GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del lunes, 19 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros del Capea, bien presentados.

Diestros: 

Entrada: Lleno.

Crónicas de la prensa: ABC, El País


El País. JOAQUIN VIDAL.  Menudo compadreo

El compadreo que se traen en Valencia: menudo es. Taurinos, políticos, autoridad competente formando un revoltijo de intereses. Hoy por tí mañana por mí.

Y se notaba; vaya que si se notaba.

Toda la feria se ha venido notando el compadreo, que algunos conspicuos llamaban contubernio. Y algo de eso había debía haber, pues si no, de qué...

De qué iban a salir tantos toros anovillados o incluso abecerrados, tantos inválidos, sin que pasara nada.

Los más chicos de la última corrida fallera le correspondieron a Enrique Ponce, que manda en Valencia más que un almirante de la Armada.

Algunos síntomas de prepotencia llegaron a molestar a la afición. Sobre todo, durante la vidriosa lidia del segundo toro de la tarde.

El segundo toro de la tarde era un impresentable especimen tipo novillo, encornadura escasa, perniciosa invalidez. O sea, un cuadro. Y como de los capotazos salió dando tumbos, y durante el primer tercio se pegaba costaladas, el público protestó exigiendo su devolución al corral.

La suerte de varas fue simulada. Tras señalar una el varilarguero, Enrique Ponce metió el capote y al comprobar que el toro se iba a pique, hizo ostentosas señas al presidente para que se apresurara a cambiar el tercio. Y el presidente, a la orden, se apresuró. El que manda, manda.

Arreció entonces la bronca. A los aficionados les indignó aquella escandalosa sumisión al torero-empresario, que comportaba un absoluto desprecio al reglamento, a los derechos del público y a los más elementales valores de la fiesta, y se pusieron levantiscos.

No se crea que el unánime rechazo del toro impresentable y el compadreo que se acababa de descubrir motivaron a Enrique Ponce para abreviar y retirarse prudentemente al callejón en espera de su siguiente turno. Antes al contrario, se dedicó a pegar derechazos allá penas si el toro se desplomaba y arreciaba la bronca. A las tantas se fue a buscar la espada y de regreso reemprendió la tarea derechacista.

El dislocado pegapasismo haciendo caso omiso de la oposición del público llegó a parecer una provocación. Quién sabe. Con el quinto toro, ya no tan chico si bien de trapío tampoco andaba sobrado, volvió a la monserga de los derechazos dentro de numerosas tandas que la media casta del animal convertía en porfionas y trabajosas. A los siete minutos de faena se echó por primera vez la muleta a la izquierda, e intentando el natural empeoró el panorama. Volvió a la derecha y el público, ya harto, le abucheó.

Las faenas interminables, abusos aparte, responden a una de las principales exigencias de la neotauromaquia: suplir con cantidad la ausencia de calidad.

Espartaco estaba en esos registros, que conoce por experiencia, y pegó muchos pases. Crispados en su mayoría, dando la sensación de que no estaba muy a gusto cerca de los toros, pero voluntarioso, lo cual es de agradecer.

...Y Vicente Barrera.

Vicente Barrera, que reaparecía, trajo su toreo reposado, hecho de aguante, finura y ligamiento, y sacó partido de dos descastados ejemplares atacados de borreguez, uno de ellos manso de libro, que saltó al callejón. Algunas de sus series en redondo -por naturales alcanzó menores cotas- poseyeron enjundia. No obstante hizo también interminables las faenas, lo cual pone en cuestión la hondura de su toreo.

Cortó oreja Barrera, lo que le permitirá recuperar el calor de la afición valenciana y el título de figura indiscutible que le había adjudicado años atrás. Con el tiempo, claro. Pues ahora quien manda es Ponce, torero y empresario, con sus políticos, y toda la pesca.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Vicente Barrera sigue fiel a su estilo

El día 19 de marzo, otrora fiesta nacional, empieza a ser un coñazo. Si no eres Pepe, ni eres padre ni lo tienes, da la fecha por perdida. A no ser que seas alcaldesa de Valencia. Entonces la cosa cambia. Porque riges el destino de una hermosa ciudad, disfrutas de la «mascletá» en primera línea y por la noche flipas con la «cremá». Merece la pena, aunque por la tarde toque ir a los toros. Dos años llevamos que por San José los toros falleros hacen huelga de bravura y fuerza. O sea, que emborronan la jornada feliz por mucho que de flamante alcaldesa vayas. A Rita Barberá ni siquiera así se le apaga la sonrisa ni la simpatía. Al resto de la plaza, que pasa por caja, pues, sí. Normal. Aquello era un funeral.

GRAVE LESIÓN

Volvía Vicente Barrera, ausente en San Jaime por una grave lesión ósea. Barrera sigue fiel a su estilo y a su personalidad. Barrera sigue siendo Barrera, en lo bueno y en lo menos bueno. En su primer toro, un manso que saltó al callejón y que alcanzó la muleta con alegre y noble tranco, dejó constancia de su fidelidad a ese sello amanoletado que le caracteriza, y ligó los derechazos, que se sucedían templados, en un palmo de terreno. ¿En qué defectos mantiene también la constancia? La irregularidad estoqueadora continúa —si mata abre la puerta grande— y permanece como parte de su concepto no adelantar casi nunca el engaño. El paso por la izquierda resultó demasiado breve: una sola serie se hizo poco para las pastueñas bondades del pupilo de Capea.

Barrera completó su actuación cortando la oreja que desperdició en el anterior. La cara del noble sexto —la buena suerte participó en el sorteo— imponía mucha más seriedad y respeto que toda la corrida junta. Faena diestra, menos limpia que la primera e igual de breve al natural, aunque ahora la rebrincada embestida zurda lo justificase más. Un espadazo le entregó en bandeja el triunfo que antes se le había negado.

Las Fallas de 2001 no engrosarán la larga lista de éxitos de Ponce. El inválido primero no le dio opción y el soso y blandito quinto sólo permitió un quite loable por chicuelinas, rematado con una torera media, y una faena de enfermero. Tampoco el estoque le respondió.

Un marmolillo fue el hondo toro que abrió plaza. Espartaco hizo un esfuerzo por estar en la cara del más alto, flojo y chochón cuarto. Obtuvo un par de derechazos de nota y un cambio de mano de desmayado trazo cuando menos arqueó la figura. Pasó fatiguitas sobre la izquierda y convirtió tripas en corazón para exprimir las últimas arrancadas.

En resumen, muy pobre balance para tarde tan esperada. El año que viene, o Pepe o padre, pero así no me cogen otro 19-M.

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