GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE
LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS
Tarde del sábado, 12 de mayo de 2001
Crónicas de la prensa

Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Los Bayones (de correcta presentación, pero descastados e inválidos. Pitados en el arrastre 1º y 3º. Varios, sospechosos de afeitado)

Diestros: 

  • Manuel Caballero, estocada (silencio); media tendida y tres descabellos (silencio).
  •  Vicente Barrera, dos pinchazos, media y descabello (silencio); media -aviso- y cinco descabellos (silencio).
  • Víctor Puerto, estocada corta trasera y contraria -aviso-, descabello (vuelta); pinchazo y estocada caída (silencio).

Entrada: Media entrada.

Los diestros fueron ataviados al estilo "torrentí" (vestidos a la antigua usanza típica de Valencia).

Crónicas de la prensa: El País, La Razón.


Crónicas de festejos

El País. M. MÁRQUEZ LUCENA. Edición del 13 de mayo'2001. Todo queda en conmemoraciones

Día de conmemoraciones y poco más. En Valencia se celebró la tradicional corrida del día de la Virgen de los Desamparados, y de paso, la conmemoración de la apertura del coso de la calle Xátiva. Los festejos se abrieron el viernes con una interesantísima novillada sin picadores para los alumnos de las escuelas de Alicante y Valencia, que tuvo mucho más interés que la celebrada en la tarde de ayer. Un festejo que llevaron al traste la elegida corrida de Los Bayones y la disposición de los pupilos de los Lozano, Caballero y Barrera. La Diputación Provincial, dueña del coso, se ha empeñado en que los festejos programados sirvan para commemorar el 150º aniversario de la apertura de la plaza de toros. Una efeméride muy discutida, pues, aunque la plaza abrió en 1851, no fue hasta 1859, según otros datos históricos, cuando se celebró un festejo oficialmente. Total, que nadie se explica las prisas por celebrarlo, y mucho menos con el resultado artístico de la corrida que debió justificar el evento. Total, que ni la Virgen de los Desamparados ni la historia del coso han quedado muy recompensadas con el festejo. Y eso porque tampoco los pocos espectadores que ocuparon localidad parecían muy felices y pasajes hubo en que mostraron su descontento. En ocasiones, con los toros; en otras, con sus matadores. Pues no mucho más hicieron los espadas. Bueno, eso y vestirse de torrentins, es decir, a la antigua usanza valenciana, como lo hacían los labradores valencianos en día de fiesta. También con sus mejores galas adornaron el conmemorado coso. Y la tarde en lo propiamente taurino quedó igualmente en eso: en adornos ante los inválidos animalitos de la dehesa de Los Bayones.

Y de los matadores, qué, se preguntarán. Pues de los matadores, poco. Manuel Caballero anda fuera de sitio y desconfiado, y en este coso conmemorado dio dos buenas muestras ante dos hermosos ejemplares de la mejor raza merina con cuernos que deambula por esos ruedos. No ligó ni un pase y dio cuantos trapazos le permitió su paciencia, sin consultar para nada con el menospreciado respetable. Encima estuvo hecho un hacha con los aceros, oyendo el suave rumor del silencio en sus dos trasteos.

Vino Vicente Barrera a esta su plaza, donde tanta responsabilidad se toma, con tanto ánimo como poco confiado. No obstante, dejó constancia de su quietud, pero, como con la esencia, en pequeñas dosis. Tampoco brilló con la espada. Y aunque la faena a su segundo estuvo llena de sobresaltos, no cejó en el empeño de agradar y en eso quedó todo.

Víctor Puerto fue el único que dio una vuelta al ruedo. Y de poco casi lo paga con sangre. La que le corre por las venas a este manchego que estuvo tan seguro como al menos digno.

La Razón. Paco Delgado. Edición del 13 de mayo´2001. Poca brillantez en el festejo con el que la ciudad celebró el día de la Virgen

Poca historia tuvo la corrida a la valenciana con que se festejó el día de la Virgen y la conmemoración del ciento cincuenta aniversario de la apertura de la plaza. Sólo los actos folklóricos que prologaron la función tuvieron brillantez. Después, la poca fuerza de los tres primeros astados lidiados y las complicaciones de los otros tres se convirtieron en obstáculos insalvables para que se pudiese lucir la terna actuante y el público que llenó en su mitad el engalanado coso valencianos.
   Víctor Puerto, que derrochó voluntad y ganas, pudo dar la vuelta al ruedo tras sacar todo lo que pudo su primer enemigo, que, como sus compañeros de camada, manseó en el caballo, pero que llegó con nobleza a la muleta. Sin embargo, la poca energía del burel le impidió emplearse, tornádose, poco a poco, tardo y remiso a los toques de su matador. Puerto tuvo que meterse entre los pitones para poder sacar rendimiento de él.
   Tampoco el sexto le dio oportunidad para el triunfo. El toro, muy mirón y pendiente del torero, especialmente por el pitón derecho, no le dejó opción sino de conformar un trasteo sin ligazón y a base de muletazos sueltos.
   Vicente Barrera tampoco se encontró con un material propicio para obtener ese triunfo que tanto necesita. Su primer enemigo, que se le coló dos veces, al recibirle de capote, salió suelte en las ocasiones que acudió al caballo. Llegó noble, pero muy justo de fuerzas a la muleta, quedándose enseguida corto y la mayoría de las veces bajo la muleta que le presentaba Barrera. El valenciano compuso una faena, basada exclusivamente en la mano derecha. Se lo pasó muy cerca y expuso mucho, llevándose algún susto cuando el animal no obedeció el toque de su engaño. Barrera no estuvo acertado a la hora de matar y necesitó tres pinchazos antes de que el toro se echase por su cuenta.
   El quinto, el más serio del conjunto, desarmó a Barrera de salida y le hizo tomar el olivo. Probablemente fue el toro que más empujó en el caballo, pero también salió buscando la huida. Sin humillar, siempre a media altura, llegó andarín al último tercio. Esto hizo que Barrera tardase en acoplarse a su embestida hasta que por fin pudo fijarlo en el tercio frente a la puerta de cuadrillas. Allí desgranó una faena irregular e intermitente, basada al natural, pero de series cortas y casi siempre de medios muletazos. Con todo, alguno hizo presagiar que podría haber faena, pero de haberla habido todo se perdió al manejar rematadamente mal el verduguillo.
   Caballero, como en Fallas, tampoco tuvo suerte con sus toros. Su primero se acabó en el primer tercio. El más brusco, el cuarto, que puso en muchos apuros a los banderilleros llegó a la muleta sin voluntad alguna de embestir. Admitía el primer muletazo, pero pensaba y le costaba mucho tomar el segundo, pero nunca aceptó el tercero, por lo que Caballero, tras intentarlo por ambos pitones, optó por acabar cuanto antes.

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