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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del martes, 13 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Guardiola
Fantoni, desiguales de presentación y juego, y muy flojos; 1º
deslucido, 2º noble, 3º colaborador, 4º encastado y aplaudido en el
arrastre, 5º manso, descastado y pitado en el arrastre y 6º inválido.
Diestros:
Entrada: tres cuartos de plaza.
Incidencias: El presidente del festejo, don Juan
Moreno, ha sido abroncado por el público por no conceder la oreja a
Manolo Carrión en su primero. Al inicio de la faena de muleta al 6º de
la tarde, gran parte del público ha abandonado su localidad en protesta
hacia el presidente por no haber sido sustituido el toro.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Valencia. El toreo macizo
de Moreno y los inválidos
Hubo un tiempo en que cuando un torero volvía a
una plaza tras haber dado una buena tarde de toros se le recibía con
cerrada ovación. O cuando regresaba al ruedo después de haber vertido
su sangre con hombría. Ambos casos coincidían ayer: El Zotoluco y José
Luis Moreno se jugaron la piel y la vida en el mes de julio. Fue con los
victorinos, ¿se acuerdan? Intensa tarde aquella. El mexicano arrancó
tres orejas; el español se dejó la femoral para aferrar la gloria. Ni
uno ni otro merecieron una palma al romper el paseíllo. Sincera e
ingenuamente, esperaba que les sacaran al tercio. Al menos, hubieran
recompensado de alguna manera el generoso trato recibido por parte de la
agradecida empresa, que quiso premiarles su esfuerzo de San Jaime con la
corrida de Guardiola, en una buena fecha, a principio de Fallas, aun a
costa de enfadar a matadores que han hecho suficientes méritos, o más,
como El Cordobés, Rivera Ordóñez o Juan Bautista, para haber
desfilado ayer. No quería olvidarlo, antes de meternos en el harinoso
asunto de analizar la primera tarde fallera de toros, por decir algo.
La cosa acabó a almohadillazo limpio contra la invalidez general y
desidia presidencial. Había motivos para el cabreo y la indignación,
pero había todavía un hombre frente a un toro, por mucho que se
cayera. Corría la sexta lidia, y la gente, incluido mi amigo Enrique
Grau, restaurador de pro, decidió que lo mejor era irse a casa a la
vista del pútrido espectáculo.
La ilusión de las cinco en punto pronto se marchitaría. El primer
guardiola, serio y bien hecho, prometía de salida, con un tranco alegre
y una embestida clara. Pólvora mojada. Enseguida comenzó a blandear, a
poco de abandonar el peto. Una lástima, porque apuntaba condiciones óptimas.
Desde ahí, las dudas asaltaron los tendidos. Bajaron en cuanto a
presentación segundo y tercero, todavía manejables por su nobleza, a
pesar de no terminar de humillar y la escasez de fuerzas. La debacle
vino a partir del cuarto, un zambombo basto, como quinto y sexto, moles
de carne con ojos que ni siquiera valen ya para carne. Martes y 13, no
hay que desdeñarlo.
ESCANDALERA
Entre tanta escandalera, quizá se diluyó la actuación de
José Luis Moreno, esperanza rubia del toreo. Injusto sería, como hacen
otros, marginar las verónicas broncíneas con las que saludó al
tercero. Caló el empaque de los lances en los tendidos, como las
templadas tafalleras, cuando al guardiola le temblaban ya las
articulaciones. El concepto de Moreno pesa, es macizo. Un pase de la
firma y dos broches de pecho en el comienzo prologaron una faena
creciente e intermitente. Seguía el toro la mano diestra, que no quería
forzar la embestida, que pretendía alargarla, sin tampoco humillar.
Hasta la cuarta tanda no ofreció la zurda, y tras un par de arrancadas
cortitas rompió a más en dos naturales señeros. Se equivocó José
Luis al pretender regresar a la derecha, pero se dio cuenta y todavía
reservó para el final, como en las bodas de Caná, el mejor vino. La última
serie zurda conectó con fuerza con la plaza, equilibró y epilogó la
obra para colocarla más alto, a las puertas del trofeo que ratificó la
recta estocada.
Sólo pudo despedirse el cordobés a pies juntos con el capote ante
el sexto, otro cuadripléjico descastado y amorfo. Ya caían las
almohadillas y se daban a la fuga los aficionados, ante la soledad del
torero que ninguna culpa tenía del desastre ganadero ni de la
incompetencia del palco.
Manolo Carrión aportó su grano de arena a una tarde que pasará a
la historia de la nada. Digno, muy digno, para apenas haber toreado en
los últimos años. Y a punto estuvo de despegar su primera faena con
las alas de unos derechazos relajados, agrupados en dos series. Pero el
breve paso por el mal pitón izquierdo cortó la racha. Vuelta a la
diestra, el débil guardiola se apagaba, decrecía la faena, hasta
desembocar en unas manoletinas. Estocada y vuelta al ruedo, que también
es premio a tener en cuenta. Las ilusiones acabaron ahí. No hubo
oportunidad con el cebado quinto, que se moría a chorros o se quería
morir de asco.
Zotoluco vio cómo las hechuras apretadas y el galope de su oponente
se desvanecían en su flojedad. Sólo hubo tiempo para unas verónicas;
la nulas fuerzas apenas daban pie al mimo y al temple —pulsear dicen
ahora— en la muleta. Entre tanta delicadeza, sobró un brusco cambio
de mano que dio con los huesos del animal en el albero. La estocada otra
vez baja y la fortuna esquiva con el cuarto, buey Apis, zafio y tosco,
gazapón. Alargó demasiado. La recompensa del triunfo, decía el
programa de mano de la plaza. Con su pan se la coman.
El País. JOAQUIN
VIDAL. ¿EEB o TTD?
Mucho se enfadó el público valenciano (parte abandonó el tendido
antes de acabar la corrida) porque algo extraño les pasaba a los toros.
¿Encefalopatía espongiforme bovina (EEB) o Timo taurino descarado (TTD)?
Las opiniones sobre la vaina se dividían aunque se aunaban en culpar a
la empresa por meter de matute semejante ruina cárnica; a la Diputación
Provincial de Valencia, que es la propietaria del coso, por su
sospechoso partidismo con esa empresa cuyo ideólogo es el torero
valenciano Enrique Ponce y uno de sus socios su propio apoderado; y
alpresidente de la corrida, porque veía a los toros caerse, deambular
como si la acabaran de coger de anís, y no los devolvía al corral.
La presunta estafa clamaba al cielo y, efectivamente, muchos
espectadores, después del escándalo que se armó con la invalidez
absoluta o quizá la monumental borrachera del sexto toro, al comprobar
que el presidente, en una vergonzosa manifestación de incompetencia,
permitía que continuase su lidia, se levantaron como un solo hombre y
se marcharon diciendo adiós con la manita. Algunos se marcharon
haciendo la peseta, pero fueron los menos.
Esta plaza de toros de Valencia la han convertido entre el PP, sus
políticos, sus diputados y sus compañeros de viaje en la casa de tócame
Roque, en el patio de Monipodio, en la finca del tío Picardías, aunque
todo bajo un orden -no se vaya a creer- para lo cual han dispuesto sus
órganos de control de manera que no controlen nada o se abstengan de
controlar lo que no interesa que se controle. Y así, al mejor y más
veterano miembro del equipo presidencial, Francisco Quintero, lo han
sustituido y a los dos veterinarios de mayor solera, Gerardo Rojo y
Gregorio Ortega, los han dejado en la calle.
En estas condiciones, pudieron pasar el reconocimiento los toros de
Guardiola y lidiarse sin que ninguno fuera devuelto al corral, pese a
que daban el tipo de los novillos, carecían de trapío, lucían unas
cabecitas de juguete y se desplomaban. Y luego les cantaba su extraño
temperamento, de tal forma que si continúa vigente el aserto bíblico
según el cual por sus actos los conoceréis, por lo menos cuatro de
ellos, drogadictos.
Menuda estafa de fiesta montaron. Ni la autoridad ni ninguno de los
estamentos implicados es inocente: cuantos aceptaron la especie de
novillada aquella, quienes la autorizaron haciendo dolosa dejación de
sus responsabilidades y los que la torearon también. Hubo momentos en
que el público protestaba las faenas, pedía que concluyera la
mascarada y, sin embargo, los toreros seguían pegando pases, o intentándolos,
por si colaba.
En tanto Zotoluco dio un curso de mediocridad supina, Manolo Carrión
y José Luis Moreno llegaron al abuso. Es lo que suele ocurrir cuando se
extralimita la condescendencia. A Manolo Carrión le aclamaron los pases
simplemente aseados y hasta un poco insulsos de su reposada faena al inválido
que hizo segundo, y le pidieron la oreja. A José Luis Moreno se la
dieron tras un trasteo desigual, hecho de tandas templadas y otras sin
ajuste, con desarme incluido, al toro atontado con aparente síndrome de
drogadicción lidiado en tercer lugar. Y cuando uno y otro espadas
entraron de nuevo en turno, lejos de tener un mínimo respeto al público
y hacerle caso cortando las faenas según les pedían, siguieron
reemprendiendo tandas, pegando pases, intercalando adornos, fingiendo
temeridades, efectivamente por si colaba.
No coló, y hasta hicieron el ridículo con aquellos alardes frente a
unos toros que rodaban por la arena. Al quinto, de Manolo Carrión, de
repente le daba por sentarse, acudía un peón-grúa a levantarlo tirándole
del rabo y cuando lo conseguía, Manolo Carrión se ponía laboral y
pinturero. Tras un pinchazo leve, el toro se sentó, y tras otro se tumbó
cuan largo era.
El sexto padecía aún peores males y José Luis Moreno adoptó las
trazas de su compañero antecesor, con lo cual se le hermanó en el
discutible sentido de la dignidad torera. Y fue entonces cuando parte
del público se puso en pie y dijo ahí os quedáis, saludando con la
manita, salvo unos cuantos que prefirieron hacer la peseta.
Finalmente se llevaron los toros a quemar, así que aquí paz y después
gloria. Los taurinos han pedido que se quemen todos los toros en previsión
de hipotéticas EEB (y no se haga el test priónico a ninguno, por si
acaso) y el Ministro de Agricultura ha accedido.Claro que el ministro
está casado con una Domecq Solís, copropietaria de la ganadería
Jandilla, famosa por su blandura.
El ministro, la ganadera, el looby de los criadores de toros
de lidia; la EEB escondida, por si acaso; el TTD acogido con total
impunidad; el PP, que de eso se cuida; los diputados y su favoritismo
con el torero; la autoridad que se hace la sueca; el presidente y los
veterinarios expulsados por molestos; la plaza centenaria cargada de
historia convertida en la finca del tío Picardias, en el patio de
Monipodio, en la casa de tócame Roque. Con lo cual alguien se está
forrando.Y la fiesta, sumida en la miseria. |
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