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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE JULIO
Tarde del miércoles, 25 de julio de 2001
Crónicas de la prensa
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Celestino
Cuadri, de imponente hondura y notablemente parejos. Ningún toro
fue completo en el caballo, ni siquiera el sexto, premiado con la vuelta al
ruedo, pero todos, salvo el segundo, que fue único de mala nota, tuvieron en
común el humillar mucho, la nobleza y la fijeza. Todos aplaudidos en el
arrastre.Diestros:
Entrada: media plaza.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
Diario de Sevilla
El País JOAQUÍN VIDAL,
Valencia. Orejas, puertas grandes y la Biblia
Hubo seis orejas, tres puertas grandes,
la Biblia en pasta... La fiesta tomaba los derroteros que quieren
institucionalizar los tarurinos: pase lo que pase, triunfalismo total.
Lo que pasaba tampoco se crea que era
como para tirar cohetes. Los toreros estaban bien, más que nada
voluntariosos; los toros mal (quiere decirse de salud), si bien sacaban
la suficiente bondad para que los voluntariosos toreros les pegaran
pases.
Pases hermosos, no se crea que llegaron
a darlos; pases de esos que levantan del asiento a la afición, pues no;
pases dotados de arte o -en su defecto- de ese aroma que derrama la
torería, pues tampoco.
Pases, muchos pases... Pases con la mano
derecha principalmente, que llaman derechazos y constituyen la esencia
de la neotauromaquia, andante, apabullante y abracadabrante.
Los toros, pertenecientes a la
acreditada ganadería de Celestino Cuadri, tomaban esos pases y más que
hubiera, sin ningún problema. Cierto que algunos parecían renuentes,
tardaban en reaccionar cuando los diestros les presentaban el engaño,
al embestir iban despacito... Mas no se crea que era por falta de
voluntad sino por penosa fatiga corporal.
Por ellos -los cuadri- habrían
estado embistiendo sometidos y humillados cuantas veces lo hubiesen
requerido sus respectivos lidiadores. Esta ganadería, que fue orgullo
de la raza brava, hierro de referencia de la más acendrada afición, ha
experimentado una evolución espectacular que tiene un poco
desconcertadas a las acendradas aficiones y hasta a la cabaña de bravo.
De toro poderoso y duro de pezuña,
serio y bravo, ha pasado a ser toro feble, desfallecido y bondadoso. No
podría argüirse que esto es fruto de una misteriosa mutación genética
(aunque tampoco se va a descartar, ni mucho menos), sino quizá del síndrome
habitual en muchos de los criadores de toros poderosos, duros de pezuña,
serios y bravos: que lo que de verdad quieren no es que los aplauda la
afición acendrada ni que se enorgullezca de ellos la cabaña brava sino
que los quieran las figuras y los exijan Ponce y El Juli, pongamos por
caso.
Lo de Valencia supuso un gran logro, y
había que ver a los taurinos cómo exteriorizaban por el callejón su
felicidad, cómo abrazaban y felicitaban al mayoral, representante del género
bovino que había contribuido a la concesión de la media docena de
orejas y, ganado el premio de la triunfal vuelta al ruedo del toro que
cerró plaza.
El presidente estaba que lo tiraba. El
presidente parecía puesto allí por ese contubernio de taurinos que se
está gestando. Pronto llegará la autogestión que prepara el
contubernio. Los del PP (que gobiernan ahora) son de la misma cuerda y
harán lo que les manden. Éstas serán las bases del nuevo orden: el régimen
interior (y el exterior) de la fiesta, establecido por ellos; el
reglamento -si lo hay-, redactado por ellos; los veterinarios,
designados por ellos; los presidentes, nombrados por ellos.
El presidente de Valencia ya ha hecho méritos
suficientes para ser de los primeros. Y los veterinarios de Valencia que
han aprobado las corridas anovilladas, desmedradas, desmochadas, que han
estado saliendo en la feria, también.
Lo bueno de la tarde de los cuadris fue
que no toreaban figuras y los espadas, más o menos modestos, pudieron
aprovechar su bondad y su insustancialidad. Raúl Blázquez, por
ejemplo, que es torero de vocación con excelentes condiciones para el
oficio, que ha carecido de apoyos, echó el resto, presentó la muleta
con la izquierda más que nadie, se fajó en los derechazos, hizo alarde
de valentía y derroche de pundonor.
Alberto Ramírez, acaso porque intentaba
una interpretación más fina de las suertes (por tanto más complicada)
lució menos con ocasión de los derechazos a su primer toro; en tanto
se los hilvanó con decisión y gusto y añadió la versión no tan
selecta del circular al cuadri quinto, que sacó una boyantía
excepcional.
Y Rafael de Julia, reciente triunfador
de la Feria de San Isidro, mostró el buen momento en que se encuentra;
suyos fueron los derechazos mejor ligados de la tarde, el apunte del
natural tampoco desmereció del resto, y suya fue asimismo la
contundente estocada al sexto toro, que sirvió al presidente para
concederle los máximos trofeos, al toro el máximo premio, tirar la
casa por la ventana y convertir la plaza de Valencia en un coladero.
Enhorabuena, che.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Triunfo
de la juventud con una boyante corrida de Cuadri
Enhorabuena al ganadero y a los toreros, a los hijos de Cuadri y a
Rafael de Julia, Raúl Blázquez y Alberto Ramírez, por este orden y
por encima de las orejas cortadas.Aunque, al final, como decía De Julia
no sé dónde, es lo que cuenta. Y a los tres les debería de valer
haberle sacado partido a esta corrida tan franca y boyante, carente a
veces de un punto de transmisión, por ser exigentes. Pero con tres
toros -tercero, quinto y sexto- más que notables.
Rafael de Julia dispuso del lote más completo, y toreó con estilo
castellano, muy sobrio y limpio. Posee condiciones para funcionar. Al
tercero le principió faena por bajo y enseguida le templó sobre la
derecha en una serie intensa. La faena titubeó, más sobre la mano
izquierda, y su tono no se mantuvo como en los comienzos. Bastó una
estocada desprendida que la gente prefirió obviar -como ocurrió también
en el primero de Blázquez- para conquistar el trofeo. El conjunto de la
última obra superó a la anterior. El cuadri, con un volumen de 622
kilos, se movió, dio juego noble, y murió con la boca cerrada. Observo
que Rafael se entiende mejor sobre la derecha que al natural. Fue
contundente al matar y redondeó con las dos orejas.
Blázquez exprimió al máximo sus posibilidades, y por torear tan
poco su mérito es mayor. Fue él quien se impuso el triunfo con una
actitud inasequible al desaliento. Su primer oponente fue tardo y le
arrancó las embestidas metido en las distancias cortas; al flojito
cuarto también lo entendió.
Alberto Ramírez derrochó voluntad con el segundo, difícil de
templar por su escasa capacidad para humillar. Se superó con el quinto,
un torazo de cinco años y medio. Protagonizó bellos instantes con el
capote y tambien en el toreo en redondo y ligado, con ese acento
sevillano tan lejano del mediterráneo. A punto estuvo de tirar el
esfuerzo con la espada. Pero el público estaba por la labor de
compensar la entrega la juventud.
Diario de Sevilla.
BARQUERITO. Exito conjunto de Rafael de Julia y
los Cuadri
Contaron y pesaron las muchas virtudes de la corrida
de Cuadri. Sobre todo, su manera de humillar, su nobleza y su fijeza.
También su tranco pesado y largo. Junto a ello, su muy seria presencia
y, con el rigor clásico de la ganadería, su impecable presentación.
Monumental la corrida. Apenas desigualada por un tercero más recortado
que los demás y un sexto que con sus 622 kilos se pasó de volumen.
Corrida muy desigual y poderosa en el caballo, pero arriba en
banderillas y fija en la muleta. Fue general la bondad, que dio a los
tres toreros alas y confianza. A pesar del escaparate aparatoso, el
nombre de Cuadri no impuso a ninguno de los tres. Prueba de ello es que
las seis faenas fueran en los medios. Largas y densas, además, las
seis. La gente entró en seguida en el espectáculo y hasta se aplaudió
el arrastre del segundo, el único toro que desentonó del notable
conjunto.
La mecha la encendió el valenciano Raúl Blázquez con una
inteligente y firme faena a un primer toro de corrida que, acusando los
efectos de una vuelta de campana completa y de un posterior entierro de
pitones en la arena, llegó a la muleta particularmente aplomado.
Tesonero, bien colocado, Blázquez enganchó el toro con pulso y tiró
de él limpiamente. Temple del toro, que no tuvo buen final, y carácter
del torero, que tragó sin aspavientos y mató con honradez. Un paréntesis
breve después, pues el segundo, de aspeados andares, se blandeó
feamente en el caballo, fue el único de los seis que no humilló, rebanó
por el pitón izquierdo y terminó rajadito y suelto. Alberto Ramírez
manejó la cuestión con soltura, decisión y oficio. La corrida explotó
después. La faena de Rafael de Julia rompió en seguida. Una soberbia
apertura por abajo con toreo cambiado de largo trazo y de inmediato una
tanda en redondo de gran calado. El viento provocó un pequeño bache.
Por la mano izquierda fue otro el toro y menos los logros. Pero De Julia
supo recomponer, volver a la mano buena, dejarse ir con ritmo y rematar
con coraje de aceptable estocada.
La segunda parte fue mejor todavía. El cuarto salió acalambrado y
se sentó un par de veces, pero remontó en la muleta. Hubo que ayudarlo
y acertar a exprimir su nobleza. Esos fueron los méritos de una faena
de Raúl Blázquez emotiva por su entrega. Muletazos a tenaza pero
largos y limpios, ligados en un palmo, tandas cortas de toreo lento. La
estocada caída tumbó sin puntilla al toro. Alberto Ramírez salió por
todas con un quinto que hizo en el caballo pelea espectacular y que en
la muleta sacó más picante y listeza que los demás. Asentado y
seguro, pero en son arrollador, el torero de Castellón sometió al toro
y, cuando éste amenazó con venirse abajo, se adornó con temeraridad.
Lo mejor fue la notable faena de Rafael de Julia al excelente sexto,
que pudo admirablemente con el tonelaje, se vino pronto y alegre a todo
y se empleó muy largo por los dos pitones. Por la vía clásica, en
tandas ligadas y abrochadas con pases de pecho, Rafael de Julia hizo
bien muchas cosas: tocar al toro siempre a tiempo, ponerse en el sitio
con precisión, enterrar las zapatillas y dejarse llevar por su seria
inspiración de torero elegante. De gran vibración el trasteo entero. Y
una estocada a morir porque este triunfo tan señalado no podía
escaparse. |