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Festejo
PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
FERIA DE FALLAS
Tarde del lunes, 12 de marzo de 2001
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
Novillada con picadores
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillada con picadores de Coquilla-Sánchez
Arjona, mansos pero encastados, complicados, alguno con peligro.
Diestros:
- Juan
Alberto, silencio y ovación con saludos tras aviso.
- César Jiménez, aviso
y dos vueltas al ruedo tras fuerte petición y vuelta.
- Iván García, aviso
y silencio y silencio.
Entrada: mas de media plaza.
Crónicas de la prensa:
ABC
ABC. ZABALA DE LA
SERNA. Valencia. César Jiménez
puede ser torero
Vamos a más (dos horas y cuarenta minutos ayer),
pero quizá no a mejor. Si miramos desde la distancia la segunda jornada
de las corridas de Fallas, brilla con entidad propia César Jiménez,
que se impuso con firmeza y ambición a las complicaciones de la
novillada de Coquilla de Sánchez-Arjona y a la adversidad del viento.
Al menos, tanto él como sus compañeros se mostraron despiertos e
ilusionados —no perdonaron un quite—, y eso ante un material bien
distinto al del día anterior. Porque los coquillas del bueno de Javier
sacaron pies, mansedumbre, escasa fijeza y ninguna clase. La falta de
uniformidad en las embestidas fue la tónica.
DETRÁS DE LA ESPADA
César Jiménez, anoten el nombre, tiene cara de listo y
condiciones para ser torero. Valor le sobra. Le funciona la cabeza a
revoluciones considerables y se va detrás de la espada como un jabato.
Otras virtudes resultaban difíciles de percibir, dadas las
circunstancias y la oposición bovina al toreo; aunque parece que mueve
bien los engaños, tanto el capote —como evidenció en un quite
ajustado por chicuelinas y en otros lances con soltura— como la
muleta. Si no obtuvo mayor cosecha que tres vueltas al ruedo se debió a
que la presidencia se atrincheró en la cerrazón. Claro que, a veces,
parte de culpa hemos de apuntarla en el haber de la Prensa, que no
paramos de darle vueltas a la tuerca de la exigencia y que hacemos de la
concesión de una simple oreja un problema de Estado y enseguida
atisbamos el fin de la Fiesta por la ausencia de rigor. Así que cuando
sale un presidente que no acierta a valorar los esfuerzos, pues a
joderse toca. Que el equilibrio en la justicia taurina también parece
harto esquivo.
César Jiménez abrió su primera faena de rodillas, enjaretó una
serie de derechazos loables, y procuró conquistar corazones a base de más
rodillazos, ya fuera para rematar las tandas o abrochar la obra por
molinetes. Si la estocada que cobró en la suerte contraria, que era la
que pedía el manso, la ejecuta en el primer envite al natural, quizá
el duro «presi» se hubiera ablandado. Un par de bemoles le echó al
distraído y difícil quinto, que provocó el oportuno quite de un
monosabio tras derribar con estrépito. La entrega de Jiménez y el
volapié merecieron mejor trato.
Juan Alberto sólo tuvo la suerte de cara al salir ileso de una
voltereta. Peleó valeroso contra los arreones del primer utrero y las ráfagas
de viento. Tampoco careció de voluntad ante el cuarto, pero después de
entonarse al natural le perdió la distancia al toro y la medida a la
faena.
Esperábamos más de Iván García por los comentarios oídos. La
tarde se le puso cuesta arriba, aunque el tercero fue de lo más
potable. Atacó la suerte suprema con desconfianza excesiva y no lució
con los palos. Ejemplo tuvo en José Manuel Montoliu, cada día más
afianzado, en la escuela de su llorado padre. |
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