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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del martes, 22 de julio de 2003
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Juan Antonio Ruiz Román,
buenos.Diestros:
- Juan Alberto, silencio y oreja
- Francisco José Palazón, ovación y vuelta
-
Javier Solís, oreja y
silencio.
  
Fotografías de Francisco
José Ferrís
Entrada: un tercio de entrada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
El País. VICENTE
SOBRINO. Éxito ganadero de Espartaco
Si hubiera que calificar a los puntos los tres primeros novillos de
Espartaco, habrían ganado con claridad a sus matadores. Así de claro. En
diversa medida, esos tres novillos tuvieron calidad y son como para
sentirse a gusto ante ellos. De los tres, el tercero fue superior. Alegre
y de largo recibió el primer puyazo, y aunque flojeó de salida y se le
simuló la segunda vara, recuperó resuello en la muleta. Lo que nunca
perdió ese novillo fue calidad y nobleza. Un excelente novillo con el que
Solís sólo consiguió el calor de la gente en los circulares finales.
Antes, dentro de un buen concepto, atacó demasiado de cerca, por lo que
la faena no terminó de coger vuelo.
Por calidad, el primero estuvo muy cerca del excelente tercero. Fue,
además, novillo de notable nobleza. La faena de Juan Alberto fue como un
diente de sierra: irregular, también larga. No acabó de coger el ritmo a
tan noble animal, incluso salió un par de veces con la muleta perdida.
De esos tres primeros, el segundo fue el que más adoleció de fuerzas.
Algo rebrincado en la muleta, consecuencia de su flojedaz acabó distraído.
Pero también siempre noble. Palazón mantuvo la compostura pero tampoco
logró acoplarse. A la faena también le sobró frialdad.
La segunda parte del festejo se abrió con un gran novillo. Bravo y con
estilo en varas, desarrolló fijeza y calidad en los tercios siguientes.
Juan Alberto aprovechó el largo viaje del animal por el pitón derecho, y
las dos primeras series tuvieron recorrido. Pero una vez provado al
natural, sin resultado, la faena decayó en interés. Los alardes finales
recuperaron el tono de una labor que acabó siendo populista. El novillo
se llevó en el arrastre la ovación de la tarde.
El sobrero que hizo quinto fue distraído en los dos primeros tercios,
pero rompió a bueno en la muleta por el pitón izquierdo. A la faena de
Palazón le faltó continuidad y junto con naturales de calidad se dejó
enganchar la muleta en otros.
El sexto se paró muy pronto en el último tercio. Solís lo intentó
por los dos pitones, pero el resultado fue vano.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Espartaco triunfa desde la
barrera
Espartaco, tan querido en Valencia, volvió
a triunfar con rotundidad, como en los viejos tiempos, ahora desde detrás
de la barrera, como ganadero. ¡Vaya novillada buena, maestro! Y a modo.
Nota muy alta la cosechada por el cuarto, tercero y primero, por este
orden, rebajada por el lunar del inválido quinto, finalmente devuelto.
Ahora tendríamos que hablar de una salida conjunta a hombros de Juan
Alberto, Francisco José Palazón y Javier Solís, pero así están las
cosas.
A Palazón, al fin y al cabo, se le perdona en mayor medida porque en
su lote no entró ninguna de las «estrellas» de la tarde y porque, en el
balance último, en su mano izquierda estuvieron los mejores muletazos.
Debe replantearse, sin embargo, esa languidez excesiva, que deja muertos
los engaños en el tramo final de pases y lances y que provoca enganchones
o desarmes.
Los naturales al fuertecito sobrero que hizo quinto, suelto de capotes
y corretón, descubrieron un buen pitón izquierdo. Y ahí Palazón toreó,
hasta que un tropezón le arrancó la muleta de las manos. Una vuelta al
ruedo premió una faena elegante y carente de fibra. Sosito, con escaso
fuelle y sin emplearse, con la carita alta al final de los muletazos, el
segundo transmitió poco, y como el alicantino no es la alegría de la
huerta... El prólogo a media altura contuvo torería y gusto.
Ni una cosa ni la otra posee Juan Alberto, con dos novillos a los que
se les desprendían las cuatro orejas. Más justito de fortaleza el que
rompió plaza pero con son y calidad y bravo y completo el cuarto,
sencillamente extraordinario. El trofeo de su segunda obra se lo debe al
cariño del paisanaje.
Javier Solís se hizo con otro del tercero, un zapato que no paró de
embestir. A Solís, al que se le aprecia el rodaje, le falta cruzarse y
tocar un poco menos a los toros hacia afuera. Los circulares invertidos de
despedida calentaron una faena que, aun correcta, no alcanzó las
calidades del utrero. El último se paró mucho, quizá castigado en
exceso, y no dio opciones.
Por cierto, que en el plano de los toreros de plata, destellaron El
Boni -sensacional con los palos en su turno y perfecto con el capote en el
quinto bis- y Montoliu -también a gran altura con los rehiletes-.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Novillos
y novilleros a medio gas
Por lo visto ayer, y aunque Javier Solís pareció el más puesto y
placeado, ninguno de los tres novilleros que componían el cartel demostró
estar especialmente tocado por la gracia divina ni señalado, con especial
predilección, por el dedo de Dios.Hicieron lo que pudieron y Javier Solís
pudo bastante. Hilvanó con mucho sentido una faena seria y reposada, que
fue jaleada especialmente en un circular y en el remate por bajo. Juan
Alberto y Palazón cumplieron el trámite. Juan Alberto fue premiado con
una oreja y acaso, de momento, no pueda pedírseles otra cosa.Quien hace
lo que puede y da lo que tiene no está obligado a más.
Este juicio, sin embargo, es un juicio provisional que no debe tomarse
al pie de la letra. Puede que Juan Alberto, Palazón y Javier Solís, que
es el que mejor apunta y se está convirtiendo en un gallito del escalafón,
no estén signados por el don divino de lo excelso; pero son trabajadores
y pugnaces y esto también cuenta. Incluso, con frecuencia, cuenta más
que el genio sublime.Mismamente Javier Solís, si sigue ese proceso
ascendente, podría desenvolverse en esto con cierta holgura; tómese
también esto como pronóstico provisional. Provisionalidad apuntalada por
el buen ritmo que imprimió ayer a sus muletazos y con cierto esquema
mental de faena riguroso y medido. Hasta cuatro largas cambiadas de
rodillas le endiñó Javier Solís al enrazadito tercero. Y luego lo puso
en el caballo con una larga afarolada. O sea, que Solís estuvo en todo;
en todo, menos en la tarea imposible de redondear la tarde cortándole
otra oreja al manso y reservón sexto.
Volviendo a la cosa del trabajo o la inspiración, Juan Alberto porfió
toda la tarde con una encomiable fe en sí mismo. Estuvo mal eso de perder
la muleta varias veces, porque su primero embestía con desgana y sin
malas intenciones. O sea que Juan Alberto, si además de fe en sí mismo
le hubiese puesto un poco más de torería a sus verónicas, sus
derechazos y sus naturales, sobre todo a sus naturales, pues todos tan
contentos. El cuarto traía la oreja en bandeja de plata y, atendiendo esa
delicadeza, el señor presidente se la otorgó a Juan Alberto.
Por lo que respecta a Francisco José Palazón, también fue desarmado
reiteradamente por sus novillos. Y no es que perder la muleta sea un
delito. Mas, con animales tan bonancibles, el desarme indica que el
diestro está en otra cosa o que quiere ser tan finolis que se la coge (la
muleta) con papel de fumar. O significa algo peor: falta de temple. Como
todo el mundo sabe, el temple es uno de los mandamientos de la trinidad
taurómaca: parar, templar y mandar. Esta triada es a los toreros lo que a
los católicos son la fe, la esperanza y la caridad. El sobrero también
desarmó a Palazón; el mejor desarme, uno con que remató una buena tanda
de naturales.
En resumidas cuentas, no puede decirse que los novilleros de ayer
fracasaran, pues obtuvieron premios. Tampoco se puede afirmar que
triunfaran clamorosamente. Todos, incluidos los toreros, somos producto más
de nuestros errores que de nuestros aciertos.Pensando en esto,
seguramente, un escritor francés dijo aquello de que «un hombre
inteligente se repone de los fracasos y un tonto jamás se repone de un
triunfo». Tengan en cuenta esto Solís, Palazón y Juan Alberto,
novilleros de cuya inteligencia yo no tengo por qué dudar.
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