GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del lunes, 14 de marzo de 2005
Crónicas de la prensa


FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cuatro toros de Alcurrucén y dos de Lozano Hermanos (desiguales, justos de fuerza).

Diestros: 

Entrada: algo menos de media plaza.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, Diario de Sevilla

El Califa. Fotos de Francisco José FerrísLuis Bolívar. Fotos de Francisco José FerrísUceda Leal. Fotos de Francisco José Ferrís
Más imágenes del festejo

El País.   La estocada de Uceda Leal marcó lo mejor

La estocada de Uceda Leal al quinto fue pura ortodoxia. No hubo ningún otro momento durante la tarde tan auténtico como ése. Poca cosa. De esa estocada a todo lo demás, apuntes como mucho. Algún boceto que otro. Sin ser, tampoco, corrida de grandes detalles. Pero esa estocada, en fin, marcó lo mejor. Con tanto bajonazo en lo que llevamos de feria, la estocada de Uceda reivindica la llamada suerte suprema. Que se repita.

Antes de ese momento tan brillante, una faena afanosa de Uceda al quinto. De ataque. Y larga. Cuidado el toro con esmero en varas pero bien sangrado, pareció enemigo menor para torero con tantos recursos. Puso mucho Uceda para recibir tan poco de un toro que acabó como empezó, flojucho y soso. Uceda aligeró al final, cuando la faena ya había cumplido su fase principal, con molinetes en cadena.

El primero de Uceda, segundo de la tarde, no tuvo presencia. La comparación de un torero tan alto como Uceda y toro tan bajo e insignificante como aquel desproporcionaba la escena. Poco toro. De toda la corrida, ése fue el único que tuvo algún apunte de manso. Protestón y empleado a la defensiva, se incomodó mucho. Escaso toro en apariencia, pero muy complicado. Probón por el lado izquierdo, no le dejó a Uceda asentarse. Se empleó el torero en labor que en su conjunto resultó muy movida. De buscar por aquí y por allá. De encontrar apenas nada.

Los buenos apuntes de Bolívar en sus dos toros se dieron de bruces con la inesperada decisión de cortar muy pronto ambas faenas. Casi por lo sano. El tercero perdió las manos en alguna ocasión, pero resultó en principio un buen toro. Apenas molestado, dejándolo a su aire, Bolívar se centró con él en un par de series con la derecha. No cuajadas del todo, pero sí de buen tono. Todo con mucha ceremonia entre serie y serie. Al primer intento de torear al natural, el toro se le vino directo al pecho. Fue el aviso definitivo de que el toro tenía la reserva encendida. No insistió Bolívar.

El sexto, que nunca tuvo fijeza, pareció muy enterado en banderillas. Muy pendiente de cualquier movimiento. Tampoco tuvo clase, pero descubrió ser obediente en la muleta. En éste, Bolívar se centró mejor por el pitón izquierdo. La primera serie tuvo mejor remate. La segunda, más forzada. Pero ambas fueron sutiles y limpias. Cuando parecía que la faena podía tomar vuelo, se fue Bolívar a por la espada. Quedó todo como algo incompleto. Un feo bajonazo, al igual que en su primero, acabó por dejar en casi nada lo de antes.

No fue la tarde de El Califa. No se entendió ni con el primero ni con el cuarto. Y, además, equivocó las pautas en ambos. El toro que abrió la corrida tuvo raza, posiblemente el que más. Un pase cambiado, en el centro del ruedo, fue promesa de faena que luego no se cumplió. No dominó la situación El Califa, y torero y toro parecieron campar cada uno por su lado. Sin norte, todo acabó con el toro incluso venido a menos.

Al cuarto dejó que le pegaran mucho en varas. Demasiado. Sobró el segundo puyazo y lo acusó el toro en la muleta. Volvieron a cruzarse las intenciones del torero y las posibilidades del toro. Sin geometría, la faena se convirtió en un banco de pruebas con resultado estéril. Las ideas se le amontonaron a El Califa, que acabó espeso y sin resolver.


ABCZABALA DE LA SERNA. Tres medias verónicas y dos estocadas con el sello de Uceda Leal

Leí una vez a Corrochano que valía la pena que Rafael Ortega pinchase aunque sólo fuera para verlo entrar a matar otra vez, y aprendí que antañazo una estocada como Dios manda significaba una oreja como demandaba el pueblo. Hace poco José Luis Benlloch, el maestro de la entrevista, titulaba «Uceda Leal, más que una espada». Y, siendo cierto, Uceda se debe fundamentalmente a un acero que ayer fue fulgor fulminante bajo una bruma invernal que envolvía Valencia con aires londinenses. No hay en los últimos años un matador que ejecute la suerte del volapié con tanta verdad y pureza, más allá del zambombazo o el estoconazo a capón. Joselito y Juli han sido, respectivamente, los intérpretes de estas formas últimas de estoquear, grandiosos matadores. Pero José Ignacio Uceda Leal lo hace tan despacio y tan limpio, que los tres tiempos se cuentan con relativa facilidad. Apunta arriba y la muleta abajo, y arranca con rectitud pasmosa, como si se fuese a apoyar con la mano izquierda en la testuz del toro. Fue la estocada al quinto punto final culminante a una faena en la que el elegante torero aportó el carbón y la fibra que le faltaron al representante de Alcurrucén, que en general resumió las carencias de los núñez de los Lozano: falta de fuelle, poder y duración. No quiere decir que la corrida fuese mala, ni mucho menos. Sólo que no remató. Claro que para remates, las medias verónicas de Uceda Leal en el saludo y el quite a este penúltimo. Tres aletearon el ambiente, con la clase que reafirma que Uceda es más que la espada. Pero fundamentalmente la espada, como ya había demostrado para despedir al feo segundo, fuera del tipo de la casa, que embestía con las pezuñas y a topetazos.

Que le digan a Luis Bolívar, resucitado y redivivo en el escenario donde casi muere en julio, si no pagaría por ser dueño de una tizona como la de Uceda para haber pasaportado al tercero con la altura de los redondos suaves que dibujó. La suavidad que requería el toro, el de más clase de los seis, se la aplicó el colombiano antes de que se acabasen la dulzura y la nobleza ahogadas en la falta de empuje y la quebradiza fortaleza de los remos. Qué pena, y eso a pesar de la magistral brega de El Boni, medida, perfecta. Boni, dueño y señor del ruedo cuando se planta con su capote en los medios. Bolívar enalteció series con pases de pecho pletóricos. Y luego pinchó. Quiso remontar con el sexto, un toro con casta, que miraba a los ojos en cada cite, pero que descolgaba con vibración en los embroques. L.B. se creció en la primera mitad de la faena, poderoso con las dos manos, y se desubicó en una segunda parte que no cumplió con el camino tomado de reventar aquello. A Bolívar, que sumaba su segunda corrida en España, como matador hay que esperarle porque tiene argumentos para remontar la trágica tarde de su alternativa.

El Califa naufragó entre largos paseos, con una técnica nefanda. Enseñó más los defectos del primero y se dejó dentro las virtudes, un toro para haberlo visto en otras manos, aunque se metiese para adentro de cuando en vez; en el bobalicón cuarto, que descolgaba poco, actuó con las mismas trazas.


Diario de Sevilla. Vuelta que sabe a triunfo de Uceda Leal

Una vuelta al ruedo de Uceda Leal después de una insistente petición de oreja que el presidente no atendió, vale tanto o más que el trofeo, por los importantes atributos de la faena.

No fue corrida para echar las campanas al vuelo, aunque tres toros resultaron muy toreables. Ninguno de éstos estuvo en el lote de Uceda, que a la postre hizo lo más notable de la tarde. Lo que quiere decir que la cosa estuvo en méritos y deméritos por parte de los toreros. El peor, El Califa, que no se acopló con el buen cuarto. A medias tintas, el colombiano Bolívar, que con el mejor lote en conjunto apuntó por momentos pero sin disparar. Y, por fin, Uceda, que pese a la falta de material, cinceló las cosas más interesantes y bellas del festejo.

Un Uceda Leal voluntarioso y con tesón en su primero, con el que sin embargo nada pudo resolver. El toro embestía en bloque, todo de una vez, lo que los taurinos llaman a veces "a puñetazos". Toro topón e imposible. Uceda le robó pases, sobre todo por el lado izquierdo, de uno en uno y recolocándose, además de ayudarse con el estoque simulado en muchos de ellos.

No dio mucho más de sí el quinto. Aunque esta vez las pautas del trasteo las marcó definitivamente el torero, un Uceda Leal arrancadísimo con el capote en el saludo y en un quite a la verónica con dos medias. Ya con la muleta, muy elegante en las probaturas, aliviando al de Alcurrucén, que, también sin humillar, le costaba mucho seguir el engaño, y cuando lo hacía llevaba la cara por encima del palillo.

A tantos inconvenientes, Uceda le echó muchos redaños, primero aguantando y consintiendo al toro hasta desengañarle. Y una vez que tiró el animal para adelante, Uceda le esperó y le llevó con muy buen estilo. Toreo de importantes destellos sobre todo por el lado derecho, y con cositas sueltas y muy a modo en el último tramo.

Faena de querer a toda costa, de sentir la responsabilidad y las ganas de quien se ve dispuesto a pisar fuerte esta temporada. Hubo un aviso antes de montar la espada, pues las condiciones del toro impusieron largura al trasteo. La estocada dio paso a una insistente petición de oreja que el presidente no atendió. Pero esta vez la vuelta al ruedo vale tanto o más que el trofeo.

No estuvo mal Bolívar, aunque debió estar mejor. Volvía a Valencia tras su fallida actuación el día que tomó la alternativa, en la Feria de Julio pasado, cuando el toro de la ceremonia le hirió de gravedad.

Ayer tuvo cosas buenas, como el airoso comienzo de faena a su primero, al que había saludado con larga de rodillas en el tercio. Se movió el toro y consintió el torero, descolgándose de hombros en algunos pasajes de exquisita interpretación por el lado derecho. Pero un extraño del animal al cambiar de mano cortó de repente tan prometedora faena. Todo se vino abajo y todavía peor con la espada.

El sexto fue también toro que dio mucho de sí. Abantito o, lo que es lo mismo, suelto de salida, Bolívar se hizo con él en la muleta con unos doblones de mucha torería y mando. Por la derecha repitió el astado, mientras Bolívar le enjaretó dos tandas de pases muy seguidos, templados y limpios. Tampoco éste respondió en el toreo al natural, poniendo de nuevo el trasteo en la cuesta abajo. La espada se encargó finalmente de certificar el bajón.

El Califa anduvo tosco e inseguro con el reservón y rebrincado primero que abrió plaza, y no se acopló con el muy toreable cuarto, quizás porque no supo esperarle lo suficiente, no lo llevó toreado de verdad, cortándole el viaje y quitándose antes de tiempo.