GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS

Tarde del jueves, 15 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Torrestrella, desiguales de presentación y de buen juego, 1º soso pero noble, 2º colaborador, 3º encastado, 4º noble, 5º bravo y 6º codicioso, 2, 3º, 5º y 6º aplaudidos en el arrastre.

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de plaza.

Incidencias: La presidenta del festejo, Amparo Renau, ha sido abroncada al finalizar el festejo.

Crónicas de la prensa: ABC, El País.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Valencia. El renacimiento de Torrestrella y el aldabonazo de Víctor Puerto

Cuando los más negros augurios ganaderos se cernían sobre las Fallas, apareció la corrida de Torrestrella. Cuando las previsiones más pesimistas sobrevolaban Valencia, surgió Víctor Puerto. Y, entre el renacimiento de una ganadería que en su día ocupó puesto estelar en todas las ferias y el aldabonazo del torero a la temporada, las campanillas de la ilusión de la afición ché tintinearon de nuevo. A las tres orejas que conquistó Puerto, con toda su joven madurez a cuestas y una sobriedad digna de elogio, debieron sumarse otras. Y, de hecho, la cortada por Miguel Abellán aportó su cuota de éxito a la tarde feliz.

Puerto sigue en el mismo momento estupendo con que atravesó el año anterior. Responsable, sereno, no perdonó un quite, y respondió con el capote a todas las intervenciones de Abellán en sus toros. Desprende parsimonia, pero no ha de convertirla en pausas inmensas entre series o lances. Transcurría la lidia del terciado segundo, que se había recuperado de un duro volatín. Por delantales contestó verónicas. En ambos trances, el toro se venció por el pitón derecho. Muleta en ristre, un pase de pecho y otro de la firma destacaron en el comienzo. Pronto presentó la izquierda, pero molestaba el viento, y ni con la ayuda de la espada tranquilizaba la muleta. Sobre la diestra, tres redondos soberbios precedieron a una estrategia de cercanías. Los circulares invertidos, con los pitones acariciando la taleguilla, valieron el trofeo, que casi echa a perder por unas sobrantes sanjuaneras y los defectos de la estocada.

El torrestrella que hizo quinto fue un escándalo, por su noble entrega, por su inagotable recorrido, por su galope. Tres largas cambiadas en el hola y lances a pies juntos. Una consecución de estatuarios desperezaron unos relajados muletazos cuando abría faena. La derecha de Puerto hilvanaba redondos eternos, ligados. Un pero doble: la intensidad sobre la mano izquierda y la unidad de terrenos debieron ser mayores. Los ayudados —uno, genuflexo, emanó la torería de otra época—, la estocada, más eficaz que perfecta, las dos orejas, el abrazo con el mayoral y la llamada de atención a los empresarios de todas las ferias.

Rozó el triunfo Miguel Abellán con el encastado y vibrante tercero, que de vez en cuando se acordaba con violencia de quién movía el engaño. Y así vino una voltereta. Anotamos una progresión en el madrileño: adelantó más la muleta, enganchó los viajes por delante y su toreo ganó, por tanto, en largura. Bien sobre ambas manos, y si atina con los aceros toca pelo. Se resarció con la fabulosa estocada al sexto, volapié que levantó, junto con los alardes finales, una faena basada en la derecha, que nació intensa —tremendo el pase de pecho— y casi muere en tono menor.

El Cordobés, sin sitio ni ilusión, fue la nota triste de la jornada.


El País. JOAQUIN VIDAL. Triunfo de Víctor Puerto

Víctor Puerto cortó tres orejas y salió a hombros por la puerta grande lo cual es un triunfo. Miguel Abellán, por su parte, cortó una oreja, lo que también supone un triunfo, pero menor. De una a tres van dos, si la matemática no engaña, y eso -dos- es lo que le faltó a Miguel Abellán para igualar el triunfo de Víctor Puerto. El Cordobés acabó con orejas cero, que es un triste balance. Los toros de Torrestrella dieron pie a lo dicho y si los espadas hubiesen tenido otro talante (artístico, por ejemplo), pues también. Los toros de Torrestrella lo mismo valían para un roto que para un descosido.

3-1-0: datos cantan, que es cuanto da de sí la actual fiesta de los toros. Buscarle fundamento,arte, sensibilidad, torería, sería ociosa pretensión. Tampoco es que el público reclamara todo eso. El público llegó pletórico de triunfalismo, pedía música en cuanto el muletero daba su primer compás, aclamaba cuanto hiciera, se rompía las manos de aplaudir, agitaba frenético la almohadilla y chillaba al presidente para que se apresurara a conceder las orejas, y si no las concedía le pegaba una bronca y le llamaba burro, orellut y cornut.

Visto el panorama, Víctor Puerto, que en asunto de relaciones públicas es master, le dio a la afición valenciana lo que pedía y merecía. Y se entregó al tremendismo, al afanar y al bullir para la galería. Por tanto, allá los derechazos con el pico, los rodillazos aparatosos, los molinetes, los cambios pedresinos, las vueltas y su complemento de revueltas, los circulares de espaldas aderezados de mucha prosopopeya en su preparación y ejecutados por partida doble.

Mucho bulló Víctor Puerto en su primer toro, bravucón y noble, con la general complacencia. Mas fue en el quinto cuando alcanzó el éxtasis, para lo cual recibió al toro -inválido desde que salió- con cuatro largas cambiadas de rodillas, cuatro; le hizo un quite de tijerillas, réplica -innecesaria e impertinente, por cierto- a otro por chicuelinas que instrumentó Miguel Abellán en su turno sin meterse con nadie.

Brindó Puerto a la concurrencia y centró la faena de muleta en los derechazos principalmente, en los naturales menos y como por compromiso. Iniciada mediante irreprochables estatuarios la remató con una teoría de ayudados, molinetes y trincherillas, cambios de mano o pases de pecho, de excelente interpretación. Y cobrado el espadazo lejos de las agujas, ganó los máximos trofeos en medio de un auténtico delirio.

Salió el sexto toro, otro inválido, y ahora le correspondía a Miguel Abellán conseguir la apoteosis que el enardecido público estaba dispuesto a regalarle. Pero que si quieres arroz...

Algunos toreros parece como si se tuvieran manía a sí mismos. Y Miguel Abellán, que inició su faena de muleta con una tanda de ligados derechazos, siguió sin variar el argumento, monocorde, repetitivo, inasequible al desaliento Media docena de tandas de derechazos dio, cada vez peores, acabó metiendo rodillazos, y cuando montaba la espada no se había echado la muleta a la izquierda ni una sola vez. De ahí que, consumado el volapié, le regalaran una sola oreja y gracias.

Son de derechas estos jóvenes toreros de ahora. A la mano de torear nos queremos referir. Víctor Puerto apenas la utilizó y de Miguel Abellán ya se ha dicho en el toro que le pudo valer el triunfo de la puerta grande.

En el que hizo tercero, un flojo ejemplar de encastada nobleza, Miguel Abellán desveló una torpeza muleteril que le pudo costar cara. No se hacía con el toro, no dominaba sus embestidas y en una de ellas, que iba incierta, para salvar la tarascada se avalanzó sobre el morrillo, lo que provocó que el toro se revolviera y le pegara un tremendo revolcón.

Iba de director de lidia El Cordobés. Estas dedominaciones se deberían corregir. Un torero con la disposición que traía El Cordobés no puede ser director de lidia ni de nada. El Cordobés trapaceaba desaseado, apenas se estaba quieto, trascendía lo incómodo que se encontraba cerca de los toros, lances y pases los resolvía con enganchones y convertía sus faenas en una calamidad. Pero lo que mandan las revistas del corazón: le aplaudía todo, las mujeres le piropeaban, le gritaban 'guapo', como si fuera Tarzán.

Y a esto lo llaman la fiesta del arte y del valor. Qué cosas

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