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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del sábado, 16 de marzo de 2002
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: cuatro
toros de El Pilar (desiguales de
presentación y juego), tres de Domingo Hernández (sustituyeron a los
rechazados de Garcigrande, manejables y desiguales de presentación), mansos en
general).Diestros:
Entrada: hasta la bandera.
Crónicas de la prensa:
El País, El Mundo, ABC
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Pídele cuentas... ¿a quién?
Si contar con los ases de la torería conlleva el sacrificio del toro
como elemento indispensable de la Fiesta, si hoy en día las figuras del
toreo eligen las fechas, exigen un caché que rompe el mercado -hasta
tal punto que no hay plaza en España cuya taquilla soporte una terna de
primerísima fila-, escogen las ganaderías y los compañeros de cartel,
y las empresas transigen con todo, luego, ¿a quién se le piden cuentas
si el fracaso sucede? ¿Quién corre con las responsabilidades del
fiasco? Si a principios de temporada se anuncia una corrida parcheada de
antemano y se toleran dos ganaderías distintas, por puro capricho, en
una misma tarde y en una plaza de la categoría de Valencia, ¿a quién
se le enseña la entrada en airada protesta? ¿A quién se le mienta la
madre?
Tanta cuidada selección de los toros de El Pilar y Domingo Hernández
para semejante saldo. Porque lo de ayer ni se debe mirar como corrida ni
juzgar como conjunto. Y, cómo no, ahora además los toros sirven de
excusa y parapeto; los toros que ellos mismos han impuesto. Repito: ¿a
quién se le piden cuentas? ¿Al Rey, como en aquella película de
Antonio Resines?
Regreso a Valencia
Regresaba José Tomás a Valencia después de tres años de
ausencia. Su presencia se estrelló de pronto con un terciado e inválido
toro de El Pilar. El sobrero no mejoró ni en presentación ni en juego,
y se caía una y otra vez. Entre claudicaciones y enganchones se desinfló
la faena.
Al menos el quinto, de Hernández, lucía sus puntitas, y no como
otros ayer y anteayer. Surgieron oles en los lances de salutación.
Claro que también hubo una ovación para el toro en el arrastre después
de repucharse y haber salido suelto del caballo. El volatín del prólogo
de faena mermó sus facultades, pero todavía sirvió para la muleta.
José Tomás fue José Tomás a veces. En algunos naturales soberbios y
limpios, que así no acabaron todos, ora por la escasa templanza ora por
el molesto aire. La obra se desarrolló con altibajos: ahora sí, ahora
no. Careció, en definitiva, de cuerpo compacto. Las previsibles
manoletinas finales enardecieron los tendidos y pusieron al público aún
más cachondo. La trayectoria tendida de la espada requiso del manejo
del descabello, que José Tomás usa con timidez o inseguridad. O sea
que perdió una oreja cantada. O no, según. Porque el presidente utilizó
distintos criterios: a Joselito le negó una que sí concedió a Miguel
Abellán con la misma o menor petición. Y la verdad es que ni aquél ni
éste la merecieron.
Abellán se mostró bullidor con el capote frente al escurrido
tercero y lo entendió bien en una ligada primera parte de faena sobre
la mano derecha. Tres series, tres, con cabeza para darle la distancia
oportuna, cayeron en picado cuando intentó el toreo al natural, por
donde el cornúpeta no respondía igual. Mató en un solo encuentro,
como ante el sexto, un áspero animal al que nunca logró templar. Los
tropezones abundaron.
Joselito tardó en acoplarse con el noble y pegajoso primero, mas sin
otras complicaciones. Principió animoso, de rodillas, e incorporado
trazó los muletazos mejores de su actuación, incluido un torero cambio
de mano. Después perdió pasos constantemente, hasta que se centró
algo más con la zurda. Remató con una contundente estocada contraria.
Como es costumbre en él, tras la petición no paseó el anillo. Ante el
alto y grandón cuarto -con esas hechuras era imposible que humillara-
pajareó aún más que en el anterior.
El País. VICENTE
SOBRINO. Sólo
destellos en una tarde sin remate
La suerte repartió
justicia. De seis toros, cada uno de los toreros se llevó uno bueno.
Con estilos diferentes, pero buenos de verdad. De esos tres toros, dos
fueron de Domingo Hernández, primero y quinto, y uno de El Pilar, el
tercero. Ayer, como se ve, tocaba nones.
Mas fueron toros
con diferencias notables en tipo y en juego. Desde el muy terciado y
pobre de cara que abrió plaza, al muy correcto que hizo quinto, pasando
por un tercero justo y cortito de caja. De común sólo tuvieron la
fuerza. Muy poca, por cierto.
De juego,
dispares también. El primero de Joselito fue repetidor y con un incómodo
gazapeo.Tuvo poca transmisión pero bondad infinita, a pesar de ese
matiz de incomodidad que no dejó centrarse a su matador. No hubo mando
en la faena de Joselito, con repetidos enganchones que deslucían el
conjunto de una labor que no terminó de coger vuelo. Cuando pareció
centrarse Joselito, precisamente con la mano izquierda, el toro estaba
con el gas en punto rojo. Ya no había solución. No bastó una buena
serie al natural para remontar lo que había empezado sin ligazón.
El que saltó en
tercer no auguraba que acabara su vida en el ruedo. Tal era su flojedad
que en varas pasó prácticamente sin castigo. Un trámite, vamos. Abellán,
que lo había toreado variado con el capote, desde las dos largas de
rodillas de salida hasta el combinado por tafalleras del quite, se lo
dejó crudo con idea. Ese toro de El Pilar tuvo prontitud y fijeza,
sobre todo por el pitón derecho. Por ahí basó la faena Abellán, muy
metido siempre con el toro, tras el comienzo de un cambiado por la
espalda. La faena tuvo cierto vuelo por el lado bueno del toro. Por ahí
lo entendió bien el torero. Los muletazos tenían largura y hasta
mando, aunque una vez con la muleta en la mano izquierda cambió el
panorama. Por ese lado el toro negó su entrega y la faena quedó sin el
remate apropiado.
El colorado
ojinegro que hizo quinto fue el otro toro de la corrida. Quizás el de
mayor transmisión, aunque con el notable defecto de que nunca humilló.
Fue el clásico manso del primer tercio que se va suelto del caballo,
que, pronto y de largo, acaba metiendo la cara en la muleta hasta con
recorrido.
Con ese toro de
Domingo Hernández, José Tomás cuajó una faena de series cortas. Eran
tres muletazos y el remate. Tanto por la derecha como por la izquierda.
La faena de Tomás partió de la virtud de dejarse venir el toro a la
media distancia, incluso a veces de muy largo. Los mejores momentos
fueron cuando empleó la zurda, muy centrado, templado y con las
zapatillas clavadas en la arena. La faena vivió fases de cierta
intensidad, diluida definitivamente a la hora de utilizar el descabello.
Los tres toros
restantes fueron otra corrida. El sobrero de El Pilar fue blando y se
defendió en la muleta. José Tomás se perdió con él. El cuarto, el más
toro de la tarde, empezó rebrincado y acabó apagado. Joselito, espeso
de ideas, terminó quitando moscas. El sexto fue el más deslucido de la
corrida. No tuvo entrega y sí un acusado punto de violencia que resultó
determinante. Abellán intentó la pelea en los primeros momentos, pero
aparecieron muy pronto los enganchones y el toro, muy a la defensiva,
acusó mucho más sus defectos.
El
Mundo. JAVIER VILLAN. Las
veleidades del palco presidencial
Hasta que salió el quinto, lo que de verdad venía encrespando al
personal, eran las veleidades del palco. Un palco veleta que le había
escamoteado a Joselito una oreja, pedida mayoritariamente. Cuando salió
el quinto hubo un conato de verónicas por parte de José Tomás que, sin
ser modélicas, elevaron la temperatura torera. Tomás, inadvertido en su
primero, se creció en dos tandas de redondos y se sublimó en dos series
de izquierda y los subsiguientes pases de pecho con todo el toro por
delante. Cuando ya se preparaba la apoteosis, marró con el descabello.
Pese a esto, el protagonista seguía siendo el señor del palco que, en
el primero, armó el cirio. Joselito salió arrancao, pero el palco posaba
de don Tancredo. Y he ahí como a causa de una oreja negada, la ovación
que Joselito recogió en el mismísimo platillo, valió por un triunfo
grande. José Miguel Arroyo ni siquiera perdió el tiempo en dar la vuelta
al ruedo.
Se mezclaban los denuestos con los lamentos, los insultos con los
piropos, y todo, a fin de cuentas, redundó en beneficio de José Miguel
Arroyo que se llevó al público de calle. Joselito trazó la larga
cambiada de rodillas y, en la raya, abrió faena de muleta también de
rodillas: un redondo, un natural ya de pie, soberanos. Un bache, y alzó
otra vez el vuelo en naturales. En general, el trajín de José Miguel
Arroyo estuvo sobrado de elegancia y falto de quietud y ligazón. La
elegancia nunca sobra y ligazón y pies quietos son siempre pocos.
Estoconazo ligeramente contrari y se armó el follón entre el público y
el palco presidencial.
Los misterios del palco de Valencia don Miguel Asensio, por ejemplo son
insondables. Don Miguel Asensio le negó una oreja pedida por la mayoría
a Joselito y le otorgó otra a Miguel Abellán con una petición, no sé
si mayoritaria, pero claramente inferior.Yo no protesto esta oreja a
Miguel Abellán, faltaría más. El señor Asensio es dueño de llevarse
una espuerta de orejas y repartirlas incluso entre los acomodadores, los
areneros y los alguacilillos.Yo no niego nada: ni los méritos de Abellán,
ni el criterio aleatorio y arbitrario de don Miguel Asensio. Lo único que
se pide es unidad de criterio para evitar agravios comparativos. El palco
no puede ser una veleta a merced de los vientos.
Y conste que no niego los méritos de Abellán, faltaría más. Abellán
armó el taco con la capa: por su arrojo y por su variedad. Al rematar de
rodillas, el toro se desplomó y allí se acabó lo que se daba. Con la
muleta el taco fue menor: pase por detrás muy ceñido, serie de derecha y
pase de pecho, tanda de redondos y pase de pecho. Otras dos tandas muy
ligadas, desarme al segundo natural, un natural con enganchón y otro sin
enganchón; dos pases de pecho. Pase de las flores y estocada letal.
Tras los fulgores, al natural, de José Tomás la tarde se oscureció:
Joselito voluntarioso y con conciencia clara del despojo perpetrado; y
Miguel Abellán con un manso sin remisión que no tenía un
pase.Consecuentemente, Abellán no se los dio. En resumidas cuentas, la
tarde es la historia de un despojo presidencial, la decisión de Joselito
y los naturales de José Tomás.
Premio. La peña La Revolera de Castellón de la Plana, 25 mujeres que
tienen vedado el acceso del varón a sus reuniones, ha dado su veredicto:
lo más torero de la Feria de la Magdalena, para la labor heroica de
Antonio Ferrera, el día de los vitorinos.Y el buque insignia de la peña,
el premio a la mejor revolera, para Francisco Ojeda. Es lo mejor que le ha
ocurrido al veterano torero en su incierta reaparición.
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