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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE JULIO
Tarde del domingo, 22 de julio de 2001
Crónicas de la prensa
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Valdefresno,
aceptablemente presentada y descastada en diversos grados. El quinto, con el
hierro de Fraile Mazas, de la misma familia ganadera.Diestros:
- Víctor Puerto,
pinchazo y estocada caída (saludos). En el cuarto, dos pinchazos y
estocada (saludos).
- José Pacheco, El Califa,
pinchazo, estocada y descabello (saludos tras aviso). En el quinto,
dos pinchazos y descabello (silencio).
- Miguel
Abellán, dos pinchazos y estocada (saludos tras aviso). En el
sexto, cuatro pinchazos (saludos).
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
Diario de Sevilla
El País JOAQUÍN VIDAL,
Valencia. El insoportable derechazo
La tarde entera viendo derechazos... ¿Quién inventaría el
derechazo? Si compareciera el inventor del derechazo se iba a enterar.
Toda la tarde se pasaron los tres diestros pegando derechazos, además
malos, a unos anovillados especímenes sin ningún síntoma de casta
brava. Y no sólo eso sino que daban muestras de borreguez o de una
pasividad crepuscular parecida a la drogadicción.
¿Derechazos malos, encima a unos borregos tullidos con cara de
drogadictos? Pues que venga Dios y lo vea.
Y el público se dormía. No es una afirmación gratuita ni una
apreciación exagerada: se dormía. Se durmió la vecina de localidad,
algún taurino se durmió en los burladeros del callejón, se durmieron
diversos paisanos tendido arriba, y puede que aún hubiera otros allá
donde no alcanzaba la vista.
El despertar, en cambio, lo tuvieron sobresaltado porque habían
acudido a la plaza filaes de las fiestas de Moros y Cristianos de
Torrent, con sus bandas; y cuando la tuba, el bombo, los tambores y la
trompetería atacaban las escogidas piezas de su variado repertorio daba
la sensación de que llamaban a zafarrancho de combate.
Hasta los despiertos se llevaban un susto. Aunque no era como en
Pamplona por los sanfermines, donde se pasan la corrida tocando y se
arma en los tendidos un barullo infernal. Aquí sólo lo hacían entre
toro y toro, se concentraban músicos y mozos en las andanadas que
llaman nayas, los miembros de cada filá -bien moros, bien
cristianos- cantaban y bailaban con gran frenesí, y en cuanto sonaba el
clarín para dar la salida al toro, callaban y permanecían en reposo
hasta la siguiente ocasión. El reposo del guerrero, debía de ser...
Se ha dicho salida del toro y éste es un eufemismo que conviene
aclarar de inmediato. Más que eufemismo es mentira, por lo cual se pide
perdón. Pues lo que salía habría sido la cabra si no fuera porque
daba con su comportamiento más aspecto de borrego. Fueron seis toros de
vergüenza ajena. Seis toros inadmisibles en cualquier plaza de mediana
categoría y Valencia está clasificada de primera. Seis toros que -se
insiste- no ofrecían la imagen de tales toros sino la de los novillos o
la de los eralotes regordíos; y traían, por añadidura, una galvana
impropia del ganado de lidia, sospechosa de resaca, de francachela o de
puro vicio,que en los tiempos modernos denominan cuelgue.
Y los espadas, prestos a recibir aquello con largas cambiadas de
rodillas (jamás en la historia del toreo se han dado tantas largas
cambiadas de rodillas), parecían inútiles en el manejo del capote;
ensayaban chicuelinas, que interpretaban metiendo un trallazo; con todo
el desparpajo del mundo brindaban al público semejantes ruinas de
toros, y luego se ponían a pegarles derechazos.
Víctor Puerto, además de los derechazos, recurría a los
circulares, que tanto agradan a públicos triunfalistas como el
valenciano. Y sería mentir de nuevo si no se precisara que intercaló
repetidas veces el toreo al natural, sólo que sería mejor olvidarlo
por la vulgaridad con que lo ejecutó.
Los otros dos diestros, ni eso. El Califa y Miguel Abellán, en sus
respectivos turnos, se ponían a pegar derechazos, una tanda tras otra,
el público durmiéndose, el toro (o lo que fuese aquello) queriéndose
suicidar. Y allá, a las tantas, perpetraban una somera incursión al
natural, que les salía un churro. Y volvían a los derechazos con
renovado entusiasmo.
Por sorprendente novedad tal cual transcurre el derechacismo en la
fiesta, algunas de esas tandas las ligaron. El Califa ligó una muy
buena al segundo toro, y otra al quinto tras darle el pase cambiado por
la espalda en el inicio de la faena; con la salvedad de que el animalito
se le desplomó, y dado que continuó pegando traspiés, tumbos y
zapatetas, ya no pudo haber faena.
Miguel Abellán pareció querer borrar la espesa mediocridad de su
primera faena mediante una de altos vuelos al toro sexto, y para ello no
se le ocurrió mejor idea creativa que molerlo a derechazos. Varias
tandas buenas ejecutó, otras salieron regulares, se echó de rodillas,
tiró los trastos en plan suicida, y prácticamente hizo de todo excepto
tomar la muleta con la izquierda. La izquierda, ni tocarla. Y
finalmentemató fatal, con lo que ni triunfó ni borró nada y dejó
patente un sello de lamentable vulgaridad.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Huelga de
espadas caídas
Si ayer hubiera desaparecido del calendario, nada se habría perdido.
Fue una de esas tardes que cuando acaban y cierras los ojos no dejan
huella ni recuerdo, sólo un inmenso bostezo mental, un vacío
irrellenable y una sensación de haber desperdiciado dos horas y media
de vida sentado en un tendido.
Los toros de Valdefresno fueron parejos en presentación. Y en juego,
más o menos. Igual de mansos y sin chispa todos, noblotes y con escasa
movilidad. A estas tristes condiciones se sumó una especie de huelga de
espadas caídas, y los tres toreros pincharon y pincharon.
El sexto descabalgó al piquero de turno de certero derrote en la
planta de la mona y lo derribó en monumental costalada. A Miguel Abellán
le quitaron los repetidos fallos con la espada la posibilidad de haberle
cortado una oreja después de una afanosa faena de corte derechista,
principiada de rodillas. Luego, cogió el joven madrileño la derecha y
ya no la soltó. Trató de agradar y de centrar al huidizo manso en el
rojo trapo, y a base de ponérselo en la cara alargó aquella
desesperante embestida al paso. Acabó con un desplante a cuerpo limpio
y con cuatro pinchazos que le privaron de la recompensa.
Animoso se había mostrado también con el tercero, al que saludó
con una larga cambiada. En los medios, hilvanó varias series diestras y
engarzadas, pero el toro se desfondó y quizá Abellán también. Esta
vez sí presentó la izquierda, aunque fuese en una tanda que concluyó
en desarme. De nuevo marró con el acero.
Puerto no anduvo mucho más fino con la tizona. En sus manos cayó el
más potable de los seis, noble y de largo viaje. Una larga de rodillas,
verónicas, chicuelinas al paso, temple y clasicismo por ambos pitones
en el último tercio pero sin levantar pasiones. O si se quiere, sin
intensidad. Encontró hueso en el primer volapié; en el siguiente se
fue a los bajos.
Hasta de su sombra huía el cuarto. Víctor Puerto lo persiguió casi
por todo el ruedo en una faena que salpicó las series por el redondel.
No pudo repetir el aldabonazo que protagonizó en las pasada Feria de
Fallas.
El Califa pasó inédito con el capote y destelló en un par de
tandas diestras que no encontraron continuidad en los cada vez más
cortos viajes del enemigo. Sobre la izquierda, la mano que Pacheco
maneja con autenticidad y le ha dado fama, se le quedaba debajo.
La invalidez del quinto provocó el deslucimiento de una faena que no
encontró argumentos. Otra vez, y para no romper la tónica de la plúmbea
y grisácea tarde, no consiguió una estocada.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Descastada corrida de Valdefresno
Si la descastada corrida de Valdefresno hubiera ido
para el matadero en lugar de lidiarse en el ruedo valenciano, no se
hubiera perdido nada. Palabra. Toros nobles, pero con horchata en las
venas. Alguno de ellos, como el cuarto, un buey de carreta en toda
regla. El cartel lo componían tres triunfadores de la pasada Feria de
Fallas -Víctor Puerto, José Pacheco El Califa y Miguel Abellán-,
quienes se esforzaron. Pero aquello fue luchar contra los elementos. Y
los toreros no siempre lo hicieron adecuadamente. No hubo frutos, aunque
Abellán malogró un trofeo en el sexto por culpa de la espada.
Aunque el primer toro de Valdefresno era noble, careció de clase.
Tuvo siempre tendencia a tablas, se dejó pegar en varas y en la muleta
escarbó junto a tablas. Víctor Puerto, animoso, lo recibió con una
larga cambiada de rodillas y alcanzó su mejor momento con la capa en un
quite por chicuelinas, ajustadas. En los medios, labor porfiona, pulcra
e imposible para el lucimiento, con un astado tardo y con escasos grados
de casta. Mató mal.
El cuarto toro era un buey de carreta, sin malas intenciones. En el
caballo, cabeceó y cuando llegó la hora de embestir se refugió en
tablas, soltando hasta coces al final. Puerto se esforzó en una labor
porfiona, al abrigo de la madera. Mató al descastado animal de mala
manera.
El Califa pasó desapercibido con el manso, noble y flojote segundo.
El toro, que de salida intentó saltar al callejón, recibió un primer
puyazo demasiado fuerte y perdió las manos en un par de ocasiones en el
último tercio. El valenciano tampoco se metió a fondo con él. No llegó
a cruzarse ni a encontrarse a gusto y a la faena, en las afueras y por
ambos lados, que cerró con unas manoletinas le faltó emoción. Mal con
los aceros.
El quinto, con el hierro de Fraile Mazas, noble, también evidenció
su falta de casta, a la que se sumó su carencia de fuerzas. De hecho,
se desplomó en varias ocasiones. La labor de El Califa no fue tenida en
cuenta ante un material infumable y sin transmisión.
Abellán recibió al tercero con una larga cambiada de rodillas en el
tercio. Toro parado, pensándoselo. Con la franela, en los medios,
decisión en una faena mandona, con una notable tanda con la diestra,
pero sin redondear por el pitón izquierdo. Remató la labor rodillas en
tierra y falló con la espada.
Por los aceros, Abellán quizás perdió un trofeo en el sexto, tras
una labor de entrega, en la que con sacacorchos extrajo en los tercios
los pases de uno en uno y que acabó de cara a la galería, de rodillas
y haciendo el teléfono.
Lo de Valdefresno, por su juego, fue material para el matadero y no
para el lucimiento, en un festejo plano y grisáceo. |