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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del martes, 11 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Daniel Ruiz
(bien presentados y de juego desigual). Diestros:
Entrada: Más de media entrada.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Premio al brío de un novillero
Léase la puerta grande de Javier Solís como el premio a su alegría
y a su brío de novillero, que en medio de un funeral de utreros inválidos
y moribundos no es poco y, a lo peor, tampoco para tanto. Frío, frío
otra vez, en unos tendidos que envidiaban el termo de litro y medio de
carajillo de Enrique Grau. Y Solís que salió como si se hubiese
aclarado la garganta y calentado el estómago con el café con coñac
del bueno de Enrique. Como una locomotora, entre faroles y largas
cambiadas de rodillas -hasta cinco sumó- se plantó en el mismo
platillo, con un par. El utrero de Daniel Ruiz, apretado de kilos como
una pelota, también rodó como tal en los tercios iniciales. Pero luego
se recuperó con son y casta para convertirse en el mejor de la tarde,
algo para lo que tampoco hacía falta mucho.
El chaval extremeño agarró las zapatillas a la arena, dispuesto a
no perder la oportunidad, y, sin duda, en su estilo, la aprovechó.
Javier Solís no es ningún esteta, mas trae garra en su concepto. «No
es refinado pero embarca bien los viajes», sentenció Paco Domínguez
con sabiduría llana y popular, que a veces es la mejor manera de
entenderse. Sobre una y otra mano Solís ligó los muletazos hasta caer
en los circulares, invertidos o naturales, que son ese estuario donde
desembocan las extendidas tauromaquias actuales. Pinchó en lo alto y se
aseguró la oreja con una estocada hasta la bola.
Al quinto lo recibió con verónicas de rodillas de amplios vuelos y
colocó al utrero en suerte con chicuelinas al paso. Allí, en el peto,
manseó lo suyo el animal, que después, a su aire, sin que lo
obligasen, sirvió. Solís lo interpretó así en afanoso y novilleril
quehacer. De nuevo, circulares invertidos, ahora aderezados con
molinetes de hinojos. Faena para el «poble» que el «poble» agradeció
entre tanta nada, haciendo oídos sordos a un bajonazo que desvirtuaba
el premio que le izaba a hombros.
Matías Tejela oró por la almas de sus dos supuestos enemigos, entre
triste y desesperado. Tejela venía con la fuerza de ser el novillero
triunfador de la temporada pasada en Valencia y toma la alternativa el
próximo sábado. O sea que no se comprende muy bien la estrategia ésta
de comparecer ayer, cuando hasta el doctorado podía haber llegado con
la cartilla inmaculada del último año. Ni con toda la suavidad del
mundo logró mantener en pie al utrero que estrenó plaza; tampoco al
abecerrado cuarto, que provocó con sus caídas su «expulsión» del
partido. Poco más hizo ante el desbravado e inútil sobrero.
José Luis Miñarro, que ha sonado poco desde que en verano abriese
la Puerta Grande de Madrid, se postró a portagayola para saludar al
tercero, que se movió durante toda la lidia de forma incómoda y
pegajosa. Miñarro, tipo firme con la quietud por bandera, toreó
voluntarioso y desangelado. De igual modo, aunque quizá más acoplado,
se manifestó ante el sexto, que se dejó sin calidad. En ambos arreó
candela con la espada, y se despidió con una vuelta al ruedo.
El País.
VICENTE SOBRINO. Un éxito de cartón
En el currículo de Javier Solís aparecerá que el día que debutó
en Valencia cortó dos orejas y salió a hombros. Mas no se engañe el
animoso novillero pacense, pues tales orejas fueron producto de un
despiste generoso del presidente, mientras que su salida por la puerta
grande sucedió con los tendidos vacíos. Es decir, nadie se quedó para
reconocerle un éxito que, al fin y al cabo, fue más de cartón que de
piedra.
Solís dio todo lo que pudo, lo cual tampoco significa que diera todo
lo que tiene. Pero a su primer novillo, noble, con cierta calidad y con
las fuerzas medidas para bien de novillero principiante, multiplicó las
series de muletazos con rudimentaria concepción. Puso entrega, ánimo,
pero novillo con tanta bondad exigía también algo más de gusto y
torería.
En el quinto, y con la tarde dando bandazos, volvió a poner empeño.
Este novillo, berreón en banderillas, manso y protestón, no merecía
labor distinguida por fortuna para Solís. La faena, en este caso
justificada, fue tan tesonera como opaca.
Matías Tejela, a cuatro días de su alternativa, pasó como de
puntillas. Lejos de aparecer deslumbrante, como la ocasión pintaba, se
dejó ver como un torero triste y desmotivado. En su primero, de tan
buen fondo como manifiesta invalidez, anduvo por el ruedo desangelado.
Cuatro bellos naturales no justificaron una faena que no tuvo repercusión.
El cuarto bis se apagó muy pronto y el torero también. La faena fue un
pulso a cuál de los dos ponía más por desesperar a la gente.
Novillada con tan poca raza y fuerza perjudicó a José Luis Miñarro,
el más bisoño de la terna. El tercero, protestón y molesto, no le dejó
asentarse y Miñarro anduvo irregular, sin acabar de llegar. El sexto,
otro de los que mansearon en varas, se definió cuesta abajo. Empezó
con aire y acabó desaseado. Miñarro se inició bien, dando distancia,
para acabar ahogando al ya ahogado novillo.
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