y le llevó con muy buen
estilo. Toreo de importantes destellos sobre todo por el lado derecho, y
con cositas sueltas y muy a modo en el último tramo.
Faena de querer a toda costa, de sentir la responsabilidad y las
ganas de quien se ve dispuesto a pisar fuerte esta temporada. Hubo un
aviso antes de montar la espada, pues las condiciones del toro
impusieron largura al trasteo. La estocada dio paso a una insistente
petición de oreja que el presidente no atendió. Pero esta vez la
vuelta al ruedo vale tanto o más que el trofeo.
No estuvo mal Bolívar, aunque debió estar mejor. Volvía a Valencia
tras su fallida actuación el día que tomó la alternativa, en la Feria
de Julio pasado, cuando el toro de la ceremonia le hirió de gravedad.
Ayer tuvo cosas buenas, como el airoso comienzo de faena a su
primero, al que había saludado con larga de rodillas en el tercio. Se
movió el toro y consintió el torero, descolgándose de hombros
en algunos pasajes de exquisita interpretación por el lado derecho.
Pero un extraño del animal al cambiar de mano cortó de repente tan
prometedora faena. Todo se vino abajo y todavía peor con la espada.
El sexto fue también toro que dio mucho de sí. Abantito o, lo que
es lo mismo, suelto de salida, Bolívar se hizo con él en la muleta con
unos doblones de mucha torería y mando. Por la derecha repitió el
astado, mientras Bolívar le enjaretó dos tandas de pases muy seguidos,
templados y limpios. Tampoco éste respondió en el toreo al natural,
poniendo de nuevo el trasteo en la cuesta abajo. La espada se encargó
finalmente de certificar el bajón.
El Califa anduvo tosco e inseguro con el reservón y rebrincado
primero que abrió plaza, y no se acopló con el muy toreable cuarto,
quizás porque no supo esperarle lo suficiente, no lo llevó toreado
de verdad, cortándole el viaje y quitándose antes de tiempo.
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