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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE SAN JAIME
Tarde del miércoles, 24 de julio de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Celestino
Cuadri, también devuelto. Correctos de presentación, discretos en
varas y desiguales para la muleta.Diestros:
- Pepín Liria,
pinchazo y descabello (saludos), casi entera atravesada -aviso-, y
descabello, una oreja con fuerte petición de la segunda.
-
Juan José Padilla, media
estocada y dos descabellos (saludos); pinchazo casi entera, desprendida
y descabello. Vuelta con algunas protestas.
- José
Calvo, , trasero y desprendido que basta. Una oreja; pinchazo y tres
descabellos, palmas de despedida.
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País. VICENTE
SOBRINO. Liria y Calvo, dos revelaciones
La corrida de Cuadri tuvo tres toros en tipo y otros tres menos en la
personalidad del hierro. Dos de los toros menos Cuadri de la
corrida, en tipo y en cara, los sorteó Liria. Esos dos toros fueron, además,
distintos en todo: en hechuras y condición. El que abrió plaza, alto y
bastote; el cuarto, bajo, corto y de poco cuello. Ninguno de los dos se
rompió en el caballo, aunque el segundo del lote se empleó un poco más
en el primer puyazo. Este toro, que llegó muy justo de fuerzas a la
muleta tuvo fuerza y temple. Esas mismas condiciones las empleó Liria con
tan noble animal. Y entonces fue cuando apareció un torero relajado, muy
asentado y toreando con gusto. Asomó la calidad de un torero muy
reposado, que incluso tuvo tiempo para recrearse. Se demostró, en fin,
que cuando a este Liria no se le echa a los leones, surje un torero de
buenas formas y mejor fondo.
El primer toro, que arrolló a Liria de salida, fue de esos que llaman
de peligro sordo. Mas no era un peligro tan escondido, cuando resultaban
tan evidentes sus miradas a los muslos del torero. Toro incómodo e
incierto, con el que no dudó Liria en echarse la muleta a la izquierda
nada más comenzar la faena. La entrega que no tuvo ese toro la puso el
torero.
Un toro con plaza, fijeza y recorrido fue el tercero. Pero entre tantas
buenas condiciones, ese toro también tenía un fondo de listeza tan poco
aparatoso como cierto. Exigía firmeza de manos y agilidad mental. Dentro
de sus limitaciones, José Calvo entendío a tan interesante Cuadri. Bien
planteada, la faena siempre tuvo un claro acento de calidad. Fue
intermitente, si acaso, pero el goteo de clasicismo que tuvo fue para
tenerlo en cuenta.
Dentro de esa desigualdad que tuvo la corrida de Cuadri, los dos toros
de Padilla acabaron igual de parados. El segundo incluso esperó mucho en
banderillas y en la muleta, pese a tan remiso de embestida, sorprendía de
vez en cuando con tres arrancadas seguidas, tan vibrantes como eléctricas.
Peor ese toro, definitivamente, vendió humo. El quinto le dio todavía
menos opción a Padilla. Este toro sí que negó muy pronto su colaboración.
En ambos, Padilla lució, con espectáculo incluído, sus grandes
condiciones físicas con las banderillas.
Devuelto el último Cuadri a los corrales, saltó el primer sobrero de
María Luisa Domínguez, muy chico, sin trapío y protestado. Tan inválido
que también volvió por donde había salido. El sexto tris, de Bohórquez,
tuvo presencia, pero sólo eso. Se empleó en un primer puyazo pero llegó
a la muleta defendiéndose. A Calvo sólo le quedó la opción de estar
valiente.Lo intentó en principio pero el de Bohórquez se negó a
embestir y obligó a su matador a abreviar .
ABC.
ZABALA DE LA SERNA.
Y Pepín Liria toreó templado
Esa quizá sea la noticia de la tarde, que Pepín Liria toreó
templado, aunque no sería justo olvidar el clasicismo de José Calvo. En
las manos de ambos recayeron los mejores cuadris de una interesante
corrida que se torció al final.
Liria encontró la templanza en las embestidas del bajito cuarto, cuya
calidad tan sólo se empañaba por la justeza de fuerzas. A la apertura de
hinojos le siguió una serie diestra que no alcanzó el relajo y la
despaciosidad de las posteriores. Pepín, acostumbrado a la guerra, a la
fragosidad de la batalla con los más correosos navajeros de los campos de
España, se sintió a gusto, como en un oasis, con aquel toro. En lugar de
coger el fusil, en este caso la muleta, a bayoneta calada, la acarició
para trazar naturales largos y al ralentí. En otra tanda zurda, avanzada
la obra ya de forma considerable, el toro comenzó a pararse. Entonces
vino la interpretación más alegre y efectista, en plan circulares y algún
que otro rodillazo. La muerte tardó en llegar con la travesía de la
espada, y antes del descabello definitivo sonó un aviso. Fue una oreja
conquistada con fuerza, tanta que acarició la segunda.
Liria se había mostrado valiente con el inmenso y negro toro que rompió
la tarde, un cuadri de peligro sordo que le levantó los pies en el saludo
con el capote. Un milagro más se materializó al levantarse indemne. Pesó
luego el toro en los medios para tirar de él, cosa que hizo con la mano
baja y muy al hilo siempre, o casi, que es costumbre de Pepín Liria no
cruzarse en exceso. Hubo tensión y vibración. Se le recompensó con una
ovación en el tercio.
Calvo ha sido la grata sorpresa de la Feria de San Jaime. Tuvo un toro
acucharado y bueno, con el defecto de salir con la cara alta a mitad de
los viajes. El joven valenciano, que había sustituido al convaleciente
Antonio Barrera por méritos propios, se confió poco a poco en las
dobladas de inicio hasta cuajar unos muletazos genuflexo de extraordinaria
belleza. En un primer instante, el toro se le venció (esto de cuadri no
admite ni un instante de desconcentración), para después seguir la
muleta con nobleza. Corte bueno el de José Calvo, sensacional en los
pases de pecho. Como es normal y lógico, acusó en momentos la falta de
contratos, en pequeñas fases de desajuste. El trofeo le debió saber a
gloria. Nada logró ante un sobrero de Bohórquez que evolucionó a peor y
que había reemplazado a un flaco suplente de nombre «Malasuerte»: ya
hace falta ser malaje para bautizar así un toro.
Padilla sufrió un repentino escozor, o un ataque más de ordinariez,
vaya usted a saber, en sus partes cuando paseaba entre protestas y por la
cara el anillo. Se alivió raudo el picor ante el sector más vociferante
y nos quitó las ganas de escribir.
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