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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del jueves, 25 de julio de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de José
Luis Pereda, y uno, el cuarto, con el hierro de la Dehesilla.
Justos de presentación aunque ofensivos y astifinos. Descastados, sin raza,
mansos en general. El primero tuvo mucha nobleza.Diestros:
- Vicente
Barrera, entera (oreja); pinchazo hondo que basta (oreja).
- Víctor Puerto,
pinchazo y casi media sin puntilla (saludos); aviso antes de entrar
a matar, cuatro pinchazos, casi media y descabello (saludos).
- Miguel Abellán,
media tendida, trasera y desprendida y un descabello (silencio); dos
pinchazos y estocada (palmas).
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País. VICENTE
SOBRINO. Una cómoda mansada
Salió un toro distinto al de tardes anteriores y, claro, la fiesta fue
otra. Desapareció la raza, la casta y, en consecuencia, la emoción. La
lidia se convirtió en una sucesión de actos rutinarios, de trances mecánicos.
El toro que salió ayer se alió con los toreros para que la tarde fuera
amable. Tan amable como el público que acudió a la plaza. Todo muy
pulcro, todo muy aseado, pero también todo bastante frío, distante e
intranscendente.
Así fue, en general, la corrida de Pereda hasta que salió el quinto.
Todo un manso fue ese toro, de los que divierten tanto a la gente como la
confunden. Tomó dos varas, la segunda en terrenos de toriles, con la
violencia propia de su condición. Más que bravo, que por supuesto no lo
era, se entregó cabreado al peto. Las dos veces estuvo a punto de
derribar y salió el tercio con dos formidables puyazos de Paco Luna.
Pero el espectáculo del manso acabó ahi. El de Pereda terminó por
ser un toro igual de vulgar en la muleta que los otros: ya ni parecía
manso. Y la faena de Víctor Puerto, además de larga, sólo tuvo cierta
dosis de arrojo.
A ese presunto manso le precedieron cuatro toros que ni fu ni fa. Eso sí,
cómodos, muy cómodos para el torero. Sobre todo el lote de Vicente
Barrera, que tuvo santa condición. Noble y suave fue el primero, aunque
muy soso; casi un calco el cuarto, aunque tuvo algo más de chispa pero
que se definió a menos. Con ambos, Barrera anduvo muy sobrado. Tanto, que
en su primero todo parecía resultar como muy mecánico. Demasiado
autosuficiencia en torero de su estilo. Excesiva facilidad, en fin.
El cuarto le calentó más y apareció un Barrera templado. La faena,
con el toro a menos, tuvo un final de parones, que acabó por darle un
matiz valentón.
El primer toro que destapó la mansa y descastada corrida de Pereda fue
el segundo de la tarde. Un manso, no obstante, con cierta vibración en la
muleta. La faena de Puerto, iniciada con varios estatuarios en el centro
del ruedo, se convirtió también en una rutinaria sucesión de pases sin
llegada al tendido.
El lote de Abellán se dividió en dos: un insulso y desnaturalizado
toro que hizo tercero, y otro manso, no podía ser menos, que cerró el
festejo. La primera de sus faenas quedó en vano intento. Le costaba al
toro embestir tanto, que acabó por convencer al torero que no había nada
que hacer. El sexto cerró con honor de manso tarde tan descastada. Hasta
cuatro veces se fue ese toro al caballo de picar, las mismas que salió
como alma que lleva el diablo al sentir la puya. El incio de faena de
Abellán pareció prometer más, pues el toro se vino a arriba. Pero todo
fue un engaño. El de Pereda rehuyó la lucha y Abellán se limitó a
poner voluntad.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Barrera revitaliza su currículo
No sé si habrá llovido mucho o poco desde aquella
mañana en que Vicente Barrera se reveló en Valencia bajo el sol, pero el
tiempo ha volado con tantas y tantas cosas que casi ha robado los
recuerdos. Barrera desde entonces ha impulsado su carrera cuidando la
tierra que lo vio nacer, donde ha cimentado su currículo, básicamente.
Ayer volvió a revitalizarlo, a renovar el crédito obtenido en Fallas,
con un lote agradecido de la muy astifina y mansa pero temperamental
corrida de Pereda.
Barrera lució un terno impecable, nuevo o casi. De categoría. El
lindo burraco que rompió plaza fue un caramelo. Justo de fuerzas y
sobrado de bondad. No se cayó y se recuperó en una muleta que trazó
ligados derechazos en un prólogo optimista. La faena, sin embargo, no
tuvo ni el son ni el ritmo del astado. Entre altibajos, en un nivel medio,
a base de pases más cortos de los que reclamaba la calidad del
enemigo/amigo, transcurrió la cosa. No falló a la hora de matar y cobró
una estocada hasta la gamuza.
Al abajofirmante le cautivó más la firmeza y la fibra que sacó
Vicente Barrera con el colorao, ojinegro y respetable cuarto, que obedecía
a los toques con su nervio y eso que hemos definido en la tradición oral
como transmisión. La faena fue la justa y necesaria, condensada. Quizá
una sola tanda al natural supo a poco... Pero Barrera estuvo a por todas,
a que no se le escapase la puerta grande, aunque fuera preciso recurrir a
un desplante de rodillas, enrabietado y ambicioso. Otra vez la espada
resultó vital. Media en todo lo alto y la salida a hombros que esperaba
se materializaba con la segunda oreja de la tarde.
Víctor Puerto tuvo enfrente dos bichos con mucho que torear. El quinto
se las trajo, bravucón engañoso en el caballo, donde protagonizó una
suerte espectacular Paco Luna. Otro Paco, Peña, arriesgó con los palos.
Puerto se alargó mucho, sin definir terrenos con claridad. El metraje de
una faena de más a menos le puso en el límite de los dos avisos. Mantuvo
más el pulso de la obra anterior, que contuvo derechazos de mano baja,
mandona y cabal.
Mal salió el sorteo para Abellán. Ni el parado e inválido tercero ni
el manso, huidizo y geniudo sexto fueron material propicio. Una sola tanda
diestra de la última faena destelló sobre un fondo de enganchones.
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