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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE JULIO
Tarde del viernes, 20 de julio de 2001
Crónicas de la prensa
Festejo de rejones
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Fermín
Bohórquez (desiguales de presentación).Diestros:
Entrada: se
registró un cuarto de aforo en tarde soleada.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC
El País JOAQUÍN VIDAL,
Valencia. Dos rosas y un teléfono
Dos rosas y un teléfono. Parece -¿verdad?- la referencia a un rincón
del cuarto de estar o el título de un bodegón romántico. Pero es
también una rúbrica habitual y vistosa en el arte de Marialva.
Dos rosas y el teléfono solía ser el remate de las espectaculares
cabalgadas rejoneras de Ginés Cartagena, fallecido hace años en
accidente de tráfico; y hoy las repite su sobrino Andy Cartagena, un
caballista intrépido que en esta función de la Fira de Juliol
valenciana salió a hombros por la puerta grande.
Las dos rosas y el teléfono, entiéndase, son el alborotado trotar
en derredor del toro, ya rejoneado y banderilleado, para florearle el
morrillo prendiéndole dos arpones coronados por una rosa roja de papel.
Y luego, si el rejoneador es de los que entran en trance, va y le hace
el teléfono.
Los Cartagena y muchos otros hacían el teléfono; una especie de
desplante que seguramente inventaría Llapisera, padre de gran parte de
las suertes del toreo moderno que se tomaron del cómico (las
manoletinas por ejemplo), si bien lo popularizó Arruza y consistía en
arrodillarse ante el toro, apoyar en su testuz el codo y la cabeza en el
puño; o sea, la posición que se suele tomar cuando se habla por teléfono...
de rodillas, obviamente.
Quien de estas habilidades ha hecho creación es Pablo Hermoso de
Mendoza, que las borda. Pablo Hermoso de Mendoza, la verdad, ha cogido
el arte de Marialva que decíamos, lo ha puesto del revés, le ha sacado
lustre, y lo ha puesto en la cima de la tauromaquia.
No fue el triunfador Pablo Hermoso de Mendoza aunque sí el que hizo
disfrutar con un toreo lleno de vistosidad y fundamento. Sobre todo
cuando montó a Cagancho que es un prodigio de torería difícil
de explicar aunque, parece lógico, se la hubo de insuflar el propio
Pablo Hermoso de Mendoza.
Antes habían cabalgado, sería más propio matizar
"toreado", Leonardo Hernández, con un rejoneo clásico de
estructurado ajuste (esta definición que se acaba de gestar tiene
copyright), y Fermín Bohórquez, quien asumió con la calidad que posee
esas pasadas y esas cabalgadas a dos pistas que son creación de Pablo
Hermoso de Mendoza.
E irrumpió después Martín González Porras, más contenido en su
acostumbrado gesticular para ganarse la galería. Al clavar el rejón de
castigo se quedó cojo el toro y fue devuelto al corral. El sobrero traía
de nombre Incorporado, que llamó la atención, casi tanto como
el del toro sexto, al que hacían llamar Ultravioleta. Estos
nombres suelen responder a las cosas que pasan en las dehesas, siempre
misteriosas para los mortales urbanos.
Quebró banderillas el caballero González en tanto tuvo dificultades
para prenderlas a dos manos. Quebró asimismo Andy Cartagena -que esto
de quebrar a caballo ya es normal en el rejoneo- y añadió mucho piafar
y prendió una banderilla en la modalidad del violín que puso al público
a cien.
Tanto enardeció al público Cartagena que la actuación de Sergio
Galán, pese a sus quiebros, sus reuniones y sus espectacularidades, y a
que le tocaron Paquito el chocolatero, como en Pamplona, entusiasmó
menos. También debió influir que clavó rosas y le faltó teléfono.
Y, además, estos traían el recuerdo de Pablo Hermoso de Mendoza; casi
nadie al aparato.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. Feria
de San Jaime: La feliz heterodoxia de Cartagena
Al igual que el
contencioso Gobierno/sector taurino, la tarde se reservó un final feliz
con la salida a hombros de Andy Cartagena. Afortunadamente, Cartagena
surgió justo en el momento de mayor decadencia de la corrida.
En esta segunda fecha de la Feria de San
Jaime, vimos distintos estilos y gratas faenas frustradas a la hora de
matar. Torearon, en el más amplio significado de la palabra, Fermín
Bohórquez y Hermoso de Mendoza; deslumbró Cartagena con una
heterodoxia que domina a la perfección; destelló también Sergio Galán
en pasajes de corte clásico, pero se pasó de faena con las cortas;
Leonardo Hernández se creció poco a poco en una labor que arrancó fría;
y Martín González Porras puso toda la voluntad del mundo, aunque no
logró el suficiente.
Decía que, gustos aparte, Andy domina
su número, vibrante, eléctrico, heterodoxo. La conexión con el público
trepaba con facilidad por los tendidos con aquellas piruetas en la cara
o con los cites lejanos, afrontados a velocidad de vértigo, para
quebrar a escasos centímetros de la cara del toro. Una vez más, la
suerte del violín entusiasmó, tanto con una banderilla corriente y
larga como con otra corta y verde. Y como mató a la primera y por
arriba se llevó las dos orejas.
Los asistentes se entregaron con devoción
después de que la lidia del cuarto durara una eternidad. Porras descordó
al toro y el presidente lo cambió. Luego, con el sobrero, se sucedieron
demasiadas pasadas en falso junto a minoritarios instantes lucidos.
Bohórquez perdió el triunfo por la
espada, que ya está dicho, con el mejor toro de su propia ganadería, aún
en manos de don Fermín. Más o menos igual le sucedió a Hermoso de
Mendoza, pero con un oponente no tan claro como se percibió en sus
manos. El fenomenal caballero navarro expuso mucho para ganarle las
acciones cuando se le cruzaba. Exprimió poco a «Cagancho», lo justo
para calentar el ambiente, y enloqueció al personal con un equino de
cuyo nombre ni quiero ni puedo acordarme porque no lo sé. Tal vez fuera
«Tabasco» o quizá «Batista», que ahora la moda es saberse como los
reyes Godos todos los caballos del navarro. La verdad es que fueron tan
impresionantes los embroques como bellos los bailes. Pero no remató. |
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