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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del sábado, 19 de julio de 2003
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Cogida de Ángel de la Rosa
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Ganadería: Corrida de toros de Cebada Gago,
Corrida seria y ofensiva, pero mansa y descastada.Diestros:
- Víctor Manuel Blázquez,
tres pinchazos (silencio); tres pinchazos (silencio). Dos pinchazos
(aviso), otro pinchazo y más de media (silencio).
-
Ángel de la Rosa,
estocada, oreja. Cogido en este toro al entrar a matar.
- Tomás Sánchez, entera trasera y descabello (palmas). Cinco
pinchazos (aviso) y descabello (silencio).
Incidencia: Ángel de la Rosa fue asistido de una cornada en
la parte posterior del muslo derecho calificada de pronóstico
reservado.
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
  
Fotografías de Francisco
José Ferrís
El País. VICENTE
SOBRINO. Cogida de Angel de la Rosa
El segundo toro cogió a Ángel de la Rosa al entrar a matar. Fue una
cogida con mucho aparato. El de Cebada se ensañó con fiereza, zarandeó
al torero y lo dejó inerte en la arena. Nadie dudó en la plaza de que de
la Rosa llevaba cornada. Este segundo toro recibió un duro castigo en
varas, incluso pareció exagerado. Esperó en banderillas y negó su
entrega en la muleta. No obstante, fue toro con cierto aire: al menos no
se paró. Un firme de la Rosa le plantó cara. No era toro para
florituras; por un lado porque parecía esconder aviesas intenciones, y,
por otro, porque nunca acabó el viaje. La faena desprendió oficio,
aunque los muletazos quedaban condenados a quedarse en su mitad. Luego
vino la cogida que, al menos, tuvo el premio de una oreja.
El lote de Blázquez no puso las cosas fáciles a su matador. El que
abrió plaza porque, flojo, no hizo más que defenderse en la muleta.
Primero en el tercio y luego, sacado a los medios, no sólo no mejoró
sino que acabó midiendo al torero. El cuarto fue peor. De salida se paseó
a oleadas por el ruedo y en un entra y sale constante se dejó picar
cantando con claridad su condición de manso. La faena de Blázquez fue sólo
un intento. El de Cebada, violento y rajado, buscó las tablas y su
matador optó por la brevedad. Lo más lucido de su actuación lo firmó
Blázquez con las banderillas.
Tampoco a Tomás Sánchez se lo pusieron en bandeja, lo que unido a su
escaso bagaje sumó más desventajas. El serio cárdeno que saltó en
tercer lugar ya hizo cosas de enterado de salida. Manseó y reculó en el
caballo y también se puso a la defensiva en la muleta. Banderilleó muy
seguro Tomás Sánchez, que reunió bien. Con el toro buscando y revolviéndose
rápido, la faena pasó por algún apuro a medida que el toro desarrollaba
sentido. No se afligió Tomás Sánchez.
También serio y muy largo fue el colorado que mató Sánchez en quinto
lugar. Manso en varas, el de Cebada tampoco tardó en ponerse a la
defensiva. El toro acabó siendo dueño de la situación, mientras el
matador, desmoralizado, sufrió varios desarmes.
Víctor Manuel Blázquez despachó en sexto lugar el toro que le
correspondía matar a Ángel de la Rosa como quinto. El toro de Cebada, de
imponente trapío, tampoco ofreció facilidades, todo lo contrario. Se dejó
en el tercio de varas, incluso salió con ciertas notas de flojedad. Blázquez,
que lo banderilleó con voluntad, se puso firme en principio, pero las
condiciones del toro, que fue de mal en peor, hicieron que la faena tomara
cauces defensivos y acabara por desconfiar a su matador.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Cornada y oreja para Ángel de la Rosa
Como tres fulgores
negros, tres hachazos cruzaron el cuerpo de Ángel de la Rosa, a punto
de morir en la hora de matar, qué paradoja. En la rectitud de la
estocada, el cebada lo prendió, como si los pitones fuesen garras, como
el águila a la liebre, y sintiéndose dueño de la presa quiso
aniquilarla de inmediato, con saña instintiva y fiera. Trastabillado se
reincorporó De la Rosa, medio desnudo y grogui, hasta derrumbarse en
las manos de las cuadrillas asistentes. Por fortuna, el toro no respondió
a la fama de certeros de los de su hierro. Aunque hirió, del zig-zag
aquél de cuernos que rasgaban aire y seda, una sola cornada se
desprendió.
La estocada había sido consumada. Rodó la bestia y cayó la oreja.
Había estado el matador en torero, con sentido de la estética, sobre
la mano derecha, que era el pitón potable del toro, sin humillar a
pesar de que todo el hierro del mundo se precipitó desde el caballo
sobre su lomo. Poco a poco perdió fuelle, hasta que sintió la
posibilidad de vengarse en su última hora.
La tarde respondió a lo que se esperaba entre toreros que no torean
y los cebadas astifinos y problemáticos y no tan problemáticos. Ver un
toro en manos de Víctor Manuel Blázquez requiere de un ejercicio de
concentración supino. El sexto, sin ir más lejos, un buen ejemplar,
cuajado y con motor. Blázquez anduvo movido y borroso, como durante
toda su actuación, sin asentar las zapatillas, sin la pujanza de otras
veces. Flojo en banderillas siempre, permitió una carnicería con el
cuarto, que se escapaba de la muleta, y tampoco apretó ni se paró con
el que rompió plaza, que se defendía en los medios.
A Tomás Sánchez le faltó lógicamente el ritmo de quien no se
viste de luces. Y el temple. Se multiplicaron los desarmes con el duro
quinto como ya se habían sucedido los enganchones con el tercero, que
humillaba más que sus hermanos, con ciertas opciones a derechas.
Banderilleó con voluntad.
El desorden predominó durante la lidia de principio a fin de la
corrida.
Parte facultativo: De la Rosa sufrió una «cornada en la parte
posterior del muslo derecho que contusiona la cresta del fémur y el
nervio ciático en 15 centímetros. Pronóstico reservado».
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