GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE
SAN JAIME
Tarde del lunes, 22 de julio de 2002

Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Yerbabuena, nobles, pero bajos de raza. 

Diestros: 

  • Salvador Vega, saludos tras aviso y silencio tras aviso.
  • Jorge Ibáñez, saludos tras petición y silencio.
  • Reyes Ramón, silencio, silencio

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa: El País, ABC


El País. VICENTE SOBRINO. Tarde plana y absurda

Novillada sin historia, ni poca ni mucha, sin historia: así como suena. Para que tarde tan plana sucediera, coincidió que novillos y novilleros anduvieron escasos de casta los primeros y de ilusión los segundos. Y eso es grave, tanto en un caso como en otro.

La novillada de Yerbabuena, en esta ocasión de procedencia Jandilla, tuvo, no obstante, algún novillo aprovechable para la muleta. Por ejemplo, primero, tercero y cuarto merecieron más de lo que hicieron sus matadores. El que abrió plaza fue, con diferencia, el mejor de todos. Un buen novillo, que repitió con codicia en la muleta. El tercero fue de esos que tienen sus posibilidades, pese a lo manso que fue con el caballo y lo berreón en banderillas. Y el cuarto, un precioso colorado, tuvo tanta dosis de sosería como de nobleza. Fueron tres novillos muy aprovechables, pero no lo debieron ver así sus matadores.

De esos tres animales de Yerbabuena, dos fueron para Jorge Ibáñez que, obviamente, se llevó el mejor lote. Pero a Ibáñez debieron mirarle mal ayer las musas, porque no aprovechó la ocasión. Muchos muletazos, sin ton ni son, en su primero, y sin calado entre la gente. Con el cuarto, apenas una miniserie con la izquierda y un absoluto y absurdo encimismo el resto de una faena sin recursos.

Tampoco estuvo al nivel Reyes Ramón con el suavón tercero. Voceras en el quite, nunca encontró el sitio. Lo demás fue todavía más opaco. Novillos mansos en el caballo y defensivos en la muleta; descastados, en fin. El peor lote fue para Salvador Vega, que pasó sin brillo. El sexto, de lo peor de la novillada, rubricó tarde tan plana y absurda.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Feria de Valencia: Cuatro dulces y el paladar de Vega

Hubo cuatro novillos como cuatro bombones, como dulces para niños a la puerta del colegio. Pero los novilleros no disfrutaron ni valoraron la ocasión, y sólo Salvador Vega evidenció que cuenta con paladar para distinguir una golosina de una almendra amarga. Ortega Cano presentó una novillada a modo, bonita, baja y recortada. Salvo cuarto y sexto, que aparentaban hechuras más corpulentas, y el flacón quinto, los demás parecían dibujados para gozarlos. Mas el gozo se hundió en el fondo del pozo atado a una piedra de tedio.

Jorge Ibáñez dispuso del lote más completo, para soñar cosas bonitas y una tarde de gloria. Inédito con el capote, en lugar de dejar volar la imaginación se durmió en la monotonía del derechazo plano y el natural sin aliñar ante el fantástico utrero que desvirgó la arena. Toreó correcto e incluso ligado y largo. O sea que mal no estuvo, simplemente que es así. Conectó con intensidad con los tendidos cuando hilvanó tres muletazos sobre un adoquín. Para colmo, encontró hueso con la espada en unos pinchazos timoratos.

No mejoró Ibáñez con el fuertecito y colorao cuarto, al que entendió mejor a final de obra. Una pena.

Usó el capote con decisión Salvador Vega en el saludo y en el galleo por chicuelinas. Asumió perfectamente las características del torete, noble y cobardón, que metía la cara entre las manos y se lo pensaba. Vega le supo llegar muy bien con la muleta al hocico, sobre todo al natural, en tres tandas afortunadas, tan bien concebidas como ejecutadas. Si pecó de algo fue de apurar demasiado la faena, lo que motivó algún problemilla a la hora de cuadrar al animal. Si hubiera cobrado la estocada en el primer envite, se habría asegurado la oreja. Como vivimos en épocas de modas, no paseó el ruedo después de que la pañolada no cautivase al presidente.

Nada consiguió del deslucido y vareado quinto, la oveja más negra del conjunto junto con el sexto. Y aquí Reyes Ramón también se estrelló. Justificado naufragio ante tan parado material. Menos excusas se vislumbran para no redondear con el tercero, un zapato de cara amable y amistosa. Prologó la faena sentado en el estribo y sobre la derecha dio algún tirón en los inicios. Por este lado había más posibilidades, como se vio en la serie que siguió a un tenue paso zurdo. Faltó alma, aunque seguro y preparado se le nota. La mano se le fue a los bajos en carnes delanteras. Lástima, porque apunta aptitudes que deberían romper ese halo un tanto frío.

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