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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del lunes, 21 de julio de 2003
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Gabriel Rojas,
de presentación aceptable. Diestros:
- Paul Abadía Serranito, silencio tras aviso y palmas
- José Luis Miñarro, silencio tras aviso y palmas
- Luis Bolívar,oreja y palmas.
Entrada: un tercio de entrada.
  
Fotografías de Francisco
José Ferrís
Crónicas de la prensa:
El País, ABC, El
Mundo
El País. VICENTE
SOBRINO. Buen debut de Bolívar
La tarjeta de presentación de Luis Bolívar en Valencia no pudo ser
mejor. Hasta el tercer novillo los dos de El Romeral que se habían
lidiado -el segundo como sobrero- habían complicado mucho la vida a sus
matadores. Deslucidos, defensivos y distraídos, no eran novillos para que
Serranito, tras más de un mes en el dique seco, cogiera confianza, o José
Luis Miñarro, en su tercera novillada de la temporada, se encontrara
seguro.
Y salió el tercero, más novillo y más armado que los anteriores,
pero también distraído, manso y muy berreón. Se defendió en
banderillas, echando la cara arriba, pero a Bolívar no pareció
importarle mucho el equipaje de intenciones que portaba el de El Romeral.
Con paso firme e ideas claras, y, sobre todo, muy convencido de lo que debía
hacer, se fue a por el novillo.
No importó el viaje corto del astado, ni que de vez en cuando cortara
descaradamente por el pitón izquierdo. Bolívar aplicó técnica y temple
a la vez, dejando siempre una sensación de seguridad y confianza
pasmosas. La faena, abocada siempre por el lado derecho por exigencias del
guión, tuvo peso e imagen. El remate a labor tan bien modelada fue una
estocada casi entera, de buena ejecución, aunque en el embroque soltara
la muleta.
El sexto no tuvo entrega en varas, ni en la muleta. Además fue novillo
con muy poquita fuerza que llego rebrincado y a la defensiva al último
tercio. Bolívar volvió a pisar firme, aunque en esta ocasión de nada
sirvió el buen concepto técnico de la faena. Con el novillo muy acabado
y al paso, el colombiano se puso muy de cerca. Los alardes finales
sirvieron para calentar una faena venida a menos. Este novillo puso punto
y final a una novillada muy descastada, deslucida y de escasísimo juego.
Ni el de El Romeral que abrió plaza, ni el de Gabriel Rojas que saltó
cuarto, fueron material apto para Serranito. Muy pegajoso, sin humillar
aunque con cierto aire al principio, el primero no tardó en venirse a
menos y a defenderse. Acabó en terrenos de toriles esa faena. Serranito
lo intentó por lo clásico, mas no era novillo que admitiera
exquisiteces.
El cuarto, tan gordo como cómodo de cara, salió de varas muy mermado.
Serranito le consintió y obligó, pero a novillo tan escaso de fuerzas lo
abocó a defenderse. En favor del torero aragonés hay que apuntar que
salió mermado de facultades. Hace más de un mes resultó con la clavícula
fracturada y la de hoy era su primera novillada tras el percance, a la que
salió infliltrado.
Al sobrero de El Romeral, que saltó en segundo lugar, le dieron duro
en varas. Y aunque sin gran entrega, aún se empleó algo. Pero tan duro
castigo le hizo ponerse más defensivo, sin rematar el viaje, distraído y
colándose por el pitón izquierdo. Un muy deslucido novillo con el que Miñarro
sólo pudo poner voluntad.
El quinto, largo y ofensivo, tuvo fiereza en la muleta, aunque a mitad
de faena hiciera amagos por irse a terrenos de toriles. Y allí terminó
también. Miñarro puso voluntad y dio todo lo que tenía en ese novillo,
muy exigente y que no perdonó el poco bagaje del torero, aunque hubo
momentos en los que los muletazos le salieron limpios y templados.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Luis Bolívar sigue su ascensión
Luis Bolívar sigue con su ascensión, como Armstrong ayer en Luz-Ardiden,
con sangre de campeón, como aquellos enormes y recortados escaladores
colombianos que, por cierto, ¿dónde están, Carabias?
Bolívar nos salvó la tarde y se salvó a sí mismo con una novillada
funesta de Gabriel Rojas/El Romeral, sin fondo ni gota de casta ni fuerza
ni apariencia en su primera mitad; por rescatar un par de ellos, el
cuarto, pese a su paupérrima fortaleza, apuntaba calidad y quizá también
los briosos inicios del quinto por el pitón derecho en el último tercio,
antes de que se rajase.
El caleño se impuso con seguridad y cabeza al engatillado tercero, que
cerraba una fea tríada de utreros y que no sólo nunca rompió con
claridad, sino que desarrolló listeza. Había saltado la barrera con
agilidad equina y se había escupido del caballo, después de frenarse ya
en un saludo de verónicas y chicuelinas. Protestó en banderillas y berreó
todo y más. Luis Bolívar a media altura principió faena y sobre la
derecha ofreció la muleta planchada y por delante. La largura inicial se
fue acortando, impidiendo la ligazón, que no la continuidad, porque Bolívar
siempre estaba presto y puesto, como el trapo rojo. En la tercera tanda,
ya el torete se salía de los cauces, con la cara por encima del
estaquillador, hasta ponerle los pitones en la hombrera en el remate de
pecho. Las mismas pautas, o peor, siguió por el pitón izquierdo. Fue el
final a pies juntos por derechazos y luego por bernadinas apretadísimas
lo que elevó más la temperatura de una plaza que conectó con la verdad
y la prematura sapiencia de Bolívar, que embadurnado en sangre se cobró
una estocada y una oreja justa. Ahí dejó su sello, imposible de repetir
con el deslucido sexto, parado y a la defensiva con la cara por las nubes.
Se arrimó como un perro.
Serranito, que toreaba infiltrado, se estrelló contra la sosería
rajada del que rompió plaza y no dijo nada con el blando, sin fuelle y
noble cuarto, salvo en algún lance con el capote.
Miñarro naufragó con el sobrero de El Romeral que sustituyó a un
novillo chico que alcanzó dos veces el callejón, probablemente dañándose.
El suplente, sin cuello, no descolgó nunca y arrollaba sin entrega; el
quinto, con más motor, humilló a derechas y se rebrincó a izquierdas,
mientras que su matador se mostró agarrotado y verderón.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. El
incierto porvenir de la fiesta
Se empeñó el primer novillo de Gabriel Rojas, segundo en el orden de
lidia, en marcharse a corrales y lo consiguió.Saltó dos veces la
barrera, y a la segunda no quería salir del callejón. Cuando volvió a
la arena, se había escoñado y el presidente sacó pañuelo verde. La
muerte que le habrán dado en corrales no habrá sido peor, de la que le
esperaba en el ruedo a manos de Miñarro. No anduvo fino José Luis Miñarro,
si bien el sobrero de El Romeral no era propicio para demasiadas finezas.
El tercero también saltó al callejón, pero no se escoñó. En
realidad, salía ya un poco escoñado, sobre todo de los cuartos
traseros.Luis Bolívar trató de hacerle el toreo hondo, intentando traérselo
de lejos y muy metido en la muleta; tuvo que acortar terrenos, pues el
novillo se derrumbaba, se defendía y tiraba el derrote.
Las novilladas son un buen baremo para apreciar el estado de la cuestión
taurina y en ellas se transparenta el futuro. Y no hay que confiarse ni
mirar para otro lado; al hablar del futuro y los males que nos reserva, no
vale la arrogancia de Don Juan ni su insensato estribillo «¿tan largo me
lo fiáis?». Si hemos de sacar consecuencias del presente actualísimo,
el porvenir no se presenta demasiado claro a no ser que lo clarifique Luis
Bolívar y algún otro. Pero ya se sabe que un grano no hace granero
aunque ayude al compañero.
Ya suenan trompetas de Apocalipsis y sesudos varones profetizan
desastres parecidos a los que algunos agoreros venimos vislumbrando.Pero,
tranquis todos; quietos paraos, que en esto de los toros estaremos mal,
pero no tan mal como en política; aquí no hay tamayos. Acaso porque la
sociedad taurina está menos envenenada que la sociedad política. De
todas formas, grave responsabilidad está cayendo sobre Luis Bolívar si
es él el llamado a regenerar esto.
Los remiendos de El Romeral no fueron mejores que los titulares de
Gabriel Rojas. Llegó un momento en que el primer novillo se plantó y se
negó a embestir. Harto de huir de la muleta de Serranito, se paró e hizo
el don Tancredo, aunque sin vestirse de blanco.Notable cosa es ésta que
un novillo haga el don Tancredo. Insistieron Serranito y su peonaje en
pegarle trapazos a diestro y a siniestro y entonces el novillo, molesto
por sentir invadida su intimidad, los arrollaba.
Se lo tomó con mucha calma, con infinita calma, Serranito en su
segundo. Y eso fue lo mejor que hizo: la parsimonia con que merodeaba en
los alrededores del toro. También Miñarro se tomó con calma al quinto,
mas lo que procedía, dada la celeridad de la embestida, era tomárselo
con firmeza. Pero nunca se sabe; con firmeza actuó Bolívar en el sexto y
no consiguió nada. Claro que esta vez el débil y el indeciso era el
novillo.
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