El País. VICENTE
SOBRINO. Cartagena, siempre Cartagena
En la tierra de la música resulta que no hubo banda oficial en la
plaza. Menos mal que los festeros de los Moros y Cristianos de las
poblaciones cercanas de Torrent y Aldaia, habituales ya en esta corrida de
rejones, trajeron la suya. Por cierto, alguno de los pasodobles que
interpretaron sonaron mejor que los que días anteriores tocaron las
bandas oficiales. ¡Qué cosas!
Andy Cartagena firmó, posiblemente, su mejor actuación en Valencia.
Ni un fallo. De principio a fin, toda una demostración. Distinguido
primero; dominador después; y finalmente, espectacular. Y siempre tan
torero como certero. Tuvo cuatro cómplices para todo ello. Primero con Françoise
de salida; luego con Manili en banderillas; después con Quito, también
en banderillas, y, finalmente, con Brasil, con las cortas. Actuación
en continuo crecimiento. Y contundente. En banderillas, con el cite de
punta a punta de la plaza, no le importó que el toro anduviera
aquerenciado en tablas. Montando a Quito se metió en terrenos
inverosímiles. Y sobre Brasil, dos de las cortas, al violín,
coronaron una obra perfecta.
La primera parte de esta corrida tuvo un protagonista principal, el
portugués Rui Fernandes. Una actuación prodigiosa, echada por la borda a
la hora de matar. Una pena porque el triunfo era tan justo como sonado.
Primero con Ladrón, para parar los pies a un toro con velocidad y
poner en todo lo alto dos farpas al quiebro, seguro y ajustado. Dentro de
una mezcla explosiva de pureza y modernismo, en banderillas hizo vibrar a
la gente. En este tercio, montando a Oráculo, clavó al quiebro
dejando llegar mucho al toro. El remate a tan rotunda actuación fueron
las rosas que clavó a lomos de Oeste. Con un triunfo legítimo en
las manos, se escaparon las orejas por fallar con los rejones de muerte.
Cosas que pasan.
Lo de Sergio Galán fue el toreo ortodoxo a caballo y con escasas
licencias fáciles. Ante un toro viejo, con seis años cumplidos y que
acabó parado, templó de salida con Pamplona. Banderilleó sobre Montoliu.
Y a tal nombre, tal honor: dos quiebros de gran pureza en la misma
cara del toro. El toreo a caballo lo expresó de nuevo montando a Peco,
y con Caprichoso, en un par a dos manos y las inevitables
rosas. Todo sin salirse de los cauces de la pureza. Pero al igual que el
lusitano, el descabello se llevó el premio.
Sobrio, serio y también con pocas concesiones, Leonardo Hernández,
que firmó en primer lugar una actuación impecable, estuvo tercero en los
rejones de castigo con Québec, y arriesgó con Lorca y Quieto
en banderillas a una mano, mientras que montando a Macareno las
puso con las dos. De menos a más, la actuación de Diego Ventura, que
alcanzó nivel en banderillas, montando sobre Bambi y con Té.
El menos lucido de los seis fue Luis Dómecq, que mantuvo un tono discreto
durante toda su actuación, mejoró con las banderillas cortas montando a Lince,
un caballo de origen ruso.
ABC. FRANCISCO PICÓ.
La corrida de rejones o corrida de toreo a caballo puso punto final a
la Feria de San Jaime.
Los seis caballeros rejoneadores compitieron en agradar, merced a su
buena técnica, excelente oficio, y a sus hermosas y bien cuidadas
cabalgaduras, a un público distinto al que habitualmente asiste a las
corridas de toros. Espectadores, que por lo general, se inclinan más por
el oropel de la espectacularidad que por la ortodoxia en la ejecución de
las suertes.
Ayer varias comparsas de Moros y Cristianos del vecino Torrente
pusieron una nota que desvirtúa la idiosincrasia de esta plaza. Esto no
es Pamplona. La primera oreja de los bien presentados y manejables toros
de Fermín Bohórquez fue para Leonardo Hernández por su toreo ortodoxo y
serio, tras un gran rejón de muerte; Luis Domecq dio la vuelta al anillo,
tras un rejón que dejó al animal sin puntilla; El portugués Rui
Fernandes tuvo el mismo premio tras una gran actuación que malogró con
dos pinchazos y dos descabellos; Andy Cartagena se llevó dos orejas y
puso a los tendidos en pie con sus pares al violín; Sergio Galán se lució
en las verónicas cabalgando a «Peco», pero falló a la hora de matar y
fue ovacionado. Por último, Diego Ventura cortó una oreja en otra labor
plena de aciertos.