GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del martes, 18 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Fotode German Jiménez (TorosBarcelona)

Ganadería:  Toros de La Dehesilla, bien presentados, agresivos de cara, justos de fuerzas, sin entrega en varas y desiguales de juego.

Diestros: 

  • Esplá, más de media (ovación); pinchazo y tres descabellos (silencio). 
  • Ferrera, estocada (oreja); cogido, mató el toro Esplá de dos pinchazos y entera (oreja).
  • El Fandi, dos pinchazos y casi media (saludos); media desprendida (oreja).

Entrada: Lleno.

Incidencias: Ferrera fue asistido de una cornada en la cara posterior del tercio superior del muslo izquierdo con dos trayectorias, una de 15 centímetros que llega al isquión, y otra de 20 centímetros que atraviesa la masa de los abductores, que produce diversos destrozos musculares sin lesionar el paquete vascular. Pronóstico grave.

Crónicas de la prensa: ABC, El Mundo, El País


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Sangre contra un veto: grave cornada de un Antonio Ferrera a revientacalderas

Antonio Ferrera estaba a por todas, entre los pitones del colorado toro de La Dehesilla, astifino como sus hermanos, que ya le había avisado. Pero a Ferrera sólo le queda el camino de ir a por todas y a revientacalderas cada tarde, porque como sabe todo el mundo El Juli le ha puesto un veto infranqueable, con el consentimiento de las empresas, claro. Pues ayer hubo sangre contra la prohibición y la censura, sangre contra un veto, sangre ambiciosa para descerrajar una puerta grande entreabierta con una oreja que había logrado en el anterior. Por todo ello, a pesar de que los ojos inciertos, las astas turbias, amenazaban los muslos, Ferrera apretó el acelerador, reducida la distancia al máximo, desafiante, mas con la muleta retrasada, escondida, momento en que la fiera lo sorprendió de lleno. Como un puño se introdujo el cuerno en la parte posterior del muslo izquierdo, tunelado como por una negra boca de metro. El gesto de entrega y dolor del torero en el ruedo, luego en manos de las asistencias como una Piedad desangrada y yacente, conmocionó de tal modo que cuando Esplá finiquitó la obra inacabada el público logró la oreja para el valiente herido.

Desde las banderillas se la había jugado el joven extremeño, sin medir bien las distancias ni el ya parado juego del toro. Y así quiso hacer un par al cambio, muy en corto, cuando la arrancada se le venía al paso. Tercio deslucido, para pasar hoja y acordarse únicamente de los instantes brillantes de la tarde, como las banderillas compartidas con Esplá y El Fandi ante el imponente segundo. Fandila le concedió todas las ventajas y lo crujió en la moviola; a cuerpo limpio se lo colocaron en suerte a Esplá, que se lució con facultades; Ferrera se ciñó al quiebro. La gente agradeció el espectáculo puesta en pie, ya caliente por el tercio de quites en el que A. F. se recreó a la verónica, como en el saludo. El toro era un tío, sin fijeza ni capacidad para humillar. Principió a media altura, y luego procuró alegrarle siempre la embestida, con más resultados sobre la mano derecha, poderosa en el último tramo de faena y estética antes. Sobraron los circulares, nos sobran siempre, y tal vez también el cierre por alto. La estocada hasta los gavilanes, en la misma cruz, -el volapié de la feria, por cierto- tumbó al pupilo de La Dehesilla. El trofeo recompensó una lidia completa.

El triunfo a sangre y fuego de Ferrera no eclipsa a un Fandi que toreó con la izquierda extraordinariamente, en el son de su último paso por Bilbao, cuando se gustó por naturales y se adjudicó el derecho a estar en la próxima corrida del centenario de la ciudad. Pero El Juli dicen que ha dicho la última palabra... No es de extrañar: El Fandi no sólo arrea con los palos sino que sigue en progresión. No se inmutó ante la pavorosa cabeza del tercero. Una larga cambiada de rodillas, navarras y un par por los adentros de acongojar al más frío aficionado y anular a sus compañeros. Prologó fácil la faena y pronto descubrió un pitón izquierdo sensacional. Corrió la mano con largura, descuadernada la cintura y a rastras el trapo. Una tercera serie de naturales superó a las anteriores porque se cruzó un poquito más. Si no pincha... Cuajó un tercio de banderillas cumbre en el sexto y atacó bullidor con la muleta hasta conquistar la oreja.

Por su parte, Esplá cumplió con torería con el noble primero y lo intentó sin más con el marmolillo cuarto.


El Mundo. JAVIER VILLÁN. Oreja con sangre

Ferrera se fue a la guerra y la perdió. Se confió un momento y el toro le tiró una cuchillada seca, que hizo blanco en el glúteo. Antonio Ferrera había dado la cara como un jabato.Perdió la guerra, aunque por esa extraña cosa de la sentimentalidad, le dieron la oreja cuando Esplá acabó con el agresor.

Dicen que las guerras las pierden todos, incluso quienes las ganan; que la guerra es un fracaso del hombre como ser político, como ser cultural y como ser instintivo y cafre. Pero las guerras las pierden unos más que otros, seguro.

Por ejemplo, ayer el torero Antonio Ferrera salió mucho más derrotado que el toro que, a la postre, cumple siempre su destino de muerte.Y seguro que la guerra que ya está ahí, va a perderla mucho más Irak que Estados Unidos. Y puede que, pese a los aires de grandeza que nos gastamos últimamente, la vaya a perder también España.España, no Aznar, entiéndaseme bien.

Todo lo que hace Antonio Ferrera tiene el sabor herrumbroso y amargo de la sangre. Le pasa como a aquella cantaora, o cantaor, que notaba la hondura del cante que estaba haciendo cuando la saliva le sabía a sangre y la garganta era una herida al rojo vivo.

Algo de eso le ocurre a Antonio Ferrera; o lo que es peor, o mejor, no lo sé, les ocurre a los aficionados cabales. Ayer había ese sabor a sangre en las gargantas del público cuando el toro de La Dehesilla lo volteó, después de que Ferrera se quedara a la intemperie, en el sitio de nadie o, si se quiere, en el sitio del toro.

El toro era un cazador y se tragó a regañadientes los muletazos de Ferrera, mucho más convincentes por la derecha que por la izquierda.

Había sido también el tono de la primera faena: el sitio, el esfuerzo, el toma y daca; pero en el quinto, el extremeño perdió ese sitio y se destapó. Acostumbramos a llamar inciertos a estos toros. Y la verdad es que de inciertos no tienen nada, que la cornada es casi segura.

Luego, la sentimentalidad se desbordó, el público pidió la oreja, como si una cornada pudiera remediarse con un trofeo; el presidente la concedió, el peonaje dio la vuelta al ruedo y eso habrá servido, constatada la raza de torero de Ferrera, para confirmar los consabidos tópicos: fulano de tal cambió la Puerta Grande por la puerta de la enfermería. Dicho esto, falta por saber si, sin el percance, Ferrera hubiera cortado otra oreja.

Cartel de banderilleros que es un valor siempre al alza, un reclamo seguro para el lleno; aunque yo crea que el magisterio de Esplá y la torería de Ferrera y El Fandi van mucho más allá. La verdad es que, excepto un tercio espectacular, el último de El Fandi, no pasó nada especial en las banderillas.

A favor de esta espectacularidad y de la hemorragia de piedad que había producido la cogida de Ferrera, El Fandi se arrimó y se llevó un apéndice. Hay un verso de un poeta popularísimo y cañí, «uno, dos y tres, tres banderilleros en el redondel»; pero aquí, a los tres banderilleros se les suma todo el peonaje.Mucho bailar delante del toro, mas a la hora de ponerle en suerte, capotazos y más capotazos de la peonada; salvo cuando Esplá banderillea en solitario.


El País. VICENTE SOBRINO. Cogida grave de Antonio Ferrera

Antonio Ferrera quiso burlar las alambradas y quedó preso en ellas. Era en el quinto toro, colorado de capa y astifino, serio el de La Dehesilla. Ya con el capote midió su terreno y también el del torero. Esperó en banderillas, haciendo caso omiso de la provocación tan descarada como alegre de Ferrera, que se dejó querer mucho para cumplir un tercio más trabajado que brillante.

En la muleta, el colorado toro de La Dehesilla dispuso de una arrancada fiera, de oleada, que Ferrera salvó en principio con seguridad y serenidad. La guerra entre toro y torero, no obstante, estaba declarada. Faena, pues, de cara o cruz. De apuesta o de retirada. Imposible utilizar recursos artísticos, Ferrera le dio una oportunidad al drama. Se metió en un terreno minado, cuyo dueño no admitía intrusos, y el toro, que nunca escondió su interior, no le perdonó. La moneda cayó de cruz y al valiente Ferrera, herido, se lo llevaron a la enfermería.

Antes de esa arriesgada apuesta que Ferrera perdió, se trabajó a un segundo toro distraído y sin raza. Cumplió un buen tercio de banderillas, sin excesivo aparato, más bien sobrio. Sin raza y muy distraído el toro, que salía de la muleta embobado, dejó que Ferrera se acomodara con él. Los muletazos por el lado derecho quedaban como más sólidos, aunque sin llegar a cumplir con todo el recorrido. Por el izquierdo, sin embargo, se desacoplaban toro y torero. Con todo, el gobierno de esa faena fue del torero.

De los seis toros de La Dehesilla, el tercero tuvo un pronto de interés indiscutible. Con velocidad de bólido se empleó en banderillas, para que El Fandi plasmara sin reservas un par de poder a poder, emocionante. Un par por los adentros, jugando de tú a tú con el toro y dándole a elegir las ventajas tuvo un plus de riesgo. A ese toro, de buen pitón izquierdo pero corto y algo distraído por el derecho, lo consintió El Fandi. La faena cargó sus mejores momentos en el toreo por naturales, en donde el torero se relamió. Los hubo largos, profundos, muy embebido el toro en la muleta. Tuvo intensidad cada secuencia con la mano izquierda. Y buen toreo.

En el flojo sexto, El Fandi armó un alboroto en banderillas. El espectáculo y el riesgo caminaron juntos. Fue un tercio encendido, vibrante, con un par al violín muy sincronizado en su reunión con el toro. Mas el flojo astado cortó alas al imparable torero. Toro sin entrega y corto, igual a muletazos sin su final natural, inacabados.

Luis Francisco Esplá fue el contraste a la ofensiva juvenil de sus compañeros. Sin perder compostura, tampoco torería, Esplá cumplió con su papel de veterano maestro cuya lid ya pertenece a otra historia. Tampoco tuvo dos toros con los que lucir su carácter. Su primero, de fuerzas muy justas, embistió a golpes. Faena de oficio, burocrática, de poco eco en la gente.

El cuarto, que escarbó en banderillas y al que le costaba un mundo tomar la muleta, no iba a comprometer al alicantino a estas alturas de su carrera. Y, claro, firmó un trámite en esa faena.

En cartel de matadores-banderilleros, el segundo tercio era cita tan esperada como obligada. Los tres primeros toros fueron compartidos por la terna, con la impresión de que en el cómputo general hubo empate. En los otros tres, apostaron al riesgo cada uno de ellos. Esplá no redondeó al clavar; Ferrari y Fandi se dieron un banquete al que invitaron a disfrutar a la gente.

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